Vo Nguyen Giap (II)

LA GUERRA DE LIBERACIÓN DEL PUEBLO VIETNAMITA CONTRA LOS IMPERIALISTAS FRANCESES Y LOS INTERVENCIONISTAS NORTEAMERICANOS [1945-1954] (II)

Por Ángel Colmenares

Fiel a su política de paz e independencia, nuestro gobierno trató por todos los medios de arreglar amistosamente los conflictos; en diversas y sucesivas apelaciones demandó del gobierno francés, presidido entonces por el Partido Socialista Francés (SFIO), cambiase de política a fin de evitar una guerra perjudicial para ambas partes. Al mismo tiempo nos dedicábamos activamente a fortalecer nuestra retaguardia y a prepararnos para la eventualidad de una guerra de resistencia. Obtuvimos buenos resultados en el alimento de la producción. Pusimos gran atención al fortalecimiento de la defensa nacional. Reprimimos con éxito a los del Vietnam Quoc Dan Dang, liberando a todas las regiones que habían caído en sus manos.

En noviembre de 1946 la situación se agravó. Los colonialistas atacaron Hai Phong. Después de librar combates callejeros, nuestras tropas se retiraron a los arrabales. En diciembre los franceses provocaron un clima de tensión en Hanoi: matanza de civiles, ocupación de ciertos servicios públicos, envío de un ultimátum exigiendo el desarme de nuestros grupos de autodefensa y el derecho de asegurar por sí mismos el orden en la ciudad. Finalmente extendieron el conflicto armado. Habían escogido deliberadamente el camino de la guerra, que debía ser también el de su propia ruina. El 19 de diciembre la resistencia se extendió a todo el país.

Al día siguiente, en nombre del partido y del gobierno, el presidente Ho Chi Minh llamó al pueblo a levantarse para aplastar al enemigo y salvar a la patria, a combatir hasta la última gota de sangre y rechazar categóricamente toda nueva esclavitud. En el momento en que las hostilidades se generalizaron en todo el país, ¿cuál era la correlación de fuerzas? Desde el punto de vista material el enemigo era indiscutiblemente más fuerte que nosotros. Nuestras tropas recibieron, pues, la orden de combatirlo en todas partes donde tuviera guarnición, para debilitarlo e impedirle desplegarse demasiado rápidamente; seguidamente, cuando las condiciones llegasen a ser desfavorables para nosotros, replegar la mayor parte de nuestros efectivos hacia la retaguardia para preservar nuestras fuerzas con el objetivo de una resistencia prolongada.

Los combates más destacados se desarrollaron en Hanoi, donde nuestras tropas lograron sostener sólidamente un vasto sector durante dos meses enteros antes de retirarse indemnes de la capital. En esos días en que la patria estaba en peligro, todo el pueblo vietnamita permanecía indisolublemente unido en un combate a muerte. Respondiendo al llamamiento del partido, había escogido resueltamente el camino de la libertad y la independencia. El gobierno central se había retirado a las bases de la región montañosa del Viet Bac; se crearon zonas militares –pronto unidas por interzonas– y se reforzaron los poderes de las autoridades locales para movilizar al pueblo y organizar la resistencia. Nuestro gobierno continuaba invitando al gobierno francés a no obstinarse en el error y volver a las negociaciones pacíficas. Pero, bajo el pretexto de la negociación, el gobierno francés exigió el desarme de nuestras tropas. Respondimos a esa obstinación intensificando la resistencia.

De hecho, el alto mando francés reagrupaba tropas y preparaba febrilmente una gran ofensiva relámpago con la esperanza de terminar la guerra. En octubre de 1947 lanzaba una gran campaña contra nuestra base principal, el Viet Bac, para decapitar la resistencia y aniquilar nuestras fuerzas regulares. Pero esta gran operación fracasó rotundamente. Las fuerzas del Cuerpo Expedicionario sufrieron graves pérdidas sin llegar a inquietar a nuestros órganos dirigentes ni quebrantar nuestras unidades regulares. El enemigo fracasó en su estrategia de una ofensiva relámpago para una decisión rápida. Nuestro pueblo estaba decidido a resistir prolongadamente.

A partir de 1948, habiendo comprendido que la guerra debía prolongarse, el enemigo cambió de estrategia. Empleó sus fuerzas reagrupadas en la “pacificación” y en la consolidación de las regiones ya ocupadas, sobre todo en el Nam Bo, aplicando el principio de que fuesen los vietnamitas los que combatiesen contra los vietnamitas, e intentando mantener la guerra a toda costa. Creó un gobierno central títere, organizó activamente unidades auxiliares, se dedicó al pillaje económico. Ampliando poco a poco su zona de ocupación en el norte, controló la mayor parte del delta del Río Rojo. Durante todos esos años el Cuerpo Expedicionario Francés, en un proceso de extrema dispersión, disemina sus fuerzas en millares de posiciones de importancia para la ocupación y el control. Pero las dificultades militares y financieras, cada día más numerosas, llevaban poco a poco a los franceses a dar paso a la intervención de los norteamericanos.

Ante el cambio de estrategia del enemigo, preconizamos intensificar las guerrillas, hacer de su retaguardia nuestras propias posiciones avanzadas. Nuestras unidades se dispersaban en compañías autónomas que operaban en profundidad en la zona controlada por el enemigo, para desencadenar la guerrilla, establecer bases y proteger el poder popular local. Se trataba de una guerra extremadamente dura y generalizada en todos los terrenos: militar, económico y político. El enemigo realizaba operaciones de limpieza y nosotros luchábamos dificultándolas. Organizaba tropas auxiliares vietnamitas e instalaba autoridades títeres; nosotros manteníamos firme el poder popular local, liquidábamos a los más importantes colaboracionistas, eliminábamos a los traidores y hacíamos una activa propaganda por la desintegración de las fuerzas auxiliares.

Paciente y progresivamente creábamos bases guerrilleras grandes y pequeñas. En el mapa del teatro de operaciones, fuera de la zona libre, “zonas rojas” [4] que se extendían y se multiplicaban incesantemente comenzaban a aparecer en el corazón mismo de las regiones ocupadas. El territorio nacional era liberado pulgada a pulgada en la retaguardia enemiga. En esta guerra no había frente definido. El frente estaba donde se encontraba el enemigo. En todas partes y en ninguna. A consecuencia de nuestra nueva estrategia, la tentativa enemiga de mantener la guerra por la guerra y que los vietnamitas combatiesen a los vietnamitas tropezó con serias dificultades y fracasó.

El centro de gravedad del frente se desplazaba progresivamente hacia la retaguardia del enemigo. Durante ese tiempo la zona libre no cesaba de consolidarse. Nuestro ejército crecía en la lucha. En la medida en que se desarrollaba la guerrilla, crecían nuestras formaciones locales y estábamos en mejores condiciones para reagrupar nuestras fuerzas. A fines de 1948 y comienzos de 1949 nos lanzamos por primera vez a pequeñas campañas que causaron al enemigo pérdidas sensibles. Los franceses empezaron a inquietarse seriamente. La comisión investigadora presidida por el general Revers terminó sus trabajos con un informe bastante pesimista, llegando a la conclusión de que era necesario solicitar una ayuda más amplia de los Estados Unidos.

1949 fue el año del extraordinario triunfo de la Revolución China y del nacimiento de la República Popular China.

Este gran acontecimiento histórico, que modificó la fisonomía de Asia y del mundo, ejerció una influencia considerable sobre la guerra de liberación del pueblo vietnamita. Saliendo del aislamiento que le había impuesto el enemigo, Vietnam se encontraba desde ahora geográficamente unido al campo socialista.

A comienzos de 1950 la República Democrática de Vietnam fue reconocida oficialmente por la República Popular China, la Unión Soviética y los otros países hermanos. Al año siguiente, en el curso de su II Congreso, el Partido Comunista Indochino decidió cambiar de nombre y se convirtió en el Partido de los Trabajadores de Vietnam. El Frente Vietminh y el Linviet (Frente de Unión Nacional de Vietnam) se fusionaron. En 1953 el partido y el gobierno decidieron realizar la reforma agraria para liberar las fuerzas de producción y dar un impulso más vigoroso a la resistencia. El conjunto de todos estos hechos contribuyó a modificar a nuestro favor la fisonomía de la guerra. En efecto, el año 1950 señaló un nuevo desarrollo de nuestra prolongada resistencia. Durante el invierno, en la campaña de la frontera, abrimos nuestra primera contraofensiva relativamente importante que logró la liberación de las provincias de Cao Bang, Lang Son y Lao Kay. Enseguida desatamos una serie de operaciones ofensivas en el frente del delta.

El enemigo sufrió nuevas derrotas. El general De Lattre de Tassigny fue enviado a Indochina. La ayuda militar concedida por los Estados Unidos después de un convenio firmado en 1950, aumentaba sin cesar. La guerra de agresión, lanzada inicialmente por los colonialistas franceses, se convertía cada vez más en una guerra hecha con los dólares norteamericanos y la sangre francesa. Era verdaderamente una guerra sucia.

En su plan, aprobado por Washington, el general De Lattre preconizaba el establecimiento de una sólida línea de bunkers [5] en el delta del Río Rojo para contener nuestros ataques y un reagrupamiento de fuerzas para realizar violentas operaciones de limpieza a fin de “pacificar” a todo trance la zona ocupada. Esperaba poder crear así las condiciones para una ofensiva que permitiría a las fuerzas francesas recuperar la iniciativa y atacar nuestra zona libre. En octubre de 1951 el enemigo ocupaba Hoa Binh. Respondimos desatando inmediatamente la campaña de Hoa Binh: por un lado, lo conteníamos y aniquilábamos frontalmente; por otro, aprovechando la debilidad de su dispositivo, nuestras divisiones se infiltraban en la misma retaguardia del delta del Río Rojo para desarrollar allí ataques frontales. Nuestras vastas bases guerrilleras se ampliaban más, liberando a casi dos millones de habitantes. Hoa Binh fue liberada. Así fracasó el plan de De Lattre.

En 1952 nos lanzamos a una campaña en el noroeste y liberamos vastos territorios hasta Diên Biên Fu. A comienzos de 1953 las unidades de voluntarios vietnamitas, cooperando con el ejército de liberación del PathetLao, desencadenaron la campaña del Alto Laos que logró la liberación de la provincia de Sam Neua.

En resumen, he aquí la situación de los diversos teatros de guerra:

El frente principal era el del norte de Vietnam, donde se había desarrollado la mayor parte de las batallas importantes. A comienzos de 1953 la casi totalidad de la región montañosa, o sea más de dos tercios del territorio del norte de Vietnam, estaba liberada. El enemigo ocupaba todavía Hanoi y el delta del Río Rojo, o más exactamente las grandes ciudades y las vías de comunicación más importantes; nuestras bases guerrilleras –nuestra zona libre– abarcaban ya a cerca de los dos tercios de las aldeas y localidades situadas en esa región. En el centro y en el sur de Vietnam manteníamos todavía muy sólidamente grandes zonas libres mientras continuábamos desarrollando poderosamente nuestras bases guerrilleras en la zona ocupada.

La fisonomía de los teatros de operaciones se había modificado seriamente: la zona ocupada por el enemigo se reducía gradualmente, mientras que la principal base de la resistencia, la zona libre del norte de Vietnam, se ampliaba y consolidaba de día en día. Nuestras fuerzas conservaban constantemente la iniciativa de las operaciones. El enemigo se encontraba arrinconado en un peligrosísimo callejón sin salida.

Los franceses se atascaban cada vez más en su guerra de agresión. La ayuda norteamericana, que cubría solamente el 15% de los gastos de esa guerra en 1950 y 1951, llegaba en 1952 al 35 % y al 45 % en 1953, para alcanzar el 80 % en 1954. Pero la situación del Cuerpo Expedicionario no tenía salida. En el otoño de 1953, aprovechando el armisticio de Corea, norteamericanos y franceses se dedicaron a aumentar sus fuerzas armadas en Indochina con el objetivo de continuar y extender las hostilidades.

Aprobaron el plan Navarre, que se proponía aniquilar nuestras fuerzas regulares, ocupar todo el Vietnam y transformarlo en colonia y en base militar franco-americana; tenían la esperanza de terminar victoriosamente la guerra en dieciocho meses. Era de hecho el plan de los ultras Laniel-Dulles. Para realizar precisamente la primera parte de ese plan, el general Navarre concentró en el norte más de la mitad de las fuerzas móviles del teatro de guerra indochino, incluidos los refuerzos recientemente llegados de Francia, lanzó ataques contra nuestra zona libre y arrojó tropas paracaidistas en Diên Biên Fu para transformarlo en base de una ofensiva ulterior. El enemigo quería concentrar sus fuerzas. Nosotros le forzamos a dispersarlas. Al desatar una serie de fuertes ofensivas en los puntos que dejaba relativamente descubiertos, le obligábamos a diseminar sus tropas por todas partes para contener nuestros ataques.

Creamos así las condiciones favorables para el ataque a Diên Biên Fu, el campo atrincherado más poderoso de Indochina, considerado inexpugnable por el Estado Mayor francoamericano. Decidimos estrangular al enemigo en Diên Biên Fu. Fueron llevadas allí nuestras mejores unidades. Movilizamos los recursos humanos y materiales de la retaguardia para garantizar nuestras victorias en primera línea. Después de 55 días y 55 noches de combate, el Ejército Popular de Vietnam realizó el más alto hecho de armas de toda la guerra de liberación: la destrucción de la guarnición de Diên Biên Fu. Esta batalla, que modificó el curso de los acontecimientos, contribuyó de manera decisiva al éxito de la Conferencia de Ginebra.

En julio de 1954 la conclusión de los acuerdos de Ginebra restablecía la paz en Indochina sobre la base del respeto a la soberanía, la independencia, la unidad y la integridad territorial de Vietnam, Camboya y Laos. Por esos acuerdos, el norte de Vietnam, poblado por más de 13 millones de habitantes, es hoy enteramente libre. Este triunfo venía a coronar casi un siglo de lucha por la liberación nacional y particularmente los nueve años de la dura guerra de resistencia llevada a cabo por el pueblo vietnamita. Señaló la vergonzosa derrota de los imperialistas franceses y norteamericanos y de sus lacayos. Pero actualmente la mitad de nuestro país vive todavía bajo el yugo de los norteamericanos y las autoridades de Ngo-Dinh-Diem. Lejos de haber terminado, la lucha de nuestro pueblo por su liberación nacional prosigue, ahora, por métodos pacíficos.[6]

NOTAS:

[4] Zonas rojas. Bases guerrilleras así llamadas porque estaban representadas por óvalos rojos en los mapas utilizados por los vietnamitas.

[5] Bunker = Casamata.

[6] Tal era la situación cuando se escribió este artículo. (N del Ed.)

Vo Nguyen Giap. “Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo”. Colección “Socialismo y Libertad”, Libro 14, páginas 27-31.

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El general GIAP expone la solución que idearon para enfrentar una posible guerra con Francia, sorda ante los llamados a evitarla y conociendo los vietnamitas el pronunciado desbalance en la correlación de fuerzas entre ambos. El ejército francés, además, desarrollaba una ofensiva militar intentado destruir al movimiento soberanista.

Las fuerzas vietnamitas, luego del llamado de su líder Ho Chi Minh, dirigieron un combate generalizado contra las tropas colonialistas en cualquier lugar en que se hallara una guarnición, hostigándolas y retardando sus movimientos, replegándose a su retaguardia cuando la situación se tornara difícil, preservando fuerzas y preparándose para una resistencia prolongada.

Fue correctamente aplicada la línea político-militar vietnamita, organizando fuerzas guerrilleras que plantaban combate al enemigo en cualquier sitio donde se hallara, estableciendo bases de poder local y protegiéndolas, lo cual permitió liberar zonas y mantenerlas, así como desarrollar campañas que golpearon duramente al ejército colonial, lo que obligó a los franceses a solicitar la intervención del gobierno de los Estados Unidos, país que había emergido como hegemón del capitalismo en la recientemente finalizada Segunda Guerra Mundial.

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