Parte II: Notas generales acerca del estudio del Estado.

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

«Es cierto que gran parte del poderío de la prosa de Carlos Marx provenía de una extraña capacidad para resumir las cosas. Era aquello, sin duda, parte de una lucha fatigada y a la vez infatigable por la expresión, que tiene su propia misión hacia la ciencia pero también una misión política».

René Zavaleta, “Las formaciones aparentes en Marx”

Damos continuidad a nuestro artículo anterior, ampliando la lluvia de ideas en relación al Estado moderno capitalista ¿acaso existe en nuestro tiempo otro? Al referirnos a él estaríamos apuntando a una trama de componentes y elementos variados con materialidad diversa, referimos al sistema educativo, salud, previsión social, policía, represión, defensa nacional, economía; pero también, orientamos la mirada al horizonte de elementos sutiles e impalpables que lo conforman, como discursos, relatos, saberes y creencias, que construyen y sostienen hegemonía en el Estado, resguardos de las diferentes correlaciones de fuerzas entre los sectores y clases sociales, los sistemas de hacer política, la materialidad de la política del poder, la obediencia y las sumisiones. Al hablar de Estado, en la mayoría de los casos, decimos de la maquinaria institucional e ideas que van dejando rastros en los cuerpos de los individuos para condicionar percepciones del organismo social en su conjunto. La historia que se reproduce continuamente en el sistema educativo y medios de comunicación incluye más allá de los hechos la forma misma de la relación hegemónica.

No basta con tomar y trasformar la maquina estatal, como la llamó Lenin, para transformar la sociedad. La dimensión material del Estado, su institucionalidad es la principal arena de lucha, ¿quién lo dudaría?; pero, hay algo más allá que no sucede de manera lineal, de la superestructura a la estructura o de ésta a la superestructura; es un mecanismo complejo, no ascendente y tridimensional “… Cada cuerpo es la memoria sedimentada de luchas del estado, en el estado y para el estado. Y entonces la relación frente al estado pasa evidentemente, desde una perspectiva revolucionaria, por su transformación y superación; pero no simplemente como transformación y superación de algo externo a nosotros, de una maquinalidad externa a nosotros, sino de una maquinalidad relacional y de una idealidad relacional que está en nosotros y por fuera de nosotros…” (García Linera, 2010: 14)

El Estado en su materialidad es el lado institucional, el aparato que claramente vemos sujeto a la estructura, el régimen propio de gobierno, que se diseña y rediseña constantemente para mantenerse en ella, no sin dificultad y tensiones, por eso se rediseña, cambia de diseño según el clima histórico que atraviesa, se adecúa al devenir de cada determinación social, toma formas particulares. Zavaleta lo ilustra con el siguiente ejemplo: “…El Estado inglés es un Estado capitalista; pero la monarquía inglesa no es una necesidad o ley del modo de producción capitalista, sino un resultado de la historia inglesa, o sea, del entrecruzamiento de sus superestructuras sucesivas”. (Zavaleta, [1978] 2015: 83) Un ejemplo más cercano estaría en la democracia chilena surgida tras el plebiscito a Pinochet en 1988, la institucionalidad se rediseñó en un sistema de democracia representativa por agotamiento del modelo dictatorial represivo, sin embargo conservó su base militarista y autoritaria, necesaria para mantener la forma de liberalismo financiero (neoliberal) que había tomado el modelo capitalista, otros sectores ejercían determinación en la institucionalidad estatal sobre la misma base; afortunadamente hoy podríamos estar ante el resquebrajamiento de esa determinación surgida en el 88 en ese país hermano. 

A la materialidad propia del Estado, como decíamos, también le complementa lo ideal o perteneciente a las ideas, donde se conectan las creencias y las formas valorativas de lo social, la justificación fáctica de lo causal, todo el conjunto de formas que amalgaman lo institucional y nublan la estructura, a tal punto de hacerla ver como consecuencia de la superestructura, no refiero a la ideología, sólo a algunas de sus tecnologías y elementos, pero no a ella en su totalidad. Todos estos monopolios de “recursos, cohesión y legitimidad” (García Linera, 2010), son transversalizados por la correlación de fuerzas que fluye entre las clases y sectores que conforman la sociedad civil. Creemos que Marx lo mira así al referir que “…La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio [überbau] jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina [bedingen] el proceso social, político e intelectual de la vida en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia.” (Marx, 2008: 4-5)

 Aun cuando la estructura determina a la superestructura, no quiere decir que existan por separado o, más absurdo aún, que siempre el modo de producción capitalista exista primero, y el Estado después; es posible que para explicar el complejo asunto de la relación base y superestructura, suene de esa forma, con etapas y procesos destacados,  pero no quiere decir que Marx y Engels lo pensaron así como leyes de las ciencias naturales; de ser así, no podríamos explicar los Estados nacionales latinoamericanos. En la realidad las cosas son diferentes, es el método histórico de análisis de Karl y Friedrich lo que nos permite develar las relaciones materiales y simbólicas existentes entre la sociedad civil y la superestructura; ya bien lo señaló Zavaleta “…la simultaneidad de la base y la superestructura es el hecho central del conocimiento social (porque en el capitalismo no existe una parte desintegrada de la otra, así como los individuos no pueden existir para sí mismos), o sea que la sociedad existe aquí como una totalidad orgánica”. (Zavaleta, [1978] 2015: 80)

De tal forma que creemos en consecuencia que la sociedad civil en el estricto sentido marxiano de las condiciones materiales de vida, determina al Estado en una relación simultánea e incluso a veces asincrónica, dificultando la determinación de las formas del Estado por parte de la propia sociedad civil. Ahora bien, hay lugares donde la regularidad del modo de producción se manifiesta en la superestructura claramente, por ejemplo la reproducción ampliada del capital, la regularidad del modelo se basa en la apropiación del excedente por parte de una clase en particular, en otros términos la plusvalía, la cual es producida por seres humanos que aparecen jurídicamente libres, en resultado esas son zonas donde la superestructura claramente se muestra dependiente de la estructura; pero, al mismo tiempo esa libertad jurídica es también determinante en la superestructura y le otorga cierta volatilidad o heterogeneidad estructural (Zavaleta, [1978] 2015). Aun así, es una zona donde podemos dilucidar las características homogéneas del modelo en la particularidad de lo regional.

Como nos señala Aricó es posible que Marx “…Forzado por el perfil fuertemente antihegeliano que adoptó polémicamente su consideración del Estado Moderno, … se sintió inclinado a negar teóricamente todo posible rol autónomo del Estado político, idea ésta que sin embargo constituía el eje en torno al cual se estructuró su proyecto inicial de crítica de la política y del Estado…” (Aricó, 1983: 50);la correspondencia de la estructura económica con el Estado no siempre se da de forma inmediata, no corre con el tic-tac del reloj, pareciera a veces estar condicionada al mismo tiempo por la superestructura; por ejemplo Venezuela, en la medida que el excedente petrolero se fue consolidando hacia mediados de la década de los treinta del siglo XX, la estructura parece presionar al Estado por una mayor apertura democrática, al tiempo, las determinaciones o sectores que se disputaron con mayor fuerza la superestructura-Estado, buscar una mejor posición para redistribuir el excedente y por ende consolidar la base por medio de la exigencia de un modelo de democracia representativa que en varios esfuerzos fallidos logró concreción en 1958, por lo que podríamos ver “… De ahí que la superestructura estatal parezca (lo que no quiere decir que lo sea) independiente: una independencia que ocurre, sea colocándose por delante de su base material… o rezagándose… En ambos casos, a nuestro modo de ver, la explicación se da no por la independencia del Estado, sino por la colocación del momento de eficiencia de la determinación en una zona u otra de la sociedad”. (Zavaleta, [1978] 2015: 84)

El Estado capitalista como aparato de dominación, puede ser analogado con un gran dispositivo de dominación, a la usanza foucaultiana, de forma tal que pueda desarreglarse de manera analítica en diversos componentes complejos, que a su tiempo encierran elementos que se entrelazan unos con otros en la realidad efectiva del dispositivo político superestructural. Esta argucia metodológica, atrevida sin duda, es tan solo eso, una caja de herramientas, una vía, un camino más desde donde podríamos ver los diferentes procesos de conformación de los Estados nacionales modernos de nuestros países.

En esta clave, si entendemos el Estado como una relación social histórica compleja (contexto), podemos detectar al menos cuatro componentes: uno estaría representado por la relación social existente entre la sociedad civil y el aparato propiamente institucional de poder, la forma de la determinación que la primera ejerce sobre el segundo y la relación inversa. Puede entenderse desde lo material en tanto el Estado es productor de materia estatal, que vendría a ser esa propia relación; y las tecnologías del componente, estas últimas no como componente propiamente del dispositivo sino vistas como herramientas; podríamos pensar también en otro componente más simbólico y político, donde se manifiesta la tensión y lucha de las fuerzas en disputa, es el lugar propio de la correlación de fuerzas, es el frente o la cara de las crisis, referimos al sistema o ecuación social, donde se expresa el tipo de gobierno, la mixtura de la historia del poder, estarían inmersos aquí con mucho los saberes y discursos; otro componente verificable sería el constituido por las diversas tecnologías propiamente dichas, donde juega fundamentalmente el sistema jurídico, como tecnologías más evidente, pero sin duda estaría el aparato escolar y cultural, el edificio estatal, con sus diversas instituciones de flujo entre la sociedad y el aparato; finalmente, y por ahora, se nos ocurre el componente de la relación de dominación, especie de circuito que une los diversos componentes y sus tecnologías, la matrix, la superestructura misma; la historia jugaría como una suerte de supercomponente donde son visibles en hechos factuales, las correrías del poder.  

Textos consultados:

– ARICÓ, José. (1983) Marx y América Latina. Revista Nueva Sociedad, N°66, Mayo-Junio, PP. 47-58.

-GARCÍA Linera, Álvaro. (2010) La construcción del Estado. IEC-CONADU-CTA. Buenos Aires.

-MARX, Karl. (2008) Contribución a la crítica de la Economía Política. Siglo XXI editores, México-Buenos Aires-Madrid.

-ZAVALETA, René. ([1978] 2015) Las formaciones aparentes en Marx. En: La autodeterminación de las masas. México, D. F.: Siglo XXI Editores; Buenos Aires: CLACSO.

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