Pensar “Democracia”

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

“En el desconcierto absoluto o malestar cósmico que produce la multiplicación de los objetos del mundo, los hombres están solos en medio de las cosas que se amplían sin cesar. ¿No es verdad acaso que esto es ya la soledad de la época, la falacia general de su identidad y, en fin, lo que podemos llamar la segunda pérdida del yo?


René Zavaleta Mercado
“Cuatro Conceptos de Democracia”

La discusión sobre la democracia constituye una nota presente de su esencialidad, es un concepto imposible de cerrar, su naturaleza misma desafía toda elasticidad, nada de inmutable hay en ella. Sobre la democracia en los pueblos latinoamericanos sostenemos que prevalecen las nociones e interpretaciones de la democracia burguesa, es decir una mirada fundamentalmente centrada en la pluralidad de fuerzas políticas organizadas en partidos y la sucesión de éstas en el control del gobierno, hecho que se registra por medio de procedimientos electorales pacíficos; pero de inmediato se nos revelan constantemente interrogantes respecto a la poca importancia que se le asignan a los contextos donde se produce la democracia, la reducción de la participación estrictamente a los acervos electorales-representativos, y la oscuridad que se extiende sobre la trama de relaciones producto del capitalismo globalizado, con sus respectivas distinciones entre economías hegemónicas y periféricas.

Nos ubicamos en el registro del materialismo histórico, donde el hecho político es territorio vivo en dinámicas socio-históricas; así, pensar la democracia desde la capacidad de autodeterminarse de las clases y sectores sociales objeto de dominación, implica que el modelo democrático como ejercicio de la libertad debe atender las necesidades y exigencias materiales de los pueblos, más aun para nuestra región que prefigura formas políticas desde su padecimiento como economías capitalistas dependientes, por tal razón la lucha por la democracia no puede estar separada de la lucha por la liberación nacional.

Entonces, ¿es posible la democracia como autodeterminación de las masas en nuestro continente?  René Zavaleta plantea un sentido explicativo de la democracia que tiene como centro su fuerza movilizadora, su intersubjetividad, autodeterminación y acumulación de conocimiento en su seno (de la clase); al tiempo que indaga con las crisis como método de conocimiento las condiciones de posibilidad para superar las barreras de los modelos de democracia burguesa, “El conjunto de estos acontecimientos ontológicos desemboca en la cuestión de la democracia, que es la medida de la presencia del hombre, como una entidad activa frente a la vida, en una época cuya señal de esencia es su totalización.” (Zavaleta, 2015:121)

Haciendo pie en esa indagación podemos pensar a la democracia como “movimiento general de la época”, es decir la consideración del modelo de gobierno atado al modo de producción en armonía con las necesidades superestructurales de la estructura económica; nos dice Marx: “El capital sólo surge allí donde el poseedor de medios de producción y de vida encuentra en el mercado al obrero libre como vendedor de fuerza de trabajo, y esta condición histórica envuelve toda la historia universal” (Marx, El Capital). El modo de producción requiere necesariamente a los individuos libres con la finalidad de comprar su fuerza de trabajo e introducirlos en la producción, esa libertad es posible cuando se reconoce la igualdad entre las personas como esencia de lo social, de forma que el capitalismo requiere la igualdad de todos como factor clave para la producción y estas necesidades se expanden al terreno también de lo jurídico; entonces, la lógica de la reproducción del capital es asimilada también en la superestructura por lo que la democracia va, no sin dificultad, fundamentándose en la forma idónea de gobernar y administrar el Estado.

Contradictoriamente la democracia representativa en la medida que se fue apuntalando en el siglo XIX en las economías industrializadas, mantuvo sometidas a millones de personas de las economías periféricas a relaciones autocráticas de poder, por lo cual la universalidad de la democracia representativa es de dudosa cualidad; su crecimiento y consolidación en Inglaterra y Estados Unidos muestra desde sus primeros tiempos que las grandes decisiones son tomadas por élites, y de esa forma se sigue manteniendo.

Ahora bien, el reconocimiento de la libertad, como decíamos condición de posibilidad del capitalismo, sobrepasa la estructura económica para determinar la superestructura, en consecuencia la dominación burguesa o de su análogo sector social (para naciones periféricas) no puede darse sin reconocer la libertad formal de hombres y mujeres, de modo que la democracia se hace necesaria como forma política totalizadora que reconoce la libertad e igualdad entre las personas que participan de la producción; el “yo” da origen al valor y determina también las diversas etapas y expresiones de la democracia representativa.

La democracia, que puede signar (en momentos) un estado de desprendimiento individual por lo colectivo, está condicionada por la subordinación que impone la lógica de la producción capitalista y sus relaciones hegemónicas. Para Zavaleta la lógica de la fábrica, su condición histórica dentro del modo de producción, está en el hecho que esta lógica jamás sea superada por el desprendimiento de lo individual en el colectivo. Se basa, entonces, en el consumo de la libertad individual por medio del proceso de producción. En ese proceso alienante también se presenta (contradictoriamente para el capital), una posibilidad de transformación en el trabajador, una oportunidad paradigmática, pues en la razón de la fábrica el trabajador exprimido en su libertad va dando paso al trabajador colectivo en el momento de la producción, clave para la conciencia social y por tanto un horizonte de autodeterminación.

Entonces tenemos múltiples democracias en el mundo y en la región latinoamericana, pero la evidente variedad y diversidad no involucra una pluralidad de formas valorativas e interpretaciones de la democracia representativa, por el contrario la tendencia es más a la homogenización sobre un conjunto de reglas formales o “reglas de juego claras”, no principios ni valores, sino una convergencia de disposiciones que incluso pueden tolerar violaciones y trasgresión de los principios donde los relatos hegemónicos anclan su mitología democrática.   Para ir cerrando, mencionamos algunas ofertas no cumplidas por la democracia en nuestra región, desafíos ocultos bajo el discurso tecnocrático de las élites políticas: el primero es precisamente ese, la opacidad del discurso político para explicar y hacer posible la participación de las mayorías en el hecho público; el discurso del poder es cada vez más oscuro y profesionalizado, lo que reviste una contradicción con la idea que la democracia hace transparente para todos los asuntos de gobierno. Ya Weber se había topado con la paradoja entre el crecimiento del poder democrático y el de los aparatos burocráticos, pero hay algo aún más allá de esta paradoja, es una manifiesta intencionalidad de las oligarquías políticas por alejar del entendimiento posible su acción de gobierno. Otra oferta diluida en el correr de los procesos democráticos es el asunto sustancial de la Igualdad, las discusiones sobre ésta han desaparecido del mundo político y la construcción militante, todos damos por hecho que hablamos de lo mismo al referirnos a la Igualdad porque el sistema ha impuesto la noción liberal de igualdad de oportunidades como sinónimo totalizador de la Igualdad. Finalmente, y quizás lo más triste de esta reflexión, es que la democracia ha reducido su oferta de eliminar las oligarquías del poder por una participación pacífica de éstas en el gobierno y dominio de la sociedad, volvemos allí a las tan mencionadas “reglas de juego democráticas” que diluyen la superación de la dominación aberrante de grupos sociales minoritarios sobre otros por una oferta de convivencia pacífica, oferta desigual pues ellos controlan la economía, el aparato estatal, los dispositivos ideológicos y las relaciones internacionales.


Textos consultados:

-MARX, Karl. El Capital. Tomo I. Librodot: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/CAPTOM1.pdf -ZAVALETA Mercado, R. (2015). Cuatro conceptos de democracia (1981): La autodeterminación de las masas / antología. México, D. F. Buenos Aires: Siglo XXI Editores; CLACSO.

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