La migración venezolana, casillas estadísticas con rentabilidad. PARTE II.

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

Como adelantamos ya la semana pasada, en la primera parte de este artículo*, la dificultad para procesar cifras sobre el asunto migratorio desde la versión institucional del gobierno venezolano deja sólo la posibilidad de contar con datos provenientes de los organismos internacionales como principal fuente de información. Esto es una situación a ser revisada profundamente por el Estado venezolano ya que los desplazamientos de sus nacionales debería ser un asunto de interés para la planificación de los destinos de la nación; las dimensiones estratificadas de este movimiento no pueden ser descartables como variables y mucho menos con tal facilidad. Pero volviendo, tenemos entonces cifras provenientes de los organismos adscritos a la ONU -como ACNUR y OIM- los cuales arman sus datos principalmente por vía de las solicitudes de información dirigidas a las distintas oficinas de migraciones de los países que registran el ingreso de venezolanos y venezolanas a sus territorios, lo cual pudiera estar regido por intereses políticos y económicos de los gobiernos de esos países. Por ejemplo, la agencia de migraciones colombiana registra un alto número de venezolana/os que ingresan a su territorio para dirigirse a otros destinos; estos hermano/as migrantes se movilizan por Colombia a distintos ritmos y velocidades, lo que nos hace preguntar si la oficina de migraciones colombiana registra esos datos con fidelidad para proporcionar cifras precisas, es decir, ¿la persona que ingresa a Colombia y luego continúa su transitar hacia otro país, es estimada en las cifras de forma fidedigna o es congelada dentro de las estadísticas de migrantes que permanecen en ese país por, digamos, un tiempito?. La duda estaría soportada en la rentabilidad que representa para gobiernos como el de Colombia y Ecuador el proceso migratorio Venezolano, ya que tan sólo en el año 2016 obtuvieron por vía de la Unión Europea y Estados Unidos al menos 136 millones de dólares en aportes para apoyar a los migrantes venezolana/os (Ávila, 2018) y suponemos que estos auxilios han continuado durante los años siguientes, esto sin contar los fondos que provienen y manejan las oficinas de la ONU.

Ahora bien, según datos de ONU (Ávila, 2018), la evolución cuantitativa del proceso migratorio venezolano desde 1990 hasta 2018 va sobre los siguientes números quinquenales: entre 1990-95 emigraron 1.019.996 ciudadanos y ciudadanas venezolanas, al 2000 se le sumarían 1.013.663, luego al 2005 aumenta en 1.070.562, al 2010 con 1.331.488, en el 2015 la adición fue de 1.404.448 y al 2018 crece con más rapidez con 1.426.336 venezolanas y venezolanos migrantes. Si tomamos los años señalados como años de corte, el último periodo entre 2011 al 2018 emigraron 2.830.784 personas, una cifra alarmante que da cuenta de un fuerte éxodo de venezolana/os. Personalmente no pondría las manos en el fuego por estos números, pero por la carencia de cifras oficiales del gobierno venezolano, no podría contrastarlos con otras, así que no queda más que aceptarlas. De igual forma la intención estadística estaría en establecer los datos de la manera más exacta y certera posible, ya que el éxodo está sucediendo efectivamente sin posibilidad de negación; todas las familias venezolanas sabemos que el proceso migratorio se está dando con mucha velocidad, lo sentimos en nuestros cuerpos, está presente en las ausencias que se cuentan en las reuniones familiares y en los códigos internacionales de los grupos de whatsapp; no es algo que necesite muchas estadísticas para reconocerse desde lo afectivo, y en el otro lado, para quienes somos migrantes, esas cifras vienen a la imaginación como casillas que van transportando nostalgias.

Pero para el Estado venezolano estos datos deben ser claves, pues su conformación en seres humanos describe (al menos parcialmente) las expectativas y esperanzas de parte de su población, y para explicar esto voy a referir a los desaciertos en la política comunicacional que el gobierno venezolano tuvo en relación al problema migratorio durante los primeros años de la manifestación de la crisis (2015 al 2018 aprox.), y por tanto no supo leer los indicadores que se le presentaban en ella. La primera reacción oficial fue, paradójicamente, la no reacción; luego, cuando la evidencia lo sobrepasaba, distinta/os referentes políticos del gobierno dieron versiones lamentables donde se transitaba desde la negación a la ofensa, e incluso el Presidente de la República calificó a los migrantes, con imágenes desafortunadas, como “aseadores de inodoros”, pero pocos se preguntaron por qué jóvenes preferían hacer trabajos fuera de sus capacidades profesionales en lugar de volver a Venezuela, y allí las respuestas están más en el plano económico que en el político, pues la fuerte recesión que sufre Venezuela causa un panorama desesperanzador en mucha/os jóvenes, produciendo opacidad en sus posibilidades de crecimiento profesional y tomando la opción de la migración como salida, aun a costa de poner en riesgo su capital intelectual al no poder insertarse en sus profesiones en el extranjero.

Es en este aspecto donde está la principal razón que engloba la migración venezolana actual: la incertidumbre en torno al futuro económico; por supuesto no es la única razón, sería limitado pensarlo así, pero sí es prioritaria al tomar la decisión de emigrar por sobre otras razones de tipo político, social o cultural; para eso podemos volver a las cifras señaladas más arriba, donde vemos un crecimiento rítmico en el proceso migratorio venezolano hasta, al menos el 2010, dando cuenta que antes de la presidencia del comandante Chávez ya ocurría un éxodo cuyo elemento común (como señalamos en la entrega anterior) era la búsqueda de mejores oportunidades económicas. La tendencia se mantiene en los mismos márgenes aun cuando desde el año 2000 varios sectores políticos y corporativos venezolanos e internacionales, sostienen por los medios de comunicación que el gobierno bolivariano era una dictadura castro-comunista; además desde el 2005, la revolución se proclama socialista lo que alarmó más a las corporaciones mediáticas y a sus funcionarios políticos. Esos aspectos que están en la dimensión de lo político no parecieron mover mucho el amperímetro de la emigración, incluso ni siquiera las continuas derrotas político electorales sufridas por la oposición de derecha causaron la desilusión que los medios continuamente reflejaban como factor importante en la animosidad nacional, pero al manifestarse fuertemente la crisis económica a partir del año 2015, la emigración crece considerablemente. Es clave entonces como decíamos en la parte I de esta serie: “Detectar y describir los factores internos, en este caso de Venezuela (políticos, económicos, culturales y sociales) que impulsan el movimiento migratorio”.

Otro asunto que condiciona las miradas sobre la emigración venezolana reciente es lo que hemos llamado los negocios de la captación de recursos internacionales que el proceso migratorio venezolano posibilita en tanto tema posicionado en la agenda pública con características que le sean atractivas a las fuentes de financiamiento, para lo cual ACNUR y la OIM disponen de una importante función al mantener su preocupación y alarma por la situación de los migrantes venezolana/os. Esto pudiera ser cierto e importante, pero es llamativo y genera suspicacias la forma como se construyen las matrices de opinión desde esos organismos, donde casualmente estas mismas oficinas suelen ser las fuentes de origen para calificar la crisis.

Por citar un ejemplo muy ilustrativo, el portal oficial de ACNUR publica continuamente “noticias” acerca de esta situación. En una nota de junio de 2019 (**) llama la atención de inmediato cómo, desde el propio título, se ubica en una misma categoría a personas en condición de refugiados y personas migrantes, dice: “En solo siete meses desde noviembre de 2018, el número de refugiados y migrantes aumentó en un millón”, por lo queno podemos saber cuántas personas de ese millón son refugiadas y cuantas son migrantes, pero lo colocan como si ambas condiciones fueran iguales, aun cuando sabemos por la misma ACNUR que si bien están relacionadas, no son condiciones homólogas y mucho menos equivalentes; además (y en cierta chanza) de esto ser así, la ONU estaría cabalgando funciones, y otras cosas, entre sus agencias OIM y ACNUR. La nota está publicada en el portal oficial de esas oficinas, es responsabilidad de sus equipos comunicacionales y editoriales, no es la ligereza de algún o alguna comunicadora que confundió los términos; el asunto es mantener en la agenda pública internacional el proceso migrante venezolano con la mirada que le interesa a los países hegemónicos que proporcionan los financiamientos. Al leer la nota vemos que reitera con otros términos que suelen tener significados diversos en el contexto de la movilidad de personas como es el uso de la calificación de “desplazados” y en consecuencia “países afectados”: si no hay desplazados y refugiados no habría países afectados y por tanto no habría necesidad de ayuda financiera internacional, la cual es, por cierto, una solicitud recurrente de la línea comunicacional de esas agencias ONU. Esto empezó a pasar cuando la migración venezolana comenzó a estratificarse socialmente, pues hasta el 2016 cuando éramos básicamente profesionales y/o sectores sociales de ingresos medios altos y altos, así como empresaria/os, ningún gobierno vecino se preocupó mucho o se quejó, ni la OIM se alarmó, pero cuando comenzaron a emigrar también los pobres entonces todos se inquietaron y la/os venezolana/os pasamos de ser inmigrantes interesantes a una preocupación y con ello chivo expiatorio para problemas profundos ya existentes en los países receptores; pareciera que el problema está no en la migración venezolana en sí, sino en la migración de los pobres, pero esto será, junto con la xenofobia, el tema a discutir en la tercera y última parte de esta serie.

*https://puebloenarmas.com/index.php/2021/03/18/el-complejo-problema-de-la-migracion-venezolana-parte-i/

**www.acnur.org/noticias/press/2019/6/5cfa5eb64/refugiados-y-migrantes-de-venezuela-superan-los-cuatro-millones-acnur-y.html

Textos Consultados:

-Ávila Keymer (2018)  ¿Un éxodo venezolano? Revista Nueva Sociedad, Opinión. Octubre 2018 En: https://www.nuso.org/articulo/un-exodo-venezolano/

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