Vo Nguyen Giap (IV)

Por Ángel Colmenares

LA GUERRA DE LIBERACIÓN DEL PUEBLO VIETNAMITA GUERRA DEL PUEBLO. EJÉRCITO DEL PUEBLO.

Al inicio de la invasión imperialista el general Leclerc, primer comandante del Cuerpo Expedicionario Francés, estimaba que la operación para la re-ocupación de Vietnam sería un paseo militar. Los generales franceses consideraron débil y temporal la resistencia con que tropezaron al principio en el Sur y persistieron en pensar que les bastarían a lo sumo diez semanas para ocupar y pacificar todo el sur de Vietnam. ¿Por qué los colonialistas franceses se permitieron tal afirmación? Porque consideraban que para hacer frente a su agresión era necesario un ejército; y el de Vietnam acababa de crearse, era todavía numéricamente débil, mal organizado, encuadrado por oficiales y suboficiales sin experiencia, dotado de un equipo viejo e insuficiente, de una reserva de municiones muy limitada, y sin tanques, aviones ni artillería. Con semejante ejército ¿cómo emprender una resistencia seria, ¿cómo rechazar los ataques de la poderosa segunda división blindada?

Todo lo que podía hacer era agotar su reserva de municiones antes de deponer las armas. Efectivamente, el ejército vietnamita era entonces débil desde todos los puntos de vista y carecía de todo. Los colonialistas franceses tenían razón en ese aspecto. Pero les era imposible considerar un hecho fundamental y determinante: el ejército vietnamita, aunque materialmente muy débil, era un ejército del pueblo; la guerra en Vietnam no enfrentaba sólo a dos ejércitos; al provocar las hostilidades, los colonialistas agresores se habían enemistado a toda una nación, y efectivamente toda la nación vietnamita, todo el pueblo vietnamita se habían alzado contra ellos.

Por no poder comprender esta profunda realidad, los generales franceses creían en una victoria fácil cuando iban al encuentro de una derrota cierta. Pretendían emprender una reconquista cómoda pero el pueblo vietnamita iba a dar cuenta de ellos. Los estrategas burgueses se asombran todavía del desenlace de la guerra en Indochina. ¿Por qué razón la nación vietnamita ha podido vencer a una potencia imperialista corno Francia, respaldada por los intervencionistas norteamericanos? Han tratado de explicar esta extraordinaria realidad por la justeza de la estrategia y de la táctica, por los métodos de combate adoptados y por el heroísmo del Ejército Popular de Vietnam. Evidentemente, esos factores han contribuido al feliz desenlace de la resistencia.

Pero si se plantea la cuestión de por qué el pueblo vietnamita ha podido vencer, la mejor respuesta y la más completa debe ser la siguiente: el pueblo vietnamita ha vencido porque su guerra de liberación era una guerra del pueblo. Cuando la resistencia se generalizó en todo el país, el Partido Comunista Indochino destacó en sus directivas que esa resistencia debía ser obra de todo el pueblo. Esto condensa todo el secreto de la victoria. Nuestra resistencia era una guerra del pueblo, puesto que sus objetivos políticos eran romper el yugo imperialista para reconquistar la independencia nacional, derribar a la clase de los propietarios feudales para dar la tierra a los campesinos, o para decirlo de otra manera, resolver radicalmente las dos contradicciones fundamentales de la sociedad vietnamita –contradicción entre la nación y el imperialismo de una parte, contradicción entre el pueblo, esencialmente los campesinos, y la clase de los propietarios feudales, de otra–, y abrir el camino del socialismo a la revolución vietnamita. Manteniendo firmemente la estrategia y la táctica de la revolución nacional democrática, el Partido indicó al pueblo los objetivos a alcanzar: independencia y democracia.

No bastaba, sin embargo, tener objetivos enteramente de acuerdo con las aspiraciones fundamentales del pueblo. Era preciso además hacer los mayores esfuerzos para hacer claridad en las masas populares, educarlas y alentarlas, organizarlas en el combate por la salvación nacional. El Partido se consagró enteramente a ese trabajo, en la concentración de todas las fuerzas nacionales, en la ampliación y consolidación de un Frente Nacional Unido, el Frente Viet-Minh y luego el Frente Lien-Viet, que fue un magnífico ejemplo de la más amplia unidad de las capas populares en la lucha antiimperialista en un país colonial.

Ese frente reunía, en efecto, las fuerzas patrióticas de todas las clases y de todas las capas sociales, hasta los terratenientes progresistas, todas las nacionalidades del país, mayoritarias o minoritarias, los creyentes patriotas, de todas las religiones. “La unidad, la gran unidad, por la victoria, por la gran victoria”, consigna lanzada por el presidente Ho Chi Minh, se hizo una realidad, una gran realidad, durante la larga y dura resistencia. Hicimos una guerra del pueblo, en un país colonizado durante muchos años.

Por ello, el factor nacional fue de una importancia primordial; hacía falta unir a todas las fuerzas necesarias para derrocar a los imperialistas y sus lacayos.

Esta guerra se desarrollaba, por otra parte, en un país agrícola atrasado donde los campesinos, que representaban a la gran mayoría del país, constituían las fuerzas esenciales tanto de la revolución como de la resistencia. Por eso las relaciones entre el problema nacional y el campesino debían ser claramente definidas, y la solución por etapas del problema agrario, a fin de movilizar a las grandes masas campesinas, considerada como uno de los factores esenciales y decisivos de la victoria.

Siempre preocupado por los intereses del campesinado, el Partido comenzó por preconizar la reducción de las tarifas de arriendo y las de préstamos; después, cuando la estabilización de la situación lo permitió, llevó a cabo con mucha firmeza la movilización de las masas para la reforma agraria a fin de dar la tierra a los campesinos y con ello sostener y reforzar la resistencia. En el curso de los años de guerra se manifestaron diversas tendencias erróneas; ocuparse únicamente de la organización y aumento de las fuerzas armadas, descuidando la movilización y la organización de las amplias capas populares; a movilizar al pueblo para la guerra sin ocuparse seriamente de sus diarios intereses inmediatos; satisfacer los intereses inmediatos de la población en general sin conceder atención suficiente a los de los campesinos.

El Partido luchó resueltamente contra todas esas tendencias. Para llevar la resistencia a la victoria era preciso velar por el fortalecimiento del ejército mientras se movilizaba y educaba al pueblo, y se ampliaba y consolidaba el Frente Nacional Unido; era preciso movilizar a las masas para la resistencia tratando de satisfacer sus intereses inmediatos y mejorar sus condiciones de vida, esencialmente las de los campesinos. Era imprescindible un Frente Nacional Unido muy amplio sobre la base de la alianza de los obreros y los campesinos bajo la dirección del Partido. Los imperativos de la guerra popular de Vietnam exigían la adopción de una estrategia y una táctica apropiadas sobre la base de las características del enemigo y de nuestras propias características, de las condiciones concretas del campo de batalla y de la correlación de las fuerzas en presencia. Dicho de otro modo, estrategia y táctica de guerra popular, en un país colonial, económicamente atrasado. En primer lugar, esta estrategia debía ser la estrategia de una guerra prolongada.

No se trata de que todas las guerras revolucionarias, todas las guerras populares, deban obligatoriamente pasar por el mismo proceso. Si desde el comienzo las condiciones son favorables al pueblo y la correlación de fuerzas se inclina al lado de la revolución, la guerra revolucionaria puede terminar victoriosamente en breve plazo. Pero la guerra de liberación del pueblo vietnamita comenzaba en condiciones muy diferentes: teníamos que vérnoslas con un enemigo mucho más fuerte. Evidentemente, esa correlación de fuerzas nos impedía librar batallas decisivas desde el inicio de las hostilidades y con mayor razón paralizar la agresión desde las primeras operaciones de desembarco en nuestro suelo. En una palabra, nos era imposible vencer rápidamente. Sólo por una larga y dura resistencia podíamos desgastar poco a poco las fuerzas del adversario mientras reforzábamos las nuestras; hacer inclinar gradualmente la balanza de la fuerza en nuestro favor y lograr finalmente la victoria. No teníamos otro camino.

Esta estrategia y la consigna de resistencia prolongada, fueron decididas por el Partido Comunista Indochino desde los primeros días de la guerra de liberación. En este espíritu el Ejército Popular de Vietnam, después de haber librado feroces combates de calle en las grandes ciudades, por propia iniciativa se repliega estratégicamente hacia el campo para mantener allí sus bases y preservar sus fuerzas vitales. La guerra revolucionaria prolongada debía constar de diferentes etapas: la etapa de la defensiva, la de equilibrio de fuerzas y finalmente la de la contraofensiva. La realidad viva era evidentemente más compleja. Se necesitaron varios años de una guerra de guerrillas cada vez más intensa y generalizada para lograr el equilibrio de las fuerzas y desarrollar nuestro potencial de guerra.

Cuando las condiciones interiores y exteriores lo permitieron, pasamos a la contraofensiva, primero con una serie de operaciones locales y luego con otras de más envergadura que debían conducir a la victoria decisiva de Dien Bien Phu. La aplicación de esta estrategia de resistencia prolongada exigía un trabajo de educación, una lucha ideológica entre el pueblo y los miembros del Partido, un gigantesco esfuerzo de organización desde el doble punto de vista militar y económico, sacrificios y un heroísmo extraordinario en el ejército y en el pueblo, en el frente y en la retaguardia. A veces se manifestaron tendencias erróneas queriendo unas veces quemar las etapas para terminar la guerra rápidamente y otras, comprometer importantes fuerzas en aventuras militares.

El Partido las corrigió con una lucha obstinada y perseveró en el camino que se había fijado. En las horas difíciles aparecieron algunas vacilaciones que el Partido afrontó con energía y mantuvo firme su determinación en la lucha y la fe en la victoria final. La guerra popular prolongada en Vietnam exigía igualmente métodos de combate apropiados; ajustados a la naturaleza revolucionaria de la guerra, como a la correlación de fuerzas en aquel momento que acusaba una clara superioridad del enemigo, a las bases materiales y técnicas todavía muy débiles del Ejército Popular. Este método de lucha era la guerrilla. Puede decirse que la guerra de liberación del pueblo vietnamita fue una larga y amplia guerra de guerrillas que fue de lo simple a lo complejo para terminar en la guerra de movimiento en los últimos años de la resistencia.

La guerrilla es la guerra de las masas populares de un país económicamente atrasado levantándose contra un ejército de agresión poderosamente equipado y bien entrenado. Si el enemigo es fuerte, se le evita; si es débil, se le ataca; a su armamento moderno se opone un heroísmo sin límites para vencerlo hostigándole o aniquilándole de acuerdo con las circunstancias, y combinando las operaciones militares con la acción política y económica; no hay línea de demarcación fija: el frente está donde esté el enemigo. Concentrar las tropas para alcanzar una superioridad aplastante sobre el enemigo donde esté bastante al descubierto a fin de destruir sus fuerzas vitales; iniciativa, agilidad, rapidez, sorpresa, velocidad en el ataque y en el repliegue. Mientras la relación estratégica de las fuerzas sea desfavorable, reagrupar audazmente las tropas para obtener una superioridad absoluta en el combate en un punto dado, durante un tiempo dado.

Con pequeñas victorias, desgastar poco a poco las fuerzas del enemigo y al mismo tiempo mantener y acrecentar las nuestras. En estas condiciones concretas, se ha comprobado que es absolutamente necesario no perder de vista que el objetivo principal de los combates es la destrucción de las fuerzas vitales del adversario y que, en consecuencia, hay que evitar las pérdidas y tratar de conservar a todo trance el terreno. Y con el único objetivo de recuperar después los territorios ocupados y liberar totalmente el país. En la guerra de liberación de Vietnam las guerrillas se generalizaron en todas las regiones ocupadas temporalmente por el enemigo. Cada, habitante fue un soldado; cada aldea una fortaleza, cada célula del Partido y cada comité administrativo de comuna, un estado mayor.

El pueblo entero participaba en la lucha armada, combatiendo, de acuerdo con los principios guerrilleros, en pequeños grupos, pero siempre siguiendo una igual y única línea, siguiendo las mismas directivas, las del Comité Central del Partido y del gobierno. A diferencia de otros numerosos países que hicieron guerras revolucionarias, Vietnam, en los primeros años de su lucha, no presentó ni podía presentar batalla abierta; tuvo que limitarse a las guerrillas. A costa de mil dificultades y de innumerables sacrificios, estas guerrillas fueron desarrollándose progresivamente para terminar adoptando la forma de guerra de movimiento que adquiría cada día mayor envergadura y que, mientras conservaba ciertas características de la lucha guerrillera, realizaba campañas en regla con un número cada vez mayor de ataques a posiciones fortificadas.

Partiendo de pequeñas acciones con efectivos de una sección o una compañía para aniquilar a algunos hombres o un grupo enemigo, nuestro ejército pasó después a combates más importantes con un batallón o un regimiento para destrozar una o varias compañías enemigas; finalmente emprendió campañas cada vez mayores utilizando varios regimientos y después varias divisiones, hasta llegar a Dien Bien Phu, donde el Cuerpo Expedicionario Francés perdió 16.000 hombres de sus unidades más selectas. Este proceso de desarrollo permitió a nuestro ejército marchar firmemente hacia la victoria. Guerra popular, guerra prolongada, lucha guerrillera que adquiere poco a poco proporciones de una guerra de movimiento, tales son las enseñanzas más preciosas de la guerra de liberación de Vietnam. Siguiendo esta línea, el Partido ha dirigido la resistencia hacia la victoria.

Después de tres mil días de combate, de dificultades y sacrificios, nuestro pueblo venció a los imperialistas franceses y a los intervencionistas norteamericanos. Hoy, en la mitad del país ya liberado, más de catorce millones de nuestros compatriotas, con su trabajo creador, curan las terribles heridas de la guerra, reconstruyen el país y edifican el socialismo. Mientras, prosigue la lucha para terminar la revolución nacional democrática en todo el país y reunificar la patria sobre la base de la independencia y la democracia.

II

Después de este análisis a grandes rasgos de la guerra de liberación del pueblo vietnamita contra los imperialistas franceses y norteamericanos, hablaré del Ejército Popular de Vietnam.

La fuerza armada del pueblo vietnamita nació y creció en el fuego de la guerra de liberación nacional. Su primer embrión apareció con los destacamentos de defensa creados por los Soviets de Nghe An, que se mantuvieron en el poder algunos meses en el período de auge revolucionario de los años 1930-1931. Pero la creación de fuerzas armadas revolucionarias no fue realmente considerada sino al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cuando la preparación de la insurrección armada pasó al primer plano de nuestras preocupaciones. Nuestras formaciones militares y paramilitares hicieron su aparición durante el alzamiento de Bac Son y en las bases revolucionarias de la región de Cao Bang.

Como consecuencia de la organización de la sección del Ejército de Salvación Nacional, el 22 diciembre de 1944 fue creada una unidad del tipo de sección: la sección de propaganda del Ejército de Liberación de Vietnam. Nuestra base militar, organizada en la ilegalidad, estaba entonces limitada a algunos distritos de las provincias de Cao Bang, Bac Can y Lang Son, en las selvas del norte.

En cuanto a las fuerzas armadas revolucionarias, sólo comprendían unidades populares de autodefensa y algunos grupos y secciones enteramente desembarazados de los trabajos de producción. Sus efectivos aumentaron rápidamente, y ya había algunos millares de guerrilleros a comienzos de 1945, cuando los fascistas japoneses atacaron a los colonialistas franceses. En el momento de la instauración del poder popular en las regiones rurales de seis provincias del Viet Bac erigidas en zona libre, las organizaciones armadas existentes se fusionaron para formar el Ejército de Liberación de Vietnam. Durante la insurrección de agosto, al lado del pueblo y de los destacamentos de autodefensa, el Ejército de Liberación contribuyó a la conquista del poder. Sus efectivos aumentaron rápidamente al incorporar las fuerzas paramilitares reagrupadas en el curso de las gloriosas jornadas de agosto.

Con un material irregular capturado a los japoneses y a sus milicianos Bao-an –sólo en fusiles, dieciséis tipos diferentes, entre ellos viejos modelos franceses y hasta mosquetones de las fuerzas zaristas recuperados por los japoneses–, este joven ejército mal equipado tuvo que hacer frente inmediatamente a la agresión del Cuerpo Expedicionario Francés dotado de un armamento moderno.

Como compensación, un material tan atrasado exigía, en cambio, del ejército y del pueblo vietnamita una abnegación total y un heroísmo sobrehumano. El enemigo atacaba las regiones en que se estacionaban nuestras tropas; éstas se diseminaban en amplias zonas desprovistas de toda formación regular; el pueblo se enfrentaba al avance enemigo con armas rudimentarias: lanzas, cuchillos, arcos, ballestas, trabucos. Desde los primeros días se vieron aparecer tres tipos de formaciones armadas: las organizaciones paramilitares o guerrilleras, las tropas regionales y las unidades regulares. Esas formaciones fueron, en el plano organizativo, la expresión de la política de movilización general del pueblo en armas y cooperaron estrechamente para aniquilar al enemigo. Campesinos, obreros e intelectuales afluyeron a las fuerzas armadas de la revolución. Se improvisaron oficiales con cuadros dirigentes del Partido y del aparato del estado.

Pero había que resolver la gran dificultad del armamento. En todo Vietnam no había una sola fábrica de material de guerra; desde hacía casi un siglo la posesión y el uso de armas habían estado siempre rigurosamente prohibidos por la administración colonial. La importación era imposible, ya que los países vecinos eran hostiles a la República Democrática de Vietnam. La única fuente de aprovisionamiento tenía que ser el frente: quitar las armas al enemigo para utilizarlas contra él. Al luchar contra Vietnam, el Cuerno Expedicionario Francés, bien a su pesar, proveía al Ejército Popular vietnamita de armamentos franceses y hasta norteamericanos. Pese a sus prodigiosos esfuerzos. las fábricas de armas que habíamos instalado con maquinaria improvisada no podían satisfacer ni mucho menos todas nuestras necesidades. Una gran parte de nuestro material militar procedía del botín de guerra.

Como he subrayado, el ejército vietnamita no pudo al principio lanzar al combate más que pequeñas unidades, como secciones o compañías. Las fuerzas regulares, en un momento dado, habían tenido que fraccionarse parcialmente en compañías autónomas para facilitar la extensión de las guerrillas, mientras se mantenían paralelamente batallones móviles para acciones más importantes. Después de cada combate victorioso, las fuerzas armadas populares lograban un nuevo adelanto. Templándose en los combates, estimuladas por las victorias, las formaciones guerrilleras creaban las condiciones para el crecimiento de las tropas regionales. Y éstas a su vez favorecían el desarrollo de las fuerzas regulares.

Durante nueve años, siguiendo este camino heroico y erizado de dificultades, nuestro Ejército Popular creció por su voluntad de vencer a toda costa. Se convirtió en un ejército de centenares de miles de hombres, articulado sucesivamente en regimientos y en divisiones logrando una uniformidad progresiva en la organización y el equipo. Esta fuerza, cada vez más consciente políticamente y cada vez mejor entrenada militarmente, logró combatir y vencer a los quinientos mil hombres del Cuerpo Expedicionario Francés equipados y aprovisionados por los Estados Unidos. El Ejército vietnamita efectivamente es un ejército nacional. Al combatir al imperialismo y a los traidores a su servicio combatió por la independencia nacional y la unidad del país. Forman parte de él los mejores hijos de Vietnam, los patriotas más sinceros, procedentes de todas las capas revolucionarias, de todas las nacionalidades tanto mayoritarias como minoritarias. Es digno de simbolizar el despertar irresistible de la conciencia nacional, la unión de todo el pueblo vietnamita en la lucha contra la agresión imperialista, para salvar el país. Nuestro ejército es un ejército democrático. Porque combate por los intereses democráticos del pueblo, por la defensa del poder democrático popular. Totalmente impregnado de los principios democráticos en su política interna, se somete a una disciplina rigurosa, pero libremente aceptada.

Nuestro ejército es un ejército del pueblo, cuyos intereses fundamentales defiende; en primer lugar, los de los trabajadores, los obreros y los campesinos. Desde el punto de vista de su composición social, está integrado por una gran mayoría de combatientes selectos de origen campesino y obrero y de intelectuales fieles a la causa de la revolución. Es el verdadero ejército del pueblo, de los trabajadores, el ejército de los obreros y los campesinos, dirigido por el Partido de la clase obrera. Durante toda la Guerra de Liberación Nacional, sus objetivos de lucha eran los mismos del Partido y del pueblo: la independencia de la nación y la tierra para los que la trabajan.

Después de lograrse la paz, como instrumento de la dictadura del proletariado tiene la misión de defender la revolución socialista y la edificación del socialismo en el norte, apoyar la lucha política para la reunificación pacífica del país y contribuir a la consolidación de la paz en Indochina y en el sudeste asiático.

En el primero de los puntos de su juramento de Honor, el combatiente del Ejército Popular de Vietnam jura:

“Sacrificarse sin reservas por la patria, luchar por la causa de la independencia nacional, de la democracia y del socialismo, bajo la dirección del Partido de los Trabajadores de Vietnam y del gobierno de la República Democrática, por construir un Vietnam pacífico, unificado, independiente, democrático y próspero y contribuir al fortalecimiento de la paz en el sudeste asiático y en el mundo”.

Eso es lo que hace del Ejército Popular de Vietnam un verdadero hijo del pueblo. El pueblo, a cambio, no le escatima su afecto y su apoyo. Esta es la fuente inagotable de su poder. El Ejército Popular del Vietnam ha sido creado por el Partido, que no ha cesado después de formarle y educarle. Ha estado siempre y seguirá estando bajo la dirección del Partido, que es el único capaz de crear un ejército revolucionario, un verdadero ejército del pueblo. Desde su creación y en el curso de su desarrollo, esta dirección del Partido ha estado concretada en el plano de la organización.

El ejército ha tenido siempre sus comisarios políticos. En las unidades los jefes militares y políticos asumen sus responsabilidades bajo la dirección del Comité del Partido del escalón correspondiente. El Ejército Popular es el instrumento del Partido y del estado revolucionario para la realización, bajo la forma armada, de las tareas de la revolución. La profunda conciencia de los objetivos del Partido, la fidelidad sin límites a la causa de la nación y de la clase obrera y el espíritu de sacrificio sin reservas son -para el ejército cuestiones fundamentales, cuestiones de principio. Por ello el trabajo político en sus filas reviste una importancia primordial.

El trabajo político es el alma del ejército. Al inculcar a éste la ideología marxista-leninista, tiende a elevar su conciencia política y su nivel ideológico, a reforzar la posición de clase de sus cuadros y sus soldados. Durante la guerra de liberación le permitió compenetrarse con la política de resistencia prolongada y con la necesidad imperiosa, para el pueblo y el ejército, de contar con sus propias fuerzas para superar las dificultades. Le inculcó la profunda significación de la movilización de las masas para realizar sucesivamente la reducción de las rentas y la reforma agraria, lo que tuvo un efecto decisivo sobre la moral de las tropas.

Después de la nueva etapa abierta por el restablecimiento de la paz, el trabajo político está centrado en la línea de la revolución socialista en el norte y de la lucha por la reunificación del país.

Pero eso no es todo. El trabajo político abarca también la correcta aplicación en el ejército de los programas del Partido y el gobierno, el establecimiento de buenas relaciones con la población y entre los soldados y los cuadros. Ahora su objetivo es mantener y reforzar la combatividad, unir el patriotismo auténtico al internacionalismo proletario, desarrollar el heroísmo revolucionario y la gran tradición de nuestro ejército que se resume en su lema: “Resuelto a combatir, decidido a vencer”. El trabajo político es el trabajo de propaganda y educación de las masas; es, además, el trabajo de organización del Partido en el ejército.

Hemos puesto siempre atención especial en el fortalecimiento de las organizaciones del Partido en las unidades. Del 35 al 40 % de los oficiales y de los soldados se han adherido a ellas; entre los cuadros, el porcentaje sobrepasa el 90 %. El Ejército Popular de Vietnam ha velado por establecer y mantener buenas relaciones con el pueblo. Se fundan en la identidad de sus objetivos de lucha: el pueblo y el ejército, en efecto, están de corazón en lucha contra el enemigo, por salvar a la patria y asegurar el pleno éxito de la obra de liberación de la nación y de la clase obrera. El pueblo es al ejército como el agua al pez, decimos nosotros. Y ese dicho está pleno de sentido. Nuestro ejército ha combatido en el frente, ha trabajado también para educar al pueblo y le ha ayudado en cuanto ha podido.

El combatiente vietnamita ha observado cuidadosamente el punto nueve de su Juramento de Honor:

“En los contactos con el pueblo, ajustarse a las tres recomendaciones: – Respetar al pueblo – Ayudar al pueblo – Defender al pueblo, a fin de ganar su confianza y su afecto y realizar una perfecta alianza entre el pueblo y el ejército.

Nuestro ejército ha organizado constantemente jornadas de ayuda a los campesinos en los trabajos de producción, en la lucha contra las inundaciones y la sequía. Ha observado siempre una actitud correcta en sus relaciones con el pueblo. Jamás ha atentado contra sus bienes, aunque fuesen solamente una aguja o un trozo de hilo.

Durante la resistencia, principalmente en la retaguardia del enemigo, hizo todo lo posible por defender la vida y los bienes de las gentes sencillas; en las regiones nuevamente liberadas siguió estrictamente las consignas del Partido y del gobierno, lo que le ganó el respaldo sin reservas de las más amplias masas, aun en las regiones de poblaciones minoritarias y las aldeas católicas.

Desde que se logró la paz, millares de sus cuadros y soldados han participado en los grandes movimientos para la realización de la reforma agraria, para la colectivización agrícola y la transformación socialista del artesanado, la industria y el comercio privados. Ha tomado parte activa en la rehabilitación económica, en las jornadas de trabajo socialistas. Ha participado en la construcción de vías de comunicación, ha construido sus propios cuarteles y roturado tierras para crear granjas del estado. El Ejército Popular de Vietnam se ha preocupado siempre por establecer y mantener buenas relaciones tanto entre cuadros y soldados como entre los propios cuadros. Salidos de las capas laboriosas, oficiales y soldados sirven igualmente los intereses del pueblo y se entregan sin reservas a la causa de la nación y de la clase obrera. Evidentemente, cada uno de ellos tiene sus funciones, y por consiguiente sus propias responsabilidades. Pero entre ellos se han establecido relaciones de camaradería basadas en la igualdad política y la fraternidad de clase.

El cuadro ama a sus soldados; debe orientarlos en su trabajo y en sus estudios, y además estudiar sus problemas y tomar en consideración sus deseos e iniciativas. En cuanto al soldado, debe respetar a sus superiores y ejecutar correctamente todas sus órdenes. El oficial del Ejército Popular debe dar el ejemplo desde todos los puntos de vista: ser audaz, valiente, asegurar la disciplina y la democracia interna, lograr una perfecta unidad entre sus hombres. Debe comportarse como un jefe, un dirigente de masas de su unidad. La base de estas relaciones entre los soldados y oficiales, igual que entre los cuadros y los propios soldados, es la solidaridad en el combate, el afecto recíproco de compañeros de armas, ese afecto a la vez puro y sublime, probado y forjado en la batalla, en la lucha por la defensa de la patria y el pueblo.

El Ejército Popular de Vietnam practica una disciplina estricta, junto a una amplia democracia interna.

Como lo exige el punto dos de su Juramento de Honor: “El combatiente está obligado a ejecutar rigurosamente las órdenes de sus superiores y a entregarse en cuerpo y alma al cumplimiento, inmediato y estricto, de las tareas que le son confiadas”. ¿Puede decirse que la guerrilla no exigía una disciplina severa? Desde luego que no. Es cierto que pedía a los cuadros y a los dirigentes dejar a cada unidad o a cada región cierto margen de iniciativa para emprender cualquier acción positiva que juzgara oportuna. Pero una dirección centralizada y un mando unificado en un grado dado eran siempre necesarios.

Quien dice ejército dice disciplina estricta. Tal disciplina no está de ninguna manera en contradicción con la democracia interna de nuestras tropas. La regla es la aplicación de los principios del centralismo democrático, tanto en la vida de las células de los comités ejecutivos del Partido en los diversos escalones, como en las reuniones plenarias de las Unidades combatientes. Los hechos han demostrado que así la democracia se respeta más en el interior de las unidades, se refuerza la unión, se eleva el sentido de disciplina y se ejecutan las órdenes, en fin, la combatividad del ejército será mayor.

El restablecimiento de la paz ha creado en Vietnam una situación nueva. El norte está totalmente liberado, mientras el sur vive bajo el yugo de los imperialistas norteamericanos y de sus agentes, la pandilla de Ngo-Dinh Diem. El norte ha entrado en la etapa de la revolución socialista mientras continúa la lucha por liberar el sur de las trabas coloniales y feudales. Para salvaguardar la paz y la edificación del socialismo, para contribuir a hacer del norte una sólida fortaleza para la reunificación pacífica del país no debemos descuidar el problema de las fuerzas de defensa nacional. El Ejército Popular debe hacer frente a los intentos belicistas de los imperialistas norteamericanos y de sus lacayos, y para ello organiza poco a poco un ejército regular y moderno.

Vo Nguyen Giap. “Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo”. Colección “Socialismo y Libertad”, Libro 14, páginas 39-49.

*********

La Dirección analiza las contradicciones propias de la situación socioeconómica y aplica la política correcta para el momento.

En el ejemplo de las medidas posteriores a la Revolución de Agosto, a las confiscaciones de tierras siguió un reparto más equitativo de ellas y la reducción de tasas de arriendo y tipos de interés, elevando la calidad de vida de la población.

Posteriormente modificó esa política descargando el peso específico en la reducción de tasas y los tipos de interés, neutralizando así a parte de los propietarios agrarios y atrayendo a los sectores de esa capa más cercanos a la consigna de la defensa de la patria, imponiendo luego la reforma agraria frenando la resistencia de los propietarios, quienes fueron tratados de acuerdo con sus actitudes políticas, táctica que logró dividirlos, acelerando la liquidación del régimen de apropiación feudal de la tierra.

Ello incidió en el refuerzo de una política de alianzas entre campesinos y obreros, cuya práctica se hallaba rezagada pues durante los primeros años de la resistencia la dirección político-militar no había dado la importancia debida a la cuestión campesina, error que comienza a ser corregido desde el momento en que la reforma agraria coloca al campesinado como verdadero dueño del campo.

La unidad obrero-campesina se asienta sobre una perspectiva socialista, lo cual reforzará a la alianza clasista revolucionaria, a cuya dirección se coloca la clase obrera.

El general GIAP, a tono con la dinámica política de la época, señala que la alianza revolucionaria de las clases campesina y obrera se hallaba bajo la dirección del partido, hecho que consideramos debatible pero que excede el alcance de este trabajo.

Al final de la parte correspondiente a “La Guerra de Liberación del Pueblo Vietnamita…”, su autor hace un breve recuento de ese proceso y señala el cuadro geopolítico de su realización, pasando a continuación al tema “Guerra del Pueblo. Ejército del Pueblo”, cuyas primeras líneas son dedicadas a la historia de las fuerzas armadas revolucionarias de Vietnam.

También te puede interesar


Notice: ob_end_flush(): failed to send buffer of zlib output compression (0) in /home3/puebloen/public_html/0/wp-includes/functions.php on line 4757