Recreo en cuarentena (1): Hitler y el sueño de Nietzsche

Por Gregorio Pérez Almeida

“Para que se desarrollase una cultura superior, fue necesario que existiesen individuos de inferior civilización, pues nadie, sino éstos, podían subsistir al instrumento técnico sin el cual el progreso era inconcebible. En sus comienzos, la cultura humana dependió menos del animal doméstico que del empleo de material humano de inferior calidad. […] El ario, como conquistador destronó a los hombres inferiores, quienes trabajaron desde entonces bajo su dirección, con arreglo a su voluntad y para la satisfacción de sus propósitos”

“Todos sabemos que en un provenir lejano, la humanidad deberá afrontar problemas cuya solución exigirá que una raza excelsa en grado superlativo, apoyada por las fuerzas de todo el planeta, asuma la dirección del mundo”

No estoy completando mi exposición de Nietzsche con otros de sus fragmentos políticos, estas son citas textuales de Mi Lucha*, de Adolf Hitler¿Qué “coincidencias”, verdad? Y todavía hay nietzscheanos que dicen que exagero porque no he leído a Nietzsche… ¿No será más bien que ellos(as) no han leído a Hitler?

Esta aparente desviación de las contraclases hacia temas supuestamente “extraños a la filosofía”, como el nazismo, tiene la finalidad de ponerla en perspectiva global y mostrar, aunque sea una ñinguita, del fondo racista que contiene oculto, por lo menos, desde Kant, en su vertiente alemana, porque la inglesa es otra beta. No lo presento cómo un elemento intelectual estéril, sino como la justificación teórica de la política imperialista genocida europea que se niegan a ver muchos profesores(as) de filosofía.

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Poco a poco se han “desclasificado” las vinculaciones de los estadounidenses de comienzos del siglo 20 con el nazismo, lo que nos permite afirmar que hay “proto-nazis” estadounidenses y “nazis” alemanes y, por algunas investigaciones disponibles, podríamos afirmar que los primeros son los inspiradores de los segundos.

Hitler, en su libro Mi Lucha, 1925, sostiene que: “Hoy existe un país donde puede verse el comienzo de una mejor concepción de la ciudadanía. La América del Norte, cuya población está formada en su mayor parte por elementos nórdicos que apenas si llegaron a confundirse con las razas inferiores de color, exhibe una cultura y una humanidad muy diferente de las que exhiben la América Central y del Sur, pues allí los conquistadores, principalmente de origen latino, mezclaron son mucha liberalidad su sangre con la de los aborígenes. El habitante germánico de América que se ha conservado puro y sin mezcla, ha logrado convertirse en el amo de su continente; y lo seguirá siendo mientras no siga en la deshonra de confundir su sangre”.

¿A qué se refería Hitler en 1925? ¿Qué causaba su admiración por Estados Unidos? Según un artículo publicado por Le Monde Diplomatic, en 2008, se refería al “esfuerzo de Estados Unidos por mantener la preponderancia del origen nórdico” con su política de inmigración y naturalización, mediante el programa de “higiene racial” aplicado en la “Ley de Restricción de Inmigración”, de 1924, que “prohibía el ingreso de personas que sufrieran enfermedades hereditarias, así como de inmigrantes provenientes del Sur y del Este de Europa”.

Y, continúa Michäel Löwy, autor del artículo: “Cuando en 1933, los nazis aplicaron su programa para “el mejoramiento” de la población mediante la esterilización forzada y la reglamentación de los matrimonios, se inspiraron abiertamente de Estados Unidos, donde varios estados ya aplicaban desde hacía décadas la esterilización de los “deficientes”, una práctica sancionada por la Corte Suprema en 1927”.

La investigación en la que se basa Löwy, pone en evidencia los estrechos lazos que se tejieron entre eugenesistas estadounidenses y alemanes del período de entreguerras, mediante el apoyo y adhesión a las medidas de la política racial nazi que “constituyeron una importante fuente de legitimación científica del Estado racista de Hitler”.

Y no se trataba de un grupúsculo de extremistas o marginales, sino de un grupo considerable de científicos “cuyo entusiasmo no disminuyó cuando la retórica nazi se convirtió en realidad”, sino que, al contrario estaban interesados en los resultados que obtuvieran los alemanes, porque era la prueba de la influencia que los progresos de la eugenesia estadounidense ejercía sobre los adeptos a la higiene racial, especialmente en la eficacia de una política de inmigración que “combinara la selección étnica y eugenésica”.

Otra causa por la que no disminuyó el entusiasmo de los científicos gringos, era que al ser Estados unidos el primer país occidental en institucionalizar la “esterilización forzada”, sus experiencias eran citadas en todas las tesis médicas de la época. Una de las explicaciones de este estatuto vanguardista de su eugenesia fue que “la presencia de negros habría obligado muy tempranamente a la población blanca a recurrir a programas sistemáticos de mejora de la raza”. Unos eugenesistas de Virginia, en 1941, comparando la persecución de los judíos con el tratamiento brutal a los negros, comentaron en una entrevista publicada en un periódico, que “habían descubierto con sorpresa y fascinación que los alemanes nos superaban en nuestro propio juego…”

La disputa en la comunidad científica internacional a propósito de la política racial nazi era ante todo una lucha entre posiciones científicas divergentes relacionadas con la mejora de la raza y los medios científicos, económicos y políticos para lograrla. El problema no era el racismo; el racismo era el estímulo para la actividad científica occidental… y hoy ¿Qué papel jugará en la política internacional?

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