Mejor el original que una reproducción (2)

Una breve advertencia: si usted quiere enterarse del planteamiento de fondo del irracionalismo alemán, lea al millonario Arthur Schopenhauer, pero hay dos problemas muy serios con él: 1) Expuso su “único pensamiento” en un libro de más de 1.000 páginas, titulado “El Mundo como voluntad y representación”, y lo primero que recomienda a quienes quieran entenderlo es que lo «lean dos veces”¡Ni en cuarentena!, y 2) Su misoginia es peor que la de Kant y mucho más explícita. En cambio, Nietzsche se puede leer por pedacitos, a ratos, según el estado de ánimo y por su estilo de “guerra relámpago” uno siempre tendrá la duda sobre si entendió lo que quiso decir o si lo que escribió no fue lo que dijo o todo lo contrario.

Las bolitas de chocolate son de chocolate

¿Cómo concibe Nietzsche la democracia? Cualquiera que ella sea, pero en especial la liberal burguesa que estaba imponiéndose en Europa, es “La forma de una decadencia del Estado, de una degeneración de la raza, de un predominio de los malogrados, [es una conjura instintiva] en beneficio de la conservación y elevación de todo lo débil, lo desanimado, lo fracasado, lo mediocre, lo malogrado a medias”.

¿Y qué piensa de las mayorías trabajadoras? Son súbditos sin derechos políticos y aunque la democracia burguesa se los reconozca: “como especie igualada, este hombre inferior encuentra su justificación cuando se pone al servicio de un tipo superior, soberano para que pueda cumplir su misión”. ¿Y cuál es el papel de los hombres inferiores? Producir lo necesario para la raza superior logre su finalidad. ¿Y en qué condiciones lo harían?:

“Para que exista el fundamento de un gran desarrollo artístico, la inmensa mayoría tiene que ser sometida, mediante la esclavitud, al servicio de una minoría, tomando como criterio su necesidad individual, más allá de la necesidad de vivir”.

Que quede claro, no estoy afirmando que Nietzsche sea el precursor del nazismo y que Hitler tuviera como libro de cabecera “Así habló Zaratustra”, sino que con él pasa lo mismo que con la bolitas de “chocolate” que vende un buhonero: desde lejos parecen, tienen la  textura, huelen y saben a chocolate, ¿Por qué dudar de que son de chocolate? No puedo. Tampoco afirmo que ese fuera el libro de cabecera de Hitler, porque sé que era “El Judío Internacional”, de Henry Ford, pero ¿Cómo negar que el mundo que Nietzsche imaginaba, si se pusieran en práctica sus ideas, coincide con el mundo que trató de construir Hitler?

Por ejemplo, propone la creación del “nuevo partido de la vida”, que ejercerá la “gran política” que consiste en seleccionar y formar la “raza superior”, no sólo mediante la educación, sino también utilizando las técnicas experimentales que la biología de Lamarck sostenía sobre la herencia de los rasgos adquiridos: “…esos procesos naturales de la selección del hombre,[…] podrían ponerse en manos de los hombres; y la antigua torpeza de las razas, de la lucha de razas, de la fiebre nacional y de la rivalidad entre las personas podría, al menos en los experimentos, ser comprimida en poco tiempo. ¡Todas las partes de la tierra podrían dedicarse a la experimentación consciente! [el] nuevo partido de la vida […] tiene en sus manos la más grande de todas las tareas, la selección superior de la humanidad, incluida la inexorable aniquilación de todo lo degenerado y parasitario…”

“Todas las partes de la tierra”, ¿Cómo lograrlo? Habrá que esperar a Hitler para que lo responda. Y Nietzsche sustentaba su propuesta en estos argumentos:

“Los fuertes del futuro: Las condiciones para la creación de una especie más FUERTE, que aquí y allá se han logrado en parte por necesidad, en parte por azar, las podemos comprender y QUERER ahora conscientemente: podemos generar las condiciones que hagan posible tal elevación”.

“Habría que plantear semejante tarea cuando se comprendiera mejor en qué sentido la actual forma de sociedad habría de sufrir una profunda transformación hasta el punto de NO PODER YA EXISTIR POR ELLA MISMA: sino sólo como medio en manos de una raza más fuerte”.

“El creciente empequeñecimiento del ser humano es justamente lo que impulsa a pensar en la cría de una RAZA más FUERTE: que sería rica justamente en aquello en lo que la especie empequeñecida sería cada vez más débil (voluntad, responsabilidad, seguridad en sí mismo, capacidad de proponerse finalidades) La IGUALACIÓN del hombre europeo es el gran proceso que no debe detenerse: es más, se debería acelerar” (las mayúsculas son de Nietzsche)

Estos fragmentos fueron escritos en 1887, 3 años antes de morir y 46 antes de que Hitler tomara el poder como líder de un “nuevo partido” que intentó “acelerar la cría de una RAZA más FUERTE: rica justamente en aquello en lo que la especie empequeñecida sería cada vez más débil (voluntad, responsabilidad, seguridad en sí mismo, capacidad de proponerse finalidades)”, para lo que utilizó los conocimientos científicos biológicos disponibles en experimentos con seres humanos y exterminó a más de seis millones que consideraba obstáculo para lograr su fin.

Como educador, me pregunto, ¿Por qué cala tan fácilmente este pensador entre los jóvenes –y no tan jóvenes- en nuestras sociedades periféricas? ¿Por qué su culto como el de un “muerto milagroso” en nuestras comunidades académicas de filosofía?

Como su lectura es descontextualizada, les parece que Nietzsche dice las cosas que el individuo liberal –egoísta y posesivo-, quiere escuchar para alimentar su ego y fortalecer falazmente su seguridad como ser “autónomo e independiente de todo compromiso ético”, como lo afirma _Wida Rivalier von Mysenbug_, amiga del susodicho: “El yo de Nietzsche es la negación de toda ética, porque no es otra cosa que el YO en su separación impotente, el egoísta, no importa cuán talentoso sea ese ego”

Desde la propia perspectiva nietzscheana, quienes lo admiran y sacralizan son los inseguros que buscan un guía que les facilite su igualación mental con los “fuertes”. Con otras palabras, Nietzsche es el pensador de los débiles.

Para finalizar esta contra clase, le pregunto a las y los venezolanos “exégetas inocentes” de Nietzsche: ¿Les da igual vivir en una democracia participativa y protagónica que en un régimen aristocrático gobernado por una “raza superior”? Y si esos exégetas se dicen “intelectuales de izquierda” ¿Por qué promueven entre las y los jóvenes de un país neocolonizado y asediado por el imperialismo, la lectura acrítica y elogiosa de un enemigo mortal, convencido y confeso, de la democracia, del socialismo y de toda utopía igualitaria y libertaria? ¿Será la presión del eurocentrismo mental que impulsa su inútil y tramposa ofuscación por ser como ellos?

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