Noviembre electoral del 2021 o elecciones pospandemia.

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

El pasado mes de noviembre fuimos testigos y protagonistas de varios sucesos electorales a nivel de la región latinoamericana. Argentina, Venezuela, Chile y Honduras, dieron cuenta en procesos comiciales (para diferentes niveles de sus sistemas de gobierno) del pulso político de sus pueblos. Enunciar algunas impresiones y datos al respecto será la tarea que pretendemos acotar en las siguientes líneas.

En el caso de las elecciones legislativas de Argentina, el Frente de Todos (agrupación que aglutina a las corrientes peronistas y movimientos de izquierda popular) logró remontar ligeramente los resultados adversos de las elecciones primerias de agosto, motivando a sus votantes de forma de conseguir una mayor participación. Se activaron destacablemente las militancias de base que conforman el movimiento nacional y popular con resultados notables de recuperación, fundamentalmente en los municipios del Gran Buenos Aires, donde se alcanzó a revertir la derrota proyectada en las PASO, para igualar en cantidad de diputados y lograr el control del Senado provincial que permanecía en manos de la oposición; las murallas fueron defendidas y se pudo repeler el asalto de los sitiadores.

Por su parte en la sumatoria general la coalición de derecha denominada Juntos por el Cambio, mantuvo su ventaja con un porcentaje nacional aproximado del 8,5% pero no logró su ansiada mayoría en diputados para hacerse con la presidencia de la cámara y luego un adelanto de elecciones presidenciales (menudo plan). Aunque el resultado les favoreció, fue tal su desespero y triunfalismo pre-legislativas que parecían haber sido derrotados ante la resistencia electoral del Frente de Todos. El sitio continua, pero no han podido traspasar los muros, ahora hay que salir a romper el cerco.

En otra instantánea, el Frente de izquierda y de los trabajadores (FIT) de tendencia troskista, aumentó su presencia en el congreso con la incorporación de 4 bancas y un notable aumento de su votación a nivel nacional, creciendo en la Ciudad autónoma y en el Gran Buenos Aires. Su actuación más destacada y esperanzadora para el mundo socialista argentino está en Jujuy, provincia norteña, donde el candidato Alejandro Vilca alcanzó los votos para entrar como diputado. Vilca es un dirigente forjado en la lucha gremial y de extracción popular, que logró romper la hegemonía que el peronismo y la derecha mantienen en una provincia conservadora con fuertes rasgos de exclusión para la condición étnica de la mayoría de sus habitantes. Hay una lección para el resto de la izquierda socialista allí.

También hubo sorpresas desde la extrema derecha, más reaccionaria que la que se encuentra en Juntos por el Cambio que ya es decir mucho, representada por una agrupación llamada Libertad Avanza, que logró en su primera presentación electoral colar 4 diputados. Esta agrupación es de mucha peligrosidad para el movimiento popular en general, en su denominación de “libertarios” se encierran todos los esquemas del liberalismo extremo con racismo incluido.

Al tiempo, la situación sigue complicada para el Frente de Todos, pues perdió el quórum en el senado, ahora debe generar una política de alianzas dentro de la cámara alta. Pero el alivio vino con la remontada de la votación en el cono urbano de Buenos Aires, dado que es la red de distritos con mayor calidad cuantitativa, enorme peso político y territorio donde actúan la mayor parte de los movimientos políticos y sociales que constituyen la base del peronismo popular.

En este panorama, el gobierno del Frente de Todos tiene el reto de poner en práctica el programa político, económico y social por el cual fue votado en 2019, esperanza para superar las problemáticas agudizadas (y revividas) por la gestión neoliberal de Mauricio Macri. Hay que asumir el esfuerzo por vencer las variables que deprimen el salario real de la mayor parte de la población; la inflación, espada de Damocles sobre nuestros recibos de pago, amenaza todo futuro que persiga derrotar la pobreza, valor que ronda, según el INDEC, el número de 19,2 millones de pobres, entre los que figuran 4,5 millones en pobreza extrema. (https://www.pagina12.com.ar/381228-resultados-elecciones-2021-en-tiempo-real-quien-gano-y-quien). Por otra parte, existen indicadores que dan cuenta de la recuperación del aparato productivo argentino, lo cual se expresa en mayor capacidad para generar empleos, pero sabemos que estos indicadores pueden mejorar sin traducirse automáticamente en una distribución más equitativa y justa de la riqueza para la población, el Estado debe hacer esa parte.

Desde lo político es fundamental entonces, aprovechar el impulso de la movilización popular, retomar la calle, mostrar la pasión y fuerza en la Plaza, no hay discurso que moderar, la derecha no se modera, hay que ir con todo contra ella. El cambio de modelo es político y está asociado con mayor participación protagónica del pueblo en la generación, implementación y evaluación de las políticas públicas; un reto sí, pero su horizonte de posibilidad ya fue marcado por los gobiernos de Néstor y Cristina.

Ahora pasemos a las elecciones presidenciales en Chile, las cuales desembocaron en una segunda vuelta entre José Kast y Gabriel Boric, el primero representa abiertamente a la derecha y el segundo es denominado de izquierda,  aunque sabemos tras la experiencia con Michelle Bachelet (y la concertación) que el calificativo de izquierda para el caso chileno puede resultar muy elástico o light; sin embargo, no tengo dudas que si gana Boric, y ojala sea así, su gestión será más amigable para los sectores excluidos de la sociedad chilena, se ajusta en mayor medida con el proceso constituyente que se vive paralelo y, contribuirá (pido con las manos unidas y mirando al cielo) en la recuperación de un regionalismo estratégico basado en los intereses de nuestros pueblos.

Kast obtuvo el 28% de los votos, Boric alcanzó el 25,8%, mientras el resto se repartió en bajos porcentajes para Sebastián Sichel (candidato de Piñera) y Yasna Provoste de la (exconcertación), y la sorpresa de la contienda representada por Franco Parisi que obtuvo el 12%, desconozco quien es el tipo pero su candidatura es realmente una distopía, al leer sobre los resultados me entero que no fue a Chile a hacer campaña, pues vive en Estados Unidos y ni siquiera fue a votar al país sureño, todavía me pregunto si no es una joda.

Ahora viene la segunda vuelta, donde Boric debe conquistar el voto de la derecha; es lógico pensar que los que votaron a Provoste puedan ir con él, asunto complicado es captar a los que votaron por Parisi y los de Sichel es poco probable que le sigan. Ambos candidatos finalistas afinan sus discursos, Kast apelando al miedo y prometiendo orden como digno representante de la derecha continental; y Boric propone un esquema de cambio, no muy detallado pero más cercano a los reclamos expresados en la revuelta de noviembre de 2019.

Por su parte las corporaciones de medios de comunicación de Chile le hacen el trabajo a Kast, bombardeando constantemente con el tema del narcotráfico y el terrorismo en el sur del país, sugiriendo que se trata de las comunidades Mapuches. El esfuerzo es mantener a la sociedad Chilena en un estado de miedo constante a la amenaza que pueden representar los otros, y esos otros son homologados en Mapuches, comunistas, terroristas, narcotraficantes, migrantes, etc, para justificar el discurso del orden; no reconocen responsabilidad en el modelo económico impuesto en ese país desde los tiempos de Pinochet, la responsabilidad está en los otros que han roto el orden (de ellos).

Para terminar esta parte, debo confesar que el resultado no me sorprendió mucho, pero guardaba la esperanza que a la luz de la rebelión de noviembre del 2019 y el fuerte rechazo a Piñera, las cosas pudieran resultar mejor para Boric, al contrario percibo una confirmación de lo enraizado que se encuentra el modelo autoritario en Chile, sigue siendo hasta ahora la única “democracia” en el continente que sustenta su soberanía en un golpe de Estado militar. La Convención Nacional tiene en sus manos la posibilidad de cambiar eso, dando a su heroico pueblo una constitución soberana y una democracia verdadera que retome el camino truncado por el imperialismo y la oligarquía chilena el 11 de septiembre de 1973.

En Venezuela por su parte se sucedieron las elecciones regionales, donde se elegían Gobernadores de todos los estados del país. Los resultados se dieron dentro de lo esperado, el PSUV conquisto la mayor parte de las gobernaciones, veintiuna de las veinticuatro disputadas. Ciertamente los comicios en Venezuela están teñidos de una fuerte ofensiva mediática internacional, esta vez la delegación de observación del parlamento europeo dio la puesta en escena esperada, con lágrimas incluidas, pero no pudo, hasta el momento, sumar muchos argumentos confiables para rechazar el proceso.

La mayoría de los análisis sobre los procesos electorales venezolanos de los últimos años, dejan de lado o le dan poco valor al criminal bloqueo que sufre la nación, cuando es un asunto que transversaliza todo el espectro político, económico y social; no son condiciones normales, ni iguales a la de otros países del continente que no sufren un bloqueo financiero, ni el robo de sus bienes a nivel internacional (con complicidad de actores que participan internamente en los procesos electorales nacionales), ni la amenaza constante de parte de Estados Unidos y sus aliados en el continente, forjando un cuadro que no puede ser analizado bajo los mismos parámetros del resto de la región suramericana.

Ahora bien, leyendo los resultados podemos referir lo siguiente (en una mirada de carácter cuantitativo), si los dos principales sectores de la oposición hubieran logrado un acuerdo de unidad electoral se la hubiesen puesto difícil al PSUV o le podían ganar en al menos siete estados más y; por otra parte, a pesar que los comicios regionales suelen tener índices más altos de abstención, el porcentaje de casi un 59% es realmente un alerta, porque creo refleja un desánimo y descreimiento del pueblo venezolano en lo político y su práctica. Sé que la abstención es un mar de ambigüedades difíciles de interpretar, pero hay otros indicadores sociales que suman a lo mencionado antes, donde se adiciona una disminución en las posibilidades de participación popular desde las políticas del Estado, y subrayo participación popular, es decir los procesos por los cuales el pueblo organizado colectivamente y en uso de mecanismos de democracia directa se hace parte en la generación, implementación y evaluación de las políticas públicas junto al Estado. La participación por medio del voto, aun como componente de dispositivos de participación protagónica más complejos,  es una variable que de ninguna forma debe ser subestimada, al contrario hay que buscar entenderla en su estructura y dimensión, sobre todo porque hablamos de un modelo democrático que se define participativo y protagónico.

Para concluir, con el puño del brazo izquierdo en alto saludo el triunfo electoral de Xiomara Castro en Honduras.    

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