La Migración Venezolana. Cadena de refrendados por socios de la misma organización. PARTE III.

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

En esta última entrega sobre la migración venezolana actual, vamos a proceder casi en su totalidad, como dicen los músicos venezolanos cuando improvisan, “de guataca”, formulando ideas que pueden parecer enrevesadas, pero que en esencia pretenden mostrar la singularidad que se presenta en el estudio del tema.  

Insisto en señalar las implicancias relativas al lenguaje instrumentado por las dos agencias ONU que se ocupan de calificar la migración venezolana actual. Ya decíamos que haciendo un seguimiento al discurso ACNUR-OIM notamos que al referirse a los venezolanos y venezolanas que migran se les califica indistintamente como “refugiados” e incluso “desplazados”, por lo cual veamos el significado de estos términos. Para la ONU los refugiados: “… son personas que se encuentran fuera de su país de origen por temor a la persecución, al conflicto, la violencia generalizada, u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público y, en consecuencia, requieren protección internacional. La definición de refugiado se puede encontrar en la Convención de 1951 y en los instrumentos regionales relativos a los refugiados, así como en el Estatuto del ACNUR” (ONU. https://refugeesmigrants.un.org/).

Por su parte, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en el Glosario n° 7 sobre migración agrega una serie de especificidades al término para adaptarse a las innumerables formas que se pueden observar de esta condición, citemos solamente la más usada para los casos de las y los venezolanos migrantes, Refugiado (reconocido) Persona que con fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país. (Art. 1 (A) (2), de la Convención sobre el Estatuto de Refugiado de 1951, modificada por el Protocolo de 1967)” (OIM 2006).

Para el término “desplazados externos” en el mismo glosario se inscribe la siguiente definición: “Personas que han tenido que abandonar su país debido a persecución, violencia generalizada, violación masiva de derechos humanos, conflictos armados u otras situaciones de esta naturaleza. Estos individuos huyen a menudo, en masa. A veces también se les denomina refugiados de facto(OIM 2006).

Es interesante referir que la última noción de “desplazados” es usada totalmente fuera de su significado, connotación y denotación por parte de la línea comunicacional de ACNUR-OIM a pesar que ellos mismos hacen la definición; pero claro hay esfuerzos académicos de adaptar la categoría al caso de la migración venezolana, como la generalidad de “desplazados económicos” y otras que se van aportando desde las investigaciones financiadas por estos organismos. De igual manera, aun cuando no está muy clara para el caso venezolano, ACNUR-OIM la utilizan como parte de su línea comunicacional para referirse a la/os migrantes venezolana/os.

Por su parte la noción de “refugiado” para el caso del proceso migratorio venezolano tiene un destacado uso en el discurso de esas organizaciones. Sin duda podemos entender la generalidad que encierra la noción de “refugiado”, que al tener una implicación en procesos diversos necesariamente debe extenderse y adaptarse constantemente a circunstancias propias de los procesos tratados, sin embargo notamos que en las definiciones proporcionadas existe la condición subjetiva del “temor a la persecución” por determinadas razones, y allí es donde entra en juego la intención de los financistas (léase ACNUR-OIM); es decir, se trata de probar que determinado número de migrantes venezolano/as tienen motivos para sentirse “perseguidos” por razones de “raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas” a tal punto de tener que migrar, y esto acciona mayores recursos para fundaciones y grupos que ejecutan proyectos para ACNUR-OIM.

La migración es una vivencia compleja, no sólo nos aleja de nuestra geografía, afectos, entorno familiar, planificaciones de vida y redes, sino que nos coloca frente a una fuerte carga de incertidumbre, entre las que privan con primacía las de tipo legal. Algunos países receptores de migrantes como el caso de la Argentina, poseen legislaciones que facilitan ese proceso al reconocer el hecho migratorio como un derecho humano, pero no es el caso de todos, lo que implica que el migrante debe valerse de múltiples estrategias para regularizar su situación, y la de “refugiado” es una de las mejores formas para obtener una residencia legal, ¿pero existen ciertamente esas persecuciones en Venezuela, al punto de generar tal condición en determinado número de personas?, es esta una de las  interesantes preguntas a investigar y responder.

Al mismo tiempo el esfuerzo por instalar la condición de “refugiados” en los migrantes venezolanos fortalece a otras agencias ONU como la oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, quien en su informe de la misión internacional independiente de determinación de los hechos sobre tortura y violación de DDHH en Venezuela (Consejo de Derechos Humanos, Naciones Unidas. A/HRC/45/L.43/Rev.1. 17 septiembre 2020), entrevista de forma anónima y por vía remota a 558 personas de nacionalidad venezolana con condición de “refugiados” en diferentes países, algunos latinoamericanos, que manifiestan haber sufrido torturas y persecuciones por parte del Estado venezolano, sin aportar pruebas al respecto, pero (evidentemente) su condición de “refugiados” los colocó en la base de datos para su selección; de igual manera ese y los otros informes, legitiman la opinión que la mayoría de los venezolanos y venezolanas que migran lo hacen por “temor a la persecución” y por ende son “refugiados”, apoyado en la campaña comunicacional de ACNUR y OIM que sustenta la existencia de refugiados, es una cadena de refrendados por los socios de una misma organización.

Entre los migrantes venezolanos, y es fácil detectar esto por medio de la revisión de distintos grupos originados en las redes sociales, se pasan frecuentemente los diferentes “datos” que facilitan los procesos de legalización en cada país de destino y la “trama de declararse perseguido por la dictadura de Maduro” es uno de los modos más recomendados, sobre todo si tu destino es Estados Unidos, o Brasil donde funciona muy bien también; incluso he recogido testimonios de migrantes venezolanos en ese país que presenciaron (y participaron en) procesos de ayudas ACNUR y OIM entre 2016-2017, en los cuales las ayudas eran transadas solo cuando se declaraba en los cuestionarios que se sufría “persecución” por parte del gobierno de Venezuela; y bueno no hace falta ser malicioso para suponer que muchas y muchos reajustan sus historias personales a ese criterio, si esto les va a conducir a una ayuda económica y la posibilidad de obtener un estatus migratorio legal. Estos asuntos se hacen difíciles de indagar y estudiar ya que la mayor parte de los recursos para investigar sobre la migración venezolana viene precisamente de las instituciones ONU y obviamente las muestras están estrictamente cuidadas y filtradas por esas agencias.

A finales de los años noventa del siglo pasado EFSA, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, publicó un informe para Francia donde se aseguraba que los franceses no consumían suficiente líquido, pero sorpresa, a las dos semanas de haberse publicado el informe aparecieron máquinas de coca-cola por todo Paris y las principales ciudades galas, seguramente para ayudar a la hidratación; con el tiempo se supo que coca-cola había financiado directamente e indirectamente (por medio de fundaciones que reciben financiamiento de esta compañía) parte importante de la investigación; la moraleja es sencilla, no necesariamente hay que decir abiertamente las cosas para inducir a consumirlas, solo hay que instalar una creencia.

La mayor parte de los migrantes venezolanos estaríamos en la calificación de migrantes por razones económicas, lo cual es una poderosa razón para estudiar, y no reduce las dimensiones del complejo fenómeno que se vive desde el 2015, pero enfocar sus causas en ese renglón como fundamental, posiblemente, proporciona menor plusvalía ideológica a los enemigos de la revolución bolivariana, y la administración de la política hegemónica de la derecha mundial es muy hábil en sacar el mayor provecho posible a sus inversiones. Las y los migrantes venezolanos estamos inmersos en distintas categorías y miradas en torno a lo político, sin embargo las agencias ACNUR y OIM dejan por fuera la asistencia y relaciones con grupos y colectivos de migrantes venezolanos que no se encuadren con sus criterios de reducir la movilidad venezolana a un asunto de “temor a la persecución y violación de derechos”, estando sólo para algunas y algunos según su opinión política.

Viramos a otra cara de los procesos migratorios, la xenofobia, que en algunos países hermanos hemos presenciado contra venezolanas y venezolanos migrantes. La xenofobia es una expresión que lamentablemente toma diferentes formas en nuestras sociedades, sabemos que este despreciable sentimiento aqueja a muchos y afecta a casi todas las comunidades migrantes latinoamericanas y africanas por igual alrededor del mundo. Ya desde hace mucho tiempo sabemos de su fuerte presencia en países Europeos, las historias son múltiples y nos han llegado para registrar su odiosa estampa; pero sorprende cómo en cuestión de pocos años esta manifestación de odio se ha generado en los países hermanos contra  la/os venezolana/os. Como mencionamos en las entregas pasadas los migrantes venezolanos no habían sido objeto de preocupación para ningún país vecino mientras la migración estaba constituida por sectores profesionales y de clase media alta y alta, pero al comenzar a migrar también los pobres venezolana/os a partir del año 2015, la cosa si se volvió preocupante para los gobiernos y además las expresiones xenofóbicas empiezan a surgir en Brasil, Perú, Ecuador, Panamá y Colombia.

La xenofobia existe, pero también somos parte de la lucha que nuestros pueblos libran contra ella, quienes migramos militamos junto con los pueblos hermanos que nos reciben contra el racismo y la xenofobia (o por lo menos los que somos comunistas así lo hacemos), por lo que sería un poco engorroso desarrollar aquí un inventario de las lamentables actitudes xenófobas que se han presentado contra las y los venezolanos en nuestramérica, en una dirección zavaletiana podríamos entender estos actos como parte de “la paradoja señorial” que encadena al espíritu libertario de nuestros pueblos, reduciéndolos a hacerse partícipes de discriminaciones venidas de los intereses de sus opresores.

Como caso mencionaremos el de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López y el ministro de Defensa de Colombia Carlos Holmes Trujillo, debido a la connotación que le otorga el tratarse de decisores de políticas públicas; estos funcionarios abierta y reiteradamente señalaron a las y los migrantes venezolanos como los responsables por el aumento de la criminalidad en ese país,  aun cuando las propias cifras oficiales muestran que “…sólo el 0,63% de delitos son cometidos por venezolanos. El 96% de los delitos ocurridos en nuestro país son cometidos por colombianos” (Gutiérrez. 2020); pero además, de ese porcentaje el 20%  corresponde a capturas realizadas por la policía colombiana por invasión del espacio público correspondiente a estar trabajando en la economía informal. Los comentarios de la y el funcionario generaron un ascenso en las expresiones xenófobas en las redes sociales contra les venezolanes que habitan Colombia y se transformaron en “chivo expiatorio” de problemas que lamentablemente existen de larga data en Colombia. También surge nuevamente el negocio, pues la alcaldesa de Bogotá en su solicitud de ampliación de presupuesto para combatir el delito en esa ciudad sumó el asunto de la migración (venezolana) como uno de los argumentos del incremento delictivo: no es su ineficiencia en torno a las políticas al respecto, es culpa de las y los venezolanos que llegan a Bogotá a delinquir, estereotipando y estigmatizando a la/os venezolana/os como delincuentes; de más está decir que a pesar de lo dicho luego por estas figuras políticas, el trabajo xenófobo ya está hecho por parte de la alcaldesa y el ministro.

Finalmente, queremos invitar a compartir las brechas que pocos se ocupan de ver en la vivencia migrante desde las y los propios actores, más allá de lo dejado y el sacrificio, también están los sueños construidos en el viaje, en la ruta, las emociones de conocer, los pueblos que nos reciben y acogen con amor, la comida diferente, la/os nueva/os hermanes, los retos en la militancia por los libres del continente, otra lengua, la música, el vino, el frío, el calor, les compañeres, la historia que compartimos, las hijas que nacen en otra tierra, la solidaridad manifiesta a diario, una esquina que al doblar nos recuerda… Migrar es un derecho y también es una valiente aventura amorosa.   

Textos consultados:

-ONU. Refugiados y Migrantes. En: https://refugeesmigrants.un.org/es/definitions.

-OIM (2006) Glosario Sobre Migraciones, N° 7. Derecho Internacional Sobre Migraciones. Suiza.

-GUTIERREZ Jeanfreddy (2020). Venezolanos no son responsables del aumento del crimen en Colombia. 15 Diciembre 2020. En:https://colombiacheck.com/chequeos/venezolanos-no-son-responsables-del-aumento-del-crimen-en-colombia

-DI ZACOMO, Dario (2020). Sobre “El Garrón Que Nos Comimos” En La ONU. 12 Octubre 2020. En: https://puebloenarmas.com/index.php/2020/10/12/sobre-el-garron-que-nos-comimos-en-la-onu/

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