Las Comunas, espacio revolucionario

Por Ángel C. Colmenares E

STRATEGIC CULTURE FOUNDATION

Creemos que, desde nuestra perspectiva nacional y partiendo de las metas señaladas por el Comandante CHÁVEZ en su programa original, la sola lectura del material escrito por Wayne MADSEN nos debería  obligar a reflexionar y establecer algunas comparaciones, por lo cual nuestro comentario se limitará a reproducir parte de la justificación teórica y política que el asesinado líder hizo de las Comunas; y a citar el ejemplo que uno de los más firmes combatientes proletarios expuso acerca de la diferencia fundamental entre el socialismo revolucionario cuyo fin es derrocar al capitalismo y la socialdemocracia cuya existencia se basa en preservar al capital, para lo cual nunca ha dudado en colaborar y/o aliarse con el fascismo.

CHÁVEZ y su Programa original: “No nos llamemos a engaño: la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista. Ciertamente, el socialismo apenas ha comenzado a implantar su propio dinamismo interno entre nosotros. Éste es un programa precisamente para afianzarlo y profundizarlo; direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo.

Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Esto pasa por pulverizar completamente la forma de Estado burguesa que heredamos, la que aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas, y darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política.”

MATTICK y las limitaciones socialdemócratas y reformistas:

“Cualesquiera que sean las maneras con las que el Estado interviene en la esfera de producción y las razones por las cuales se decide a hacerlo, lo hace en vistas a sostener la producción de capital privado, no en vistas a abatirlo. En teoría, ciertamente, las cosas pueden marchar de otro modo.

No queda completamente excluido, por ejemplo, que en una «democracia», un gobierno acceda al poder sobre la base de un programa de nacionalizaciones más o menos extensas. Este gobierno, dada la identidad entre capitalismo y propiedad privada de los medios de producción, sería un gobierno revolucionario, anticapitalista. Si pretende realizar su programa, deberá sustituir el sistema de mercado por un sistema que se base en la planificación efectiva y centralizada de la economía, permitiéndole repartir por sí mismo los recursos productivos y organizar la producción y la distribución en un cuadro no competitivo. Para los capitalistas, unas medidas de este orden significarían la muerte, y sería bastante inconcebible que se resignasen a ello sin resistencia incluso activa”.

Paul MATTICK. «`“Los límites de la integración: el hombre unidimensional en la sociedad de clases”«`, 1969. INTEGRACIÓN CAPITALISTA Y RUPTURA OBRERA, Laia/Paperback, Barcelona, 1978, página 208.

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