Lula renace en Nuestra América, la “fe está viva y sana”.

Por Miguel Ernesto Salazar

“O amor é que não se detém ante Nenhum obstáculo, e pode mesmo existir até quando não se é livre. E no entanto ele é em si mesmo a expressão mais elevada do que houver de mais livre em todas as gamas do sentimento humano.

É precis não ter medo, É preciso ter a coragem de dizer”.

Rondó da Liberdade de Carlos Marighella

“¡Luiz Inácio da Silva es el nuevo presidente de Brasil! La victoria de Lula representa la reanudación de la esperanza para el pueblo brasileño. Nuestra lucha continúa. Construyamos el #BrasilDaEsperanca,” entrada la noche de este domingo 30 de octubre, un tuit del Movimiento Sin Tierra daba cuenta de la extraordinaria victoria de Lula.

Sobre 213.993.441 brasileños y brasileñas, 156,4 millones están habilitados para ejercer el derecho al voto. 124.252.796 votantes concurrieron a la Segunda Vuelta para definir al próximo presidente del gigante del Sur, lo que significó un 79,41% de Participación. 32.200.558 se abstuvieron, lo que representa el 20,59% del electorado. 60.345.999 votos, el 50,90% fue para Lula Da Silva, 3.086.495 de votos más de lo alcanzado durante la Primera Vuelta. Jair Bolsonaro, el actual presidente, obtuvo 58.206.354 votos, un 49,10% del padrón electoral, 7.134.009 más de lo logrado en Primera Vuelta. El total fue 118.552.353 votos válidos escrutados, 3.930.765 de votos nulos y 1.769.678 de votos en blanco.  

Un interesante artículo del compañero argentino Fernando Esteche, publicado por el portal Pia Global, sitúa lo dramático de este triunfo logrado contra el fascismo en la región: “Lo cierto es que Brasil ha quedado partido en dos en cuanto a proyectos políticos. Lo dijo Lula en su discurso de consagración; se enfrentaron dos proyectos y los dos fueron votados por la mitad de la población, número más numero menos. Brasil ha consolidado una derecha pentecostal y pretoriana, con un amasijo ideológico que podríamos definir como fascismo social tomando la definición de Boaventura de Souza Santos.

Lula no la tendrá nada fácil, como señala Fernando, hay una “derecha firme y bestial que enfrenta no una izquierda con los mismos atributos sino una alianza electoral híbrida que articula intereses contrapuestos” y que tratará de quitarse el golpe recibido durante los meses que quedan para la toma oficial de la presidencia de Lula. Recordemos que el actual Congreso de Brasil está dominado por fuerzas conservadoras encabezadas por el partido de Bolsonaro, el Partido Liberal (PL). No olvidemos que al Congreso logró entrar Sérgio Moro, el falsario que llevó a Lula a prisión.

El silencio de Bolsonaro tras la derrota es un síntoma de lo que está por venir (aún su breve 5 minutos de intervención del día martes es un silencio pensando en el futuro), un recuadre a lo interno de las fuerzas conservadoras para hacer inviable la gobernabilidad del abanderado del Partido de los Trabajadores (PT), no sería extraño escuchar a Bolsonaro repetir las palabras de Capriles en Venezuela sobre “drenar la arrechera”, algo así como un “despejava a sua zangado” o un llamado tipo Donald Trump “Nunca tendré miedo de desafiar a este presidente ilegítimo”. Tengamos en cuenta, el bolsonarismo fue derrotado en una circunstancia muy específica, lejos está aún de ser liquidado políticamente, incluso la demostración de movilización en el cierre de vías a lo largo y ancho de la tierra de Tiradentes es una muestra que el bolsonarismo no se reduce a las cuatro paredes del Congreso Nacional de Brasil. Jair Bolsonaro seguirá disputando la hegemonía del poder tanto como Trump lo hace en los Estados Unidos.

Sobre el panorama, los retos y desafíos que se enfrenta Lula, un tuit del Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, publicado en su cuenta “@PrensaPEsquivel”, también nos da luces al respecto: “¡Ha vuelto la esperanza a Brasil! Felicitaciones hermano pueblo de Brasil y querido compañero @LulaOficial. El fascismo ha sufrido una dura derrota, debemos fortalecer nuestras democracias priorizando a los más vulnerables, nuestra soberanía e integración regional. #LulaPresidente”. Pérez Esquivel señala tres puntos que a nuestros entender no solo constituyen los grandes desafíos de Lula sino del universo de gobiernos “progresistas” que han llegado al poder los últimos dos años de la mano de las grandes movilizaciones del pueblo, en su rechazo a la fauna neoliberal que ha tratado de torcer las políticas de integración con la mirada puesta en el Sur y de las políticas que dan participación y protagonismo al pueblo.

Veamos tan solo uno de estos temas: la pobreza y la desigualdad. En septiembre de este año, fue publicado el 9no. Boletín de Desigualdad en las Metrópolis de Brasil, datos hasta el 2021, el 23,7 por ciento de los habitantes de las 22 principales ciudades de ese país vivía en situación de pobreza. La pobreza extrema, alcanzó en 2021 el récord de 5.3 millones de personas (6,3 por ciento).

Un titular del portal de noticias “France 24”, “Brasil: el número de personas que pasan hambre se ha duplicado en los últimos dos años”, recogía los resultados de la Encuesta Nacional sobre Inseguridad Alimentaria en el Contexto de la Pandemia de la Covid-19 en Brasil, llevado a cabo por la Red Brasileña de Investigación en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Rede PENSSAN). El estudio fue hecho con base a 2.180 hogares, una muestra representativa de la población general brasileña. Las entrevistas fueron realizadas presencialmente del 05 al 24 de diciembre de 2020, con mujeres y hombres residentes de 1.662 hogares urbanos y 518 hogares rurales. Sobre el particular veamos el siguiente fragmento del informe: “55,2% se encontraban en Inseguridad Alimentaria – Inseguridad alimentaria es cuando alguien no tiene acceso pleno y permanente a alimentos-; 9% convivían con el hambre, es decir, estaban en situación de Inseguridad Alimentaria Grave, siendo peor esta condición en los hogares del área rural (12%). Del total de 211,7 millones de brasileños y brasileñas, 116,8 millones convivían con algún grado de Inseguridad Alimentaria, de los cuales 43,4 millones no tenían alimentos en cantidad suficiente y 19 millones de brasileños y brasileñas enfrentaban el hambre”.

La Fundación Friedrich Ebert (Alemania) realizó la siguiente observación sobre dicho estudio: “El hambre es una de las representaciones más crueles de la injusticia social y sabemos que golpea con más fuerza a los sectores históricamente marginados de la sociedad (…) Es alarmante que la situación de inseguridad alimentaria grave y el hambre hayan vuelto a los niveles de 2004”. Y la ONG “Oxfam Brasil”, apuntaba lo siguiente: “En 2014, Brasilcelebró su salida del Mapa del Hambre elaborado por la FAO-ONU. Esta fue una victoria de la combinación de políticas públicas, consejos de seguridad alimentaria activos y participativos en diferentes niveles de gobierno y los esfuerzos de la sociedad civil brasileña en la lucha por el derecho humano a la alimentación y la nutrición. Siete años después, y sobre todo en los últimos años, crece el número de personas y familias que se enfrentan al hambre, y el agravamiento de los indicadores de seguridad alimentaria y nutricional en el país, ambos derivados del desmantelamiento de las políticas y consejos que se habían convertido en una referencia internacional para combatir al hambre”.

Otra trabajo realizado por la misma ONG “Oxfam Brasil”, sobre la desigualdad en uno de los países más desiguales del mundo, titulada “Nós e as Inequaldades”, una encuesta que se realizó sobre un universo de 2.079 personas, a nivel nacional, en 130 municipios pequeños, medianos y grandes, incluidas metrópolis y ciudades del interior. El período de aplicación de las entrevistas fue del 7 al 15 de diciembre, siendo la última encuesta presencial realizada en 2020, año de la pandemia. Algunos datos que arroja la investigación: “El 84% está de acuerdo con aumentar los impuestos a las personas más ricas para financiar políticas sociales en Brasil. El 86% dice que el progreso en Brasil está condicionado a la reducción de la desigualdad entre ricos y pobres. El 67% está de acuerdo en que ser mujer tiene un impacto negativo en los ingresos. El 56% está de acuerdo con subir los impuestos a todos en el país para financiar políticas sociales. El 78% de los encuestados está de acuerdo en que la justicia es más dura con los negros. El 76% cree que el color de la piel influye en la contratación por parte de las empresas en Brasil. Y El 62% de los brasileños cree que tener acceso a la salud es una de las tres prioridades principales para una vida mejor, junto con el “estudio” y la “fe religiosa”.

Un fragmento del discurso de Lula da Silva tras el triunfo publicado por Portal Alba es aleccionador para entender las prioridades del nuevo gobierno electo: “El pueblo brasileño demostró hoy que quiere algo más que el derecho a protestar porque tiene hambre, porque no hay trabajo, porque su salario es insuficiente para vivir con dignidad, porque no tiene acceso a la salud y a la educación, porque le falta un techo sobre sus cabezas para vivir y criar a sus hijos en seguridad, porque no hay perspectiva de futuro. El pueblo brasileño quiere vivir bien, comer bien. Quiere un buen trabajo, un salario que siempre se reajuste por encima de la inflación, quiere tener salud pública y educación de calidad. Quiere libertad religiosa. Quiere libros en lugar de armas. Quiere ir al teatro, ver el cine, tener acceso a todos los bienes culturales, porque la cultura alimenta nuestra alma.”.  Y más adelante agrega sobre cual modelo trabajar para devolverle al pueblo de Brasil la esperanza: “Y es esta democracia la que buscaremos construir cada día de nuestro gobierno. Con un crecimiento económico compartido entre toda la población, porque así debe funcionar la economía, como instrumento para mejorar la vida de todos, no para perpetuar las desigualdades”.

Un estudio del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), nos levanta la mirada sobre el resto de la región para ver el bosque en toda su complejidad: el coeficiente de Gini del ingreso per cápita familiar en la región se ubicó en 46.8% en el 2020. Otro informe pero esta vez de la CEPAL con proyecciones al 2022, nos señala: “…se prevé un crecimiento anual promedio del PIB de 1,8% en 2022, con una tendencia a regresar al lento patrón de crecimiento de 2014-2019 de solo 0,3% promedio anual. La inflación regional, que sigue la tendencia mundial, pasará de 6,6% en 2021 a 8,1% en 2022, señala el informe. La pobreza aumentaría de 29,8% en 2018 a 33,7% en 2022 y la pobreza extrema se incrementaría de 10,4% en 2018 a 14,9% este año. Esto implica que 7,8 millones de personas estarán en riesgo de caer en inseguridad alimentaria, cifra que se sumaría a los 86,4 millones que actualmente se enfrentan a esta situación en la región”.  70 millones de latinoamericanos vivían en el 2020 en situación de extrema pobreza, 187 millones en situación de pobreza. 33.4% de los hogares con niños, niñas y adolescentes en Latinoamérica no estaban cubiertos en el 2020 por ninguna prestación de protección social.

Sobre esta complejidad no tardaron, tras el triunfo de Lula en Brasil, en teñir el mapa de América Latina de rojo. Esto como una clara demostración del avance de gobiernos “progresistas” en los últimos años, incluyendo a Chile y Perú. En el Sur algunas manchas azules como Ecuador, Uruguay y Paraguay dan a entender para un sector de la izquierda que vamos por buen camino. Pero aquí radica precisamente el desafío de esta nueva “ola progresista”.  Los 58.206.354 votos a favor de Jair Bolsonaro, por ejemplo, muestra que no es fortuito, como tampoco lo es que del otro lado del Atlántico, en la vieja Europa, que los gobiernos y sus sociedades giren lentamente hacia posiciones cada vez más conservadoras. Demos tan sola una mirada sobre Italia donde Giorgia Meloni (extrema derecha) logro ascender al poder en un país donde en el 2020 la pobreza relativa comprendía 2,9 millones de hogares según datos del Instituto Nacional de Estadística (ISTAT).  Cabe aquella idea del Comandante Fidel lanzada al Comandante Chávez, “En Venezuela no hay 4 millones de oligarcas, no hay 5 millones de oligarcas…”  ¿Existen 58.206.354 millones de oligarcas en Brasil alineados con Bolsonaro? ¿Cuántosde los pobres de América Latina, en algún momento, han abrazado la idea conservadora para salir de la pobreza? Por qué no pensar mejor que un porcentaje de los pobres ha dejado de ver a la izquierda como una alternativa, esto si alguna vez fue así. Cómo explicar, por ejemplo, lo que acontece en Chile y Perú, por citar solo algunos ejemplos o cómo descifrar lo que piensa el habitante de Villa Lugano, Villa Soldati y Villa Riachuelo, de la política económica adelantada por el gobierno argentino de Alberto Fernández.

En una entrevista hecha recientemente al Pepe Mujica por la BBC, ante el interrogante del periodista “Una vez que asuma Lula, la gran mayoría de América Latina va a estar bajo gobiernos de izquierda. ¿Es posible que se articule una agenda en común entre estos gobiernos?”, el Pepe deja caer una carga de profundidad: “Ese es uno de los puntos débiles. Tenemos que dejarnos de joder de izquierda y de derecha en América Latina y tener capacidad para juntarnos con lo que hay. ¿Para qué? Para defendernos. Si no, somos boleta del mundo rico. Si andamos esperando a concordar cien por ciento, nos vamos juntar en el año del golero. Por lo tanto, tenemos que tener una gran paciencia estratégica y juntarnos con el que se descuide. Porque si el capital ha sido relevante para el desarrollo, de aquí en más cada día lo será más el conocimiento. Y eso depende de la calidad intelectual que tengan las nuevas sociedades”.

La agenda para la Región pareciera estar clara a partir del triunfo de Lula; sostener un modelo democrático alternativo donde la inclusión y la participación popular sea un factor común –“Sólo el pueblo salva al pueblo”- y la construcción de un Bloque Regional que siente las bases del desarrollo “más allá del capital” para ganarle el pulso a la pobreza y cerrar la brecha de la desigualdad, de “superar la lógica del funcionamiento del capital, su metabolismo y el orden social impuesto por el capital” desde el protagonismo del pueblo latinoamericano que asuma el cambio de época, una marcada por la transición al socialismo .

Finalmente, mientras se escribía este trabajo una canción de fondo con la voz de Caetano Veloso y Gilberto Gil nos recordaba donde corre la fe y la esperanza del pueblo de Brasil, que nos invita a ver en Nuestra América que la “fe está viva y sana”…“Que la fe está en la mujer / La fe está en la serpiente de coral / ay ay / en un trozo de pan / La fe está en la marea / En la hoja de una daga / ay ay / En la luz, en la oscuridad / Camina con fe lo haré / Que la fe no suele hablar (olêlê) / Camina con fe lo haré / Que la fe no suele hablar / Hola a todos / Camina con fe lo haré / Que la fe no suele hablar / Oh chica / Camina con fe lo haré / Que la fe no suele hablar / La fe es en la mañana / Fe’ es al anochecer / ay ay / en el calor del verano / La fe está viva y sana”.

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