La derrota del peronismo el pasado domingo 12 en las primarias generales.

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

El pasado domingo 12 se realizaron en todo el territorio de la República Argentina las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) correspondientes a las elecciones legislativas nacionales del próximo 14 de noviembre, es importante acotar que son elecciones de medio término, es decir se elige la mitad de las bancas de las cámaras del Congreso Nacional y la otra mitad va junto con las elecciones presidenciales que tendrán lugar en el 2023 con sus PASO respectivas.

El sistema electoral argentino establece desde el año 2009 la obligatoriedad de este proceso como requisito previo a las elecciones generales, en estas primarias se definen básicamente qué organizaciones políticas pueden participar en las elecciones generales, quedando habilitadas todas aquellas que alcancen al menos el 1,5% de los votos efectivos del distrito electoral para el cual están presentándose; además, como lo indica su nombre, dirimir las candidaturas internas de cada una de las organizaciones, esto es igual para las elecciones legislativas y presidenciales. Mas sencillamente, en las PASO se define que candidatos de cada organización le es posible aspirar a cargos de elección popular en las consecutivas elecciones generales.

Pero no necesariamente las organizaciones y partidos políticos presentan vario/as candidato/as por distritos al mismo cargo, pueden presentar uno solo/a o una sola lista por distrito, el caso es que igual deben alcanzar el porcentaje de los votos mencionados. Un aspecto importantísimo es que todos los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho al acto eleccionario, no es necesario estar afiliado/a a ninguna organización política, es como claramente señala su nombre (al igual que las elecciones generales) una obligación; solo los jóvenes de 16 y 17 años y los mayores de 70 están exentos de la obligatoriedad.

 Lo que nos importa destacar es la posibilidad que poseen las PASO de proyectar el resultado de las elecciones de las cuales son primarias, por lo que su condición mensurable es casi una premisa de su definición; de forma tal que las organizaciones pueden anticipar sus resultados electorales y afinar sus estrategias para las elecciones propiamente dichas de los cargos.

 Visto en la simplicidad de las palabras que simulan neutralidad de los procesos, parecen un suceso o requisito que solo atañe a las organizaciones en sus definiciones candidaturales internas, pero son “la gran encuesta”, pues en ellas sabrás con que votación cuentas y cuáles son tus posibilidades de ganar o no la próxima elección.

Entonces, en las pasadas PASO del domingo 12 la coalición de gobierno, el Frente de Todos conformado por el peronismo en sus diferentes interpretaciones y otras organizaciones del campo popular, sufrieron un importante revés, resultando ganadora la fórmula de Cambiemos, es decir la derecha que gobernó con Mauricio Macri. La jornada contó con una significativa participación, cerca del 67% del padrón electoral se acercó a las urnas, lo cual es un número considerable tomando en cuenta que aún estamos bajo el signo de la pandemia; el caso es que la ciudadanía se interesó por el hecho eleccionario y fue a expresarse, dejando un mensaje muy claro al gobierno de insatisfacción, el veredicto fue un castigo a la gestión de gobierno o, para suavizarlo un poco, un escarmiento.

Los resultados son pavorosos para el campo popular, perdimos en 17 provincias y fundamentalmente en la provincia de Buenos Aires, donde habita más del 40% de la población total del país, es realmente sorprendente que en dos años se haya retrocedido tanto a nivel electoral, podremos hablar de la pandemia, lo cual es claramente una realidad que afectó y mucho, pero la insatisfacción ante la compleja situación económica es el factor fundamental, ya que hasta el momento la diferencia en torno al modelo que representa el sector nacional y popular no se ha hecho presente en, por lo menos, una leve mejora de la situación de pobreza que viven muchas familias argentinas.

El gobierno ha presentado una serie de éxitos en política macroeconómica, fundamentalmente en la recomposición desde otro lugar de las negociaciones con el FMI y el consiguiente esquivo del default, pero en los asuntos que tienen que ver con la redistribución del ingreso, la recomposición del salario y el control de la inflación las cosas no han mejorado, de hecho han empeorado, y bueno podríamos decir nuevamente que la pandemia (muy bien enfrentada por el gobierno a mi entender) impidió poner en marcha acciones para iniciar la reversión de los problemas señalados, pero entonces allí vamos a lo político, el liderazgo, la conducción falló, ya que no pudo instalar la confianza necesaria que diera algo de contención a la predecible pérdida de votos.

Durante lo que va de estos dos años de gobierno se ha hablado de la diferencia de modelos, pero únicamente en retorica ya que se divisan solo políticas de ajuste fiscal y monetario, estas últimas con cuestionado éxito; por ejemplo no se han desactivado los apoyos al sector financiero, pero se mira con cautela la continuación de los programas de transferencia monetaria a los sectores más pobres, cuando hay un serio deterioro del ingreso por el proceso inflacionario y la desocupación. Puede que me equivoque y hoy solo hable desde el despecho de la derrota, pero lo que si me queda claro es una fuerte sensación de falta de liderazgo desde la Casa Rosada, el presidente hasta el momento ha sido incapaz de explicar hacia dónde va el cambio de modelo, hacerlo de tal forma que pueda motivar al aguante, la mayoría confiamos y realmente Alberto Fernández ha estado extraviado para construir un liderazgo desde lo popular, el poder le da la posibilidad cierta de un liderazgo, tiene como ganar adeptos en las filas de los distintos peronismos que conforman el Frente de Todos, más aun en la crisis interna que se despierta como consecuencia de los resultados, pero eso es quizás fuerza para gobernar, no una apuesta de construcción desde y para lo popular.

La unidad en la coalición de gobierno parece haberse afianzado más en la sobrevivencia que en la gestión pública y hasta el momento no se traduce en políticas que produzcan impacto en la recuperación de empleos, salarios y control de la inflación. Hay que aceptar además que el presidente no emociona, su estrategia discursiva es desorientada y con más errores que aciertos, incluso muchas veces sorprende como un educador pueda transmitir tan poco en torno al presente y futuro, en la enunciación de valores y explicación del camino por donde va la práctica de gobierno, es posible que eso no sea la clave de un buen gobierno, pero ante la crisis presente una conducción que motive, explique el camino y convenza sería de gran ayuda. El discurso, aspecto imprescindible en la comunicación política, desde la presidencia no forma una narrativa que estructure la épica capaz de movilizar la esperanza en un contexto de problemas y angustias, hay que entusiasmar para soportar las adversidades, el ejemplo como encarnación de los valores es escaso en la estructura del ejecutivo, no alumbra el camino  conducente al modelo que se presenta como posible.

Es de seguro temprano para saber cómo van a resultar las cosas en el reacomodo del gobierno, ayer el grupo de ministros que responden al kisnerismo pusieron sus cargos a la orden, los albertistas no, vuelvo al ejemplo, todos debían haber puesto sus renuncias como opción el lunes en la mañana en el escritorio del Presidente, es lo normal, no se puede suponer ante los números adversos de las PASO que se están haciendo las cosas bien.

Pero no basta el solo discurso sabemos, la economía en este momento para la mayoría de quienes habitamos este país genera más incertidumbre que otra cosa, el gobierno habla de planes de empleo, de la recuperación del trabajo, hay entonces que dar pasos rápidos al respecto para revertir o al menos achicar la diferencia de este complejo numerario que mostraron las PASO.             La suerte aún no está totalmente echada, pero hay que cruzar el Rubicón, no se puede hacer política desde la canción de Roberto Carlos aunque se quiera tener un millón de amigos. El encargo fue dado en 2019: restituir el empleo y con ello disminuir la pobreza y generar inclusión a todos los niveles, de la mano de una conducción firme así se equivoque con las referencias de las citas.

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