TIC TAC TIC TAC, LA CUENTA REGRESIVA.

Por Miguel Ernesto Salazar

La invasión de la Unión Soviética  sobre Afganistán provocó el llamado a consulta del embajador gringo ante Moscú en el gobierno de Jimmy Carter. Después de 41 años de aquella crisis diplomática entre ambas potencias, el llamado a consulta del embajador de Rusia en Washington por parte de su gobierno tensa nuevamente las relaciones Rusia y los Estados Unidos. El reloj del día del juicio final nuevamente acelera sus manecillas. El “Bullitin of the atomic scientists” publicaron sus últimos datos, anunciando que la humanidad nunca había estado tan cerca de su propio fin, más que “incluso en el apogeo de la Guerra Fría” a finales de la década de los 80. El reloj que se había acelerado con Trump, enciende las alarmas ante la nueva política exterior de la Casa Blanca que despierta a los Jinetes del Apocalipsis. El mismo llegó a situarse a las 11:57 am, lo que de manera simbólica advierte que la humanidad está a tres minutos de su extinción. ¿Qué hora marcará el reloj del día del juicio final? ¿A cuántos segundos la acción de Washington nos lleva al borde del fin del mundo? 

En una entrevista a la cadena ABC News, el nuevo inquilino de la Casa Blanca, ante la pregunta del presentador  ¿Cree que Vladímir Putin es un asesino? Biden no titubeó en afirmar categóricamente con un sí. La entrevista versó sobre el último informe de inteligencia de los Estados Unidos donde destaca la supuesta intervención de Rusia en las elecciones presidenciales en las que los rusos trataban de inclinar la balanza a favor de Trump. Recordemos que ya sentado al frente del presentador de la ABC, Biden firmaba una orden ejecutiva donde el Departamento del Comercio de los Estados Unidos ampliaba las sanciones contra el pueblo ruso. Y no olvidemos las acusaciones de Nancy Pelosi y Hilary Clinton sobre el gobierno ruso donde lo hacían responsable de la intervención de partidarios de Trump ante el Congreso de los EE.UU.  

¿Retorica? ¿Cuál es la opinión del pueblo estadounidense sobre las políticas de intervención de las fuerzas militares de los Estados Unidos más allá de sus fronteras?

La última Encuesta de Defensa Nacional del Instituto Ronald Reagan puede aclarar el panorama que nos permita ver sobre qué contexto están dadas estas acusaciones de los demócratas y qué tan alejadas están de las aspiraciones republicanas. Aunque la encuesta recoge una reducción de 14 puntos en la confianza de la sociedad estadounidense en sus Fuerzas Armadas que en el año 2018 eran valoradas con un 70%, en febrero de este año llegaba a un 56%. Pero la afirmación favorable del pueblo gringo a mantener el papel activo de policía del mundo – “paz a través de la fuerza”, vieja consiga de Reagan – sigue en el pensamiento de la sociedad estadounidense incluyendo a la clase trabajadora de mentalidad conservadora que forma parte de los 80 millones que votaron por Trump y de aquella clase trabajadora “liberal” que hizo posible la victoria de Joe Biden. Según el informe del Instituto Ronald Reagan: “Tres de cada cuatro estadounidenses, incluidas una mayoría significativa de republicanos y demócratas, están a favor de aumentar el gasto en defensa. Cuando se les preguntó si Estados Unidos debería mantener bases militares en todo el mundo o reducir nuestra presencia militar en el extranjero, casi dos de cada tres estadounidenses prefieren lo primero, también con un fuerte apoyo bipartidista. Y cuando se les preguntó si Estados Unidos usa al ejército en demasiadas situaciones en las que la diplomacia sería mejor, solo uno de cada tres estadounidenses dijo que sí. Una pluralidad cree que logramos el equilibrio adecuado entre el uso del ejército y la diplomacia, en lugar de depender demasiado de uno u otro”. La Doctrina Monroe es en definitiva parte del ser conciente estadounidense, que acompaña al gobernante de turno en su postura frente a la disputa de la hegemonía mundial. 

En este contexto el presidente del Comité de Política Exterior, el senador Bob Menéndez, declaraba ante los miembros del comité: «Nuestra comunidad de inteligencia confía mucho en su evaluación de que Vladimir Putin estuvo involucrado en la operación en la que Andrei Derkach y Konstantine Kilimnik manipularon con éxito el círculo íntimo del presidente Trump, incluido su abogado personal Rudy Giuliani», señalando además, “Como dije antes, todos tienen un papel que desempeñar, incluido el pueblo estadounidense. Tenemos que alentar a los estadounidenses a practicar una mejor ciberseguridad, a escudriñar la información que ven en la web, a examinar cuidadosamente las publicaciones en las redes sociales antes de compartirlas; debe convertirse en el nuevo sello distintivo de una ciudadanía patriótica, activa e informada. Y nuestras empresas de redes sociales deben hacer un mejor trabajo para detener la proliferación de desinformación extranjera en sus plataformas. La salud de nuestra democracia depende de esta vigilancia. El Kremlin seguirá atacando nuestras elecciones y buscará sembrar divisiones entre nosotros. Tenemos la responsabilidad de resistir esta interferencia y no facilitarles el trabajo”. Y finalmente el senador demócrata afirmaba: “Se trata de tener una política exterior que comunique claramente nuestros valores e intereses, una que no deje espacio para el debate sobre la apertura de cualquier presidente estadounidense a la interferencia extranjera.  Se trata de una política exterior que reconoce cómo los esfuerzos del Kremlin por debilitar la democracia en Ucrania o en otros países europeos, en última instancia, amenazan la democracia aquí en los Estados Unidos. Se trata de una política exterior que trabaja con aliados y socios, no una que los denigra a cada paso. La comunidad de inteligencia está mejorando en la detección y la protección contra interferencias, pero debemos permanecer alerta. Rusia y otros actores extranjeros continuarán atacando nuestro proceso democrático. Sus tácticas pueden evolucionar, pero sus intenciones siguen siendo las mismas. Y tenemos que ir un paso por delante de ellos. La administración Biden ha tenido un buen comienzo en la defensa de nuestra democracia. Como presidente del Comité de Relaciones Exteriores, espero trabajar juntos para promover políticas que reflejen los valores democráticos consagrados de Estados Unidos tanto en el país como en el extranjero».

Tal como lo señala Menéndez, “Rusia y otros actores extranjeros”, es decir, sus aliados son la amenaza a vencer y derrotar. Venezuela, como aliado de Rusia en la región y el mundo, pasa entonces a estar en la mira de los planes de quienes alimentan la opción de la guerra. La Revolución Bolivariana a la vanguardia, desde la Cumbre de Mar del Plata, abrió camino a un nuevo periodo de relaciones de Rusia con América Latina. Unos datos publicados en la Revista Nueva Sociedad dan cuenta del acercamiento de Rusia “desde 2000 hasta 2008, los presidentes de Rusia visitaron la región cinco veces y los ministros de Relaciones Exteriores realizaron nueve viajes, en dos ocasiones pasando por varios países. A su vez, solo en 2009 visitaron Rusia los presidentes de Chile, Brasil, Bolivia, Venezuela, Cuba y Ecuador, sin contar múltiples visitas a nivel ministerial”. Relación que en tiempos de pandemia se ha estrechado a partir de la vacuna contra el Covid-19, la Sputnik V.

Los escenarios de guerra van acompañados de algoritmos, en estos la incertidumbre de un mundo donde la paz prevalezca. Recientemente el Consejo de Inteligencia Nacional público el informe “Tendencias Globales”, sobre el cual dedicaremos un capítulo especial en un próximo trabajo, un párrafo de su resumen esgrime lo siguiente: “Mientras tanto, los Estados siguen siendo muy relevantes. China y Rusia se envalentonarán, mientras que los agresores regionales y los actores no estatales verán oportunidades para perseguir sus intereses. La incertidumbre sobre Estados Unidos, un Occidente que mira hacia adentro y la erosión de las normas para la prevención de conflictos y los derechos humanos alentarán a China y Rusia a controlar la influencia de Estados Unidos. Al hacerlo, su agresión en la “zona gris” y las diversas formas de interrupción permanecerán por debajo del umbral de una guerra caliente, pero traerán profundos riesgos de error de cálculo. El exceso de confianza en que la fuerza material puede manejar la escalada aumentará los riesgos de conflicto interestatal a niveles no vistos desde la Guerra Fría. Incluso si se evita la guerra caliente, el patrón actual de “cooperación internacional donde podamos conseguirla”, como en el cambio climático, enmascara diferencias significativas en valores e intereses entre los Estados y hace poco para frenar las afirmaciones de dominio dentro de las regiones. Estas tendencias están conduciendo a un mundo de esferas de influencia”.

Por primera vez en décadas, los mandos militares, de inteligencia y políticos de influencia en Washington están conscientes de la posibilidad de que los Estados Unidos pierda una futura confrontación con una gran potencia, llámese China o Rusia, lo que supondría una catastrófica para el devenir de la especie humana. Joe Biden está consciente de ello, su grupo de asesores del Consejo de Inteligencia Nacional le han puesto los escenarios sobre la mesa pero la crisis a lo interno de los Estados Unidos lo empuja a buscar enemigos afuera. Y para agregarle más carbón a la candela, tanto China como Rusia están al tanto de las debilidades que enfrenta las fuerzas militares de los Estados Unidos.

“Le deseo buena salud”, le ha dicho el Presidente Vladímir Putin a su homologo estadounidense. No hay nada más peligroso para el planeta tierra que un “tigre de papel” enjaulado, herido y hambriento.

NOTA:

Y finalmente, recuerden que entre el 18 al 23 de marzo, las fuerzas militares de los Estados Unidos están desplegadas en un ejercicio de dominio global, el Comando y Control Conjunto de Todos los Dominios (JADC2, por sus siglas en inglés) está activo y corriendo escenarios de guerra. Y pendientes el próximo 24 de marzo con la audiencia que ha sido denominada, “El estado de la democracia en América Latina y el Caribe”, en cabeza del presidente del Comité de Política Exterior del Congreso de los Estados Unidos y la participación de Luis Almagro.

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