Vo Nguyen Giap (VII)

Por Ángel Colmenares

LA GUERRA DE LIBERACIÓN DEL PUEBLO VIETNAMITA GUERRA DEL PUEBLO. EJÉRCITO DEL PUEBLO (VII)

La ley que rige una guerra revolucionaria de larga duración precisa tres fases: la defensiva, el equilibrio de fuerzas y la contraofensiva. En su orientación general, nuestra resistencia seguía también esta ley. En los teatros de operaciones los hechos se desarrollaban evidentemente de una manera más viva y más compleja. Con la aplicación de nuestra línea estratégica de “resistencia prolongada”, y después de combates de desgaste durante cierto tiempo, nuestras tropas efectuaron el repliegue estratégico de la ciudad hacia el campo a fin de preservar su potencial y defender nuestras bases rurales.

Después del fracaso de la ofensiva enemiga contra el Viet Bac, la fase de equilibrio de fuerzas se fue esbozando progresivamente y decidimos lanzarnos ampliamente a la guerra de guerrillas. A partir de 1950 lanzamos sucesivamente varias campañas ofensivas de carácter local para lograr la iniciativa en el teatro de operaciones del norte. La campaña de Diên Biên Fu, desencadenada a comienzos de 1954, fue una ofensiva de envergadura que finalizó con una brillante victoria.

La asimilación de la línea estratégica “para una resistencia prolongada” fue, al mismo tiempo que un gran trabajo de organización en el aspecto militar y económico, un proceso de educación y de lucha ideológica en el seno del partido y entre el pueblo para combatir las tendencias erróneas que se habían manifestado en el curso de los años de la resistencia. Era la tendencia pesimista, derrotista, de que nuestro país, pequeño en extensión y población, económicamente atrasado, con fuerzas armadas poco aguerridas, no podría mantenerse frente al enemigo, y mucho menos realizar una resistencia prolongada. Era la tendencia subjetiva de los partidarios de una decisión rápida, que se había manifestado en los planes de operaciones de muchas regiones en las que, al comienzo de la resistencia, se oponían a la evacuación de tropas que preservarían nuestro potencial, en el proyecto de contraofensiva general formulado en 1950, cuando no se habían creado las condiciones objetivas y subjetivas.

El partido hizo los mayores esfuerzos para corregir estas desviaciones, educar al pueblo sobre las dificultades y sobre los factores favorables y exhortar a la nación a proseguir firmemente la lucha. El libro La resistencia vencerá, del camarada Truong Chinh, contribuyó grandemente a popularizar la política y las medidas del partido relativas a la resistencia.

Conviene destacar la enorme importancia de la resolución del I Plenario del Comité Central, celebrado en 1951, que recordaba a todo el partido: “nuestra resistencia es una lucha larga y dura…” “Tenemos que lograr la salvación principalmente por nuestro propio esfuerzo.” Las diferentes campañas de educación política en el partido y en el ejército y las de educación y propaganda que se hicieron entre el pueblo sobre las directivas del Comité Central fortalecieron fundamentalmente la decisión de continuar la resistencia hasta el fin, infundieron en el pueblo la fe en la victoria final y permitieron a las masas compenetrarse cada vez más con la línea del partido: Hacer una larga guerra de resistencia, y lograr la salvación por nuestro propio esfuerzo.

Para realizar una resistencia prolongada había que mostrar una firme decisión de lograr la salvación por nuestro propio esfuerzo. Durante los primeros años, cuando nuestro pueblo luchaba en las condiciones de un bloqueo total, ésta era una inevitable necesidad.

No teníamos más salida que apoyarnos en nuestras propias fuerzas para hacer frente al enemigo. Con este espíritu –la salvación por el esfuerzo propio–, nuestro ejército trataba de equiparse en el frente con las armas arrancadas al enemigo, limitaba estrictamente el consumo de municiones y mantenía un elevado espíritu de sacrificio, soportando todas las privaciones, superando todas las dificultades, participando hasta el máximo en la producción, satisfaciendo por sí mismo una parte de sus necesidades diarias a fin de aliviar la contribución del pueblo. Por su parte, el pueblo hacía grandes esfuerzos para construir la retaguardia, desarrollar la economía de guerra de resistencia a fin de hacer frente a todas sus necesidades y aprovisionar al frente. Impulsamos la producción desde todos los puntos de vista para suministrar al pueblo los artículos de que tenía necesidad y para luchar contra el bloqueo que el enemigo nos imponía.

Se roturaron amplias superficies para el aumento de la producción de víveres, y se montaron múltiples talleres de armamentos para fabricar las armas necesarias. Especialmente nuestros compatriotas y nuestras tropas de la V interzona y del Nam Bo, decididos a aplicar la consigna “la salvación por el propio esfuerzo”, se distinguieron por sus grandes esfuerzos en la producción y la investigación de productos sustitutivos, y lograron así mantener su potencial y continuar obstinadamente la resistencia en condiciones extremadamente duras y difíciles.

A partir del momento en que la coyuntura internacional se inclinó a nuestro favor, cuando tropezábamos todavía con numerosas dificultades, se manifestó en el partido y en el pueblo la tendencia a esperar la ayuda exterior y descansar en ésta. Por ello, mientras continuaba la educación para reafirmar la decisión de resistir hasta el fin, nuestro partido velaba y recordaba a todos la consigna “la salvación por el propio esfuerzo”, y demostraba que, pese a la importancia de la adhesión y el respaldo internacional, sólo nuestro propio esfuerzo podría asegurar el triunfo de nuestra causa: la liberación nacional.

Para ganar la guerra de resistencia no bastaba una estrategia justa: se necesitaba también una línea de operaciones apropiada, condición imprescindible para la aplicación victoriosa de la línea estratégica. Considerada en su conjunto, nuestra resistencia fue una guerra de guerrillas que se transformó gradualmente en guerra regular, pasando gradualmente de la guerrilla a la guerra de movimiento, combinada parcialmente con la guerra de posiciones. En lo esencial, jamás nos apartamos de esta ley, lo que nos permitió triunfar: esto no significa que tuviésemos esa comprensión desde el principio; llegamos a ella después de un largo proceso de pruebas y de experiencias logradas en la realidad de los combates.

En el curso de la última resistencia, la guerrilla desempeñó un papel estratégico especialmente importante. Es la forma de lucha de las masas populares, del pueblo de un país débil, mal equipado, pero resuelto a alzarse contra un ejército agresivo poseedor de un equipo y una técnica superiores. Es una forma de lucha propia de la guerra revolucionaria que se apoya en la moral y el heroísmo para vencer a las armas modernas: evitar al enemigo cuando es fuerte, atacarle cuando es débil; dispersarse o reagruparse, librar combates de desgaste o de aniquilamiento según los casos; atacar al enemigo en todas partes a fin de que en todas partes se encuentre sumergido en un mar de hombres armados hostiles, minar su moral y desgastar sus fuerzas.

Al margen de pequeños grupos encargados de hostigar al enemigo, es necesario reagrupar, en condiciones apropiadas, efectivos más importantes para tener una superioridad operacional en un punto dado y durante un tiempo dado con el fin de aniquilar al adversario. Como la acumulación de ráfagas de viento forma la tempestad, la acumulación de triunfos obtenidos en pequeños combates desgasta gradualmente las fuerzas vivas del enemigo mientras alimenta gradualmente nuestro potencial.

Es necesario plantearse el aniquilamiento de las fuerzas activas del enemigo como objetivo principal del combate, y jamás, para la defensa o la ocupación de un territorio, desgastar las nuestras. Todo ello creará las condiciones que deben permitir finalmente aniquilar totalmente al enemigo y liberar el territorio.

Sin ninguna duda, la guerrilla es una forma de combate apropiada a las características de nuestra resistencia. Durante los primeros tiempos, no había prácticamente ni podía haber guerra regular; no hubo más que guerra de guerrillas. Cuando se desencadenaron las hostilidades en el Nam Bo, preconizamos la guerrilla, y ésta hizo efectivamente su aparición. Pero cuando las hostilidades se extendieron a todo el país, no estaba claramente indicado en nuestra política que la guerrilla debería ser nuestra principal forma de combate. A comienzos del otoño-invierno de 1947, el Comité Central decidió lanzar ampliamente la guerra de guerrillas en todas las regiones ocupadas temporalmente por el enemigo. Una parte del ejército regular dispersado en compañías autónomas penetró profundamente en la retaguardia enemiga para hacer la propaganda entre el pueblo, proteger las bases y desarrollar la guerra de guerrillas.

Nuestro gran éxito, la gran lección que nos ha dado la experiencia de dirección de la guerra de guerrillas, ha sido la creación de compañías autónomas combinando su acción con la de los batallones móviles. Habiéndose desarrollado ampliamente las guerrillas, numerosas regiones situadas en la retaguardia enemiga se convirtieron en nuestra primera línea.

Para hacer frente a la guerra de guerrillas que se extendía incesantemente, el enemigo intensificaba las operaciones de limpieza y empleaba efectivos cada vez más importantes. Pretendía aniquilar nuestras formaciones de guerrilleros, destruir nuestras bases políticas, devastar nuestras cosechas, saquear los bienes de la población con la esperanza de quebrar nuestro potencial de resistencia y “pacificar” su propia retaguardia. Por eso la limpieza y la contralimpieza vinieron a ser la forma esencial de la guerra de guerrillas en la retaguardia enemiga. En el curso de las contralimpiezas, nuestro pueblo dio pruebas de un alto espíritu de sacrificio: combatió con heroísmo y creó formas de lucha de una diversidad infinita.

A fin de mantener y desarrollar la guerra de guerrillas en la retaguardia enemiga, nuestro partido combinaba hábilmente, en su trabajo de dirección, la lucha política y la lucha económica con la lucha armada.

Explotaba al máximo las ocasiones favorables para lanzar a las masas a la lucha armada, aumentar nuestras fuerzas, aniquilar y desgastar las del enemigo, transformar las regiones temporalmente ocupadas en regiones guerrilleras o las regiones guerrilleras en bases de guerrillas. En las situaciones difíciles, con habilidad, sabía replegarse a tiempo para preservar las fuerzas y proteger las bases.

Desde el punto de vista estratégico, aunque la guerrilla impone numerosas dificultades al adversario y le inflige serias pérdidas, sólo puede desgastarle. Para poder aniquilar importantes fuerzas vivas enemigas y liberar el territorio, debe transformarse progresivamente en guerra de movimiento. Dado que nuestra resistencia era una guerra revolucionaria de larga duración, la guerrilla no sólo podía, sino que debía necesariamente pasar a la guerra de movimiento. Al hacer la guerra de guerrillas, nuestras tropas se forjaban poco a poco, pasaban de combates con pequeñas unidades a combates con unidades mayores, de combates en pequeñas formaciones a combates en formaciones más grandes. Progresivamente la guerrilla se transformaba en guerra de movimiento, forma de combate en que los principios de la guerra regular comenzaban ya a hacer su aparición y ocupaban un lugar cada vez mayor, pero que llevaba todavía el sello de la guerrilla.

La guerra de movimiento es una forma de combatir las tropas regulares: concentrar efectivos relativamente importantes, operar en un teatro bastante extenso, atacar al enemigo allí donde esté en cierta medida al descubierto, para aniquilar sus fuerzas vivas, avanzar profundamente en la retaguardia enemiga, replegarse rápidamente, ajustarse rigurosamente a la consigna “Dinamismo, iniciativa, movilidad, decisión rápida ante situaciones nuevas”.

Al ritmo del desarrollo de la resistencia, la guerra de movimiento ocupaba un lugar estratégico cada vez más importante. Tenía que aniquilar destacamentos cada vez mayores del adversario a fin de aumentar nuestras fuerzas, mientras la guerrilla debía desgastar y deshacer completamente las reservas enemigas. He ahí por qué la guerra de movimiento debía marchar paralelamente con los combates de aniquilamiento. Porque sólo la destrucción de las fuerzas vivas del enemigo permitía quebrar sus grandes ofensivas, proteger nuestras bases y retaguardia, logrando la iniciativa en operaciones para aniquilar destacamentos cada vez mayores de las fuerzas enemigas y finalmente la totalidad de sus tropas, consiguiendo así la liberación del país.

Para aplicar la línea táctica que consistía en desarrollar la lucha guerrillera y transformarla progresivamente en guerra de movimiento, desde el mismo inicio de las hostilidades una parte de nuestras unidades guerrilleras, al margen de los destacamentos dispersados y que operaban aisladamente, combatía en formaciones reagrupadas; eran los primeros elementos de la guerra de movimiento. En 1947, al decidir la creación de compañías autónomas y batallones móviles, empezamos a lanzarnos a operaciones que exigían una concentración de tropas más importante, a la guerra de movimiento. En 1948 nuestras tropas efectuaron emboscadas, rápidas incursiones, relativamente importantes, con uno o varios batallones. En 1949 emprendimos pequeñas campañas no solamente en Bac Bo, sino también en otros teatros de operaciones. A partir de 1950 nuestro ejército aumentó cada vez más la envergadura de las acciones, por lo que la guerra de movimiento desempeñó un papel esencial en el teatro del Bac Bo, mientras que la guerra de posiciones fortificadas ocupaba un lugar cada vez más importante, como lo demostró con extraordinaria brillantez la batalla de Diên Biên Fu.

Frecuentemente decimos: la guerra de guerrillas debe crecer y extenderse. Pero es una ley que para mantenerse y desarrollarse debe imprescindiblemente desembocar en la guerra de movimiento. Es claro que, en las condiciones concretas de nuestra resistencia, sin guerrillas no habría podido haber guerra de movimiento; pero si la lucha guerrillera no se hubiera desarrollado y transformado en guerra de movimiento no solamente no hubiéramos podido cumplir la tarea estratégica de aniquilar las fuerzas vitales del enemigo, sino que las propias guerrillas no hubieran podido mantenerse y desarrollarse. Hablar de la necesidad de desarrollar la lucha guerrillera y transformarla en guerra de movimiento no significa de ninguna manera eliminar la guerrilla; significa que, en el corazón mismo de una guerra de guerrilla ampliamente desarrollada, crecían progresivamente tropas regulares capaces de asumir las tareas de la guerra de movimiento, tropas en torno a las cuales era todavía indispensable mantener formaciones guerrilleras y la lucha de guerrillas.

A partir del momento en que la guerra de movimiento aparecía en una zona guerrillera, era importantísimo combinar estrecha y certeramente esas dos formas de combate; sólo así era posible hacer avanzar la resistencia, desgastar y aniquilar al enemigo, y obtener triunfos cada día mayores. Esa es otra ley para la dirección de la guerra.

De un lado es necesario desarrollar la lucha guerrillera para explotar al máximo las condiciones favorables creadas por la guerra de movimiento y, combinadamente, desgastar y aniquilar al mayor número de fuerzas enemigas e impulsar, a favor del éxito logrado, la evolución de la guerra de movimiento. De otro lado, es necesario desarrollar la guerra de movimiento a fin de aniquilar el mayor número de fuerzas vitales enemigas creando nuevas condiciones favorables para un poderoso desarrollo de la lucha guerrillera. En el proceso del desarrollo de la guerra de movimiento, a causa del dispositivo del enemigo y del nuestro en el teatro de operaciones, hacían poco a poco su aparición elementos de la guerra de posiciones fortificadas. Convertida en parte integrante de la guerra de movimiento, la guerra de posiciones fortificadas se desarrollaba continuamente y ocupaba un lugar cada vez más importante.

Es fundamental en la dirección de la guerra establecer una relación certera entre las diversas formas de combate. Al comienzo hay que conceder gran atención a la guerrilla y a su desarrollo. En un nuevo periodo, habiendo surgido la guerra de movimiento, es preciso coordinar las dos formas de combate, reservando a la guerrilla el lugar esencial y a la guerra de movimiento un segundo plano, pero cada vez más importante. Cuando se pasa a un nuevo grado más elevado, la guerra de movimiento ocupa un lugar esencial, primero en un teatro de operaciones dado –es la aparición de la contraofensiva localizada–, después en una zona más amplia; en ese momento, comparada con la guerra de movimiento, la lucha guerrillera, aunque desarrollándose cada vez más vigorosamente, ha perdido el lugar esencial que ocupaba inicialmente en el conjunto del país para ocupar solamente un lugar secundario (pero importante), primero en un teatro de operaciones dado, después en una zona cada vez más grande.

En la práctica de la guerra de liberación, hubo teatros de operaciones que tropezaron con múltiples dificultades por no haber hecho evolucionar enérgicamente la guerrilla hacia la guerra de movimiento; hubo otros que, por haber querido impulsar prematuramente la guerra de movimiento, obstaculizaron la guerrilla y con ello crearon dificultades a la guerra de movimiento, error frecuentemente observado cuando se lanzó la consigna de contraofensiva general, rápidamente corregido. De una manera general, como resultado de las continuas pruebas que la templaban, nuestra dirección conjugó, en lo esencial, las dos formas de combate antes citadas, y por ello obtuvimos la victoria.

La campaña de Hoa Binh fue un ejemplo típico de esta coordinación entre la guerrilla y la guerra de movimiento en el teatro de operaciones del Bac Bo. La campaña de Diên Biên Fu y las lanzadas en el invierno y la primavera de 1953-54 fueron otro ejemplo triunfal en la coordinación entre la guerra de movimiento y la guerrilla, entre las maniobras en el teatro de operaciones “del frente” y la guerra llevada a cabo en la retaguardia enemiga, entre el frente principal y los frentes de coordinación en el conjunto del país.

Con la puesta en marcha de la guerrilla y de la guerra de movimiento, y a causa de las características de las fuerzas en presencia en cuanto al dispositivo, el terreno, etc., se habían formado zonas liberadas y zonas controladas (por el enemigo) que se entrecruzaban, se cortaban y envolvían; en el mismo interior de las zonas bajo control enemigo había también zonas de guerrilla y bases guerrilleras, lo que creaba también en ellas los mismos fenómenos de sobreposición, corte y envolvimiento mutuo. El proceso del desarrollo de la guerra conducía a la ampliación cada vez mayor de nuestras zonas liberadas y nuestras zonas guerrilleras, y paralelamente a la continua reducción de la zona temporalmente ocupada por el enemigo, lo que llevaba a la liberación paulatina de vastas regiones y, en fin, a la liberación completa de todo el norte del país.

La estrategia de guerra prolongada, la línea de operaciones que preconizaba el paso gradual de la guerra de guerrillas a la guerra regular, el empleo de la guerrilla y de la guerra de movimiento con elementos de la guerra de posiciones, son otras tantas lecciones positivas obtenidas con nuestra experiencia de la guerra de liberación nacional. Se trata de la estrategia, de la táctica de la guerra popular.

En el proceso de una guerra de liberación nacional, la creación de bases para una resistencia prolongada es un problema estratégico de importancia y también una gran lección positiva obtenida por nuestro partido. En primer lugar, hay que estudiar a fondo este problema y sintetizar sus ricas experiencias.

La resistencia victoriosa logró la liberación completa del norte del país; por primera vez en nuestra historia moderna, después de casi cien años, sobre la mitad de nuestro país no queda ni la sombra del enemigo imperialista ni la del soldado colonial. La resistencia victoriosa ha creado las condiciones para realizar a fondo y acabar la reforma agraria, la primera después de miles de años de apropiación feudal de la tierra; en la mitad del país el régimen explotador de los terratenientes ha sido abolido para siempre.

La resistencia victoriosa ha creado las condiciones para que la revolución pase, en el norte completamente liberado, a una etapa superior, al socialismo.

La resistencia de nuestro pueblo, que continuó la obra de la Revolución de Agosto, llevando en alto la bandera de la lucha contra el colonialismo, por la liberación nacional, probó de manera elocuente que: en la coyuntura actual del mundo, una nación, aunque sea pequeña y débil, que se alce unánimemente bajo la dirección de la clase obrera para luchar resueltamente por su independencia y la democracia, tiene la posibilidad moral y material de vencer a todos los agresores, no importa quiénes sean. En condiciones históricas determinadas, esta lucha por la liberación nacional puede pasar por una lucha armada de larga duración –la resistencia prolongada– para alcanzar el triunfo.

Por su éxito, la resistencia de nuestro pueblo ha asestado un golpe irremediable al sistema colonial en plena desintegración, contribuido al fracaso de las maniobras belicistas del imperialismo y a la lucha común de los pueblos del mundo por la paz, la democracia y el socialismo.

Si se consideran en su conjunto los factores del éxito, hay que destacar que la resistencia de nuestro pueblo debe su victoria:

1) A la dirección del partido de la clase obrera.

2) A que el partido ha tenido en cuenta primordialmente el problema campesino y organizado un amplio Frente Nacional Unido basado en la indestructible alianza de los obreros y los campesinos.

 3) A la existencia de un heroico Ejército Popular.

 4) A la existencia de un poder auténticamente popular.

5) A la solidaridad y al apoyo de los pueblos de los países hermanos y de los pueblos amantes de la paz de todo el mundo, entre ellos los pueblos de Francia y de las colonias francesas. En este artículo hemos tratado, no de analizar las causas del éxito en su conjunto, sino de estudiar solamente el problema de la dirección del partido a fin de extraer las grandes lecciones en ese terreno.

III. NUESTRO PARTIDO DIRIGIÓ TRIUNFALMENTE LA ORGANIZACIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS

En la lucha por la liberación nacional, por el derrocamiento del imperialismo y sus lacayos, nuestro pueblo y en primer lugar las masas obreras y campesinas, bajo la dirección de nuestro partido, tomaron las armas y organizaron sus fuerzas armadas. Lenin decía:

“una clase oprimida que no aspirase a aprender el manejo de las armas, a tener armas, esa clase oprimida sólo merecería que se la tratara como a los esclavos”. (13)

El pueblo vietnamita ha aprendido a manejar las armas, ha organizado sus fuerzas armadas y por ello ha triunfado en la mitad del país la causa de su liberación nacional. Después de la instauración del poder popular, fue mucho más apremiante la organización de las fuerzas armadas del pueblo; durante la resistencia era una tarea primordial; después de conquistada la paz sigue siendo especialmente importante.

Las fuerzas armadas revolucionarias de nuestro pueblo surgieron en el seno del movimiento revolucionario de toda la nación, en especial de sus masas obreras y campesinas. Desde sus primeras resoluciones, nuestro partido concedía especial importancia a la creación de los grupos de autodefensa de los obreros y los campesinos, al problema de la fundación de un ejército obrero y campesino. Durante el movimiento de los soviets de Nghe An-ha Tinh, aparecieron formaciones rojas de autodefensa que constituyeron el embrión de las fuerzas armadas revolucionarias del pueblo dirigidas por nuestro partido.

Al estallar la segunda Guerra Mundial, la preparación de la insurrección armada fue para la revolución una tarea apremiante; reaparecieron y se desarrollaron las formaciones de autodefensa y de choque, primero en las regiones montañosas del Viet Bac, donde la revolución tenía sus bases, después en numerosas y amplias regiones a través de todo el país. Varias organizaciones militares, elementos precursores del Ejército Popular, fueron surgiendo sucesivamente: el Ejército de Salvación Nacional, la sección de propaganda del Ejército de Liberación de Vietnam, el destacamento de guerrilleros de Ba To. Estos ejércitos minúsculos combatían con un heroísmo sin igual y se sostenían y desarrollaban en condiciones extremadamente difíciles, frente a un enemigo cien y hasta mil veces más poderoso.

Con el auge del movimiento antijaponés en 1945, se desencadenó la guerra de guerrillas, el poder revolucionario fue instaurado en la zona liberada y los diferentes ejércitos revolucionarios se unificaron para formar el Ejército de Liberación de Vietnam. Este, en el curso de la insurrección general de agosto, participó en la conquista del poder junto a los destacamentos de autodefensa y a todo el pueblo. Durante las jornadas de agosto, y después del triunfo de la revolución, el ejército engrosó sus filas rápidamente y se convirtió en el ejército del Estado republicano democrático, es decir, en el actual Ejército Popular. Todos esos años pueden ser considerados como el periodo de formación de nuestro ejército.

Durante los nueve años de la resistencia, el Ejército Popular combatió sin interrupción a los imperialistas franceses y a los intervencionistas norteamericanos. Esos nueve años de valientes combates y gloriosas victorias son el periodo de entrenamiento y crecimiento de nuestro ejército. Constantemente mayor y más potente, el Ejército Popular fue de triunfo en triunfo y finalizó la resistencia con la extraordinaria victoria de Diên Biên Fu, contribuyendo a restablecer la paz en Indochina y a liberar la mitad del país.

En el curso de los cinco últimos años, por primera vez en su historia, nuestro ejército ha entrado en el periodo de organización en época de paz. Está en condiciones de proseguir con vigor su organización en todos los aspectos para convertirse en un poderoso ejército popular, un ejército regular y moderno, capaz de defender con éxito la transformación y construcción socialistas en el norte y de apoyar la lucha por la reunificación pacífica del país.

El Ejército Popular de Vietnam es un ejército revolucionario surgido del movimiento revolucionario del pueblo de un país colonial que se puso en pie para liberarse.

Los éxitos del Ejército Popular son éxitos de nuestro pueblo, de nuestro partido. A todo lo largo del proceso de organización y crecimiento de nuestro ejército, el partido ha señalado constantemente la naturaleza y las tareas de ese ejército, ha definido sus principios organizativos en el doble aspecto político y militar, lo que ha permitido a nuestras fuerzas, partiendo de la nada, crecer, afirmarse, obtener gloriosas victorias y realizar sus tareas revolucionarias en las diferentes etapas históricas.

         1. Nuestro ejército ha obtenido éxitos y se ha engrandecido porque es un ejército del    pueblo dirigido por el partido.

¿Por qué razones nuestro ejército, pese a su creación bastante reciente, ha escrito gloriosas páginas históricas, realizando brillantes hechos de armas y contribuido en alto grado al éxito de la obra revolucionaria de nuestro pueblo? Porque es un ejército del pueblo dirigido por nuestro partido.

Nuestro ejército ha nacido y crecido en la lucha revolucionaria de toda la nación. Es el instrumento del partido y del Estado revolucionario para llevar a cabo la lucha revolucionaria, la lucha de clases. Cuenta en sus filas elementos selectos de las clases revolucionarias, de los pueblos de las diferentes nacionalidades que viven en el territorio de Vietnam, ante todo y esencialmente los mejores elementos de la clase obrera y de los campesinos decididos conscientemente a luchar hasta el fin por los intereses de la nación, del pueblo trabajador, de las masas obreras y campesinas.

Por ello es un ejército popular, el ejército del pueblo trabajador, en su esencia el ejército de los obreros y los campesinos, dirigido por el partido de la clase obrera. Es la fuerza armada del Estado democrático popular que, en su esencia, era ayer la dictadura de los obreros y los campesinos y hoy es la dictadura del proletariado. Ahí radica el problema de la esencia revolucionaria, del carácter de clase de nuestro ejército. Eso le diferencia radicalmente del ejército enemigo. Es éste el problema fundamental, el problema número uno del que no hay que apartarse en ninguna etapa de la organización de nuestro ejército.

Por su naturaleza de clase, desde su creación, nuestro ejército ha estado siempre profundamente entregado a la causa revolucionaria del partido y del pueblo. Esas tareas revolucionarias son también sus objetivos de lucha. Decidir una línea revolucionaria justa, decidir tareas revolucionarias justas, es una cuestión de importancia decisiva para la dirección de la organización de las fuerzas armadas. En el curso de la etapa precedente, nuestro pueblo realizó la revolución nacional democrática en todo el país para derribar al imperialismo, derrocar a la clase de los terratenientes feudales, reconquistar la independencia nacional, dar la tierra a los campesinos y crear las condiciones para impulsar nuestra revolución por la etapa socialista. Durante los duros años de la lucha armada, el Ejército Popular combatió con heroísmo para aniquilar al ejército de agresión del imperialismo y liquidar a los traidores a su servido.

Sin embargo, durante los primeros años de la resistencia, aunque la tarea antiimperialista era enunciada en términos claros, la antifeudal no estaba todavía definida de acuerdo con su importancia.

Por ello, mientras se asistía a un magnífico despertar del sentimiento y de la conciencia nacionales, la conciencia de clase era relativamente débil, y de ahí cierta confusión en la diferenciación entre el enemigo de clase y nosotros. A partir del momento en que el partido dedicó más atención a la tarea antifeudal, y sobre todo después del inicio del movimiento de masas para reducir las tasas de arriendo y por la reforma agraria, las amplias masas campesinas de nuestra retaguardia se alzaron y el propio ejército –un ejército con gran mayoría campesina y profundamente ligado a los problemas agrarios– tuvo una idea más completa de sus objetivos de lucha –no sólo reconquistar la independencia del país, sino también dar la tierra a los campesinos–, lo que llevó a una acentuación visible de la conciencia de clase y a un fortalecimiento de la moral de las tropas.

Desde que la lucha revolucionaria de nuestro pueblo pasó a una etapa nueva, las tareas del pueblo entero son las siguientes: luchar por la reunificación del país; continuar la realización de la revolución nacional democrática a fin de terminarla en todo el país; la construcción del norte en marcha hacia el socialismo; crear un Vietnam pacífico, reunificado, independiente, democrático y próspero. Partiendo de ello, nuestro partido ha señalado al Ejército Popular su tarea política: proteger la construcción del socialismo en el norte, servir de apoyo a la lucha por la reunificación pacífica del país, estar dispuesto a destruir todo intento agresivo del imperialismo, esencialmente del imperialismo norteamericano y sus agentes. Habiendo sido definidas justamente la tarea revolucionaria general y la tarea política del ejército, la educación política, principalmente las recientes campañas de estudios políticos, han tenido una orientación exacta y concreta; esto ha producido una elevación de la conciencia socialista y de los sentimientos patrióticos en todos los cuadros y combatientes, y un nuevo ascenso revolucionario en el Ejército Popular, que se expresa certeramente en el movimiento de emulación

“A pasos rápidos superemos las normas del programa de instrucción para una máxima contribución al socialismo”.

En el momento en que se desarrolla el combate entre las dos vías, el ejército comprende mejor sus obligaciones en cuanto al mantenimiento del orden social en el norte, así como con respecto a la defensa de la seguridad del territorio.

Nuestro ejército cuenta en sus filas excelentes cuadros y soldados revolucionarios conscientes y experimentados; tiene un buen temple revolucionario. Sin embargo, de ninguna manera significa esto que no sea necesario mantener y reforzar su carácter de clase.

Al contrario, en su dirección el partido debe tomar muy en cuenta el mantenimiento y el fortalecimiento de la esencia revolucionaria, del carácter de clase del ejército. Sólo por la definición y la asimilación de la tarea revolucionaria del partido en el ejército, el incesante fortalecimiento de la dirección del partido y el reforzamiento del trabajo político es posible realizar este trabajo y asegurar así al ejército las condiciones para realizar su tarea revolucionaria.

Después del restablecimiento de la paz, nuestro partido ha acordado la línea siguiente: organizar un poderoso Ejército Popular, transformándolo gradualmente en un ejército regular y moderno. El problema del mantenimiento de la naturaleza revolucionaria del ejército sigue siendo una exigencia fundamental de primera importancia. Solamente sobre la base del mantenimiento y fortalecimiento de la naturaleza revolucionaria del ejército, del reforzamiento de su conciencia socialista y de su patriotismo, puede realizarse con éxito la transformación del ejército en un ejército regular y moderno. Nuestro ejército seguirá siendo a lo largo de esta transformación y para siempre un ejército del pueblo. Debe convertirse en un ejército moderno revolucionario.

La dirección del partido es la clave que garantiza al ejército las condiciones que le permitirán mantener su carácter de clase. Debe realizarse en el terreno político: llevar la línea y la política del partido al ejército a fin de hacer de éste el instrumento fiel del partido en la realización de las tareas revolucionarias. Debe realizarse en el plano ideológico: inculcar al ejército la ideología de la clase obrera, el marxismo-leninismo, que debe ser la guía de nuestro ejército en todas sus acciones y su único pensamiento director. Debe realizarse también en el aspecto organizativo: introducir el concepto de clase del partido tanto en la organización del partido como en el trabajo de cuadros en el ejército. Únicamente así podrá conservar éste su carácter auténticamente popular, mantenerse dispuesto a cumplir sus tareas revolucionarias en todas las circunstancias y por ello engrandecerse cada día más, y marchar siempre hacia nuevas victorias.

Vo Nguyen Giap. “Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo”. Colección “Socialismo y Libertad”, Libro 14, páginas 71-82.

NOTAS:

13 V. I. Lenin, “El programa militar de la revolución proletaria”. Obras Completas, t. XXIII, p. 78. Ed. Política, La Habana, 1963.

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Si leemos detenidamente lo escrito por el general GIAP, nos daremos cuenta de los inmensos esfuerzos colectivos que se movían detrás de cada paso dado en la lucha contra los colonialistas y agresores tanto extranjeros como vietnamitas, esfuerzos que pavimentaron el camino de las victorias políticas y militares, de las cuales muchos vemos los “destellos”, los nombres de las batallas, pero ignoramos los cómo y los por qué un pueblo todavía atado a condiciones feudales pudo derrotar militar y moralmente a países dotados de recursos materiales superiores como Francia (“la cuna de la libertad”) y Estados Unidos, hegemón del capitalismo desde 1945, actores principales pero no únicos, pues también debemos nombrar a Japón y tomar en cuenta a otros gobiernos hostiles.

En primer lugar, destaca el conocimiento de los heroicos luchadores vietnamitas acerca de los orígenes de su país, las características de su territorio, su situación económico-política y el cuadro geopolítico del cual formaba parte no voluntariamente, sino por circunstancias derivadas del reparto del mundo que las potencias imperiales habían efectuado luego de la, entonces, recién finalizada segunda guerra mundial.

Y a partir de allí, del conocimiento y análisis de su situación, la elaboración y aplicación de una estrategia que fue estrictamente respetada, enriquecida y desarrollada, corrigiendo errores, atacando los flancos débiles (“tendencias erróneas” las llama el general GIAP, particularmente la de partidarios de una salida rápida, contrapuestos a la de una guerra de resistencia) que a su interior surgían y utilizando tácticas permanentemente articuladas al objetivo principal.

Entresacamos varios objetivos:

  1. Atacar al enemigo dondequiera que esté.
  2. Salvación por propio esfuerzo.
  3. Producción para no depender del apoyo externo.
  4. Derrota del bloqueo colonial.

La dirección revolucionaria vietnamita asume así un Programa de guerra desde una posición de extrema carencia de recursos, con tropas enemigas en su propio territorio y un poder económico y político enfrentado a lo interno, como los terratenientes.

El movimiento vietnamita decide utilizar la lucha guerrillera como método contra el invasor colonialista y adelanta una política de alianzas con los sectores campesinos, dado el nivel socioeconómico del país, donde no existe desarrollo de contingente obrero.

La práctica del combate guerrillero va generando un desarrollo que permite obtener armamento y equipo arrebatado al ejército invasor, establecimiento de bases que protegen a los brotes de poder popular y mantenimiento de permanente hostigamiento (“atacar al enemigo dondequiera que esté”), observando reglas como:

  1. Evitar al enemigo cuando es fuerte.
  2. Atacarlo cuando es débil.
  3. Dispersarse o reagruparse según las circunstancias.
  4. Librar combates de desgaste o de aniquilamiento, según los casos.
  5. Combinar formas de lucha urbanas y rurales.

Esa dinámica, que diezma al enemigo y puede liberar limitados territorios, se va convirtiendo en guerra de movimientos y de allí van a surgir los brotes de lo que será el Ejército Popular, capaz de sostener también guerra de posiciones, sin que ello implique descartar o minimizar a la organización guerrillera.

El general GIAP sostiene:

“Nuestro ejército cuenta en sus filas excelentes cuadros y soldados revolucionarios conscientes y experimentados; tiene un buen temple revolucionario. Sin embargo, de ninguna manera significa esto que no sea necesario mantener y reforzar su carácter de clase.

Al contrario, en su dirección el partido debe tomar muy en cuenta el mantenimiento y el fortalecimiento de la esencia revolucionaria, del carácter de clase del ejército. Sólo por la definición y la asimilación de la tarea revolucionaria del partido en el ejército, el incesante fortalecimiento de la dirección del partido y el reforzamiento del trabajo político es posible realizar este trabajo y asegurar así al ejército las condiciones para realizar su tarea revolucionaria.”

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