La historia reciente: Venezolanos víctimas de la dictadura cívico-militar argentina de 1976-1983 por Arturo Lev

Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

“En testimonios de las sobrevivientes Juana Ferraro de Bettanin y María Inés Luchetti de Bettanin por la Causa Feced (1984) narran lo siguiente sobre aquel 2 de enero: estaban en una reunión familiar. Allí fue asesinado Leonardo, Roque Julio Maggio y Clotilde Tozzi (estos últimos amigos militantes de la familia); Cristina Bettanin tomó una pastilla de cianuro, murió en el trayecto a la Comisaría de Fisherton; estaban cuatro niñas que fueron llevadas a una comisaría de menores: Mariana Bettanin, Carolina Bettanin, Paula Maggio de dos años de edad, hija de Roque, y Bárbara Tozzi de un año de edad, hija de Clotilde; Juana y María Inés fueron llevadas y torturadas al Servicio de Informaciones de la Jefatura de Policía de Rosario (SI), que terminó siendo un gran CCD y luego apresadas en la Alcaidía de Mujeres de la Jefatura de Rosario hasta el 11 de octubre de 1977 (María Inés y Cristina Inés), y el 24 de diciembre de 1977 (Juana); María Inés dio a luz en cautiverio a Cristina Inés; Jaime Colmenares fue trasladado al SI junto a Juana y María Inés, allí fue torturado, Juana sabe de él hasta el día 7 de enero de 1977, ya que un guardia-colaborador, José “El Pollo” Baravalle, le informa que Jaime había sido quemado por accidente”. El anterior testimonio es traído por el historiador venezolano y militante revolucionario Arturo Lev en un trabajo titulado “Había que mantenerlo vivo. El uso de fotografías como estrategia de denuncia en los casos de venezolanos desaparecidos durante la última dictadura en Argentina, 1976-1983”. En el doloroso relato figura entre los represaliados, Jaime Colmenares, venezolano, secuestrado aquel 2 de enero de 1977 y desde entonces permanece desaparecido. Colmenares había nacido en 1949 en la ciudad de Valera, Edo. Trujillo, y en el año 1969 se viene a la Argentina como artista becado por el Instituto de Cultura y Bellas Artes de Venezuela, se casa con Cristina Bettanin (argentina) y trabaja como reportero gráfico para el diario Noticias y la revista Evita Montonera (Lev, 2020).

En otro trabajo, de estrenada publicación, “Los desaparecidos en el pasado reciente argentino. Un enfoque historiográfico”, Lev refiere otros casos de paisanos víctimas del terrorismo de Estado, se trata de: José Enrique Tomanelli Desimini (1953-1976), nacido en Los Guayos, Estado Carabobo, vivía en la Argentina desde 1958 con su familia, fue militante de la Juventud Peronista, lo secuestraron en Campana el 27 de marzo de 1976, tres días después del golpe y fue asesinado el 2 de abril en Escobar, ambas localidades de la Provincia de Buenos Aires. “El 24 de marzo de 2013 se inauguró un Espacio por la Memoria en la plaza “Juan Manuel de Rosas” de Escobar, al lado de la comisaría 1ra, donde en 1976 funcionó un Centro Clandestino de Detención (CCD). En el acto se enterraron los restos de José Enrique, que fueron identificados por estudios forenses y exámenes genéticos en el 2012” (Lev, 2020, pág. 132). Lilido Nelson Ramírez Iglesia (1944-2018), nació en Encontrados, Estado Zulia; en 1964 llegó a Argentina, se instaló en Corrientes, Provincia de Corrientes, para estudiar veterinaria, allí militaba en la Federación Argentina Universitaria de Izquierda (FAUDI). Secuestrado en noviembre de 1977 y por fortuna sobrevivió,  “…Fue expulsado de Argentina por el Poder Ejecutivo Nacional (PEN), el 31 de agosto de 1978” (Lev, 2020, pág. 133), regresó a Venezuela. Por último nos habla de Milton Gabriel Marinelli Sequera (1953), nació en Miranda, Estado Carabobo; militaba con el Grupo de Base Independiente (GBI) y cursaba estudios en la Universidad Nacional de Tucumán cuando fue secuestrado en mayo de 1978, logró sobrevivir gracias a la intensa campaña desplegada por la familia para lograr su “blanqueo” y posterior liberación.

El terrorismo de Estado en Argentina, es decir el conjunto de prácticas represivas encubiertas por el gobierno, antecede a los militares del “Proceso de Reorganización Nacional”. José López Rega, “el brujo”, nefasto personaje que había sido secretario de Juan Domingo Perón en el exilio español, es nombrado en 1973 en el ministerio de Bienestar Social, desde allí expande el horror de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), con ejecuciones, desapariciones forzadas y amenazas a militantes de izquierda, sacerdotes de la iglesia popular, sindicalistas, artistas y “marxistas infiltrados en el peronismo”. La oscura organización la integraban miembros de la policía federal y de las fuerzas armadas argentinas, con el patrocinio político del ala de derecha del peronismo; se contabilizan cerca de un millar de víctimas en las manos de esta organización de la muerte y odio político. El terror al comunismo llegó incluso a expresarse en la anexión sin miramientos del gobierno de Isabel Martínez de Perón a la organización internacional clandestina para el terrorismo de Estado conocida como Operación o Plan Cóndor. Posteriormente a partir del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 las prácticas represivas del Estado argentino cobran dimensiones pavorosas con la dictadura cívico-militar, encabezada por Videla, Massera y Agosti, como resultado la desdichada cifra de 30.000 desaparecidos y torturados producto de la persecución política.

Como señala Lev el terrorismo de Estado “…dio lugar a una experiencia extrema, la cual provocó una lesión emocional con efectos perdurables y subyacentes a la continuidad de la existencia social. La figura del desaparecido es parte de esa lesión, emerge desde allí. El desaparecido es un privado de su propia muerte y aparecen sus fantasmas para recordar que hay una rotura en la cadena de significación social” (Lev, 2020, pág. 124). Allí es donde las implicaciones del trabajo del historiador toman otra dimensión, más cercana con los hechos, más íntima si se quiere, es emotiva (desde su alcance de tristeza).

Las personas objeto de desaparición forzada, son despojadas por el torturador de toda condición humana y social, son víctimas del horror de la deshumanización total, la saña del represor es tal, el odio del enemigo es tal, que busca torturar a la familia desde la anulación de los ritos sociales, les quita el funeral, las lágrimas sobre las tumbas, busca condenar a las familias y amigues a la ausencia más allá de la muerte misma.    

¿Qué es un desaparecido?, se pregunta Arturo Lev, es un aterrador concepto que en el análisis del historiador propone correrse del solo lugar pulcro de la voz jurídica, designa un delito contra una persona que sufre múltiples violaciones a sus derechos humanos, es ciertamente eso, pero el término lleva implícito el plural que el terrorismo de Estado le otorgó, fueron actores sociales víctimas de un plan de exterminio sistemático y clandestino “a gran escala”, son mujeres y hombres que fueron secuestrados por medio de mecanismos represivos y hoy permanecen sus cuerpos desaparecidos; son muertes elaboradas detenidamente desde los espacios de poder, con la colaboración de instituciones militares y civiles más allá del solo aparato estatal (Lev, 2020) , del ámbito privado como cómplices activos, basta ver la inmensa lista de colaboradores empresariales y los beneficiados con contratos y negocios inmobiliarios.

La historia reciente, creemos entender de Arturo Lev, golpea la percepción del tiempo histórico como parte afianzada en lo cronológico, hace flaquear las piernas de la objetividad que da la distancia temporal, es una experiencia del quehacer investigativo que trae consigo los sentimientos del investigador, con pre-juicios, con la política, entrando por decir lo menos en una práctica analítica repleta de sombras tendidas por la propia subjetividad  y humanidad de quien investiga, por eso empuja como un nuevo campo lleno de desafíos y replanteos epistemológicos. 

El 24 de marzo de 2018, junto con mis compañeres del Nodo Sur de la Territorios, colgamos un retrato de Jaime Colmenares en nuestros pechos y lo llevamos a la Plaza de Mayo, fue nuestro humilde homenaje. 

Trabajos citados

Lev, Arturo. (Enero-Junio de 2020). Los desaparecidos en el pasado reciente argentino. Un enfoque historiográfico. Presente y Pasado. Revista de Historia(49), 121-145. Lev, Arturo. (2018). “Había que mantenerlo vivo”. El uso de fotografías como estrategia de denuncia en los casos de venezolanos desaparecidos durante la última dictadura en Argentina, 1976-1983. Ponencia presentada al XI Seminario Internacional Políticas de la Memoria. Memorias subalternas, memorias rebeldes

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