La Geopolítica de las Pandemias (I)

Las Geopolíticas del COVID-19 y la Influenza Española

Por Omar José Hassaan Fariñas

A manera de Introducción

A los gringos les encantan el “juego” geopolítico, y siempre se encuentran inmersos en este,  sin importar los contextos regionales e internacionales. Les encanta el juego (sus primos anglosajones tienen su propia terminología: “The Great Game” – el Gran Juego, desde el Siglo XIX), sobretodo porque este tipo de juegos implica siempre más dinero y poder para ellos, y estos siempre se dan sobre los territorios, países, sociedades y recursos de los otros, y casi nunca en su propio país (con la excepción de los ataques del 2001). Los europeos hablan de cómo Inglaterra se salvó de las invasiones germánicas a raíz del “General La Mancha” – en referencia al cuerpo de agua que separa las islas británicas del continente europeo – y cómo los generales “Diciembre” y “Enero” han salvado a Rusia en más de una ocasión (en referencia a los severos inviernos rusos). En realidad, no existen barreras más efectivas para proteger a un país que las de los generales “Pacífico” y “Atlántico”, que siguen protegiendo a Estados Unidos, permitiéndole seguir en su “Gran Juego”, sin consecuencias reales para su seguridad y estabilidad interna.

Irónicamente, los poderosos generales “Pacífico” y “Atlántico”, junto a la inmensa flota nuclear y convencional de Estados Unidos, no pudieron proteger al país de una serie de ácidos ribonucleicos de 200 nanómetros de tamaño, los cuales ni siquiera son células vivas. Estos agentes infecciosos lograron fácilmente cruzar los generales “Pacífico” y “Atlántico”, y llegar rápidamente al territorio estadounidense, incluso, de manera mucho más acelerada, eficiente y efectiva que la empleada siglos atrás por una bacteria llamada “Yersinia pestis”, la cual viajó desde Asia y hacia Europa y el Medio Oriente sobre las espaladas de millones de ratas, brotando lo que desde entonces conocemos como la “Muerte Negra” o la “Peste Bubónica”. 

El artículo actual se divide en dos partes. La primera de esta en una seria de dos, realiza una evaluación general de ciertos términos y procesos sociohistóricos para demostrar cómo los factores humanos – específicamente las rivalidades geopolíticas, los modos de producción, las guerras, la avaricia y los prejuicios humanos – en mucho casos son más importantes para determinar la evolución de una pandemia, que las propias mutaciones de los ADN y los ARN de sus agentes virales. En nuestras evaluaciones haremos una radiografía de la situación geopolítica global antes de la explosión de la pandemia actual, con la finalidad de observar cómo estos factores inciden en la expansión de la pandemia, y cómo la pandemia a su vez incide en el desarrollo de estos procesos geopolíticos. Finalmente, insistimos en que las pandemias deben ser teorizadas no solamente desde los estudios médicos y epidemiológicos, sino desde las relaciones internacionales. 

La segunda parte el artículo se enfocará en un caso particular de la geopolítica de las pandemias: la determinación gringa de reincorporar a la República Bolivariana de Venezuela bajo su control geopolítico hemisférico. En la actualidad, Estados Unidos demuestra una evidente desesperación en su búsqueda por una “victoria internacional” que logre salvar la relección del actual inquilino de la Casa Blanca, y a la vez logre desviar la atención nacional e internacional lejos de la tragedia que vive el pueblo estadounidense. Muchos opositores en Venezuela sueñan con una operación militar gringa “tipo Noriega” – en referencia a la última invasión estadounidense de Panamá – pero en realidad, las motivaciones de Estados Unidos para destruir a Venezuela en la actualidad se acercan más a la invasión de ese país a Granada en 1983, que al triste saqueo de Panamá de 1989.

La segunda parte de nuestro artículo emplea los elementos desarrollados en la primera parte, para así mover el enfoque desde una óptica global a otra que aborda específicamente el tema de la agresión gringa contra Venezuela, en el contexto de la pandemia actual.

COVID-19

Técnicamente, el “COVID-19” es el nombre de la enfermedad causada por el virus denominado “Sars-CoV-2”, el cual es una secuencia de ácidos ribonucleicos (ARN) apoyada de cuatro proteínas estructurales, y no contiene ácidos desoxirribonucleicos (ADN) – es decir, es más básico y primitivo que los virus de ácidos desoxirribonucleicos. El COVID-19 logró sacudir el mundo como ninguna otro agente contagioso desde la Influenza de 1918 (aunque padece de la letalidad de esta). Al contrario de las otras influenzas del Siglo XXI, el COVID-19 ha causado una serie de trastornos en el sistema internacional y la vida de las gran mayoría de los seres humanos sobre la tierra. Esto posee razones microbiológicas, pero también geopolíticas y geoeconómicas. A continuación, exploraremos estas con más detalles.

La famosa “Gripe Porcina” del 2009-2010 – denominada correctamente como “Gripe A” (del subtipo “H1N1” de la “Influenza A” virus) – fue la ultima pandemia que brotó en el ámbito internacional, y existen muchos que no se recuerdan de esta, ya que no logró tener el impacto que hoy vivimos con el COVID-19.

El virus del “Gripe A” – denominado “Pandémico H1N1/09” – infectó a unos 1.400 millones de personas a lo largo del planeta y causó entre 150.000 y 575.000 personas (existen dudas sobre las cifras). El virus – de la misma familia H1N1 de la Influenza Española de 1918 y del COVID-19 – originó en México, y a pesar de ser una pandemia, su tasa de mortalidad fue de 0.02%. Más importante, el valor de reproducción del virus Pandémico H1N1/09 (el valor de su R-nought, término empleado para determinar el número de personas que pudieran ser infectadas de un individuo con la infección) era de 1.46. El nuevo coronavirus (los otros también eran Coronavirus) – COVID-19 – posee una tasa de mortalidad de 2%, y su R-nought se encuentra actualmente entre 2 y 2.5.

Existen otras diferencias entre la Gripe A y el COVID-19, como por ejemplo su forma de propagación y la demografía de su letalidad (cuales poblaciones son las mas afectadas), pero creo que amerita más – para efectos de nuestro análisis – realizar la comparación con la llamada “Gripe Española”, quizás la pandemia más catastrófica que ha enfrentado la humanidad desde la Peste Bubónica.

H1N1-18 – Fiebre Española

La Gripe o Fiebre Española inició durante el último año de la llamada “Gran Guerra” (la Primera Guerra Mundial), y los aliados – siempre “defensores” de los derechos humanos de los otros pero nunca de sus propias poblaciones – prohibieron cualquier difusión mediática sobre la enfermedad en sus territorios. España, para entonces, no formaba parte de los países beligerantes de dicho conflicto, por lo cual si difundió noticas sobre la epidemia. Mientras que existía silencio total en los países de origen de la pandemia (Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia) sobre la misma, España si dio a saber sobre le enfermedad, asunto que llevo a muchos a asumir que la enfermedad inició en el país ibérico, y por ende llamaron la enfermedad “Española”. Para entonces, pocos eran quienes sabían que la enfermedad era “gringa”, y no española. El agente infeccioso de entonces es el mismo H1N1, y en ciertos ámbitos científicos y académicos se le otorga el nombre “H1N1-18”.

Interesantemente, y considerando cómo en la actualidad todo el mundo quiere culpar a la China por el COVID-19, la devastadora pandemia de 1918 tuvo su origen en Estados Unidos, de acuerdo a los estudios de historia de epidemiología realizados justo durante esta última década (2010-2020). Aunque las primeras víctimas fueron soldados estadounidenses en Kansas, en enero de 1918, la epidemia gringa se transformó en una pandemia en un hospital militar en Francia que atendía soldados ingleses, francés y estadounidenses, en el cual transitaban casi 100.000 soldados cada día. El campo médico era también el sitio para mantener miles de cerdos y pollos para alimentar las tropas. El H1N1-18 era un virus que infectaba originalmente solo a las aves (posee en su secuencia genética genes aviares), pero sufrió una mutación que le permitió pasar a infectar cerdos, y finalmente otra mutación que le permitió invadir las células humanas. No obstante, estudios estadounidenses indican que el origen del virus híper letal de 1918 fue Norteamérica, posiblemente mutándose para tener acceso a los cerdos y luego los seres humanos entre los años 1915 y 1918.  

El H1N1-18 fue catastrófico para toda la humanidad. Tuvo 500 millones de infecciones confirmadas, y causó el fallecimiento de entre 20 y 50 millones de personas, a nivel mundial, entre los años 1918 y 1920. Su letalidad fue amplificada por el factor humano (la guerra y el capitalismo, para ser más precisos): La falta de alimentos entre las tropas, falta de ámbitos higiénicos, constantes ataques químicos que debilitan los sistemas inmunológicos  y la sobrepoblación en los campos médicos y las trincheras de la guerra permitieron que el virus estimule el desarrollo de “superinfecciones bacterianas”, las cuales fueron la causa directa de muchas de estas muertes. Otro factor que contribuyó en la expansión de la pandemia fueron las mentiras de los gobiernos occidentales, al no permitir la toma de medidas concretas con suficiente anticipación, facilitando así la transformación de la epidemia en una pandemia global.

La idea era no informar sobre la enfermedad para garantizar la victoria militar y poder “escribir” las reglas del juego durante el Tratado de Versalles de 1919. Definitivamente, eso se logró (los aliados impusieron un tratado que arruinó completamente a Alemania en pocos años, acabó con el imperio Otomano, como también lograron expandir sus territorios coloniales e incrementaron notablemente la extracción de las riquezas de estas colonias), pero es ahora imposible determinar específicamente cuantos millones de cuerpos fueron necesarios para firmar ese tratado.

El H1N1-18 sufrió una mutación en agosto de 1918 que la hizo aún más letal – la “segunda ola” de la pandemia – manifestándose simultáneamente en Francia, Sierra Leone y Estados Unidos. Aunque por lo general las cepas de influenza suelen evolucionar hacia condiciones menos agresivas a lo largo de un brote – para así continuar infectando en vez de erradicar las poblaciones que sustentan el virus o la bacteria – en las pésimas condiciones que existían entonces – a raíz de la guerra, naturalmente –  sucede justo lo contario, y las cepas mutaron agresivamente, causando mas casos letales que lo que le conviene al propio virus.

La pandemia de H1N1-18 fue particularmente letal también a raíz de la capacidad de esa cepa del virus para causar “tormentas de citoquina” (citoquina es un agente inmunológico, una proteína de señalamiento celular que regula los procesos inmunológicos). Las tormentas de citoquina son reacciones incontrolables y excesivas del sistema inmunológico que conlleva a híper inflamación sistemática y falla de múltiples órganos (o sea, a la muerte). Justo por eso fue que acabó con tantos millones de personas, la mayoría de estos jóvenes en sus óptimas condiciones de inmunidad y salud, a pesar de las condiciones en las trincheras de esa guerra del capitalismo.  

Entonces, como podemos ver, la historia de una pandemia nunca se limita a la secuencia genética del virus o la bacteria en cuestión, ni sus valores estadísticos y matemáticos, pues eso constituye solo una parte de la historia. La otra parte es el factor humano, entre las luchas de los epidemiólogos y científicos – y todos los que se sacrifican para ayudar a combatir las enfermedades – y la lucha de los poderosos para aprovechar de la miseria humana, “pescar en aguas revueltas” y mejorar sus ventajas contra sus rivales a costa de la muerte de millones. Como en todo lo demás de la naturaleza humana, estamos conformados de ángeles y demonios, dentro de nuestros propios seres y dentro de nuestras sociedades.

La Geopolítica de la H1N1-18

Durante la horrible carnicería de pobres masacrando a pobres (lamentablemente, no habían ricos en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, inhalando gas mostaza), el factor principal que permitió que la calamidad del 1918-1920 (en la cual se murieron más personas que durante la guerra misma) llegue a esas dimensiones fue el hecho de que se ocultó la realidad para garantizar la victoria, dictar las condiciones de la “paz” (la misma paz que garantizó el auge de Adolfo y Benito) y, más importante, dominar los mercados mundiales. Las realidades geopolíticas terminaron dictando la severidad que adquirió la enfermedad causada por el H1N1-18 a comienzos del siglo pasado, y la pobreza espiritual y moral de los lideres occidentales contribuyó decisivamente en dos inmensas carnicerías, aunque siempre se habla de una de estas (la guerra), y nunca de la otra (la pestilencia).

La pandemia actual – la del COVID-19, causada por el Sars-CoV-2 – tiene sus particularidades geopolíticas, y al igual que la de 1918, las realidades geopolíticas de sus momentos tienen mucho que ver con la expansión de la enfermedad y sus grados de exterminio en las poblaciones humanas. Para efectos de comprender la relación intrínseca e inseparable entre la geopolítica y la expansión de la pandemia actual, es necesario hacer una breve y rápida radiografía de ciertos procesos estratégicos de la geopolítica global, durante los primero meses del 2020.  

El escenario internacional ha estado dominado desde los últimos años de la primera década del Siglo XXI por una rivalidad geopolítica entre Estados Unidos por un lado, y la Federación Rusa y la República Popular China, por el otro. Esta rivalidad es atípica en la historia de las relaciones internacionales, pues no se compara con la de Roma y Cartago, o entre los imperios de Gran Bretaña y la Rusia zarista del Siglo XIX. En términos bélicos (cuantitativamente, por lo menos), la capacidad estadounidense eclipsa fácilmente las otras dos potencias, y en asunto de riquezas, si consideramos los primeros años del Siglo actual, Estados Unidos poseía una gran distancia a su favor en materia económica, en relación con las otras dos potencias.

El Poder Ayer y Hoy

No obstante, lo que se pudiera inferir por el “poder” en el pasado, no es precisamente lo que implica la misma palabra en el Siglo XXI. La complejidad del sistema internacional y el paso de un sistema bipolar a una pretensión de unipolaridad estadunidense, para finalmente dar pasos inestables e imprecisos hacia la multipolaridad, todos son elementos que cambian las ecuaciones tradicionales y clásicas del poder, y por ende de las rivalidades geopolíticas. Más importante aún, el grado de desarrollo del modo de producción imperante y la naturaleza global pero a la vez oculta (es decir, negada) de la lucha de clases, implica aún más que el poder y el ejercicio del mismo ha “mutado” de tal manera que crecientes potencias pueden desafiar los polos de poder del statu quo, a pesar de ciertas asimetrías que existen entre las potencias establecidas (Estados Unidos) y las “revisionistas” (Rusia y China).

Por ejemplo, la naciente república agraria de los anglosajones que nació en 1783 y que poseía el tamaño actual de la República Bolivariana de Venezuela – Estados Unidos – no se encontraba en una posición de ser una verdadera rival geopolítica de las potencias establecidas de entonces, como Gran Bretaña, la Francia Napoleónica y al Rusia Zarista. En realidad, la llamada “Doctrina Monroe” de 1823 debería ser denominada la “Doctrina Canning”, en referencia al Canciller Británico de entonces (George Canning), quien efectivamente la elaboró (antes de que el Señor John Quincy Adams se robe la idea y ponga a su Presidente – Monroe – a declararla como una idea “gringa”). Más importante, quien efectivamente puso a funcionar la señalada doctrina contra las potencias europeas fueron los propios británicos, con su inmenso poderío naval. Estados Unidos pretendía desde entonces ser una potencia, pero efectivamente sin haber logrado la resolución de su grave problema de modo de producción (capitalista industrial o agroexportador esclavista), la republica anglosajona no podía ser una verdadera potencia global, y mucho menos un rival de Gran Bretaña.

Pero el concepto del poder y cómo se ejerce el mismo en la segunda década del Siglo XXI es muy diferente al de las guerras napoleónicas y la Santa Alianza del Siglo XIX. Por eso, tenemos un contexto en el cual existe una verdadera rivalidad geopolítica entre Estados Unidos por un lado y Rusia y China por el otro. Más importante, aunque las asimetrías económicas eran evidentes entre Estados Unidos y la China a comienzos del Siglo, ya para inicios de la tercera década (2020-2029) del Sigo XXI, esas asimetrías se fueron reduciendo rápidamente, entre un crecimiento espectacular de la potencia asiática, y un declive evidente de la potencia anglosajona.

Rivalidades Geopolíticas Globales

La rivalidad gringa-china cobró fuerza y cambió de ritmo con la llegada del magnate supremacista Donald Trump a la Casa Blanca. Aunque la guerra contra la China ya había iniciado desde los tiempos de la pésima pareja Obama-Clinton, con Trump adquirió niveles sin precedentes de agresividad y de daño mutuo. Trump desea frenar el crecimiento chino y someterla a las mismas condiciones de subordinación que sufren potencias económicas como Alemania y el Japón, pero a la vez demostrarle al mundo que su país sigue siendo la potencia suprema del sistema internacional. Hasta los momentos, no ha logrado ni una ni la otra, y solamente ha logrado obtener la ira de muchos aliados tradicionales, a raíz de su insistencia en subordinarlos de manera poca “elegante”, contrario a lo que hacían tan majestuosamente los presidentes Clinton y Obama (y hasta cierto punto, el famoso Bush hijo).

Un ejemplo de este último asunto es el fiasco del Nordstream 2, el ducto de gas natural entre Rusia y Alemania, “vetado” (es decir, sancionado) por la administración del Señor Trump, para obligar a Europa a comprar el producto de los gringos, en vez de un país que lo tienen justo al lado (Rusia). Incluso, para insultar a los propios alemanes, la ley que sanciona el proyecto se denomina “Ley de Protección dela Independencia de Europa”, para que mas le duela a los alemanes.

Naturalmente, a los alemanes no les cayó muy bien esa grosera bofetada del Señor Trump, pero poco pueden hacer, salvo contratar otras empresas para terminar el Nordstream 2 – asunto que ya se dio, aunque por los momentos el proyecto se encuentra paralizado por lo de las cuarentenas. No obstante, se suma una gota más a un vaso que lentamente se va llenando, hasta que se rebose cuando ya no se pueda aguantar más el abuso sistemático del crudo manejo del poder que exhibe la administración Trump en la actualidad.

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