Notas de Economía Social Militante

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

Estas notas fueron preparadas para el taller de formación con la/os capacitadora/es de las comisiones de cooperativistas que se desplegaron en el conurbano sur del gran Buenos Aires durante el último trimestre 2017 y todo el 2018, por el Nodo Sur de la organización “La Territorios en Desarrollo”.

Entendemos que la Economía Social (o popular) constituye un proceso de construcción y reconstrucción de una economía centrada en el trabajo y en una racionalidad distinta a la del capital en tanto forma de construcción colectiva.  En Argentina existen variadas y múltiples vivencias de la economía social que se muestran y develan en su riqueza de experiencias, direccionándose hacia la conformación de una suerte de subsistema en el marco de la economía mixta que define la institucionalidad nacional, pero con fuertes tensiones con los otros subsistemas público y privado.

Creemos en la economía social (ES) como el proceso estructurante de una economía centrada en el trabajo y en la reproducción de la vida para  construir un sistema alternativo al capitalista, cuyo sur está en la reproducción ampliada del sentido de la vida  y opuesto a los principios de explotación del trabajo y acumulación de capital. Pensando en esta clave, la ES denota elementos hacia otra economía basada en relaciones sociales de producción solidarias y humanizantes, lo que implica una lucha contrahegemónica por otros valores, otras instituciones y otra política, léase otro Estado. Esta construcción es un proceso consciente de búsqueda que toma forma en múltiples experiencias sostenidas en la solidaridad, la participación, la democracia, la discusión, la territorialidad y las decisiones colectivas instituyentes.

Condensando la diversidad de sentidos sobre la ES que presenciamos en los territorios donde hacemos intervención, podemos en términos amplios clasificarlas en dos, entendiendo que no son representaciones excluyentes, y dado el carácter empírico de la ES, estas perspectivas de la misma pueden ser complementarias:

1.        Las experiencias que buscan redistribuir los ingresos que se generan en los actuales esquemas productivos y fundamentalmente en los momentos de crisis económica, con intervención o no del Estado en el proceso de redistribución para, de manera más justa, contener los embates de las estructuras del libre mercado enraizadas en el aparato macroeconómico y  aproximarse a un capitalismo más democrático, sin que esto signifique una afectación radical del modelo de producción y acumulación capitalista.

2.        Fraguar un nuevo sector económico que no solo coexista alternado con los sectores privados y públicos, sino que dispute en un marco de economía mixta con las lógicas dominantes de la organización del capital. Este nuevo sector (ES) se puede expresar a través de diferentes organizaciones productivas, esforzándose por competir con las empresas capitalistas y tratar de disputarle los mercados, así como coexistir dotando de nuevos sentidos los criterios de eficiencia, productividad, trabajo, eficacia, sustentabilidad y sostenibilidad; constituyéndose como un sector fundante del nuevo modelo productivo, más allá incluso del mero ámbito económico, y adentrándose en la arena de lucha política y cultural.

Ahora bien, cualquier mirada de las expuestas antes de la economía social o popular constituye como vemos, al menos un sistema de procesos que se encamina a resistir y superar el modelo de capitalismo financiero (neoliberalismo). En este punto las diferentes visiones se tocan para reconocerse como actores fundamentales de cambio. El Estado, el cual no es un bloque monolítico, sino que constituye un espacio donde se presentan contradicciones, disputas de poder entre sectores y tensiones que resultan de distintas correlaciones de fuerzas; sus instituciones y legislación se recomponen continuamente influenciadas por las luchas y contradicciones que se presentan en la sociedad toda, lo que permite al campo popular, y en específico a los agrupados en la economía social, dejar su impronta en la institucionalidad, constituyéndose en expresión de esas luchas. En otras palabras, aprovechar las grietas que se presentan en la institucionalidad estatal para escurrir, al menos fragmentadamente los gérmenes de las nuevas formas económicas que se prefiguran, y aunque esto no represente el “derrumbe del capitalismo”, conforma focos de conflicto social y lucha política dirigida a superar la forma mercantil como principio organizador de la sociedad.

La economía social posee diversos atributos transformadores, entre ellos la participación, la democracia, la autonomía, el poder instituyente, la representación y la deliberación. Estos valores son fundamentales para entender la dimensión política de la ES, vista como frente de lucha contra la violencia implementada por el capitalismo orientado por la maximización de la ganancia, con la consecuente destrucción sistemática del ambiente y por ende de la vida, fundado sobre la exacerbación de un modelo cultural consumista que iguala el tener con el ser.

El poder instituyente lo entendemos como fuerza creadora que potencia colectivamente una identidad basada en el nosotra/os y no en el yo, es el poder de la comunidad para alcanzar mejores condiciones de vida, el buen vivir, el poder productivo de la vida humana en comunidad. Es la fuerza que subyace en el diseño de las normas que regulan el ejercicio democrático y participativo del poder, fluye desde abajo, nunca desde arriba, se resiste a ser triturado por la realidad creada desde la violencia de la mercancía como valor social y el capitalismo como su modelo de acumulación. El poder instituyente traza su horizonte en la creación de vida en comunidad.

Autonomía: este valor se fundamenta en la capacidad reflexiva de las personas, de crear y modificar lo instituido. El término nos refiere a un proceso dialéctico en el cual se envuelve la colectividad, y se expresa a través del autogobierno. La autonomía debe guiar a las expresiones de la ES en sus relaciones con el poder político instituido y con las prácticas y cultura política tradicional, demostrando el poder cuestionador de la experiencia antimercantil, y marcando distancia con las posturas tuteladas existentes en el espectro social. Asumir autónomamente la responsabilidad en la busca de soluciones a los problemas presentes de la vida colectiva, implica racionalizar el proceso de manera democrática, participativa y deliberativa.

Deliberación: Esta característica de las organizaciones de la economía social se sustenta en el diálogo y la discusión, ejerciendo la dialéctica como principio basamental. Referimos con Habermas (Habermas, 2010) que en el ejercicio de una democracia el hecho deliberativo aparece como condición de forma, y se manifiesta en la libertad de las partes para hablar y expresar sus diferentes puntos de vista sin limitación ni restricción para alcanzar el modo donde los argumentos tengan el mismo peso en el proceso de la discusión, lo que dota al argumento de su valor esencial en la dialéctica. Como resultado de la deliberación así ejercida tenemos decisiones legitimas que representan al colectivo, aun cuando no sean necesariamente la representación de la voluntad de toda/os la/os miembra/os de la comunidad o colectivo; son decisiones sin miedo a tomar partido y sin la manipulación de la decisión “salomónica” que surge del igualitarismo burgués.

Participación: El ejercicio de ésta constituye un aprendizaje colectivo de empoderamiento donde el actuar político genera sujetos que transforman su realidad. En las experiencias de la economía social la participación es fundamental y produce una dinámica virtuosa que combina representación y participación. Ya que frecuentemente se requiere de la interlocución con los poderes instituidos -gobiernos locales, municipales y nación-, pero esta representación no debe suponer una licencia para cambiar las decisiones tomadas por el colectivo. Otro factor que potencia la participación es el trabajo en red de las distintas organizaciones que habitan un territorio, pues esto propicia el fortalecimiento de vínculos que permiten la resolución de problemas comunes en un frente colectivo.

Debemos tener muy presente que la economía social interviene en un circuito socioeconómico mixto y su principal aliado puede estar en los gobiernos locales, lo que se traduce en espacios de negociación y discusión con el poder instituido, por lo que la participación debe arrojar el diseño de estrategias metodológicas (-políticas) para el aprendizaje y puesta en práctica de técnicas de negociación, y el conocimiento de herramientas para la elaboración y presentación de proyectos.

Las organizaciones de la economía social están dispuestas a mantener una lucha constante por dotar de otros sentidos y subjetividades a la economía, despojarla de su mercantilización y aproximarla a la etimología del término que refiere a la administración de la casa, de lo íntimo, de lo comunitario; se trata de una lucha cultural en el ojo del huracán del sistema capitalista, con el objeto de prefigurar proyectos colectivos de transformación social que se afirman en el esfuerzo comunitario por mantener los emprendimientos activos y dotarlos de sostenibilidad.

El desarrollo de emprendimientos productivos desde la economía social o popular como estructurante de un paradigma surgido desde la/os trabajadora/es y excluidos del sistema suma a la construcción de otro modelo económico que puje por destronar al capitalismo. Se conforma y articula en la vorágine de las crisis de disputa hegemónica y se adentra en un nuevo modelo productivo solidario y humanizante (socialismo), fundado en diferentes relaciones de producción y distintos valores de redistribución, solidaridad, reciprocidad y predominio del bien común colectivo (Gramsci, 2004)

Bibliografía

Gramsci, A. (2004). Antología Antonio Gramsci. Buenos Aires: Siglo XXI.

Habermas, J. (2010). Teoría de la acción comunicativa. Madrid: Trotta.

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