La CIA de Biden; el think tank para recomponer el orden mundial.

Por Miguel E. Salazar

Con el transcurrir de los días, la nueva administración va dejando saber al mundo la orientación que tomará la política desarrollada por el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Expresiones recientes como la utilizada por el propio Joe Biden “Hecho en América”, parecido mucho al “América Primero” de Donald Trump. O expresiones como la del nuevo Secretario de Estado: “Nuestro liderazgo es necesario en todo el mundo y lo vamos a brindar”, dan cuenta de que empieza a mostrar el recién electo presidente de los Estados Unidos Joe Biden.

Biden, ha venido designado a los nuevos integrantes de su gabinete quienes tendrán la tarea de “reinventar su papel en el mundo” sin encontrar resistencia en la cámara de representantes. Entre estos nuevos integrantes de la administración de Biden figuran: Avril Haines como Directora de Inteligencia Nacional, Alejandro Mayorkas-Secretario de Seguridad Nacional, Anthony Blinkin-Secretario de Estado y Lloyd Austin-Secretario de Defensa y William J. Burns, como director de la CIA. Todos ellos con responsabilidad sobre la política exterior y de una de las aéreas más sensible para la elite gobernante en Washington, la seguridad y defensa de la nación estadounidense.

Cuatro elementos son prioridad y marcaran los primeros 100 días de gestión de la Administración de Biden:

1. La lucha contra el Covid-19, al día de hoy, se registran un poco menos de 26 millones de contagiados y casi 500.000 fallecidos victimas del virus.

2. La recuperación de la economía estadounidense que solo en el 2020 registro el peor año desde 1946, “$ 473 mil millones más pequeña de lo que era antes de la pandemia”, según datos del portal AXIOS.  

3. “Pacificar” una nación dividida donde los grupos y milicias conservadoras se han constituido en serias amenazas para el “sueño americano”, recientemente un partidario de Trump de nombre Ian Benjamin Rogers se le incautaba “cinco bombas de tubo (niples), 49 pistolas y miles de rondas de municiones” y que según las investigaciones del FBI tenía como objetivos a la compañía Twitter y a sedes del Partido Demócrata.

Y un cuarto elemento, en lo que se ha definido como un periodo de transición que se resume en esta expresión: “Estados Unidos tendrá que ir más allá del debate entre la reducción y la restauración e imaginar una reinvención más fundamental de su papel en el mundo”.

¿Cuál será la política exterior de la administración de Biden? Sin querer pasar por una mala copia de Michel de Nôtre-Dame, trataremos de colocar elementos para el análisis a partir de uno de los nuevos protagonistas del equipo de Biden.

Nos enfocaremos en uno particular que forma parte de unas de los centros de pensamientos más influyentes de los Estados Unidos, William Burns, nombrado Director de la CIA, egresado de la clase del 82 del Servicio Exterior entre un grupo ecléctico de 32 que incluía a “ex voluntarios del Cuerpo de Paz, veteranos militares, un músico de rock fracasado y un ex sacerdote católico”, funge hasta el día de hoy como presidente de Carnegie Endowment for International Peace. Este think tank, fundado en año 1910 por Andrew Carnegie, un migrante escocés llegado a los Estados Unidos a fines del siglo XIX que edifico un emporio industrial vinculado a la actividad naviera y ferrocarrilera, está dirigido a colocar escenarios sobre “los tomadores de decisiones una visión global, independiente y estratégica e ideas innovadoras que promueven la paz internacional”. Su actividad esta difuminada en el mundo “en más de veinte países y seis centros globales”, constituye de esta manera, una “red global única de centros de investigación de políticas en el Medio Oriente, Rusia, China, Europa, India y Estados Unidos”.

Carnegie Endowment for International Peace, ha publicado tres artículos de Burns, un diplomático de carrera donde deja alguna pinceladas sobre las ideas que desde la CIA deberán influenciar la política exterior estadounidense.

El primero de ellos lleva el título de “Una nueva política exterior estadounidense para el panorama pospandémico”, una reflexión del nuevo titular de la CIA publicada a mediados del 2020 por “The Atlantic” y ampliada nuevamente a fines del mismo 2020 y publicado por esta red global de investigación. Sobre este dedicaremos buena parte de esta nota.  En este, Burns, se enfoca en la geopolítica postpandemica, “con el dominio de Estados Unidos en el espejo retrovisor y un orden más anárquico asomando vagamente más allá”, un mundo “menos liberal, menos ordenado y menos estadounidense”. Sobre la correlación de fuerzas postpandemia, el trabajo de Burns analiza primeramente la posición de China, en plena expansión, (única potencia cuya economía creció un 2,3% durante el 2020 en medio de la pandemia, un 6,5% en el último trimestre del pasado año- datos citados por el diario español El País) el Director de la CIA, define a China como un rival cuyo “deseo de remodelar las instituciones y reglas internacionales para que se adapten a su poder y preferencias” la ha llevado a fortalecer una diplomacia de fuerza que denomina «guerreros lobo», agregando al respecto: “una clara dinámica de Tucídides entre potencias emergentes y establecidas, el comportamiento de China y Estados Unidos refleja una combinación incómoda de ambición y vulnerabilidad, cada una propensa a la bravuconería para enmascarar las inestables incertidumbres”.

En el caso de Rusia, no pierde la lógica que mantuvo al mundo al borde de una guerra nuclear, la define enmarcado en la filosofía de Putin, estas líneas de su artículo dan cuenta de ello: “Putin, un potente contragolpeador, todavía ve muchas oportunidades para perturbar y subvertir a los países rivales, el tipo de tácticas que pueden ayudar a una potencia en declive a mantener su estatus”. Y finalmente en este análisis de correlación de fuerzas, “Europa está atrapada entre una China asertiva, una Rusia revisionista, un Estados Unidos errático y sus propios colapsos políticos, ninguno más desconcertante que el Brexit”. Sobre este punto, Burns en otro trabajo, titulado, “Volver a Reinventar las relaciones transatlánticas”, señala la importancia que reviste para la nueva política exterior de los Estados Unidos, en la cual “la relación transatlántica seguirá siendo fundamental para la seguridad, la prosperidad y la libertad de las personas y las sociedades de ambos lados del Atlántico”.

Burns, vuelve a señalar que la pandemia igualmente “ha intensificado el desorden y la disfunción del Medio Oriente. Los intransigentes tanto en Teherán como en Washington posan combativamente al pie de una peligrosa escalera. Las guerras indirectas en Yemen y Libia continúan. Siria sigue siendo un desastre, y la inminente anexión de partes de Cisjordania por parte de Israel amenaza con enterrar una solución de dos estados”.

Y finalmente cierra sobre el análisis de correlación de fuerzas con esta joya: “A medida que la ola de la pandemia se apodere de los países en desarrollo, las sociedades más frágiles del mundo se volverán más vulnerables. América Latina enfrentará el mayor declive económico en la historia de la región. África, con sus ciudades en crecimiento y la abrumadora inseguridad alimentaria, del agua y de la salud, enfrenta mayores riesgos que quizás cualquier otra parte del mundo”. Sobre América Latina, basta retrotraernos a la política exterior de Barak Obama y su apertura con Cuba, recordemos su visita a la isla caribeña y como en paralelo, sobre Venezuela se publicaba el decreto en el cual nos convertíamos en una “amenaza inusual e extraordinaria” para la primera potencia nuclear del mundo.

Para comprender a partir de este análisis hecho por Burns, estas últimas líneas de este trabajo: “Este momento pide a gritos que el liderazgo ayude a forjar un sentido de orden: un organizador que ayude a navegar este complicado lío de desafíos y estabilice la competencia geopolítica, y un movilizador que ayude a hacer frente a los «problemas sin pasaportes» que van más allá de la capacidad de cualquier estado. y garantizar al menos algunas protecciones modestas de los bienes públicos mundiales”. ¿Cuáles son esos “problemas sin pasaporte” que enfrenta la humanidad cuyos estados no son capaces de enfrentar?

“Reducción, restauración y reinvención”, lejos de las 3R propuestas por el Comandante Hugo Chávez, son los pilares que ha de definir Biden para el papel de los Estados Unidos que cada día mira más hacia la cooperación la multipolaridad. Según Burns, “cada uno aspira a cumplir con nuestros intereses y proteger nuestros valores; donde difieren es en su evaluación de las prioridades e influencia estadounidenses y de las amenazas que enfrentamos. Cada uno es fácil de caricaturizar, pero cada uno merece una mirada honesta”. Ante lo cual inmediatamente el propio Director de la CIA responde: “Vivimos en una nueva realidad: Estados Unidos ya no puede dictar eventos como a veces creíamos que podíamos. La administración Trump ha hecho más daño a los valores, la imagen y la influencia de Estados Unidos que cualquier otra administración en mi vida. Y nuestra nación está más dividida por tensiones políticas, raciales y económicas de lo que lo ha estado en generaciones. Pero aun así, suponiendo que no sigamos cavando el hoyo más profundo para nosotros en casa y en el extranjero, Estados Unidos permanece en una mejor posición que cualquier otra potencia importante para movilizar coaliciones y navegar por los rápidos geopolíticos del siglo XXI”.

De aquí que no podemos sorprendernos de lo dicho por el Secretario de Estado, Anthony Blinkin. Pero entre las líneas de Burns, surge algo interesante que pudiera marcar la diferencia y podría ser la primera prueba para el gabinete de Biden al existir diferencias de criterios al respecto y en especial con el conjunto de industrias del aparato militar que rodean a miembros de la administración de Trump: “En primer lugar, la política exterior de Estados Unidos debe apoyar la renovación nacional. La política exterior inteligente comienza en casa, con una democracia, una sociedad y una economía sólidas. Pero también tiene que terminar ahí: con más y mejores trabajos, mayor seguridad, un mejor medio ambiente y una sociedad más inclusiva, justa y resiliente”. Sobre esto profundiza señalando que “…el bienestar de la clase media estadounidense debería ser el motor que impulse nuestra política exterior. Hace mucho que estamos atrasados ​​para una corrección histórica del rumbo en casa”.

Y termina Burns con esta cita para sumar elementos para la comprensión de la política exterior de Biden: “Si America First vuelve a ser relegado a la basura, todavía tendremos demonios que exorcizar: nuestra arrogancia, nuestra imperiosidad, nuestra indisciplina, nuestra intolerancia, nuestra falta de atención a nuestra salud doméstica y nuestro fetiche por las herramientas militares y el desprecio por la diplomacia. Pero también tendremos la oportunidad de invocar nuestro rasgo nacional más excepcional: nuestra capacidad de autoreparación. Y todavía tendremos la oportunidad de moldear nuestro futuro, antes de que otros jugadores y fuerzas lo moldeen para nosotros”. Burns vio venir la caída de Trump pero perdió la mirada en lo que un “made in américa” puede significar para la sociedad estadounidense y su desafió de volver a colocarse al frente de la “civilización y la democracia occidental”.

Mientras tanto así como en 1996, desde el Congreso estadounidense se promulgo la Ley Helms-Burton, para asfixiar la economía cubana y agredir a su pueblo, a comienzos de este 2021, bajo el consenso de la élite política demócrata-republicana, el proyecto de Ley Waltz que osan llamar “Ley Bolívar”, se abre camino para ponerle más carga a las sanciones contra el pueblo venezolano.   

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