La fuerza moral del pueblo de Bolívar y Chávez

Por Roy Daza

No hay manera que el individuo que encabeza la facción fascista de la oposición salga del atolladero en el que está metido, una vez que ha quedado al descubierto toda la trama que rodea la incursión de un grupo armado en la madrugada del tres de mayo, y no se trata solo de las consecuencias jurídicas que tienen y tendrán tales acontecimientos, sino del descrédito de quien presumía ser “presidente interino”, nombró embajadores de un gobierno ficticio, saqueó cuanta cuenta bancaria tiene la República en el exterior, y tomó la perversa decisión de entregarle la empresa petrolera Citgo a Donald Trump, su amo y señor.

Un gavilla de aprovechados sin escrúpulos es lo que rodea a quien firmó un contrato en el que se estipula el asesinato del Presidente de la República, Nicolás Maduro Moros, y de la plana mayor de las instituciones del Estado venezolano, que le otorgaría el poder de comandar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a una contratista norteamericana, que echaría al pote de la basura la Constitución de 1999, y cumpliría el objetivo mayor que se ha trazado el imperialismo: la destrucción de Venezuela, no solo para apropiarse de las riquezas del país, sino para acabar con el ejemplo de un proceso revolucionario socialista, antiimperialista y profundamente chavista.

Y todo esto ha sucedido en el momento crucial de la lucha contra el Coronavirus, que el pueblo y su gobierno han sabido contener, por las decisiones oportunas y radicales del Presidente Maduro, por el esfuerzo heroico de las enfermeras (os), de las médicas (os), de los técnicos de las diversas disciplinas de las ciencias de la salud, y del Consejo Científico Nacional, que es una síntesis de “los poderes creadores del pueblo”. Y por si fuese poco, hermanados con los médicos y médicas cubanas, que forman parte de la Misión “Barrio Adentro”, una de las experiencias más hermosas que ha creado la humanidad en las últimas décadas. 

No pocos de los que hasta la semana pasada se inclinaban ante su majestad autoproclamada en una esquina de Caracas, y se daban codazos para sacarse un “selfie” con el “interino”, ahora le dan la espalda y salen corriendo para Washington a suplicarle a Pompeo que les designe otro títere, porque este les salió más chimbo que los anteriores.

La derrota del tres y del cuatro de mayo no pasa desapercibida para nadie, el nerviosismo recorre las casas de los partidos del G/4: Voluntad Popular, Primero Justicia, Nuevo Tiempo y Acción Democrática, saben perfectamente que ellos avalaron el plan, desde el mismo momento en que asumieron el documento titulado: “Marco para la transición democrática de Venezuela” emitido por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, el 31 de marzo de dos mil veinte, en el que queda claro que la amenaza de invadir militarmente a Venezuela, formulada por Donald Trump, no es ningún juego. En la Casa Blanca, no obstante, la capacidad de reflexión está muy disminuida, porque los guía una especie de fundamentalismo racista, y tienen por delante las elecciones presidenciales de noviembre, sobre la que no hay certezas ni pronósticos reservados.

Los principales voceros del Gobierno Bolivariano y del PSUV, han explicado con lujo de detalles los acontecimientos de la primera semana de mayo, y todo lo que tiene que ver con el contrato en cuestión, así como los vínculos que tienen los perpetradores del plan, es por ello que este ensayo solo estará centrado en analizar el nuevo cuadro político que surge a partir de este “acto de barbarie”.

De una vez, es preciso anotar algunos antecedentes, sin los cuales no sería comprensible que un pueblo sometido a un bloqueo económico despiadado y a la campaña de infamias más intensa de la que se tenga memoria, pueda exhibir una victoria fulminante y una fortaleza moral que no deja de asombrar a muchos, y sensibilizar a todo aquel que lleve consigo una dosis de honradez.

Es necesario decir, entonces, que la derecha fascista sufrió una derrota estratégica en 2017, cuando la guarimba llenó de dolor y muerte al país, y esos hechos impactaron duramente a la gente sencilla y trabajadora, y ello generó que la convicción pacifista se afianzara, sobre todo, cuando la respuesta a la barbarie, de parte del Presidente Nicolás Maduro y el Alto Mando de la Revolución, fue la de activar una opción constitucional y democrática, depositando en los ciudadanos la posibilidad cierta de dirimir en el campo de la política las diferencias que existen, con la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, que le devolvió la paz al país en pocas horas.

En el 2018 el Presidente de los EE.UU. le ordena a la derecha que no participe en las elecciones presidenciales del 20 de mayo. La oposición se divide. Un sector lanza sus candidatos y hace campaña, y otro llama a la abstención. La estrategia de los gringos es desconocer el proceso electoral, -en el cual es electo de manera contundente el Presidente Maduro-, para luego, en enero de 2019, designar a un “presidente interino” que fue reconocido de inmediato por Washington y sus aliados, y de esa manera iniciar, en toda la línea, el plan de invasión militar al país, con base en el argumento de la “crisis humanitaria”, igual que en Libia, en Siria e Irak, llevan al borde de la asfixia a la economía, con el cinismo como estandarte, se propusieron instaurar una dictadura a nombre de la democracia.  

Al producirse la autoproclamación del títere de Trump el 23 de enero de 2019, todo el mundo percibe que viene una confrontación. Diosdado Cabello, junto a la Dirección Nacional del Partido Socialista Unido, se pone al frente de las manifestaciones en todo el territorio nacional, acción política que en menos de treinta días cambia la correlación de fuerzas, nace, como las flores de los apamates en mayo, un nuevo canto de victoria: ¡Leales Siempre! ¡Traidores Nunca!

La canalla mediática internacional concentró sus fuegos, los presidentes Piñera, Benítez y Duque, y el secretario general de la OEA, Almagro, participaron directamente del plan invasor, reían a carcajadas y abrazaban al “autoproclamado”, el 23 de febrero de 2019 intentaron horadar “el suelo sagrado de la Patria” y se llevaron tremenda sorpresa, el pueblo dijo: ¡No pasarán! y no pasaron. El 30 de abril protagonizaron otra intentona, y fueron derrotados. Incursionaron en las playas del centro del país el tres de mayo de este año, y fueron derrotados.

La ultraderecha neo-fascista anclada en la Casa Blanca se emplea a fondo, ahora, de manera abierta, dicen que todas las opciones están sobre la mesa, entre ellas, el uso de la fuerza militar para “sacar a Maduro del poder”, los seguidores del imperialismo en nuestro país aplauden a rabiar, el proyecto de convertir a la Patria de Simón Bolívar en una neo—colonia de los yanquis entre en su fase definitiva.

Y lo que no se dan cuenta los pitiyanquis es que al lanzar todas esas propuestas que se resumen en guerra, muerte, traición, entrega de la nación, la conciencia patriótica del pueblo se afianza, se convierte en pasión colectiva, y a esa verdad incontrovertible hay que agregar que aquí cualquier paisano sabe que los problemas de los venezolanos los resolveremos nosotros mismos, porque somos gente de trabajo, que ahora vive la alegría del regreso de los compatriotas que se habían ido a otros países, que se vienen huyendo de la xenofobia, del hambre, porque saben que aquí está su hogar, y que entre todos nos ayudamos, y que “vamos a echar pa’lante”.

Este pueblo ama la paz y no quiere guerra con nadie, pero no acepta que venga los gringos a gobernarnos, y es por eso que ante tan oprobiosa conducta de quienes se arrastran ante Trump, el grito de esta tierra es de indignación, de rabia, de ira, convertido en conciencia y organización social.

La aceleración del descalabro de la facción fascista de la derecha venezolana está vinculada a la agresión sin límite del mandatario norteamericano, sobre todo, cuando formula una falsa acusación contra el Presidente Maduro y las más altas autoridades de la República, y saca un cartel en el que ofrece recompensas por su captura.

El pueblo capta el mensaje, entiende de inmediato la gravedad de la situación, sabe que la contienda en el plano militar se acerca, no por casualidad más de cuatro millones se incorporan a las milicias, retruena el canto del ejército popular del General Ezequiel Zamora: “¡El cielo encapotado anuncia tempestad / Oligarcas temblad / Viva la Libertad!. La acción política del chavismo se acelera al máximo, el despliegue es a toda velocidad, los problemas son muchos y complejos, pero todos recuerdan a Chávez: ¡Independencia o nada!

Otro hecho que explica la derrota política de la derecha es la fractura que se produjo en la oposición, el “autoproclamado” ya no preside la Asamblea Nacional, desde el año pasado se produjo una rebelión en las bancadas parlamentarias del G/4, un importante sector se deslinda de los golpistas y uno de sus dirigentes asumió la conducción del parlamento el pasado 5 de enero, y le abrieron varias investigaciones al “títere de Trump” en la Comisión de Contraloría. Tal y como lo dijo uno de sus voceros, la “frustra-arrechera” que hay en las filas de los partidos de la oposición es muy profunda.

Por otra parte, en el espacio político oposicionista, existe otra corriente, distinta a la anterior, que participó en las elecciones presidenciales de mayo de 2018, y constituye una fuerza electoral, hay que valorar –sin duda- que se han desmarcado de los fascistas, y participan del Diálogo Político Nacional que ha convocado el Presidente Maduro. La elección prevista para este año de la Asamblea Nacional, si la pandemia lo permite, será el escenario para que se reconfigure el cuadro político del país y se avance en la construcción de un nuevo Acuerdo Nacional, que enfrente la injerencia yanqui y fije las pautas para la recuperación de la economía en el futuro próximo, la estabilidad de la República y la paz.

En el ámbito latinoamericano, no esperamos nada de los gobiernos neoliberales alineados con el imperialismo, pero no por ello dejaremos de exhortarlos a reflexionar sobre este asunto: si invaden a Venezuela y la destruyen, mañana podría pasar lo mismo en sus países.

Una consideración adicional, que contribuye a comprender los desatinos de la derecha venezolana, la expuso uno de sus voceros más conocidos, el rector la Universidad Católica Andrés Bello, José Virtuoso, cuando dice: “creo que en este momento se hace evidente el tema de la desconexión que efectivamente hay con la sociedad venezolana”, la oposición tiene un obstáculo insalvable, es expresión de los intereses del gobierno de los Estados Unidos y está de espaldas al pueblo.

¿Qué pasaría si Estados Unidos desata una guerra contra Venezuela?

Ese sería un hecho terrible –como dudarlo— pero no hay que hacer mucho esfuerzo para saber que este pueblo pacífico, desenvainaría la espada de Simón Bolívar y resistiría de mil maneras a los invasores, nunca hemos atacado ni atacaremos a otra nación, y muchos menos a nuestras repúblicas hermanas, pero la guerra de todo el pueblo sólo finalizará cuando hayamos expulsado de nuestro territorio hasta el último de los intrusos.

El mundo –que está a las puertas de una Gran Depresión- se estremecería, quedarían canceladas las opciones de cambio pacífico en la región, y la conciencia latinoamericana se agigantaría, porque el abrazo de la solidaridad que ya sentimos, es tan inmenso, como las montañas de nuestra cordillera, como las pampas inacabables y las selvas intrincadas, como el tumulto de ríos majestuosos que alimentan esta tierra fecunda.

Sin demora alguna, los gobiernos de la Federación Rusa y de la República Popular de China, han condenado las amenazas de invasión a nuestro país, y han puesto de manifiesto su preocupación por los recientes acontecimientos. Beijín y Moscú nos envían medicamentos, mascarillas, pruebas, científicos de primer nivel, y por encima de todo: solidaridad y respeto.

La fuerza moral del pueblo.

Las ideas fundantes que expuso el comandante Chávez y que han generado una sólida conciencia revolucionaria en el pueblo venezolano, es posible identificarlas en la hazaña de convertir el pensamiento de Simón Bolívar en el centro unificador de la nación; el despliegue de un proceso democrático inédito; y la formulación y desarrollo del proyecto del Socialismo del Siglo XXI. 

Sólo haremos referencia a una de esas ideas–fuerza, la que tiene que ver con la creación de las naciones latinoamericanas, la implantación cultural y política de un nuevo mundo, con base en la interpretación científica de la sociedad de entonces, que condujo a darle sustento filosófico, legitimidad y legalidad, a la guerra independentista, y acto seguido, a la formación de las repúblicas hispanoamericanas, así como también, a los radicales programas políticos y textos constitucionales, que se han enarbolado en más de cien años de revoluciones.

“Los próceres de la independencia organizaban ejércitos y al mismo tiempo redactaban constituciones, no pocas veces sus repúblicas apenas cabían en un barco, formaban gobiernos de la nada, eran diplomáticos y soldados, y sus ministerios andaban a lomo de mula en las montañas o en las llanuras oceánicas”. [Daza, Roy. (2019): La comunidad futura]

El líder histórico de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, hizo nuevos aportes a la ciencia política universal, pero no partió de cero, sino de una reinterpretación de la acción y el pensamiento de Bolívar, de Sucre, de Miranda, de Robinson, de Zamora. Estudió la Revolución Francesa de 1789 y la de América Meridional. Entendió que el proyecto del Libertador había quedado inconcluso.

“… Y allí aparece la importancia de hombres como Bolívar. Hijo de Rousseau, discípulo de Voltaire y de Montesquieu, émulo de Napoleón, pero opuesto a sus ambiciones monárquicas, había sido también interlocutor de Humboldt en París y en Roma, y era el gran radical: más que la independencia, quería la libertad, la igualdad y la fraternidad. No quería sólo liberar un mundo, sino en cierto modo inventarlo, contagiar a todo el continente de su necesidad de tener una patria, un destino, y un sitio en la historia”, resume el poeta William Ospina.

Y es que Chávez reinventó la Patria, indagó en las vetas más hondas de nuestra historia, y al mismo tiempo, atisbó en las tendencias generales de la sociedad que viene, y la miríada de contradicciones que le son inmanentes, para forjar en la confluencia del futuro y el pasado, la reinterpretación del presente, para comprenderlo, y para transformarlo. Y en ese orden de ideas, resultaría imperdonable soslayar que con el Comandante Fidel Castro fraguó el nuevo sueño de la unión de las naciones del Caribe y Latinoamérica.

Y cuando el poder imperial arremete, Chávez exclama:

“La profecía de Simón Bolívar no hizo sino cumplirse, los Estados Unidos están destinados por la providencia a plagar a la América de miserias a nombre de la libertad” (…) “Doscientos años después estamos nosotros concentrados en esta Caracas Bolivariana, para seguirle diciendo ¡NO al intervencionismo! (…) “Y yo les voy a decir algo, bastante historia hay aquí, bastante heroísmo hay aquí, bastante pueblo hay aquí, y bastantes cojones hay aquí, para defender esta tierra, para defender esta Patria, para defenderla de cualquier intruso que pretenda venir a humillar esta tierra de todos nosotros”.

Las palabras de Chávez son suficientes para fijar la línea central de esta exposición. ¡Nosotros Venceremos!

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