Vo Nguyen Giap (V)

Por Ángel Colmenares

LA GUERRA DE LIBERACIÓN DEL PUEBLO VIETNAMITA GUERRA DEL PUEBLO. EJÉRCITO DEL PUEBLO (V)

Hay que destacar en primer lugar que, en el proceso de su transformación en ejército regular y moderno sigue siendo un ejército revolucionario, un ejército del pueblo. Esta es la característica fundamental que hace que el ejército regular, moderno y popular, en el norte difiera radicalmente del ejército de Ngo Dinh Diem, ejército regular y moderno también, pero contrarrevolucionario, antipopular, en manos de los enemigos del pueblo. El Ejército Popular debe necesariamente velar por el fortalecimiento de la dirección del Partido y del trabajo político. Debe trabajar por consolidar al máximo la unión entre los cuadros y los soldados, entre las tropas y el pueblo, elevar el sentido de la disciplina libremente admitida y al mismo tiempo mantener la democracia interna.

Actuando en este sentido, el Partido, en el curso de estos últimos años, ha prestado atención especial a las actividades de sus organizaciones y al trabajo político en el ejército. Oficiales, suboficiales y soldados, todos han seguido cursos de educación política para aclararles las tareas de la revolución socialista y de la lucha por la reunificación nacional, para consolidar la posición de clase y para reforzar la ideología marxista-leninista. Se trata de un problema muy importante, sobre todo porque el Ejército Popular se ha desarrollado en un país agrícola y cuenta en sus filas con una fuerte mayoría de obreros agrícolas y pequeños burgueses de las ciudades. Nuestros combatientes han adquirido una educación política perseverante, su moral se ha templado en el combate. Pese a esto, la lucha contra la influencia de la ideología burguesa y pequeñoburguesa sigue siendo necesaria.

Gracias al fortalecimiento del trabajo ideológico, el ejército se ha convertido en un instrumento eficaz al servicio de la dictadura del proletariado, fiel hasta el fin a la causa de la revolución socialista y de la reunificación nacional. Los nuevos progresos que ha realizado en el aspecto político han hallado su plena expresión en el movimiento “Rápidamente sobrepasemos las normas del programa”, amplio movimiento de masas que se desarrolla en nuestras tropas paralelamente al movimiento de emulación socialista entre los trabajadores de Vietnam del Norte.

Importa proseguir, activa y firmemente, sobre la base de un fortalecimiento continuo de la conciencia política, la transformación progresiva del Ejército Popular en un ejército regular y moderno. De acuerdo con el desarrollo logrado durante los últimos años de la resistencia, nuestro ejército, anteriormente sólo de infantería, se ha convertido en un ejército compuesto de diferentes armas. Si el problema del mejoramiento de los equipos y la técnica es importante, el de los cuadros y los soldados que han de usarlas lo es todavía más. Nuestro ejército se ha interesado constantemente por la superación de los oficiales de origen obrero y campesino o intelectuales revolucionarios probados en el combate. Se esfuerza en ayudarles a elevar su nivel cultural y técnico para permitirles llegar a ser competentes oficiales y suboficiales de un ejército regular y moderno.

Para elevar la capacidad combativa del ejército, para lograr una fuerte centralización del mando y una coordinación estrecha entre las diferentes armas, es indispensable poner en vigor reglamentos propios de un ejército regular. Esto no quiere decir que no se haya hecho nada en este sentido durante los años de la resistencia; se trata más bien de perfeccionar las reglamentaciones que ya existían. Lo esencial es no olvidar el principio de que toda nueva reglamentación debe inspirarse en el carácter popular del ejército y en la necesidad absoluta de mantener la dirección del Partido. Al mismo tiempo que los reglamentos generales se ha promulgado el estatuto de los oficiales; una escala de sueldos ha sustituido al antiguo régimen de pago en especie; por las recompensas y condecoraciones se han otorgado condiciones complementarias. Todas esas medidas han tenido como efecto el fortalecimiento de la disciplina y de la unidad interior de las tropas, y la acentuación del sentido de responsabilidad en los oficiales, los suboficiales y los soldados.

La instrucción militar, con la educación política, es una tarea central en la organización del ejército en tiempo de paz. El problema de los reglamentos de combate, de una idea táctica y principios tácticos apropiados adquieren una gran importancia. Se trata de hacer la síntesis de las experiencias pasadas, de analizar bien las condiciones concretas de nuestro ejército desde el punto de vista de organización y equipo, así como las de nuestras bases económicas o del terreno del país, terreno de bosques y selvas, terrenos de llanuras y arrozales. Se trata de asimilar bien la ciencia militar moderna de los ejércitos de los países hermanos. Hay que hacer esfuerzos perseverantes en la instrucción de las tropas y en la formación de cuadros.

Durante numerosos años, el Ejército Popular de Vietnam se nutría del voluntariado: todos los cuadros y soldados eran enrolados voluntariamente y por un período indeterminado. Engrosaba sus filas con el aflujo de lo mejor de la juventud siempre presta a responder al llamamiento de la patria. Desde el logro de la paz ha sido necesario sustituir el voluntariado por el servicio militar obligatorio. Esta sustitución ha sido acogida calurosamente por la población. Una buena parte de los voluntarios vuelven, después de su desmovilización, a los campos y a las fábricas; otros sirven en unidades afectadas a los trabajos de producción, tomando así una parte activa en la edificación del socialismo. El reclutamiento se realiza sobre la base de la consolidación y el desarrollo de las organizaciones de autodefensa en las comunas, las fábricas y los establecimientos escolares.

Los miembros de esas organizaciones paramilitares están prestos no solamente a volver al ejército permanente, del que constituyen una reserva particularmente importante, sino también a garantizar la seguridad y la defensa de sus propias regiones.

El Ejército Popular estaba íntegramente ligado a la Guerra de Liberación Nacional, en el fuego de la cual nació y creció. En el momento actual su desarrollo no se podría tampoco separar de la edificación del socialismo en el norte ni de la lucha del pueblo por un Vietnam reunificado, independiente y democrático. Garantizado por el afecto y el apoyo del pueblo, el Ejército Popular cumplirá su tarea: defender la paz y la patria.

Como ya se ha señalado, la historia de la Guerra de Liberación nacional del pueblo vietnamita, la de su Ejército Popular, es la historia del triunfo de una nación débil, de un pueblo colonial que se alzó contra la agresión de una potencia imperialista. Es también el triunfo del marxismo-leninismo aplicado a la lucha revolucionaria armada en un país colonial, la victoria del Partido de la clase obrera como dirigente de la revolución tanto en la etapa democrática como en la etapa socialista.

III

El Partido de vanguardia de la clase obrera vietnamita, encabezado por el presidente Ho Chi Minh, el gran líder del pueblo y la nación, es el organizador y el guía que ha conducido al pueblo y a su ejército a la victoria.

Aplicando el marxismo-leninismo a la revolución nacional democrática en un país colonial, ha hecho un análisis certero de las contradicciones de la sociedad y ha definido claramente las tareas fundamentales de la revolución. En el problema de la Guerra de Liberación Nacional ha examinado dialécticamente la correlación de las fuerzas en presencia decidiendo una estrategia y una táctica apropiadas. Inspirándose en el marxismo-leninismo, ha creado y dirigido un Ejército Popular heroico. No ha cesado de inculcar el espíritu revolucionario, el auténtico patriotismo proletario al pueblo y a su ejército.

El Partido ha sabido asimilar las preciosas experiencias de la Revolución de Octubre, que, con el Ejército Rojo Soviético, ha mostrado el camino de la liberación a los trabajadores de los países capitalistas y a los pueblos coloniales. También ha asimilado las enseñanzas de la revolución y el ejército de liberación chinos, que han enriquecido las teorías de la revolución democrática, de la guerra y el ejército revolucionarios en un país semicolonial. Sus extraordinarios ejemplos han iluminado sin cesar el camino de la lucha y los éxitos del pueblo vietnamita. Haciendo nuestras las inestimables experiencias de la Unión Soviética y de la China Popular, nuestro Partido ha tenido siempre en cuenta la realidad concreta de la guerra revolucionaria en Vietnam, lo que le ha permitido enriquecer a su vez las teorías de la guerra y del ejército revolucionarios.

En el momento actual, en el plano internacional, las fuerzas de los países socialistas, con la Unión Soviética a la cabeza, han alcanzado una potencia hasta ahora desconocida; el movimiento de liberación nacional está en todas partes en pleno desarrollo, y son mayores las posibilidades de lograr una paz duradera en el mundo. Sin embargo, el imperialismo continúa sus preparativos de guerra y trata de reforzar sus alianzas militares de agresión. Mientras que se observa un mejoramiento de la situación internacional, el sudeste asiático sigue siendo uno de los focos más peligrosos del mundo. El imperialismo norteamericano refuerza incesantemente su dominio militar y político en el sur de nuestro país. Continúa la misma política de intervención en Laos, pretendiendo transformarlo en una colonia y en una base militar para una nueva guerra de agresión.

Profundamente partidario de la paz, el pueblo vietnamita y su ejército respaldan la acción por el desarme, por disminuir la tensión y lograr una paz duradera.

Pero deben al mismo tiempo redoblar la vigilancia, fortalecer su combatividad, velar por su potencial de defensa y contribuir al estrechamiento de los lazos fraternales entre los pueblos y los ejércitos revolucionarios de los países socialistas. Están firmemente decididos a cumplir sus sagradas obligaciones: defender las realizaciones de la revolución socialista y la construcción del socialismo en el norte del país, proseguir la lucha por la reunificación pacífica de la patria y mantenerse dispuestos a impedir cualquier intento imperialista de provocar una guerra de agresión y contribuir así a la salvaguardia de la paz en el sudeste asiático y en el mundo.

LAS GRANDES EXPERIENCIAS DE NUESTRO PARTIDO COMO DIRIGENTE DE LA LUCHA ARMADA Y DE LA ORGANIZACIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS (8)

Nuestro partido surgió cuando el movimiento revolucionario vietnamita estaba en pleno auge. Desde el comienzo dirigió a los campesinos, les impulsó a alzarse y a instaurar el poder de los soviets. Así, pues, tuvo conciencia rápidamente de los problemas que plantean el poder revolucionario y la lucha armada. Como enseña el marxismo-leninismo, para todas las revoluciones, cualesquiera que sean, ha sido siempre primordial el problema del poder y del camino de la instauración del poder revolucionario. “La única vía de liberación” es “la lucha armada de masas”. (9)

En 1930-31 el movimiento revolucionario fue reprimido. Al frente de las masas en la lucha política, ilegal o semilegal, nuestro partido se dedica activamente a restablecer las bases revolucionarias y a impulsar el movimiento. En 1939, con el estallido de la segunda gran guerra, (10) se producen cambios en la situación exterior e interior y se plantea de nuevo el problema de la preparación de la insurrección armada para la liberación nacional. Desde entonces nuestro partido trabajó preparando al pueblo para la insurrección. La insurrección triunfó en agosto de 1945; seguidamente, durante nueve años, dirigió la larga guerra de resistencia del pueblo y lo condujo a la victoria.

De treinta años de lucha revolucionaria, nuestro partido ha pasado quince en la ilegalidad, antes de instaurar el poder revolucionario en todo el país y llegar así a ser un partido en el poder.

Desde que toma en sus manos la dirección del Estado, en los años de la lucha armada y después del restablecimiento de la paz, la construcción de las fuerzas armadas revolucionarias ha sido siempre una de sus tareas primordiales, pues constituye la pieza esencial del Estado revolucionario.

Examinando el camino recorrido, resalta claramente que la lucha armada ha ocupado un lugar muy importante en el movimiento revolucionario de nuestro pueblo, bajo la dirección del partido. Este, en el curso de numerosos años de una lucha armada extremadamente dura y heroica, ha acumulado experiencias inestimables y de gran importancia tanto para el fortalecimiento de la organización de las fuerzas armadas revolucionarias y la consolidación de la defensa nacional en el norte, como para la continuación de la revolución nacional democrática en el conjunto del país.

La lucha armada revolucionaria, para cualquier país, está sometida a leyes fundamentales generales. Pero tiene también, en cada país, particularidades y leyes propias.

Rusia era una potencia imperialista en la que la economía capitalista había alcanzado ya cierto grado de desarrollo. La Revolución de Octubre fue una insurrección de la clase obrera y de los trabajadores de las ciudades que derribó el capitalismo e instauró el poder soviético de los obreros y campesinos. La guerra revolucionaria que siguió fue a la vez una guerra civil llevada a cabo por los trabajadores de la Unión Soviética contra los guardias blancos de la burguesía y de los terratenientes y una guerra por la defensa de la patria frente a la intervención de una coalición de catorce países capitalistas. Más tarde, la Gran Guerra Patria de la Unión Soviética fue una guerra revolucionaria llevada a cabo contra las fuerzas del fascismo por el pueblo trabajador de un país socialista ya poderoso, pero cercado por países capitalistas.

La China de ayer era un país semicolonial y semifeudal inmensamente grande, superando extraordinariamente a todos los países del mundo desde el punto de vista demográfico, pero de una economía agrícola muy atrasada. Durante un largo periodo, la lucha armada fue allí una guerra civil vigorosa que enfrentaba al pueblo con los medios feudales y burgueses importadores ligados al imperialismo, y durante la resistencia, una enérgica guerra revolucionaria contra los agresores imperialistas. Esta lucha armada se planteaba la realización de los objetivos políticos de la revolución nacional democrática y debía abrir a la Revolución China el acceso al socialismo.

Vietnam de ayer era un país colonial y semifeudal, pequeño y poco poblado, de economía agrícola en extremo atrasada. La lucha armada adoptó respectivamente las formas de la insurrección y de la guerra de resistencia, realizadas por todo un pueblo contra el imperialismo y los elementos feudales reaccionarios a fin de alcanzar los objetivos políticos de la revolución nacional democrática como en China –la independencia de la nación, la entrega de la tierra a los que la trabajan– y preparar las condiciones para el paso de la revolución vietnamita a la etapa del socialismo.

Como se ve, nuestra lucha armada revolucionaria refleja las leyes de la lucha armada revolucionaria en general, aunque con particularidades y leyes propias. El éxito de nuestro partido en la dirección de esta lucha armada revolucionaria y en la creación de las fuerzas armadas revolucionarias es un éxito del marxismo-leninismo. Es la aplicación certera y creadora de los principios marxistas leninistas a las guerras revolucionarias y a las fuerzas armadas revolucionarias en las condiciones concretas de un país colonial y semifeudal, pequeño y débil, que ha tenido que luchar contra un enemigo poderoso durante un tiempo bastante largo y bajo el cerco del imperialismo.

I. NUESTRO PARTIDO DIRIGIÓ CON ÉXITO LA PREPARACIÓN DE LA INSURRECCIÓN ARMADA Y LA INSURRECCIÓN GENERAL DE AGOSTO DE 1945

En 1939, inmediatamente después de estallar la segunda gran guerra en Europa, el Comité Central del partido comprendió que se iniciaba un nuevo ciclo de guerras y revoluciones y “que la coyuntura indochina indicaba ya la hora de la liberación nacional”. En 1940 y a comienzos de 1941, se produjeron levantamientos sucesivos en Bac Son, Nam Ky y Do Luong. Aunque ahogados en sangre por el enemigo, fueron “el disparo que señaló el inicio de la insurrección general en todo el país, el primer paso en la lucha armada de las naciones indochinas”. (11)

En efecto, en aquellos días, bajo el doble dominio de los imperialistas franceses y japoneses, nuestro pueblo vivía en la miseria; el movimiento revolucionario estaba sometido a una feroz represión.

Nuestro partido siguió haciendo una propaganda intensa entre el pueblo, concentrando las fuerzas patrióticas en el Frente Vietminh estableciendo bases guerrilleras, organizando fuerzas armadas revolucionarias y preparando la insurrección armada.

Agosto de 1945 marcó los grandes éxitos del Ejército Rojo soviético y de las fuerzas aliadas. Los japoneses capitularon. La insurrección hervía en todo el país. En ciudades y campos millones de hombres se levantaron, y se sucedieron las manifestaciones y demostraciones de fuerza. Fue la insurrección general, el triunfo de la Revolución de Agosto. El dos de septiembre, a nombre del gobierno provisional, el presidente Ho Chi Minh proclamó la independencia de Vietnam ante la nación y el mundo entero. Así fue fundada la República Democrática, de Vietnam, primera democracia popular del sudeste asiático.

La insurrección general de agosto obtuvo una brillante victoria: la lucha del pueblo vietnamita contra franceses y japoneses durante la segunda Guerra Mundial derrocó la dominación casi secular del imperialismo, una monarquía varias veces milenaria, e instauró la República Democrática. La insurrección general de agosto abrió una era nueva en la historia de la nación vietnamita, la era del pueblo dueño de su destino.

La preparación del levantamiento durante los años de la guerra mundial y la insurrección general de agosto han proporcionado ricas enseñanzas. En su libro La Revolución de Agosto, el camarada Truong Chinh ha analizado las cualidades y debilidades de esta revolución y ha sacado las conclusiones convenientes. En el presente artículo partiremos de todo el proceso de preparación de la insurrección armada hasta la victoria de agosto, para extraer de ella las enseñanzas esenciales, que son al mismo tiempo una brillante demostración de los éxitos obtenidos por nuestro partido.

  1. “El éxito de la insurrección general de agosto se debe en primer lugar a una dirección estratégica justa del Comité Central del partido en el problema de la liberación nacional, que fue la tarea central del partido y del pueblo y que se realizó uniendo a todas las fuerzas patrióticas.”

La sociedad vietnamita de tiempos anteriores, colonial y semifeudal, se caracterizaba por dos contradicciones fundamentales, una entre el imperialismo y la nación entera, otra entre los terratenientes feudales y el pueblo, esencialmente las masas campesinas; de esas dos contradicciones, la primera tenía que ser considerada como la esencial. La revolución vietnamita era, pues, una revolución nacional democrática popular que tenía dos tareas fundamentales: una antiimperialista, otra antifeudal; de esas dos tareas, la primera, la que tendía al derrocamiento del imperialismo y al logro de la liberación nacional, tenía que ser considerada como la esencial. Desde 1930, al destacar las dos contradicciones de nuestra sociedad, nuestro partido había definido claramente las dos tareas de nuestra revolución y le había dado así impulso en profundidad y en amplitud. Pero hubo que esperar hasta 1939-41 para que la lucha contra el imperialismo y por la liberación nacional fuera concebida claramente como una tarea primordial. Partiendo de una justa apreciación de los grandes acontecimientos que se produjeron internacional y nacionalmente, el partido hizo de la liberación nacional una tarea urgentísima para todo el pueblo.

El VI Pleno del Comité Central, celebrado a fines de 1939, precisaba:

“La situación ha evolucionado. El imperialismo francés es un delincuente que pretende desatar una guerra imperialista mundial. La dominación que pesa sobre las colonias como Indochina –abiertamente un régimen fascista militar– y el intento de los colonialistas de pactar con los japoneses han colocado a los pueblos indochinos ante un problema de vida o muerte. Para su salvación los pueblos de Indochina no tienen otro camino que la lucha por el derrocamiento de los imperialistas franceses, contra toda agresión extranjera, venga de los blancos o de los amarillos, a fin de conseguir la liberación y la independencia.

El VIII Plenario ampliado del Comité Central, celebrado en 1941, precisando la nueva orientación de la dirección revolucionaria del partido, definía el programa concreto de la revolución de liberación nacional.

“En la situación actual –subrayaba–, la consigna del partido es, en primer lugar, liberar a toda costa a los pueblos indochinos del yugo francojaponés. Para realizar estas tareas es necesario ante todo concentrar en un frente unido a todas las fuerzas de Indochina, a todos los patriotas, y darlo todo en la lucha por el derecho a la independencia y la libertad de la nación, por la derrota de los ocupantes franceses y japoneses.

Unir a todas las fuerzas de todas las clases, de todos los partidos y agrupaciones revolucionarias que trabajen por la salvación de la patria, de todas las creencias religiosas, de todas las nacionalidades que luchan contra los japoneses, ése es el trabajo esencial de nuestro partido.”

El Comité Central definía, por otra parte, una nueva política del partido: suspender provisionalmente la consigna de la revolución agraria y sustituirla por la reducción de las tasas de arriendo y de préstamos, la confiscación de las tierras pertenecientes a los imperialistas y a los traidores y su distribución a los campesinos; al mismo tiempo, decidir la fundación del Vietminh (Liga de la Independencia de Vietnam) y de las organizaciones de salvación nacional.

Vista desde el ángulo de la tarea de liberación nacional en la que había puesto el acento, la resolución del VIII Plenario era una decisión extremadamente lúcida y justa que respondía perfectamente a la situación de entonces y a las aspiraciones fundamentales y profundas de cada clase o capa patriótica. He ahí por qué en poco tiempo el Frente Vietminh reunió importantes fuerzas populares y se convirtió en la más poderosa organización política de las amplias masas revolucionarias; su programa era acogido calurosamente en todos los medios sociales, su prestigio ganaba a todo el país. La resolución del VIII Pleno fue un programa concreto que desempeñó un papel decisivo en el triunfo de la Revolución de Agosto.

Es necesaria una nota complementaria: en esta época, desde el punto de vista estratégico, la clase de los terratenientes feudales no se consideraba claramente como objetivo de la revolución; desde el punto de vista teórico, la tarea de la liberación nacional estaba en cierta medida separada de la revolución democrática burguesa; en lo inmediato se sobrestimaba a la clase terrateniente, sin subrayar suficientemente el papel de la alianza de los obreros y los campesinos como base del Frente Nacional Unido. Esas insuficiencias debían gravitar más tarde sobre el estado ideológico y sobre el trabajo del partido; concretamente condujeron a cierta subestimación de la tarea antifeudal durante los primeros años del poder popular y la guerra de resistencia.

  • El éxito de la insurrección general de agosto se debe al hecho de que el Comité Central, mientras adoptaba una orientación nueva respecto a la tarea revolucionaria, supo dar a tiempo una nueva orientación sobre las formas de lucha y plantear el problema de la preparación de la insurrección armada.

El paso de la lucha política a la lucha armada constituye un gran cambio que exige una enorme preparación. Si la insurrección es un arte, un punto esencial del contenido de este arte es dirigir el paso a nuevas formas de lucha adaptadas a la situación política de cada periodo, y mantener una relación exacta entre la lucha política y la lucha armada en cada periodo. Al comienzo, la acción política es siempre el elemento esencial y la lucha armada queda en un segundo plano; esas dos formas evolucionan progresivamente para llegar a ser igualmente importantes y desembocar al fin en una etapa en que la forma armada ocupa el primer lugar; pero aun entonces es necesario saber precisar el momento en que la preponderancia de la lucha armada no es más que parcial y aquel en que se impone a todo. Las formas de la lucha dominan sobre las del trabajo y la organización. En las condiciones de la lucha decisiva y encarnizada que proseguíamos, una desviación en la dirección de nuestra acción y de las organizaciones, o dicho de otro modo, una falta de firmeza o de prudencia y una falsa evaluación de las condiciones subjetivas y de la correlación de fuerzas entre la revolución y la contrarrevolución debían inevitablemente llevar a dificultades y fracasos. La justeza de la dirección en la preparación de la insurrección armada debía garantizar a las fuerzas revolucionarias la posibilidad de desarrollarse de manera segura y de acuerdo con las circunstancias, hasta que madurasen las condiciones de la insurrección. El VIII Pleno del Comité Central precisaba: Para preparar las fuerzas necesarias para una insurrección, nuestro partido debe:

  1. Ampliar y consolidar las organizaciones de salvación nacional.
  2. Multiplicar nuestras organizaciones en los centros urbanos, las plantaciones, las minas, las concesiones.
  3. Multiplicar nuestras organizaciones en las provincias en que el movimiento es todavía débil y en las provincias de nacionalidades minoritarias.
  4. Adiestrar y educar a los miembros del partido para que estén animados de un espíritu de sacrificio sin igual.
  5. Adiestrar y entusiasmar a los miembros del partido para que sean suficientemente capaces, experimentados y estén en condiciones de asumir tareas de mando y hacer frente a los acontecimientos.
  6. Crear grupos de guerrilleros y organizar a los militares.

Tratando de la insurrección, Lenin señalaba que “la insurrección debe apoyarse en el impulso revolucionario de las masas” y no “en un complot”. Y no porque se trate de la insurrección armada y de los preparativos de insurrección debe omitirse el movimiento político de las masas; al contrario, sin un profundo movimiento político de las masas revolucionarias no se podría lograr una insurrección victoriosa. Por ello, para preparar bien la insurrección armada, el trabajo primordial y más importante era el de la propaganda entre las masas, la organización de éstas, “la ampliación y consolidación de las organizaciones de salvación nacional”. Sólo partiendo de sólidas organizaciones políticas era posible edificar sólidas organizaciones paramilitares, marchar hacia la creación de pequeños grupos de guerrilleros estrechamente ligados a las masas revolucionarias y capaces por ello de operar y desarrollarse.

Durante los primeros años, cuando el movimiento político del pueblo no era potente y las fuerzas enemigas eran aún estables, la preparación de la insurrección armada debía centrarse imperiosamente en el trabajo político entre las masas. Orientar y organizar a éstas en todo el país, principalmente en las regiones neurálgicas, constituía un trabajo de importancia decisiva. Rápidamente el Comité Central del partido había hecho de la región montañosa del Viet Bac una base de la lucha armada, tomando como puntos centrales las regiones de Bac Son-Vu Nhai y Cao Bang.

En las condiciones de la época, una base de la lucha armada debía ser clandestina y estar situada en localidades en que el movimiento revolucionario fuera sólido y las organizaciones de masas poderosas; donde la creación de las organizaciones de autodefensa y organizaciones de choque se hiciese a partir de las organizaciones políticas de masas para llegar a grupos armados o secciones armadas, entera o parcialmente liberadas de las tareas de la producción en la región, y hasta, según las posibilidades, de organizaciones guerrilleras más importantes.

Las diversas formas: el “pequeño grupo” de cuadros clandestinos, el “pequeño grupo” clandestino militarizado, el “pequeño grupo” de choque armado, el grupo y la sección armados locales hacían poco a poco su aparición. La mejor orientación era la siguiente: hacer la propaganda armada, dar más atención a la acción política que a la acción militar y a la propaganda que al combate; servirse de las secciones armadas para proteger, consolidar y desarrollar las bases políticas; marchar así hacia cierta consolidación y cierto desarrollo de las fuerzas semiarmadas y armadas. Las organizaciones semiarmadas y armadas debían obligatoriamente maniobrar en un secreto absoluto, tener centros de gravedad en su acción de propaganda o en la eliminación de los traidores y, en la acción militar, aplicar la consigna de “actuar por sorpresa, con rapidez, retirarse sin dejar huella, llegar sin dejarse ver”, y cuidar las posibilidades de lucha legal de las amplias masas.

El problema de la instauración del poder revolucionario no estaba planteado todavía. Había regiones en que la población se adhería en su totalidad a las organizaciones de salvación nacional; la sección comunal del Vietminh gozaba automáticamente a los ojos de las masas, de la autoridad de un organismo clandestino del poder popular revolucionario. Aún aquí no derribábamos el poder del enemigo; buscábamos solamente ligarlo y utilizarlo. En ese espíritu dirigía el Comité Central del partido las organizaciones del Ejército de Salvación Nacional en Bac Con-Vu Nhai.

En ese espíritu recomendaba el presidente Ho Chi Minh el principio de la propaganda armada a las organizaciones armadas de Cao Bang-Bac Can, principalmente cuando dio la orden de fundar la sección de propaganda del Ejército de Liberación. La experiencia ha demostrado que, durante la primera fase de la preparación de la insurrección armada, toda debilidad en la aplicación de la línea antes citada conducía generalmente al movimiento revolucionario a dificultades y le hacía sufrir pérdidas de las que la misma preparación de la insurrección armada se resentía.

El golpe de fuerza japonés del nueve de marzo de 1945 introdujo grandes cambios. Los franceses fueron derrocados. Convertidos en enemigos principales y únicos del pueblo vietnamita, los fascistas japoneses, aun antes de que hubieran tenido tiempo de fortalecer su dominación en Indochina, sufrían derrota tras derrota en todos los frentes.

El Comité Central del partido analizó inmediatamente la crisis política abierta por el golpe de Estado de los fascistas japoneses; dio directivas para “desencadenar un poderoso movimiento de lucha antijaponesa por la salvación nacional como premisa para la insurrección general”, y con objeto de acelerar los preparativos a fin de “mantenerse dispuestos para pasar a la insurrección general cuando las condiciones estuvieran suficientemente maduras”. Preconizó también “el desencadenamiento de la guerra de guerrillas para la conquista de las bases de operaciones”, la unificación de todas las fuerzas armadas, la organización del poder revolucionario en forma abierta en las regiones en que operaban nuestros guerrilleros, y en forma clandestina allí donde nuestras bases de masas eran relativamente fuertes.

Desde Cao Bang-Bac Can a Thai Nguyen-Tuyen Quang, y en otras localidades de la región media, las unidades del Ejército de Liberación y del Ejército de Salvación Nacional atacaban diversos distritos e instauraban allí el poder revolucionario. Las acciones de masas para apoderarse de depósitos de arroz gubernamentales, para entregarlos a la población se multiplicaban y adquirían una amplitud sin precedente; los grupos de choque del Vietminh operaban en el corazón mismo de las ciudades. Las organizaciones de autodefensa, las organizaciones de choque, los comités populares y los comités de liberación surgían por todas partes, cada día más numerosos. En la provincia de Quang Ngai, el destacamento guerrillero de Ba To hizo su aparición. Había un clima preinsurreccional.

En abril de 1945 la conferencia militar de Bac Bo decidió la fusión de las fuerzas armadas revolucionarias en una organización única, el Ejército de Liberación, y la creación de zonas de guerra y del comité militar revolucionario para el norte. En junio del mismo año fue creada la zona libre y los Diez Puntos del Vietminh aplicados en las seis provincias de la zona. El prestigio del Vietminh creció rápidamente. La influencia de la zona libre y del Ejército de Liberación se extendió enseguida, estimuló al pueblo y le impulsó a acelerar los preparativos para el momento oportuno, lo que impulsó a las capas sociales todavía vacilantes a ponerse del lado de la revolución y provocó el desaliento y la división en las filas del enemigo.

Prácticamente, a partir de mayo de 1945 la preparación de la insurrección armada entraba en una fase nueva caracterizada por un auge de la lucha antijaponesa en todo el país, el desencadenamiento de la lucha guerrillera localizada, la creación del poder revolucionario en diversas regiones y ¡a creación de una base para la lucha antijaponesa. Con su dirección, el partido hizo dar al movimiento revolucionario un salto a la vez audaz y seguro.

  • El éxito de la insurrección de agosto se debe al hecho de que el Comité Central de nuestro partido definió con justeza las condiciones en que la insurrección podía estallar y triunfar, lo que permitió movilizar a todo el partido y a todo el pueblo y elevar al máximo la decisión, el coraje, el dinamismo y las facultades creadoras de las masas.

Al hablar de la insurrección, se consideró la elección del momento como una de las condiciones esenciales que aseguran el éxito:

“Elegir bien el momento del golpe decisivo, el momento de comenzar la insurrección, basándose para ello en el hecho de que la crisis ha llegado a su punto culminante, de que la vanguardia está dispuesta a luchar hasta el fin, de que la reserva está dispuesta a sostener a la vanguardia y de que el desconcierto en las filas del adversario ha alcanzado ya su grado máximo.”

Las lecciones que nuestro partido sacó, a costa de numerosos sacrificios, de los levantamientos del Nghe An-Ha Tinh, de la insurrección del Nam Ky, destacaron la importancia decisiva de la selección del momento para una insurrección. Por ello, después de 1941, el VIII Pleno del Comité Central definió en qué condiciones podíamos dirigir al pueblo y llevarle a la insurrección:

La Revolución Indochina deberá culminar en una insurrección armada; para prepararla, hay que realizar los esfuerzos sobre la base de que se den las siguientes condiciones:

–que el Frente de Salvación Nacional se unifique, en escala nacional;

–que el pueblo, no pudiendo vivir más bajo el dominio francojaponés, esté dispuesto a lanzarse a la insurrección a costa de cualquier sacrificio;

–que las pandillas dominantes de Indochina sufran una crisis económica, política y militar;

–que se den condiciones objetivas favorables a la insurrección, tales como la victoria de los chinos sobre los japoneses, la revolución en Francia o en el Japón, la victoria del campo democrático en el Pacífico y en la Unión Soviética, el desarrollo del movimiento revolucionario en las colonias francesas y japonesas y sobre todo la entrada de las tropas chinas o anglosajonas en Indochina…

En su directiva de mayo de 1944, Preparemos la insurrección, el Consejo Nacional del Vietminh indicó claramente en qué momento sería necesario levantar al pueblo:

En el momento en que:

1) El desorden y la división en las filas del enemigo alcancen su máximo;

2) Las agrupaciones por la salvación nacional y los militantes revolucionarios estén determinados a levantarse contra el enemigo;

3) Las amplias masas populares hayan manifestado calurosamente su aprobación a la insurrección y estén resueltas a sostener a la vanguardia.

Si escogemos certeramente el momento para desatar la insurrección, nuestra Revolución de Liberación Nacional vencerá. Tenemos que permanecer constantemente lúcidos, saber tomar el pulso del movimiento y estudiar de cerca el comportamiento de las masas, tener una idea justa de la coyuntura mundial y de la situación en cada momento dado a fin de escoger el momento oportuno y guiar a tiempo a las masas hacia la rebelión.

NOTAS:

  •  Artículo publicado en Hoc Tap, órgano teórico y político del Partido de los Trabajadores de Vietnam, n. 1, 1960.
  •  Programa de acción del Partido Comunista Indochino, 1932.
  •  Se refiere a la segunda Guerra Mundial.
  •  Resolución el VIII Plenario del Comité Central del Partido, 1941

Vo Nguyen Giap. “Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo”. Colección “Socialismo y Libertad”, Libro 14, páginas 49-62.

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Resalta el papel que los vietnamitas conceden a su ejército que, reglamentado como otros cuerpos regulares similares, es definido como “ejército del pueblo” y específicamente diferenciado del para la fecha existente en Vietnam del Sur.

El general GIAP explica la tarea que la dirección política revolucionaria desarrolló con los componentes del ejército, cuyo origen mayoritario era de obreros agrícolas y pequeña burguesía urbana, quienes de acuerdo a su prueba en combate eran apoyados con elevación de niveles culturales y técnicos y promovidos a grados de oficiales/suboficiales, modernizando al cuerpo castrense sin descuidar ni minimizar la formación político/teórica.

Todo ello trataba ―de acuerdo a lo expuesto por el general GIAP― de sintetizar experiencias, analizar las condiciones concretas del país y de sus características específicas y de asimilar la ciencia militar moderna de los ejércitos de países hermanos.

Es de resaltar, a ese respecto, que por los años treinta se desarrollaba una cruenta lucha revolucionaria en China, cuya frontera terrestre con Vietnam se extiende por más de más de mil doscientos kilómetros, desde Khoang Laxan en los límites con Laos, hasta Mong Cai, en el Golfo de Tonkin.

El partido revolucionario vietnamita tenía, a ese momento, una rica experiencia de lucha pues de treinta años de existencia que había vivido, la mitad de ellos la había pasado en clandestinidad. Por ello la lucha armada ha sido elemento de vital importancia e instrumento para la estructuración de sus medios defensivos/ofensivos en función de la continuidad de la lucha por el socialismo, y GIAP subraya la importancia que para ellos tuvo la experiencia de Rusia y de China, a partir de las diferencias de cada realidad, para analizar y aplicar esas lecciones en Vietnam, por lo que sugerimos el estudio, análisis y discusión de sus aportes para apropiarnos de todo ese legado revolucionario y entender la importancia que el Materialismo Histórico tiene para todo militante comprometido con el objetivo del derrocamiento del capital.

Creemos que solo el conocimiento teórico de las experiencias de luchadoras y luchadores que nos antecedieron y el minucioso análisis de nuestra realidad socio-económica nos proveerán del arsenal político requerido para tomar decisiones y ponerlas en práctica, como señalaba MARX en su II Tesis sobre FEUERBACH:

El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico.”

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