La revolución boliviana: “¿Estado de Sitio? ¡Ja ja ja!”

Rebeliones populares del 2000-2003

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

El tercer y último escrito de esta apretada serie sobre La Revolución Boliviana** pretende dar cuenta de la sucesión de conflictos sociales iniciados en el nuevo milenio y que van dando forma a una estructura de rebelión que alcanza, en un proceso de acumulación de victorias, la conformación de un bloque histórico con capacidad efectiva de disputar poder a los sectores dominantes de Bolivia. Siguiendo a Tapia y García Linera, tomamos como punto de partida del ciclo rebelde, las protestas que comienzan en diciembre de 1999 en la ciudad de Cochabamba, las cuales enfrentan la política de privatización del agua del segundo gobierno de Hugo Banzer (1997-2001). Nos referimos a la llamada “guerra del agua”, emblemática contienda donde el pueblo, al cabo de una lucha de cuatro meses que se tornó insurreccional, logra revertir los contratos de privatización del servicio de agua en esa región, al tiempo que incide sobre la transformación de la legislación nacional en la que se sostenía el proceso de las privatizaciones, y suma a las líneas de acumulación histórica formas de rebelión propicias para enfrentar la hegemonía neoliberal.

La “guerra del agua” es el resultado de la movilización de diferentes estructuras organizativas de sectores sociales urbanos y rurales que confluyen en un enfrentamiento con el gobierno y el capital internacional, representado por la empresa estadounidense Bechtel Enterprises. Esta empresa había conformado un consorcio para intervenir en la negociación con el gobierno boliviano, resultando “Aguas del Tunari” como mampara; Bechtel poseía el 55% de las acciones y el resto se las repartían una empresa española (Abengoa Servicios Urbanos) con el 25% y cuatro bolivianas que solo lograban sostener el 5% de las acciones cada una. El presidente Banzer por medio de un decreto flexibiliza las condiciones para el negocio y resulta privatizado el servicio de agua de todo el departamento de Cochabamba, que incluía el suministro a los hogares, industrial y riegos en el campo (Kruse, 2005: 142).

Desde mediados de la década del ochenta los distintos gobiernos bolivianos habían avanzado en una serie de políticas neoliberales, que se expresaron en precarización laboral, privatizaciones de bienes y servicios administrados por el Estado, internacionalización financiera, des-sindicalización y flexibilización de los contratos laborales tanto en el sector público como privado.

La lucha contra la privatización del agua en Cochabamba es conducida por la forma organizativa de la Coordinadora del agua y la vida, en ella confluyen los Comités de regentes, que ya poseían una importante experiencia de lucha por el derecho al agua en zonas rurales, los sindicatos campesinos, organizaciones ambientalistas, estudiantiles y de profesionales, así como organizaciones vecinales; la coyuntura va derivando en una revuelta urbana que concentra el accionar de la Coordinadora como principal estructura de rebelión. Ya desde la última década del pasado siglo la Central Obrera Boliviana (COB) venia manifestando una crisis con la disminución de los enclaves mineros, los embates de las políticas laborales y las privatizaciones que produjeron el debilitamiento de varias federaciones obreras, aspectos que le ocasionaron una reducción importante en sus niveles de convocatoria y acumulación de masa.

La Coordinadora de agua y vida emerge entonces como fórmula aglutinante y organizativa que asumen los sectores populares opuestos a la privatización del agua. Esta va configurándose como posibilidad para “…la articulación y la representación de una diversidad y pluralidad de organizaciones, fuerzas y opiniones. Responde, a la vez, a la condición de fragmentación inducida por la economía y política neoliberal, pero también a la diversificación y desarrollo de la sociedad civil”. (Tapia, 2005:183) La rebelión de la “guerra del agua” se va desarrollando en un enfrentamiento directo con la policía y el ejército sobre un discurso que exige la renacionalización del servicio básico de agua y de la propia economía del país, brotando de ella consignas que reclaman por una constituyente que restablezca la soberanía nacional.

Con relación al movimiento indígena, para García Linera este significativo momento rebelde muestra el avance del nuevo ciclo indianista, dando cuenta de un desplazamiento de una ideología de resistencia a la dominación homogeneizante a una “… concepción del mundo proto hegemónica intentando disputar la capacidad de dirección cultural y política de la sociedad a la ideología neoliberal que había prevalecido durante los últimos dieciocho años” (García Linera, [2005] 2007: 164), Esta línea de acumulación histórica prefigura ya para ese momento una importante influencia en los núcleos discursivos que van recomponiendo la “nueva izquierda boliviana”  y su relato emancipador, al tiempo que suma metodologías organizativas.

En adelante se van componiendo y articulando diferentes estructuras de rebelión, provenientes de otras subjetividades existentes en los grupos sociales dominados, las cuales se fusionan de manera recurrente en metodologías de acción como las marchas, la huelga y el bloqueo de rutas, que disponen la posibilidad insurreccional de la masa y un proceso de acumulación política a lo interno, que trasladan los reclamos coyunturales hacia la exigencia de cambios estructurales del modelo político sobre el cual se sustenta el Estado Boliviano de aquellos momentos.  El ciclo rebelde iniciado a partir de la “guerra del agua” presenta una síntesis heterogénea de lo comunitario Aymara-Quechua con el combate al neoliberalismo, el antimperialismo, la exigencia por participación democrática y justicia social en un marco de soberanía nacional (García Linera, [2005] 2007).

Otro fuerte conflicto que toma forma en este periodo es el desarrollado por las organizaciones, sindicatos y comunidades campesinas del altiplano que alcanza su pico en septiembre de 2001.  Su eje problemático de fondo gira en torno al reclamo por la tierra y el autogobierno de las comunidades, que se expresa de cara al Estado en relación a la trasformación del régimen jurídico que sustenta la propiedad de la tierra y la demanda de equipos para modernizar el trabajo agrícola (Tapia, 2005). El propio debilitamiento de la estructura económica tradicional fue dando lugar a un reforzamiento de los lazos comunitarios como dispositivo de seguridad básica y primaria dentro de las poblaciones campesinas, renovando la expansión de “…la ideología indianista capaz de brindar una razón del drama colectivo, precisamente a partir de la articulación política de las experiencias cotidianas de exclusión social, discriminación étnica y memoria social comunitaria de campesinos indios dejados a su suerte por un Estado empresario, dedicado exclusivamente a potenciar los diminutos enclaves de modernidad transnacionalizada de la economía” (Garcia Linera, [2005] 2007: 166). La politización del indianismo como cultura emancipadora, la valorización de su historia dentro del devenir nacional boliviano, así como el orgullo étnico se configuran en componentes del comunitarismo que desafía la ideología neoliberal y proporciona cohesión para la movilización frente al Estado.

En 2003 el segundo gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003) toma la decisión de exportar gas natural a Estados Unidos a través de puertos chilenos; esta disposición desata un movimiento de resistencia al proyecto que se expresa en una rebelión que va a terminar en la renuncia del presidente el 17 de octubre de ese mismo año. Durante los meses de la rebelión, el gobierno desató una intensa represión, la cual fue combatida con más organización, unidad y lucha por parte del movimiento popular hasta resultar victorioso, logrando suspender el proyecto de exportación de gas por puertos chilenos. Las demandas del movimiento se concentraron en exigir la cancelación de cualquier iniciativa de exportación gasífera hasta tanto no se lograra un autoabastecimiento interno, una revisión de los precios de exportación y una Asamblea Nacional Constituyente que permitiera reconstruir el pacto social sobre bases de consenso y soberanía nacional.

El ciclo de rebeliones que va desde el 2000 al 2003, se expresa por medio de exigencias puntuales ante coyunturas problemáticas específicas, pero estas finalidades que parecían limitadas sirvieron como territorio para plantear cuestiones de fondo que se inmiscuían en la estructura social y política de la nación boliviana, del mismo modo que ponían el acento en el carácter soberano, antineoliberal y antimperialista del bloque histórico que se completaba con vocación de poder. 

Lo que continuó a esos años está más fresco en la memoria de nuestramericana. La conducción del bloque histórico surgido de un largo proceso de lucha fue tomada por el Movimiento al Socialismo-Instrumento Político para la Soberanía Popular (MAS-IPSP), reivindicando la inclusión y participación protagónica de les indígenas, el sentido de la comunalidad, las prácticas culturales y la autoidentidad, sobre una plataforma antimperialista y soberana que viene de la tradición marxista, indianista y nacional-popular, para emerger como proyecto político y electoral revolucionario.

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*La imagen de la portada corresponde a un Grafiti aparecido en diversas paredes de Cochabamba durante la “guerra del agua” en 2000.

** El primer artículo de esta serie se titula La Revolución Boliviana: El movimiento nacionalista de 1952 y el segundo se denomina La Revolución Boliviana: “¿De dónde has venido?…Del centro de los mundos…” la rebelión de Todos Santos de 1979

Trabajos consultados:

-GARCÍA Linera, Álvaro. ([2005] 2007). Indianismo y Marxismo El desencuentro de dos razones revolucionarias. En:Bolivia: memoria, insurgencia y movimientos sociales.  Buenos Aires: Clacso.

-TAPIA, Luis. (2007). Bolivia: ciclos y estructuras de rebelión. En:Bolivia: memoria, insurgencia y movimientos sociales.  Buenos Aires: Clacso.

– KRUSE, Thomas. (2005). La Guerra del Agua en Cochabamba, Bolivia: terrenos complejos, convergencias nuevas. En: Sindicatos y nuevos movimientos sociales en América Latina. Buenos Aires: Clacso.

-ZAVALETA, René. ([1983] 2015). Forma clase y forma multitud en el proletariado minero en Bolivia. En: Autodeterminación de las masas/Antología.  México: Siglo XXI Editores; Buenos Aires: Clacso.

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