La espada de Bolívar que vuelve a la lucha.

Por Miguel Ernesto Salazar

Este trabajo está dedicado al compañero Carlos Sánchez, un insigne bolivariano, junto a él a las mujeres y hombres que abrazan a diario el ideario del Padre Bolívar para liberar a los pueblos de Nuestra América.

“No es un arma vieja, tengo en mi mano la verdadera historia de nuestro país, una historia que queremos recomenzar. No vamos a sacar un arma de un museo, vamos a revivir esa historia. Se siente Bolívar al empuñar esa espada, se siente la presencia del Libertador y se siente un inmenso compromiso. La meto debajo de mi ruana, por el cuello. La pongo contra mi pecho, contra mi corazón. Luego la bajo a la cintura y la guardo junto a mi pistola”.

Álvaro Fayad Delgado, Fundador y Comandante General del M-19.

«No envainaré jamás la espada mientras la libertad de mi pueblo no esté totalmente asegurada», es un fragmento de un discurso pronunciado en Caracas, el 2 de enero de 1814, por parte del Libertador Simón Bolívar y que encabeza el comunicado del Movimiento 19 de Abril (M-19) sobre la recuperación de la espada del Libertador.  “Pero Bolívar no está con ellos sino con los oprimidos. Por eso su espada pasa a nuestras manos. A las manos del pueblo en armas. Y unida a las luchas de nuestros pueblos no descansará hasta lograr la segunda independencia, esta vez total y definitiva.”, termina de señalar el comunicado fechado en Enero 17 de 1974. La espada tuvo en manos del M-19 hasta 1991, cuando en gesto de generosidad en el medio de la dejación de armas, es entregada en pleno proceso constituyente. Para aquel entonces Gustavo Petro formaba parte de la organización guerrillera en estructuras de la organización que no hacían actividad armada, en su ascenso en el M-19, Petro llego hacer concejal en Zipaquirá, en el mismo tiempo que se funda el barrio Bolívar 83, donde es detenido por las fuerzas represivas del Estado Colombiano vestido como una bondadosa viejita, disfraz pensado para romper el cerco que sobre el joven militante del M-19 se cernía. Petro en su paso por el Tolima plantearía a la Comandancia del M-19, diálogos regionales por la paz, los cuales tendrían un gran éxito político como preámbulo al dialogo nacional, es el mismo modelo que el Presidente Petro ha apostado en la actualidad.   

48 años después de la recuperación de la espada de Bolívar y 31 de su entrega por Antonio Navarro Wolff al Estado Colombiano, el pasado 25 Junio 2022, Gustavo Petro concedió su primera entrevista como Presidente electo a un medio de comunicación colombiano. Durante 31 años la espada fue silenciada tras una urna de cristal que primero permaneció en las Bóvedas del Banco Central de Colombia y posteriormente en la Casa de Nariño. A las 6:20 minutos de la tarde, Gustavo Petro llegaría a la sede del poder político en Colombia, la entrevista recoge las impresiones de Petro durante el dialogo con Iván Duque: “Yo fui a hablar con Duque y bueno, eso es protocolario. Él al principio estuvo frío pero se fue humanizando en la conversación y al final rompió incluso los protocolos y me llevó a un rincón del Palacio. En un pasillo había dos de estos soldados vestidos de la época de la independencia y había una urna. Entonces me dijo: «Yo quiero mostrarle esto». Y entonces fui. Vi la urna y ahí estaba la espada de Bolívar, la que nosotros recuperamos”. Hoy la espada que reposa en la Casa de Nariño sin su funda, los estribos y espuelas, pero aun desprovista de su brillo sigue iluminando.

Petro recuerda ante los integrantes del portal web colombiano “Cambio” el significado de la espada desenvainada en poder del M-19 citando a Bolívar: “Jamás envainaré mi espada hasta que haya justicia en Colombia”. Adiciona Petro a la conversación, “es la espada de la justicia y por eso nosotros la recuperamos y la entregamos. La metieron en una bodega y nunca más volvimos a saber de la espada. Y ayer la vi, y nunca la había visto”. Petro era un adolecente cuando un comando del M-19 irrumpió en la Quinta de Bolívar y arrebató a quienes custodiaban la Espada del Libertador.

Sobre este momento Gustavo Petro termina señalando: “Es la primera vez que la veo de cerca. Cuando nosotros devolvemos la espada fue un acto de generosidad mutua de un Estado que pretende cambiarse. Navarro iba a ser ministro de Salud y él la entregaba. Era un símbolo, lo más valioso que teníamos. Muchos no entendimos el acto, pero era un doble acto de generosidad. Desde entonces ellos decían: La generosidad tiene que ser un valor, que es fundamental si se tiene el poder. ¿Y entonces qué hizo Duque? Un acto de generosidad. No necesitaba mostrarme la espada. Hubiera podido hacer que la llevaran y la volvieran a guardar en la bodega para que yo no la tuviera. No sé si él comprendió bien qué significaba devolverme la espada. La espada es del pueblo. Entonces, desde el poder tiene que haber generosidad. Si la izquierda se ensoberbece, se vuelve soberbia, porque ha logrado unos triunfos que nunca había logrado, empezando por mí mismo, nos aislamos. Y si nos aislamos, nos tumban”.

¿Qué ha significado devolverle la espada a Gustavo Petro? Tal vez este pasaje de Jaime Bateman, nos vaya despejando la interrogante: Interpretamos al pueblo cuando recuperamos la espada de Bolívar (…) Ella constituye un símbolo que vale más de cien mil fusiles”. O este fragmento del Acuerdo para el Dialogo Nacional firmado en agosto de 1984: “Hoy firmamos el documento para el Diálogo Nacional: porque queremos que la PAZ pase por la casa de cada colombiano. Empuñamos la espada de Bolívar para construir el futuro de justicia y dignidad que a todos nos pertenece. Justicia que nace del trabajo para todos, de la salud para todos, de la cultura para todos, de la vivienda para todos”.

¿Tiene sentido para Gustavo Petro reivindicar el pensamiento bolivariano, tiene pertinencia para esta Colombia que se abre al cambio? ¿Tiene sentido la idea bolivariana para la Latinoamérica de hoy?

Tal vez en la Carta de Jamaica pudiéramos encontrar pistas para despejar estas interrogantes, este pasaje de un trabajo de Yldefonso Finol nos da luce para hacer tal aseveración: “El reto de ser originales hasta en las instituciones que debíamos darnos como pueblos nacientes, va acompañado de la angustia democrática por darle estabilidad al gobierno sin dejarse arrastrar por las tentaciones del absolutismo y la monarquía, sin descartar ni la condición electoral como fuente de legitimidad ni la posibilidad del carácter vitalicio del jefe del ejecutivo, que en ningún caso sería hereditario. Aquí queda plasmada esa otra parte fundamental de la Doctrina Bolivariana, conformada por el trípode República, Democracia y Buen Gobierno”.

Pero me atrevo ir más allá y buscar respuestas en las vivencias y en el ideal de uno de los integrantes del comando del M-19 que participo en la recuperación de la espada a cargo del Comandante Álvaro Fayad, se trata de Carlos Sánchez, quien tendría la responsabilidad de conducir el vehículo que transportaba a una parte de los integrantes del M-19 y que posteriormente trasladaría la espada de Bolívar a su primer destino, la casa del “compañero Ernesto”. Jaime Bateman, Comandante General del Movimiento para aquel entonces sería el que comisionaría a Carlos Sánchez para integrar el comando que llevaría a cabo la recuperación de la espada.

Carlos no solo abraza la idea revolucionaria sino además es un fotógrafo y cineasta reconocido en el mundo artístico colombiano, será esta cualidad la que lo ponga al frente del lente de la cámara que recogió aquella legendaria foto con la espada de Bolívar puesta sobre el mapa de Nuestra América, una ametralladora que portaba el “compañero Ernesto”, los estribos y las espuelas del Libertador con una pancarta del M-19 al fondo.  

“En Colombia, Bolívar era sinónimo del Partido Conservador, así nos lo vendieron, nosotros recuperamos para el pueblo al verdadero Bolívar”, nos indica Carlos Sánchez. Para el militante de la fotografía, del cine y de la militancia política, el reto hoy es que desde Colombia la idea de Bolívar vuelva a cabalgar en las naciones liberadas por el Libertador.        

Sobre la Casa Museo Quinta de Bolívar, aquellos espacios que durante los primeros meses del 2000 recorrí, una exposición diseñada por un grupo de excombatiente del M-19, bajo el título “Historia de una ausencia. La espada de Bolívar y el M-19”, nos ofrece una perspectiva de la simbología que no solo es propia del M-19 (durante el gobierno de Ivan Duque, esta exposición seria clausurada), sino que encarna Gustavo Petro y seguramente al proyecto país que buscara desarrollar el Pacto Histórico; la espada habla de rebeldía, de identidad, de unidad, habla de paz, habla de dignidad, habla de ética, habla de luchas, de democracia, de Poder, la espada habla de dialogo nacional, habla del acuerdo nacional. La espada también es una promesa inconclusa, como quedo plasmado en las palabras del Comandante Ivan Torres por parte los integrantes que auspiciaron la exposición: “Sé que hay un país que insiste en la alegría y en la justicia y por eso seguiré caminando por la senda de los sueños. Cambiaran los vientos, los tiempos e insistiré en rehacer la promesa que será cumplida. Desde el que me encuentro continuaré gritando que allí afuera, arriba, por los mismos caminos de la patria, mi espíritu se siente en el corazón y en las manos de los jóvenes, de las mujeres y los indígenas, de los afro descendientes y los campesinos y en los miles de colombianos y colombianas que su trajín diario insisten en construir renovada esperanza”.   

La espada hecha promesa también vislumbra el devenir, la espada de los sueño y de la utopía, tal como lo recoge la última intervención pública del Comandante Carlos Pizarro siendo candidato presidencial antes de su asesinato: “Colombia necesita abrirse a toda la nación: a lo institucional y lo no institucional, a los sectores que tiene vocación política pero también a las fuerzas sociales organizadas en función del trabajo, de la cultura, de la inteligencia, del pensamiento”. Sobre esta idea se mueve Gustavo Petro, a lo interno de Colombia está claro el desafío, “el acuerdo nacional se tiene que generar en unos espacios que no son propiamente los parlamentarios, que son sociales, donde también hay política. Esos espacios en primerísimo lugar a mí me gustaría que fueran los regionales. Para encarar de entrada el conflicto». Hacia Latinoamérica, la paz como elemento de unidad y de integración, y aquí uno de los desafíos mayores, no solo para Petro sino para cualquier ciudadano y ciudadana colombiana, mirar hacia el Sur. 

“OFRECEMOS UNA COSA SIMPLE Y SENCILLA: QUE LA VIDA NO SEA ASESINADA EN PRIMAVERA.”

“BOLÍVAR, TU ESPADA VUELVE A LA LUCHA”.

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