LA FRACTURA DE LAS FUERZAS MILITARES COLOMBIANAS; ENTRE URIBE Y LA PAZ.

Por Miguel Ernesto Salazar

A propósito del comunicado de la Embajada de los EE.UU. en Colombia sobre  brigada estadounidense de Asistencia de Fuerza de Seguridad para “apoyar al Ejército en la lucha contra el narcotráfico”.

Tres fachadas definen al territorio venezolano y sus fronteras; Andina, Amazónica y Caribe. Los Estados Unidos las han convertido en su escenario de operaciones de guerra contra Venezuela, es la zona gris dispuesta para frenar a la Revolución Bolivariana.  Dos reuniones en el Salón Oval anteceden cualquier decisión tomada por Washington sobre la “amenaza» “inusual y extraordinaria». A Iván Duque y a Jair Bolsonaro se le ha informado sobre la participación de ambos gobiernos en la intervención sobre el país tanto en el 2019 como en el 2020.

Colombia es epicentro de la conspiración y base logística para las aventuras planificadas para derrocar al Gobierno Bolivariano, desde el Magnicidio hasta a incursión de una fuerza mercenaria han contado con el apoyo irrestricto del Gobierno de Duque.

No ha bastado con que el COVID-19 haga de la región su nuevo foco en el mundo, a la decadente OEA y al eclipsado Grupo de Lima poco le importa los más de 1.8 millón de contagiados por COVID-19 en los EE.UU., o Brasil con su más de medio millón de contagiados y sus 30 mil muertes ocasionadas por este virus ni tampoco importa los casi 30 mil contagiados y los casi mil fallecidos reportados por el Gobierno de Duque en Colombia. La mirada sigue estando sobre Venezuela, no  precisamente por sus cifras con respecto a la Pandemia ni a su acertada política para contener la misma en medio de la agresión más salvaje que pueda enfrentar país alguno en el mundo. El objetivo sigue siendo la Revolución Bolivariana, con Maduro al frente de su Gobierno Bolivariano, el ojo puesto por quienes reeditan a Monroe y su concepto de “América para los Americanos” y la puntería fija sobre un enemigo que sigue dando de qué hablar en su empeño por la integración latinoamericana,  UNASUR, CELAC, ALBA, legado de Hugo Chávez Frías.   

El Coronavirus parece surgido como un plan prediseñado por los enemigos de Venezuela y no como la Pandemia que ha sorprendido a buena parte de la humanidad. El COVID-19 ha calzado como anillo al dedo para quienes propician la intervención militar sobre Venezuela. Pero no, el cálculo esta errado por los promocionadores de la guerra o por lo menos no todas las variables han estado sobre la mesa.

“La Embajada de Estados Unidos y el Ministerio de Defensa Nacional de Colombia, informan la llegada al país de una brigada norteamericana de Asistencia de Fuerza de Seguridad (SFAB por sus siglas en inglés), que viene para ayudar a Colombia en su lucha contra narcóticos. La SFAB es una unidad especializada del Ejército de los Estados Unidos formada para asesorar y ayudar operaciones en naciones aliadas.”, forma parte de lo informado por los inquilinos del Bunker ubicado en la Carrera 45 No. 24B-27 Bogotá, D.C. Colombia. La nota de prensa de la Embajada gringa en Colombia añade la siguiente perla: “En palabras del Almirante Craig Faller, comandante en jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, Southcom (por sus siglas en inglés), “la misión de SFAB en Colombia es una oportunidad de mostrar nuestro compromiso mutuo contra el narcotráfico y el apoyo a la paz regional, el respeto de la soberanía y a la promesa duradera de defender los ideales y valores compartidos.” De esta manera Craig le ha dado un nuevo marco teórico a la categoría “Soberanía”. Un número aún sin confirmar de efectivos militares de esta fuerza elite, “SFAB” arribaran a Colombia para operar en las llamadas “Zonas Futuro”, áreas “determinadas” por el Gobierno de Duque. La opinión política se ha movido para salirle al paso a lo planeado por los inquilinos de la Casa Blanca y la Casa de Nariño. Entre ellos el líder  de Colombia Humana quien no ha tardado de calificar como una escalada hacia una intervención militar sobre Venezuela: “No se puede ocultar lo evidente: se prepara una invasión a Venezuela, con lo peor: la ayuda del narcotráfico. De hacerse, se forjará una herida histórica y desastrosa en nuestra Latinoamérica”. Por su parte, el expresidente Ernesto Samper llego a señalar: “La llegada de tropas extranjeras anunciada por @USEmbassyBogota debe aprobarse por el Senado según dispone el numeral 4° del art. 173 de la Constitución. Más si las tropas no vienen de “tránsito” sino a establecerse en zonas de conflicto armado como las mal llamadas zonas futuro”.

Y aquí surgen las interrogantes: ¿Las “Zonas Futuras” transcienden las fronteras? ¿Esta Venezuela a las puertas de una intervención militar con el arribo de las SFAB a suelo colombiano?¿Quién o qué más está en la mira de los inquilinos de la Casa Blanca y la Casa de Nariño? Y acá la que considero la interrogante más importante: ¿Acompañaría de manera monolítica la FFMM Colombia una aventura bélica sobre Venezuela? Sobre el plan operativo, cazar dos pájaros de un solo tiro se asoma como una opción a lograr en el corto plazo.

Partamos primero del primer hecho; la FFMM Colombia está fracturada. Y pongamos sobre el análisis del lector los siguientes datos.

Los Acuerdos de Paz con la FARC

La Mesa de Acuerdos de Paz en la (La) Habana, Cuba, con las FARC fue uno de los puntos de inflexión de esta fractura. Oficiales como: el general Álvaro Pico Malaver, el almirante Orlando Romero Reyes, el general Carlos Alfonso Rojas,  el general Oswaldo Rivera Márquez, el  General (r) Jorge Enrique Mora y el General (r) Oscar Naranjo, Coronel Martín Fernando Nieto Nieto, son considerados como traidores por el Uribismo al retomar el poder. El Uribismo también puso en la mira al grupo de oficiales que se acogió a la Jurisdicción Especial para la Paz, uno de los principales logros del acuerdo de paz y una de las principales figuras salida de los acuerdos al cual Álvaro Uribe Vélez le ha jurado cristiana sepultura. Hasta la fecha 2.680 personas de la fuerza pública suscribieron actas, entre los casos resaltan el del “general (RA) Jesús Armando Arias Cabrales, condenado en calidad de coautor por el delito de desaparición forzada de varias víctimas en la “toma y retoma del Palacio de Justicia»” y el del “general (r) Mario Montoya Uribe, excomandante del Ejército Nacional, rendir versión dentro del caso 03, “Muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado», conocido como el de “falsos positivos»”.

Crimen y Corrupción.

A los acuerdos de paz llevaron a una crisis para un grupo de generales que tenían a la Guerra como un negocio. Llevando a una descomposición en los Altos Mandos de las Fuerzas Armadas Colombianas, en especial aquellos cuadros cercanos al Uribismo. El Contrabando de Gasolina y el Tráfico de drogas pernea a la cúpula militar.

Los medios colombianos y algunos extranjeros, entre ellos Telesur, han dado amplia cobertura a la corrupción imperante en el seno de la fuerza militar colombiana. Recientemente un Coronel retirado de apellido Arrauth, otro oficial de Contrainteligencia, ofrecía cuantiosa información sobre “operación Bastón”, nombre dado por los bastones de mando de los generales. Según el Coronel la operación dejo “700 misiones de trabajo para identificar, prevenir, detectar, interrumpir y contrarrestar actividades de inteligencia extranjera y factores de inestabilidad”, dejando al descubierto la corrupción de más de 10 generales.

Una columnista de la Revista Semana, María Jimena Duzán,  deja también un punto evidente sobre esta trama y la miopía del Gobierno de Iván Duque para ciertos temas: “Duque no supo de la Operación Gedeón contra Maduro, ni tuvo conocimiento de que esta se preparó desde una base de La Guajira. Tampoco se enteró de la Operación Bastón ni de cómo su comandante del Ejército, Nicacio Martínez, intentó sepultarla y no supo que la inteligencia colombiana estaba utilizando la ayuda de Washington para espiar a periodistas y a políticos de oposición”.

Otro aspecto importante, los acuerdos de paz dejaron a las Fuerzas Armadas Colombianas sin un enemigo poderoso al combatir, recordemos que ni narcos ni paras son combatidos con la misma “fiereza” que se combate a la insurgencia colombiana. Sus tropas quedaron para hacer el trabajo sucio que hacían los paramilitares, asesinar y desaparecer a líderes sociales, indígenas y campesinos. Sumado por supuesto al asesinato de ex guerrilleros de la FARC desmovilizados después del acuerdo de paz. Las masacres volvieron a las ordenes operativas de las patrullas militares en busca de falsos positivos.

La fractura

Un artículo de un conocido articulista colombiano, Felipe A. Priast, puede darnos un poco más de luces sobre la fractura de la FFMM Colombia, en algunas de sus líneas en un artículo suyo bajo el título, “LOS SOLDADOS AMERICANOS Y EL “ESTADO DÉBIL””, nos señala: “…la llegada de este contingente de tropas de élite es la confirmación de todas mis sospechas de que algo anda mal, muy mal, al interior del Ejército Colombiano”. El autor sostiene que existe un “sismo ideológico” al interior del Ejército Colombiano quebrando de esta manera su operatividad, lo que la fuerza elite gringa vendría a salvar antes de iniciar cualquier intervención militar sobre Venezuela. Añade además la división imperante en el seno de las Fuerzas Militares Colombianas: “Por un lado están los de línea dura, los fanáticos que aún creen que Uribe es Napoleón. A esos yo los llamo los “realistas”. Y por el otro lado están los oficiales pensantes, los comprometidos con la institución, aquellos que viven del honor y de su compromiso con el pueblo. Oficiales y tropa que ya están mamados de Uribe y su recua de bandidos y quieren un cambio. A estos yo los llamo los “honorables”, pues aún creen en el honor militar, la esencia del oficio militar. Y en el medio entre los realistas y los honorables hay un tercer grupo, los “castro-chavistas”, un pequeño grupo de oficiales que ve con simpatía al régimen de Maduro y es afín a su causa, ya bien por convicción o por dinero y conexiones”.Y agrega: “Los soldados americanos han llegado para apoyar al primer grupo, el de los “realistas”, esos que creen que Uribe es Napoleón Bonaparte, el mesías salvador de Colombia”. Para reafirmar lo sostenido por Priast, hay un trabajo de ascenso en la Biblioteca de la Universidad La Javeriana en Bogotá que esta para su digitalización que recoge una encuesta hecha en el seno de los cuarteles militares neogranadinos que sostiene los siguiente: un 7% se define como de derecha, entre el 3% y 4% se califican de izquierda, y un 70% se califica de institucional o de centro, el restante podemos calificarlo como los ni ni de la fuerza militar colombiana.

Sobre la fuerza elite gringa y su objetivo, Felipe A. Priast , non deja duda sobre lo que piensa “Ese cuento de que estas son tropas especializadas en lucha anti-narcoticos es mierda. Las Brigadas de Asistencia, como estas, tienen un largo historial que se remonta a la Guerra de Vietnam y a la lucha anti-comunista en la África de la post-Guerra. Fueron creadas para entrenar ejércitos de “Estados Débiles” amenazados por el comunismo, principalmente. En otras palabras, estos tipos vienen para limpiar al Ejército Colombiano de “comunistas” y cumplir funciones sobre las que se tienen dudas que el Ejército Colombiano pueda cumplir a cabalidad”. Y finalmente, escribe sobre las SFAB y su sentido en Colombia: “En términos de fidelidad al Ejército de los Estados Unidos, son como las Waffen SS del Ejército de Hitler, tropas supremamente leales al Gobierno de los Estados Unidos. Se podría decir que son las tropas más leales al capitalismo americano, si esta idea se entiende”. Y nos deja la interrogante con respuesta incluida: ¿Por qué habrían de traer tropas tan especializadas y tan leales a Colombia?, es la pregunta. Y la respuesta es, “porque no se van a dejar corromper por billete o ideologías”, el principal problema del Ejército Colombiano.

Al leer el planteamiento de este colombiano, por cierto, antichavista a rabiar, en lo particular sobre la crisis de ideología de las fuerzas militares colombianas, no dejo de pensar en el prólogo escrito  por Iván Márquez a la edición del 2010 del libro, “El Ser Guerrero del Libertador”, escrito por el General Álvaro Valencia Tovar, Comandante General del Ejército y quien fuese enemigo declarado de la insurgencia colombiana (Valencia dirigió la operación contra el mando de la naciente FARC en Marquetalia y dirigió las operaciones  contra el ELN donde Camilo Torres murió en combate. Un pasaje de Iván Márquez da cuenta de la profunda crisis ideológica y de identidad que arrastra desde los tiempos de Santander: “En su obra Bolívar, el ejército y la democracia el historiador militante Juvenal Herrera Torres nos dice con argumentación incontestable –exceptuando nosotros a Valencia Tovar, y entre otros, a distinguidos oficiales como Bermúdez Rossi y Londoño Paredes- que “los altos mandos de las Fuerzas Militares de Colombia no conocen hoy a Simón Bolívar, ni lo estudian ni mucho menos lo hacen conocer de las tropas: el Pentágono lo prohíbe en su documento Santa Fe IV; lo declara su enemigo. No es casual que el general Carlos Alberto Ospina, comandante de las Fuerzas Militares de Colombia, en entrevista que concedió a El Espectador…, declare que no es “un especialista en Bolívar”, pues “no tengo un conocimiento profundo de él”…; reconociendo, en cambio, que “me gustan las películas de guerra. Por ejemplo, Los boinas verdes con John Wayne. Es una película que muestra la nobleza de la profesión, el riesgo que se corre…” El entrevistador, Libardo Cardona Martínez, le pregunta al general Ospina: “¿Cuál es su ídolo?”, y éste le responde: “El mariscal Rommel, un hombre noble, un buen soldado, valiente. Es un hombre muy parecido a nosotros: sin recursos, enfrentaba a un adversario que tenía muchos más. Y tenía otra ventaja: mandaba con el ejemplo”.

Y por último, para cerrar esta idea sobre la fractura de las fuerzas militares colombianas, la guinda sobre el pastel:

“Aunque los testimonios son un poco más largos, esto es solo un pequeña muestra de las horas y horas que tenemos de grabación de estos criminales. Estas [pruebas] son producto de las infiltraciones que tenemos en el seno de la inteligencia y Fuerzas Armadas colombianas”, habría señalado en su oportunidad, Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación e Información tras la autorización del Presidente Nicolás Maduro. Esto habría supuesto la guinda sobre el pastel. Desatando un movimiento telúrico en el seno del Gobierno de Duque, el Uribismo y su mentor mayor, Washington. Tal afirmación coloco a oficiales de alto rango en “estado general de sospecha”. Diría un Uribista: “éramos mucho y parió la abuela. ¿Será posible que Chávez haya hecho su trabajo bajo las directrices del ideario bolivariano, y la idea del Ejército patriota nuevamente haya cruzado las fronteras?

Es necesario no bajar la guardia, Washington, está decidido a poner fin a la influencia que despierta la Revolución Bolivariana en la región. Para Trump, somos un mal ejemplo para el vecindario, todas las cartas están echadas sobre la mesa. No hay duda que los gringos andan en busca de quitarse de encima la derrota de Chuao. Pero no todo tampoco está a su favor. Si Washington avanza sobre la fachada andina, se encontraran que un porcentaje importante de los integrantes de las fuerzas militares colombianas no quieren a Uribe y desean la paz.  

@salazarerespia

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