Ni Trump Ni Biden

Por Miguel Ernesto Salazar

Dice el refrán popular que si no te agarra el Chingo te agarra el Sin Nariz, así están amplios sectores económicos y políticos de la sociedad venezolana a propósito de las próximas elecciones presidenciales de Noviembre a celebrarse en los EE.UU. ¿Trump o Biden? ¿Quién es menos malo? Esto está como que le pregunten a un veguero qué prefiere en alguna trocha de la sabana en la noche con la luna llena como única luz de compañía: “compadre, usted que prefiere que le salga esta noche, la Sayona, bella de lejos pero con los colmillos y garras afilados, con los ojos sangrientos. O el Silbón con su saco de huesos al hombro”. A lo que el veguero sin pausa le contesta: “Compadre, ni ando buscando mujeres en medio de las trochas a media noche ni me emborracho en noches de luna llena, además compadre, ¿Usted cree que guebo e burro se ablanda con charamisa?”.

Hay quienes ven las últimas encuestas en los Estados Unidos y parece que les entrara un fresquito.  Aunque los promedios de encuestas ciertamente parecen confirmar, que tenemos aún a Trump por detrás de Biden, 40.6 a 49.6, según el último promedio publicado por RealClearPolitics (datos actualizados al día 7 de julio, al terminar de escribir este artículo). El promedio recogido está de acuerdo a las mediciones hechas por: Economist/YouGov, IBD/TIPP, Monmouth, CNBC/Change Research (D), USA Today/Suffolk, NPR/PBS/Marist y The Hill/HarrisX. Ninguna de estas mediciones dan ventaja a Trump.

Pero no nos anticipemos, para entender el desenlace de noviembre hay que pasar primero por hacer un esfuerzo y tratar de entender lo mejor posible a la sociedad yanqui. Y tal vez, el último discurso público de Trump nos puede dar una idea.

Un artículo de Bob Eckstein publicado el pasado 3 de julio por el The Daily Beast, bajo el título, “Yuge, ofertas históricas en la tienda de regalos Rushmore de Trump”, detalla la carrera de Trump por la presidencia de los Estados Unidos. El 4 de julio, ha estado marcado por dos días de fiesta nacional decretados por Trump, mientras los casos de COVID-19 van en un ascenso imparable y los disturbios en varios lugares del país sirven como fuegos artificiales que acompañan la fiesta. El inquilino de la Casa Blanca ha cumplido con su promesa, el  «Saludo 2020, el más grande en la memoria reciente».

El fin de semana del 4 de julio comenzaba el viernes 3 de julio, en los terrenos sagrados de los nativos americanos de Black Hills con una potente “exhibición de pirotecnia frente a las caras de granito de 60 pies de los presidentes George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y Theodore Roosevelt”. La pirotecnia de Trump acabó con “la prohibición de 10 años del uso en el parque de fuegos artificiales peligrosos para el medio ambiente”. La campaña de Trump por la presidencia ha comenzado y qué mejor que el Monumento Nacional Mount Rushmore y el National Mall.

El presidente Donald Trump dedicó su discurso, tal como lo señala, Bob Eckstein, “no para unir al país para el Día de la Independencia, sino para tratar de ser dueño de las librerías que cuestionan las estatuas confederadas que él considera vitales para la cultura estadounidense”.  Trump ha definido a sus enemigos para la campaña, por un lado la “extrema izquierda” que propicia la “revolución cultural” que esta “diseñada para derrocar a la Revolución Americana». Por otro lado, China, responsable del “virus chino”, señalando por Trump, inicialmente que “China dijo en algún momento que el coronavirus lo causaron soldados estadounidenses y eso no vamos a permitirlo» y terminaba de añadir, “viene de China”. Pero más allá de señalar la responsabilidad de China sobre el Corovirus, Trump sigue enfocando en los trabajadores estadounidense la idea que los costos de la relación comercial con China la siguen pagando los propios trabajadores.

Trump prepara a sus seguidores para la batalla que los “buenos americanos” están por librar: «Al igual que lo hicieron los patriotas en siglos pasados, el pueblo estadounidense se interpondrá en su camino, y ganaremos, y ganaremos rápidamente», ha señalado ante la misma audiencia que salió corriendo a comprar detergente y desinfectante para combatir el Coronavirus por recomendación del inquilino de la Casa Blanca. “Su objetivo no es una América mejor. Su objetivo es acabar con Estados Unidos «, señalando Trump, a la “izquierda radical «que está dispuesta a » adoctrinar a nuestros hijos», referenciando a los hijos de los trabajadores. La lucha entre el bien y el mal, una especie de Darth Vader reconvertido: «No seremos tiranizados, no seremos degradados, no seremos intimidados por personas malas y malvadas», término por precisar Trump.

Para el gran gurú del reality show, Donald Trump, el candidato demócrata Joe Biden, no es rival, aunque las encuestas lo den como un serio contendor y algunas incluso le adjudiquen una ligera ventaja, la campaña diseñada por el propio Trump y su yerno, define a los manifestantes y activistas de Black Lives Matter que han aupado la quema de varios monumentos estadounidenses (figuras de la historia confederadas, supremacistas blancas y propietarias de esclavos, derribados y destruidos para siempre) como sus genuinos rivales a derrotar. «Las turbas enojadas están tratando de derribar las estatuas de nuestros fundadores», repite Trump ante la multitud, de mayoría clase trabajadora blanca conservadora, erigiéndose como el estadounidense llamado a preservar el legado de los “padres fundadores”, “America First”, nuevamente se levanta como consigna para la batalla.

“Ley y Orden”, son las principales promesas en la campaña diseñada para mantener el poder. La defensa de la estatua como una piedra angular de su intento por la reelección, la razón moral que sustentan sus promesas, entre ellas, la creación de un «jardín nacional de héroes estadounidenses», una especie de parque al aire libre que albergará estatuas de «los mejores estadounidenses que jamás hayan vivido».

El discurso de Trump llega en un momento en que se ha inclinado fuertemente por hacer campaña en terreno de la guerra cultural, como parte de un esfuerzo por salvar su campaña de reelección, donde las encuestas, incluidas las que proporcionan los datos internos de la campaña de Trump, han  demostrado que Biden disfruta de una ventaja.

Dos personas cercanas al presidente, a quienes The Daily Beast hizo referencia a principios de esta semana, creen que concentrar tanto tiempo y recursos en estatuas, confederados u otros, no ayudará a revivir su campaña ni ayudará a cerrar la brecha con Biden. Una de las fuentes consultadas dijo que ya le habían dicho al presidente en los últimos días que hacer de la defensa de la estatua una piedra angular de su intento de reelección, con todo lo demás en curso, era una «distracción», “y no el problema que haría mover y mantener el voto necesario” en su base electoral, de cara a las elecciones en noviembre.

A pesar de los comentarios, la misión para los republicanos alrededor de Trump está clara: «preservar el estilo de vida estadounidense»: familia, religión, educación y comunidad. Tal como afirma, Thomas Klingenstein, un republicano de pura cepa: “…para preservar el estilo de vida estadounidense, también debemos enfrentar la tiranía de la corrección política. Si bien son exquisitamente sensibles a sus demandas, los republicanos no identifican públicamente la corrección política como un problema, y ​​mucho menos el problema. De hecho, ningún republicano, aparte del presidente Trump, está haciendo campaña contra la corrección política. Esto debe cambiar, para que no perdamos el sueño americano”.

No nos apuremos entonces a descartar que Trump mantenga la presidencia, el más yanqui de los yanquis, Reagan de nuestros tiempos, está en plena campaña. Veremos en otra entrega de “Descifrando en Rojo y Negro”, de qué está hecho Biden para que cuente como opción de triunfo y empiecen a sudar los que piensan que con un demócrata como Biden estaremos mejor.

Terminemos este artículo como empezamos, recurriendo al veguero que le preguntan: “Compadre: ¿Trump o Biden?“ Y éste le contesta: “!Compadre¡  “Ahora cuando la paja pica y el gamelotal florea”, terminando el veguero de hablarle calladito al compadre: “Alpargata no es zapato ni cabuya correa”.

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