Totalitarismo Invertido: Daños colaterales (2)

Por Gregorio Pérez Almeida (desde la escalera)

¿Locos o zombis?

El “pistolero” de la Plaza Altamira, el 6 de diciembre de 2002, Joao de Gouveia, de 38 años, resultó ser un “zombi” que había regresado a Venezuela desde Portugal unos días antes para ejecutar sus fríos y absurdos asesinatos y crear una matriz de opinión que fortaleciera la imagen de genocida que se quería crear del Comandante Chávez.

Aquel hombre debió morir ese día, pero por la acción de unos ciudadanos y dos policías, que seguramente no estaban en la “jugada”, sobrevivió contra todo pronóstico luego del tiroteo y hoy, 17 años después, dicen que está en la prisión de Coro como una sombra sin cuerpo. Capturado, nadie lo reclamó, nadie lo defendió y hoy nadie lo recuerda. Fue diagnosticado con “desequilibrio mental”, nunca dijo por qué lo hizo y siempre confundía los hechos, pero preparó el atentado: en la mañana desenterró la pistola de alta potencia que tenía escondida cerca de su casa, se pintó el cabello en una peluquería, compró dos cajas de balas en una armería, fue a la Plaza Altamira y a las 8:30 pm, disparó a lo loco, mató a tres e hirió a 25 personas. Su comportamiento era inédito en Venezuela, pero reproducía el de algunos estadounidenses llamados “asesinos solitarios”.

Desde mi “paranoica” perspectiva, esta es la prueba fehaciente de que existe un “superpoder” capaz de programar conductas individuales para lograr fines muy específicos, a los que asocio con los muertos vivientes, los zombis Made in USA.

Un zombi estadounidense es un enemigo sin rostro hasta que aparece su foto después de ser abatido o “suicidado” por las fuerzas del orden público. Pocas veces capturado vivo. Un “asesino en potencia” que por lo general había sido previamente atendido por psicólogos escolares, cuyo “escondite” suele ser una “página web” o un “archivo secreto” en su laptop personal y que logra su cometido criminal en los “jardines interiores” de la sociedad más vigilada del mundo.

Asesinos con un plan de acción efectivo: matar a muchos en pocos minutos. Aparentemente sin cómplices, pero eran miembros de un club de tiro deportivo y compraban armas de guerra como caramelos. Con una vida tan “íntima” que era desconocida hasta por su propia familia íntima. En fin, un asesino que, como los zombis, sale un día a matar por “tradición no más”. Y, entonces uno se pregunta ¿Con un enemigo así, cómo confiar en sus amigos?

Desde nuestro punto de vista, estamos ante una estrategia que busca instalar de manera profunda y ampliada en la sociedad estadounidense lo que la investigadora Elizabeth Lira Kornfeld, llama “miedo crónico” y que se impuso en los gobiernos militares dictatoriales de Suramérica, comenzando con Pinochet. Según ella, “el asesinato de algunas personas que no eran políticas reforzaba la percepción de que cualquiera estaba amenazado”.

De esta manera, continúa la investigadora, aunque el miedo y la angustia son respuestas específicas ante una amenaza interna o externa percibida como real por el sujeto:

“El miedo crónico deja de ser una reacción específica a situaciones concretas y se transforma prácticamente en un estado permanente en la vida cotidiana, no solo de los afectados directamente por la represión sino de cualquiera que pueda percibirse amenazado”.

¿Cómo logró el Superpoder este control absoluto sobre personas que utiliza como zombis? La historia es conocida…

Walter Graziano sostiene que muchos de los científicos nazis trasladados a Estados Unidos ayudaron a desarrollar proyectos de investigación con seres humanos, uno de ellos fue el “Proyecto MK-Ultra”, que consistía en la realización de “experimentos de control mental con individuos sometidos al efecto de drogas experimentales, radicación, electromagnetismo, etc.” Generalmente, pero no exclusivamente, se usaron presidiarios norteamericanos y soldados “mala conducta”. El proyecto estuvo bajo la administración y supervisión de la CIA, cuyo objetivo era lograr *“robots humanos”* capaces de ser utilizados en condiciones particulares de hipnotismo en asesinatos y atentados selectivos. Recuerdo, por lo menos, dos películas gringas que nos muestran con claridad de qué estamos hablando: La Naranja Mecánica y La Escalera de Jacob.

Si uno pregunta ¿Por qué tanto loco asesino en Estados Unidos?, responden: Es que la sociedad estadounidense ha sido sometida a muchas experiencias de guerra que han dejado secuelas psicológicas en su población… Pero si aplicamos el mismo criterio a las sociedades que han sido agredidas militarmente por Estados Unidos y han sufrido los traumas de la guerra, no encontramos el mismo fenómeno, por ejemplo, no se da en Corea ni en Vietnam, tampoco en Nicaragua. Y entre los países que han invadido y violentado pueblos tampoco existe, como Inglaterra, Francia, Bélgica, Alemania. En fin, que es un fenómeno exclusivo _Made in USA_.

Estados Unidos es una nación que no tiene amenazas políticas a su estatus quo, no hay fuerzas políticas que desafíen al Superpoder y las manifestaciones populares contra los crímenes de odio, es decir el asesinato de afrodescendientes y chicanos, jamás desestabilizarán al sistema. De manera que el gobierno no ejerce una represión política abierta y directa como en el caso de las dictaduras fascistas tradicionales contra sus enemigos políticos, sino un nuevo tipo de agresión difusa, aparentemente “absurda” que flota en el aire que respiran sus habitantes y genera pánico. Por eso Wolin lo llama Totalitarismo Invertido.

Y no resultaría extraño que ante la intensa crisis social generada por el racismo criminal de la policía y el sistema judicial en los últimos días, aparezca uno, o varios, Gouveia desviando la arrechera popular y removiendo el “miedo crónico”.

¡Qué miedo!

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