La Geopolítica de las Pandemias (III)

Por Omar José Hassaan Fariñas

El Factor Viral del Neoliberalismo

No obstante, el factor más importante que nos explica la inmensa falla occidental en responder a la pandemia es el geoeconómico, específicamente la receta neoliberal de decretar la salud como una “mercancía”. La crisis económica y financiera de la Unión Europea desde el 2009 impuso una solución netamente neoliberal (austeridad y más austeridad) para todos los países del bloque, pero a unos más que a otros, evidentemente. Las políticas de austeridad nunca aplican a asuntos como salvar los bancos europeos y gringos de la bancarrota, ni tampoco a salvar las multinacionales  de sus malos negocios (los demócratas en el congreso acaban de votar a favor de “bailouts” para las líneas aéreas, pero nada para comprar más respiradores), pero la austeridad sí aplica a gastos innecesarios como la salud y la protección médica para la población.

El asunto es peor en Estados Unidos, en donde la salud es completamente mercantilizada, y la llegada de una pandemia es ideal para demostrar lo tan inútil que son estas políticas estructurales para preservar las vidas humanas. Es el modo de producción y sus necesidades, lo que explica el triunfo inicial del Sars-CoV-2 sobre la humanidad, y no específicamente su secuencia genética y sus mecanismos de propagación. De nuevo, no nos alejamos substancialmente de lo que sucedió justo hace un siglo, cuando las necesidades estratégicas y geoeconómicas de las potencias occidentales durante la terrible “Gran Guerra” se impusieron sobre la necesidad de salvar vidas, y, en vez de contener la enfermedad, la empujaron a que sea mas agresiva y letal de lo que debería haber sido, y como resultado, obtuvimos el gran triunfo de esas potencias con el tratado de Versalles de 1919, y unos 50 millones de muertos. 

En la actualidad, no tenemos una “Gran Guerra”, pero si tenemos una intensificada guerra de ricos contra pobres, una guerra que no se materializa en un campo de guerra (aunque hay mucho de estos también), sino en los avances y los retrocesos de aplicar la agenda neoliberal a escala global. Simplemente, se trata de colocar la continuidad de la economía por encima de la prioridad de salvar vidas. Así de sencillo.

Hace pocos días, Estados Unidos le robó – literalmente – millones de mascarillas a Francia, porque el gigante anglosajón no posee suficientes para su población, y bueno, también es que “America First” y el resto que se pudra. La Unión Europea se disculpa miserablemente con Italia por no ofrecer ayuda, pero también por no poder ofrecerla en el futuro cercano. Mientras tanto, observamos por primera vez en la historia, aviones militares rusos llegando a países de la OTAN – incluyendo el propio Estados Unidos, vean la noticia en RT – no para invadir o reditar la Guerra Fría que tanto le encanta a los señores y las señoras del partido demócrata estadounidense, sino para ofrecer ayuda médica. El despliegue chino a lo largo del planeta para ayudar a tantos países con la enfermedad, es inédito en la historia e imposible de creer, hace solo pocos años atrás.

Más importante – y quizás también trágico – existe en la actualidad una guerra de voluntades entre el Gobernador del estado de Nueva York y el Señor Trump sobre el uso de la reserva federal de ventiladores para salvar los infectados que ya han abrumado los débiles servicios médicos del estado, simplemente porque el Señor Trump no quiere prestar los ventiladores, y en todos casos, no tienen suficientes ventiladores para atender las necesidades de solamente la mitad de los estados agobiados por la pandemia (ya gastaron demasiado en salvar los bancos y los grandes negocios con el dinero federal).

Simple y llanamente, lo que sucede en Estados Unidos en los momentos con el desastre medico que enfrenta la población, es que tanto se burlaron y celebraron la dolorosa decisión de los chinos de paralizar sus industrias y su economía para controlar la epidemia, para ahora tragarse esas burlas y celebraciones, y tener que hacer lo mismo con sus industrias y sus economías. El Señor Trump, magnate antes de ser cualquier otra cosa, no quiere paralizar la economía de su país para salvar a unos cuantos millones de miserables ancianos gringos. Es igual a la pandemia de 1918-1920 – no hemos aprendido nada de la historia, lamentablemente – pero reditada para los años 2019-2020. Es la avaricia, la lujuria por el poder, el lucro sobre la vida humana. Nada nuevo aquí. 

El estado de bienestar estadounidense fue creado y desplegado por Franklin Delano Roosevelt durante la gran depresión (la década de 1930), después de la pandemia de H1N1-18. Si este sistema hubiera existido durante esa terrible pandemia (1918 – 1920), se hubiera salvado millones de vidas. El estado de bienestar estadounidense inició su proceso de desmantelamiento con Ronald Reagan durante la década de 1980, justo con el auge del neoliberalismo, proceso que se fortaleció con todos los presidentes después de Reagan. Para la actualidad, el Señor Donald Trump ha logrado grandes hitos en el proceso de destrucción del estado de bienestar, justo en tiempo para ver los efectos de estas “sabias” políticas de desmantelamiento y mercantilización de la salud sobre las poblaciones gringas y europeas, en el contexto de la pandemia actual.

Este es el punto principal de nuestro documento. Las epidemias son enfermedades que demuestran un inesperado incremento en el número de casos, pero con brotes específicos a una comunidad, población o región, mientras que las pandemias se dan cuando una epidemia cruza las fronteras y se hace internacional. Pandemias son “epidemias con pasaportes”, ya que el criterio definitivo es su expansión a través de las fronteras reales y geográficas (océanos, montañas, etc.) y las ficticias (las que inventamos para limitar el flujo de las personas pero no el del dinero). Lo que deseamos dejar claro en este documento es que las pandemias son un componente esencial del estudio de las relaciones internacionales, simplemente porque estas crean situaciones de emergencia en la cual ningún país, por más supremacista y superior que sea, puede abordar de manera unilateral, sin cooperación y coordinación a niveles regionales e internacional.

Aprovechando la Pandemia: Guerra Petrolera

Otro punto que amerita ser señalado es el del petróleo, el cual ya habíamos adelantado algo anteriormente. A criterio de quien suscribe, el colapso de los precios del crudo y del acuerdo OPEP +, no simplemente coincidió con la pandemia, sino que es producto – parcialmente – de la misma. La pandemia, naturalmente, ejerce su presión sobre la actividad económica a nivel global (contrario a las expectativas del Señor Trump y sus seguidores), y por ende sobre el uso y el consumo de los hidrocarburos, y, como consecuencia lógica de esto último, los precios bajan, y el suministro se transforma en exceso. Pero igualmente el efecto de la pandemia permitió una jugada muy arriesgada por parte de Rusia contra la industria del esquisto estadounidense, la cual sin la presión ejercida por el COVID-19, quizás nunca se hubiera atentado. 

El actual exceso global de petróleo y gas, que se volverá aún más prominente cuando el espacio de almacenamiento del petróleo en los países exportadores (y los grandes importadores también) llegue a cero, es una gran amenaza para todo el mercado, ya que destruirá una gran parte de la cadena de suministro (los pozos tendrán que ser desactivados, ya que no se consume ni tampoco se puede almacenar). Es en este contexto que se dio la reunión de OPEP +.

Durante el mes de marzo, Moscú decidió acabar con un pacto de tres años para administrar los suministros mundiales de petróleo, negándose a firmar los recortes propuestos por Arabia Saudita y haciendo que el precio del petróleo baje bruscamente. Riad respondió no con recortes unilaterales propios, sino con recortes en los precios de venta de su petróleo y luego anunció planes para aumentar masivamente la producción de petróleo, reduciendo aún más el precio del crudo que ya se estaba hundiendo debido al COVID-19 y su impacto sobre la economía global. El petróleo cotiza en la actualidad alrededor de $ 26 por barril.

Rusia considera que puede darse el lujo de suspender su cooperación informal con Arabia Saudita y los otros países de la OPEP, incluso aun cuando eso significaría el derrumbe de los precios del petróleo. Primero, Rusia ha acumulado inmensas reservas financieras en los años transcurridos desde la última caída del precio del petróleo, lo que le da un gran “colchón” financiero. Segundo, los mayores perdedores en cualquier guerra por el precio del petróleo, según Rusia, serán los productores estadounidenses de esquisto de alto costo; bajar el precio infligiría daños económicos a Estados Unidos y socavaría su capacidad de ejercer su herramienta favorita de coerción internacional: las sanciones.

Rusia ha pasado los últimos cinco años ajustando su presupuesto y acumulando $550 mil millones en reservas que, según las autoridades, le permitirán hacer frente a los precios del petróleo entre $ 25 y $ 30 por barril durante una década, si fuera necesario. Rusia busca neutralizar la producción de petróleo de esquisto de una vez por todas. Los esfuerzos para mantener los precios del petróleo elevados a través de limitar la producción solo han logrado aumentar la producción de petróleo de esquisto en Estados Unidos. Por ende, recuperar ese mercado es el principal objetivo del Kremlin, al retirarse del acuerdo con la OPEP y los sauditas.

Con las industrias del esquisto enfrentándose a altos costos de producción y bajos precios internacionales del crudo, y con tantas deudas acumuladas para mantener la industria flotando durante los últimos años, Rusia cree que el petróleo barato llevará a muchas empresas estadounidenses a la bancarrota, o por lo menos hacia una re-estructuración. El beneficio adicional de reducir la producción de petróleo estadounidense sería la limitación que esta impone sobre el uso de las sanciones como arma de chantaje político (o económico), como las que impuso a una unidad de Rosneft por hacer negocios con Venezuela.

A raíz de la situación actual y sin un acuerdo OPEP +, podemos esperar una ola de quiebras en la industria del esquisto estadunidense, pero también del sector” offshore” del Mar del Norte y en todo el sector de petróleo y gas canadiense. Si la crisis actual se prolonga por varios meses más, los países no OPEP verán colapsar sus producciones de petróleo. Las grandes petroleras como Shell, Exxon y ENI aún no están en peligro, ya que sus reservas financieras y sus participaciones en el mercado los hace demasiado grandes para quebrar. Pero otros operadores, como Occidental, Whiting y otros, actualmente luchan por sus vidas. Los niveles de deuda, los costos operativos de los campos y una caída del mercado más amplia, están haciendo que estas compañías cuestionen su propia supervivencia.

Aunque los precios se han derrumbado y Arabia Saudita está aumentando drásticamente su producción y sus exportaciones, eso puede no ser una pérdida neta para la potencia árabe. Los precios del petróleo ya se estaban hundiendo debido al COVID-19 y la intransigencia rusa. Al aumentar las exportaciones de más de 7 millones de barriles por día a más de 9 millones de barriles por día, o incluso más, Arabia Saudita puede ganar la misma cantidad de dinero que tendría sin la cooperación rusa, pero arrebatando más participación en los mercados.

Tanto Rusia como Arabia Saudita están apostando a que el otro se rinda primero. Ambos están justificado en pensar que tienen razón. Hay razones por las cuales ambos, o solo uno de ellos, podrían estar equivocados. Ambos planean que el dolor a corto plazo obligue al otro a someterse a sus términos.

Lo relevante de esta situación para nosotros es que efectivamente, en el contexto de una pandemia que nadie esperaba, esta guerra de petróleo entre Rusia, Arabia Saudita y aparentemente Estados Unidos, no se hubiera intensificado de esta manera. Los jugadores del mercado petrolero están aprovechándose de las circunstancias de una deceleración de la economía global acentuada e incrementada por la paralización mundial a raíz de la pandemia, para jugar el juego de “brinkmanship” (La práctica de seguir una política peligrosa hasta los límites de la seguridad antes de detenerse, especialmente en la política) en el mercado petrolero. Rusia y Arabia Saudita compiten por porciones del mercado, pero ambos países tiene que enfrentar el mercado de esquistos estadounidense que no solo castiga a los exportadores tradicionales del petróleo, sino a todo país que Estados Unidos desea sancionar. 

Conclusiones (primera parte)

Los aspectos particulares de la geopolítica global en un dado momento en el cual una epidemia se transforma en una pandemia, determinan una gran parte de la naturaleza de esta, desde su expansión y hasta que desaparezca. Los componentes más importantes de la geopolítica que afectan la pandemia son los mismos de siempre: las luchas por el poder, la avaricia de los dueños de los medios de producción, el pánico y el terror de los seres humanos, los prejuicios, los racismos y los odios, la ignorancia, etc. Igualmente el grado de preparación de las instituciones  públicas, la calidad del liderazgo nacional, y la disciplina de la población. Igualmente importante son los individuos que sustentan el poder, y perciben las pandemias, no como una emergencia nacional o internacional, ni tampoco como una emergencia que impone un reordenamiento de las prioridades nacionales para salvar las vidas de sus poblaciones, sino como nuevas e inesperadas “oportunidades” que se presentan para aniquilar competencias y enemigos, ajustar cuentas o pasar legislaciones inaceptables en condiciones normales.

Por ejemplo, en el contexto de la pandemia en Estados Unidos, el Señor Trump aprovechó para botar a funcionarios de la inteligencia gringa que ayudaron a los demócratas contra él durante el fracasado impeachment. Igualmente destituyeron a un comandante de un portaviones por criticar las medidas de protección de los marineros gringos contra el COVID-19, para luego revelarse que el comandante expulsado efectivamente ya está infectado.

Pudiéramos decir, si nos sentimos con una inclinación hacia los números, que una pandemia es 30% evolución y mutación genética, 35% políticas públicas de los países afectados (salud, cuarentenas, apoyo a la población, etc.), y 35% cooperación internacional  (o rivalidad internacional, dependiendo de lo que las elites globales deciden hacer). En 1918, la segunda ola de la pandemia que inició en Francia, Estados Unidos y Sierra Leone fue una mutación, pero esta a su vez obedecía a factores sociales como las políticas públicas y la cooperación (de nuevo, en este caso sería la rivalidad) internacional entre los países que sufrieron la pandemia.

En el caso del COVID-19, la pandemia ha tomado la forma que podemos ahora observar  (y lamentar) a raíz del factor humano, el cual ha contribuida más en esto que los factores  genéticos y microbiológicos del virus. El factor humano se manifiesta desde las políticas y los protocolos seguidos en un hospital, hasta las cumbres y conferencias multilaterales que toman decisiones colectivas para limitar la pandemia, o alternativamente para ignorar esta y seguir con la acumulación de poder y riquezas (como fue el caso con el tratado de Versalles de 1919). Las pandemias, como los desastres naturales (tsunamis y terremotos), todos son elementos que deben ser teorizados en las relaciones internacionales, ya que su expansión y sus consecuencias no se limitan solamente a los factores microbiológicos y las mutaciones de este, sino que se tiene que considerar el modo de producción imperante, las políticas publicas e internacionales de los gobiernos, y una gran y amplia gama de elementos de la psicología social y sociocultural de las poblaciones afectadas.  

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