Los bachilleratos populares en Argentina: apretada historia de la educación popular

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

En esta oportunidad desde “Al pie de la bailarina” queremos aproximarnos a otro de los sentidos que vamos dibujando para el espacio, intercambiar prácticas de trabajo territorial desde la base con el vínculo propio de la acción transformadora revolucionaria, lo que me llevó a pensar la experiencia del Bachillerato Popular “La Pulpería” ubicado en el barrio porteño de La Boca y perteneciente a la red de bachilleratos populares del Movimiento Popular La Dignidad. Ahora bien, la indefectible muestra de un proceso donde está presente la educación popular en la Argentina, conduce a dividir el recorrido en dos entregas, el primero hoy presente, haremos el marco histórico, y si la pandemia nos lo permite terminaríamos la próxima semana con el testimonio de una compañera docente del “bachi” con la cual conversamos sobre su experiencia y sentidos políticos del espacio educativo barrial.

La Argentina cuenta con un largo recorrido histórico en torno a la educación popular que se remonta a los propios orígenes del movimiento obrero en este país a finales del siglo XIX; los trabajadores anarquistas, socialistas y comunistas tempranamente crearon centros de formación y capacitación que con el tiempo dieron paso a escuelas populares autogestionadas por las organizaciones obreras. Estos espacios educativos parten de la necesidad de asumir la educación para los trabajadores y sus familias por la ausencia de posibilidades de acceso a las escuelas formales en un sistema educativo que recién se estructuraba sin contemplarlos como posibles beneficiarios de algún derecho al estudio. En el transcurso de unas décadas se fueron gestando escuelas de niños, jóvenes y adultos para las familias trabajadoras, estos espacios educativos alternativos existieron dotados de una impronta que les presentaba como opciones a la educación elitista propuesta por el sistema capitalista (Ampudia & Elisalde, 2015). Algunos ejemplos de estas escuelas fueron las llamadas escuelas racionalistas y las escuelas libertarias; en un ejemplar del periódico anarquista La Protesta de mayo de 1904, se da cuenta de la creación del Grupo de Enseñanza Popular Compañeros Unidos el cual propone una enseñanza para los niños  “…genuinamente libre: es decir quedará al arbitrio de los alumnos aprender lo que deseen. La enseñanza será integral en lo posible…” (Herrera, 2009),  más tarde, en 1938, llegó incluso a constituirse la Universidad Obrera de Argentina por el sindicato de la construcción de la Capital Federal (Weinberg, 2020) en plena década infame.

Esto va apuntalando una subjetividad en los sectores de trabajadores clasistas, agrupados en diferentes expresiones organizativas (sindicatos, mutuales, agrupaciones, movimientos y partidos), con lo educativo como parte de una necesidad insatisfecha o componente de la estrategia de lucha contra el capital. El advenimiento del peronismo colocó la educación de los trabajadores en la agenda de gobierno, creando políticas públicas que ampliaban el campo educativo. Los obreros lograron centros formativos integrales en los propios lugares de trabajo, las escuelas fábricas (Peronismo y Educación: Las escuelas fábricas, 2010) son ejemplo de ello, donde se perseguía armonizar saberes técnicos, políticos y de organización social; agrego como otro interesante dato la creación de la Universidad Obrera Nacional en 1948.

Sin embargo estos esfuerzos no vieron una cristalización en el orden de integrar, al menos en parte, la reflexión del asunto pedagógico transformador y contrahegemónico a las políticas del sistema educativo, debido a la intensa represión desatada posterior al golpe de Estado de 1955 que pone fin al gobierno del general Perón.

Es ya para la segunda mitad de los años sesenta cuando la educación popular se nutre de nuevas reflexiones y prácticas cuestionadoras del proceso educativo, debido al pujante influjo de la figura de Paulo Freire (Brasil 1921-1997); allí la educación popular se ve fortalecida con el carácter y sentido de resistencia contra las dictaduras y una politicidad propia del compromiso militante que busca educar como parte integral de los procesos de organización popular. Es un esfuerzo pedagógico que incursiona en prácticas desde el cuestionamiento de las condiciones de dominación, que denuncia la función reproductora de valores propios de los intereses del capital en detrimento de los sectores populares y ve en el conocimiento una fuente de poder, por lo cual hacerse de las herramientas de ese poder es una acción subversiva, revolucionaria y liberadora. Las organizaciones políticas y populares incorporan cada vez más entre sus líneas de trabajo territorial la alfabetización de jóvenes y adultos de las villas y asentamientos, con perspectiva de construcción organizativa, pero también para suplir el abandono por parte del Estado. Este accionar militante se vigoriza aún más durante el periodo de la última dictadura militar entre 1976 a 1983, dando cuenta además de la valentía de les militantes populares y su compromiso con la soberanía y liberación nacional.                

La presidencia de Carlos Menen restablece con mayor profundidad el camino neoliberal iniciado por el terrorismo de Estado, ralentizando la acción estatal en materia educativa, generando una mayor exclusión del sistema. Con el protagonismo de los movimientos sociales, como los movimientos de desocupados, toman nuevamente necesidad y cuerpo las expresiones en el campo de la educación popular para hacer frente a las reformas educativas, cubrir el repliegue del Estado y reivindicar la tradición histórica de les trabajadores en el reclamo por una educación de funcionamiento democrático.

El año 2001 registra la manifestación de la crisis social que arropa a la Argentina quedando al descubierto el enorme deterioro socio-económico producto de la oscura década neoliberal; es allí cuando iniciativas desde fábricas recuperadas por les trabajadores como IMPA, cooperativas de educadores, movimientos de desocupados, sindicatos, organizaciones estudiantiles de las universidades públicas, grupos de profesionales y organizaciones políticas del campo de la izquierda y el peronismo popular desarrollan iniciativas como los Bachilleratos Populares, con la finalidad de incorporar a la educación a la población pobre expulsada del sistema educativo durante los años del auge neoliberal, y además suma prácticas pedagógicas inspiradas en la formación de sujetos críticos comprometidos con la transformación de la realidad social.

Es una tarea que se despliega a nivel territorial en dos planos entrelazados, crear centros educativos autogestionados que enfrenten la exclusión educativa al tiempo que buscan concientizar y contribuir a la organización de los sectores populares.

Se manifiesta una praxis pedagógica donde el hacer político y el hacer formativo hacen presencia en un mismo proceso que se vincula con el accionar de los movimientos sociales, las propuestas de la educación popular y fundamentalmente las freireanas son llevadas a los modos de hacer política que reside en los movimientos sociales, están presentes no solo en la educación primaria y secundaria popular, sino que pretenden tomar también las capacitaciones y talleres de oficios, así como cualquier espacio de formación del ámbito del despliegue territorial de las organizaciones.

Esto hace que no se pueda escindir los espacios educativos como los Bachilleratos Populares del movimiento social u organización política que los crea, impulsa o sostiene, en la mayoría de los casos presentan cierta autonomía pero no dejan de representar la territorialidad que habitan, disputan y practican los propios movimientos; lo cual manifiesta una extensión del espacio de lucha con el gobierno y con otros actores comunitarios, de igual manera que pueden dar luces de las visiones sobre lo social y las formas de enfrentar las desigualdades sociales producto de la hegemonía del capital.

El entender a los participantes del hecho educativo, la/os alumna/os y la/os docentes como sujetos políticos activos en la transformación social, actores intervinientes de la construcción política en la comunidades se presenta como una de las características principales de los “bachis”, sin olvidar la función inclusiva que cumplen para quienes acuden a sus ambientes. Otro aspecto interesante lo constituye que, a pesar de lo señalado arriba, los “bachis” son espacios donde se expresa un proceso de constante construcción pedagógica, frecuentemente con relativa independencia a las estructuras de las que responden de forma orgánica.

Como cierre de este recorrido punteamos que en la actualidad existen, con reconocimiento oficial y condición de emitir títulos oficiales a sus egresada/os, noventa y ocho (98) “bachis”, que se agrupan en tres espacios de articulación, la Red de Bachilleratos Populares, la Coordinadora de Bachilleratos Populares en Lucha y Batalla Educativa, lugares surgidos debido a las discrepancias existentes fundamentalmente en torno a la relación con el Estado.

Trabajos citados

Ampudia, M., & Elisalde, R. (2015). Bachilleratos Populares en la Argentina: movimiento pedagógico, cartografía social y educación popular. Obtenido de http://www.polifoniasrevista.unlu.edu.ar/sites/www.polifoniasrevista.unlu.edu.ar/files/site/7%20-%20Ampudia.pdf

Herrera, D. (2009). Escuelas Libertarias en la Argentina. Obtenido de https://www.aacademica.org/000-089/15.pdf

Peronismo y Educación: Las escuelas fábricas. (2010). Obtenido de https://es-es.facebook.com/notes/per%C3%B3n-juan-domingo/peronismo-y-educaci%C3%B3n-las-escuelas-f%C3%A1bricas-primera-parte/10150095508983496/

Weinberg, D. (2020). Mario Bunge y la Universidad Obrera Argentina: Reconocimiento a un pionero de la educación de los trabajadores organizados. Obtenido de https://www.relatsargentina.com/documentos/RA.1-EyT/RELATS.A.Educacion.Hist.PDWeinberg.abril.pdf

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