La Revolución Rusa de 1917.

Por Dario Di Zacomo (Desde Buenos Aires, Argentina).

Pocos niegan el impacto que la revolución Rusa de 1917 tuvo sobre el mundo, claro está que las miradas son múltiples y están signadas de entrada por las fuentes ideológicas que nutren el alma humana. Su recuerdo puede ser  medido de forma dualista, quienes sonríen ante la imagen de una muchedumbre tomando el palacio de invierno de los zares y quienes, por otra parte, se sienten incomodos con ella. Ciertamente hoy traerla es un ejercicio de vincular el presente con el pasado desde su complejidad, saltando los obstáculos del relato de los vencedores para enmarañarse con ese pasado no lineal, lleno de múltiples entradas específicas y generales.

Es harto conocido que la recuperación del pasado, el traerlo al hoy de los pasados, dista de la neutralidad, es más bien un ejercicio de búsqueda desde nuestra identidad o situación presente, la marca son nuestros problemas y la meta la indagación de indicios o pistas que nos permitan correr la opacidad de los dilemas, inclusive la justificación para ese mismo presente desde donde interrogamos.

La revolución Rusa fue el modelo para la mayor parte de las revoluciones sociales del siglo XX y hoy aún lo es en el XXI, solamente que no se habla de ello, por ignorancia muchas veces o por no cargar con la difícil tarea de explicar una posición compleja sobre un pasado “vencido” que se encuentra latente entre los pasados que determinan el presente dominante. Existen otros grandes procesos revolucionarios que ejercieron influencia en una región o incluso en un continente durante un periodo de tiempo; sin embargo, consideramos que la revolución francesa del siglo XVIII y la revolución Rusa en la segunda década del siglo XX son los de mayor  irradiación a nivel mundial. La primera, para sacarla rápidamente del esquema, es una revolución que corona los cambios económicos,  políticos y culturales que se venían dando en la sociedad europea desde el siglo XVI y que marcan el ascenso de la burguesía como clase dominante, así como los pilares superestructurales del modelo capitalista. La revolución Rusa en cambio se ubica en la apertura del proceso, es anticipatoria de lo que va a marcar el siglo XX y lo que va del XXI; esto probablemente parezca un simple juego de palabras y quizás lo es, siempre es bueno dejar espacio a la intriga, pero lo cierto es que los bolcheviques conquistaron el poder con la intención de construir una sociedad socialista que apuntara al comunismo, en uno de los países europeos que para el momento no entraba en el ranking de las sociedades industrializadas. Tenía una clase obrera fuerte, con experiencia organizativa  y revolucionaria (recordemos la revolución de 1905 y el primer soviet) pero pequeña en comparación al campesinado que constituía la mayor parte de la población, aun así la revolución de octubre de 1917 es explícitamente una revolución proletaria y socialista, característica que le acompañó durante los primeros años, una década quizás, mientras Lenin vivía y unos años más, luego progresivamente hasta 1989 se fue trasformando en un capitalismo de Estado.

Sin embargo esa revolución Rusa, a la que hoy podemos poner bordes temporales, significo el paradigma para todas las grandes revoluciones que le siguieron. Sobre las huellas de la Comuna de París de 1871, dio realidad a un gobierno de soviet o consejos, la primera experiencia triunfante de alcance nacional de autogobierno popular y de trabajadores basado en la democracia directa, fue un triunfo para la esperanza de las clases y sectores explotados, a pesar como ya mencionamos de su destino posterior. Es claro que aun con el fracaso de la revolución socialista, Rusia cambio positivamente a partir de 1917, alcanzo a modernizarse e industrializarse más allá de los límites previstos para sociedades con el nivel de desarrollo que poseía para entonces, cambiando su papel en la geopolítica mundial hasta la actualidad, sobrepasando en pocas décadas a las antiguas potencias europeas y disputando hegemonía a todo el bloque occidental.

La revolución bolchevique se planteó un inmenso objetivo, destruir el capitalismo y edificar una sociedad socialista que diera paso al comunismo, en Rusia, donde el poder era ya una realidad, pero a la par debían abrirse los caminos a la revolución proletaria mundial para así construir una nueva sociedad sin clases, sin desigualdad social, sin discriminación alguna, a escala planetaria. El autogobierno de las y los trabajadores, la sociedad sin Estado, en fin el comunismo, esos eran los grandes desafíos que poblaron las mentes de la vanguardia insurrecta al día siguiente de la toma del palacio de invierno.

Esa revolución Rusa del primer momento está directamente vinculada con Lenin como figura principal, su esfuerzo es teórico y práctico, y sigue siendo, a mi entender, de enorme vigencia en la lectura del mundo del siglo XX y el actual; “todo el poder para los soviet” es la idea fuerza de toda insurrección revolucionaria, alcanzar la democracia directa, asamblearia y participativa que destruya al capitalismo.

Lo inesperado de la revolución Rusa, contradecía los pronósticos enquistados en la tradición socialista europea, era una revolución que se saltaba etapas establecidas por la Internacional y doblegaba las estrategias que ya se sentían firme en el movimiento socialdemócrata europeo, de forma que su triunfo no solo trastoco la solidez de los regímenes dominantes, también abrió toda clase de esperanzas entre las y los revolucionarios del mundo, era hacer posible lo imposible. Su lectura discurrió entre la emulación estricta y la inspiración creativa, pero sin lugar a dudas abrió el horizonte de expectativas de las clases populares para un triunfo del socialismo. Su dimensión mundial se fortaleció con los anhelos que sobre ella se proyectaron, lo que sucedía en Rusia se cubría con las pinceladas de los deseos de las y los revolucionarios en cualquier lugar donde estuviesen.

La fuerza monumental de la revolución bolchevique subyace en la posibilidad de la materialización de la utopía, amplía los horizontes para las sociedades no industrializadas en la busca del socialismo y la sensación de una revolución mundial se ve con posibilidades de triunfo. Su legado (o bien la herencia de su primer momento) sigue siendo fuente de lecciones para los movimientos anticapitalistas del mundo, pues en ella se presentaron sucesos extraordinarios como la expropiación de fábricas a los capitalistas, la expropiación de tierras a los terratenientes, la ampliación de derechos para las mujeres, la puesta en marcha de la desconstrucción cultural dominante y la edificación de un nuevo paradigma cultural desde la clase trabajadora, y se combatió el oscurantismo religioso. Esos aspectos aún generan miedo en las estructuras sociales dominantes, quienes sorprendentemente siguen alimentando los mismos temores de hace más de un siglo contra la libertad socialista.

Textos consultados:

-Lenin, V. I (1977). El imperialismo, etapa superior del capitalismo.  Obras Completas, tomo XXIII, Madrid, Akal.

-CARR, E. H (1985). La Revolución rusa. Madrid, Alianza.

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