Máximas covid que recorren medios.

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

Durante el último año la pandemia del coronavirus ha colocado en los medios de comunicación múltiples acentos en tanto a la formulación de frases y expresiones por parte de variados actores políticos, institucionales, económicos, sociales, académicos, culturales y por supuesto de salud. Algunos de estos enunciados son constantemente reiterados en las plataformas comunicacionales tomando el matiz de slogan, haciéndose presentes en diferentes relatos y discursos, sin reparar en las implicaciones de sus significados e interpretaciones.

Voy a referir a tres de estas frases “populares en covid”, las cuales creo han estado y están presentes en diversos canales interpretativos de la realidad actual. El primero que reconozco es el de “lo peor está por venir” acuñado fundamentalmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS); esta frase ha cerrado con frecuencia los bloques informativos de los diferentes canales de televisión argentinos. Sin negar la gravedad de la pandemia es llamativa la utilización de esta afirmación como sentencia apocalíptica.

Frecuentemente tras ver y escuchar series estadísticas de contagiados y fallecidos por la feroz enfermedad, los editores aproximan a las pantallas a funcionarios de la OMS para sentenciar que  “lo peor está por venir”. No puedo responsabilizar a la OMS de las formas oportunistas como son usados sus discursos y menos objetar los elementos científicos que han tenido para formular tal apotegma, pues como señala Boaventura de Sousa Santos La OMS no trata sobre la desigualdad, ese es otro departamento de la ONU y por eso hace las recomendaciones, pero no se preocupa de si la gente tiene la posibilidad de lavarse las manos” (Boaventura. 2020); fundamentalmente destaco la frase por el sentido aterrorizante que ha tomado en medios de comunicación, valdría un largo análisis al respecto, espero alguien tenga el tiempo para hacerlo. La mencionada oración pasó del lugar de describir una prospectiva a su utilización como mecanismo amenazante para la corrección de las conductas que algunos medios de comunicación creen deben ser corregidas; es decir, es usada para direccionar a sectores y grupos sociales, etarios, culturales, etc; así como igualmente a Estados, gobiernos y factores políticos.

La otra expresión que me aparece como rondante es la de “nueva normalidad”, esta quizás más utilizada a manera de resignación. Se le escucha más en los sectores comerciales que ahora experimentan cambios en sus estrategias de ventas y de hombros encogidos tiran la frase para subrayar a los posibles compradores que son los mismos y que hay que tener confianza. También algunos gobiernos europeos la utilizaron en los primeros meses de la pandemia el año pasado para justificar con un corto y convincente slogan las medidas que se veían obligados a tomar. La normalidad es cuando esta durante un periodo más o menos largo de uso, sino no es normal, lo nuevo es lo extraordinario, así que al menos es una formulación graciosa. 

El tercer y último de los “slogan de pandemia” al que voy a referirme, y le dedicare la mayor parte de este escrito, por cuanto lo percibo instalado cómodamente en sectores académicos y de reflexión analítica, es la curiosa formulación de “nada volverá a ser como antes”. Dicha como un importante descubrimiento parece acompañar a muchos hoy en las recorridas interpretativas de lo que estamos viviendo, es realmente incomprensible su uso; quizás desde el hablar cotidiano vale, no se lo quito, pero para los discursos analíticos es  verdad de Perogrullo, pues lo primero que salta como pregunta es ¿y cuando las cosas han vuelto a ser como antes para sorprendernos que ahora no vuelvan a serlo, o para destacar como elemento de los tiempos postpandemicos este hecho que es la constante precisamente de los procesos sociales e históricos?; nunca las cosas vuelven a ser como fueron, se pueden inscribir en los mismos sentidos básicos, características ideológicas, estrategias, y concepciones teleológicas o del mundo pero son procesos, por lo cual no es sorprendente que nada vuelva a ser como antes, pues el cambio y el fluir es una de las notas esenciales de los procesos sociales y claramente los cambios que están ocurriendo están en ese plano.

El “nada volverá a ser como antes” es propiamente un slogan, suena bien, le imprime dramatismo a cualquier discurso y se ha esparcido en todos los sectores de opinión con rapidez y resonancia, supongo podría quedar como título emocional para algún “Decamerón” de Disney o textos interpretativos de Osho; “La pandemia, ya nada volverá a ser como antes” estreno en netflix, es buen título no cabe duda.

Ahora bien, y volviendo a la seriedad que hemos querido imprimirle a esta columna voy a enumerar algunas características del análisis dialectico, no tan solo del implícito en el materialismo histórico, sino algunas generalidades que caracterizan la visión de proceso siempre cambiante de la realidad social, esto con la intención de mostrar el cliché que define a la frase referida antes.

La idea que la realidad puede ser entendida como proceso es añeja, desde los griegos antiguos conocemos por medio de Heráclito el “todo fluye”, y en tiempos modernos, además de la interpretación de la dialéctica desarrollada por Marx, hay otras importantes interpretaciones dialécticas como la de Hegel, Heidegger, Derrida y Foucault, entre otros. En todas ellas la realidad se percibe y analiza como proceso, lo que le imprime la constante del cambio y el fluir; los procesos son un ir constantemente deviniendo. La dialéctica pertenece al pensar más allá del sentido común en tanto parte de la historicidad de las cosas y su conexión relacional entre ellas; es ver el proceso como historia y futuros posibles de las cosas y sus relaciones.

Una de las características del análisis dialectico está en mirar la realidad social compuesta como proceso, flujo donde se manifiestan diversas relaciones que pueden ser examinadas por sus elementos constitutivos. Los elementos que componen un proceso no existen de forma anterior al proceso, pues su existencia está dada en el proceso mismo, aun cuando pueden estar presentes en diversos flujos en un mismo tiempo histórico.

De lo anterior se desprende que la comprensión de los procesos que forman la realidad social está basada en el entendimiento de las relaciones que los hacen posible y estructuran; por tal razón las preguntas sobre los procesos sociales son constantemente replanteadas desde esta perspectiva, ellas tampoco volverán a ser las mismas. Un ejemplo de esto fuera del marxismo está en Heidegger y la pregunta por el Ser, cuyo sentido analítico está en la pregunta misma, que de alguna manera da cuanta del ser que se pregunta.

Todas las realidades son a su interior el conjunto de relaciones contradictorias, en virtud de los diferentes procesos por  los cuales se han y se están constituyendo constantemente, por esto son internamente heterogéneas, condición que le permite al pensamiento descomponerla en sus variadas relaciones y elementos. En la física cuántica se entiende esto al formular que un fenómeno o cosa es algo más y diferente a lo que se dice de él; para el análisis de lo social es menos denso de entender por cuanto si partimos de la realidad social como el conglomerado relacional de elementos heterogéneos podemos acceder a conocerla por medio de la descomposición de los procesos complejos que la constituyen.

También es muy conocido el principio dialectico en el cual el tiempo y el espacio no son absolutos sino contingentes a los procesos, por lo que la posibilidad de volver a lo mismo es imposible ya que el espacio-tiempo está implicado en el proceso. De igual forma funciona la relación de la parte y el todo, donde se constituyen uno a otro recíprocamente.

Para finalizar podemos señalar uno de los aspectos, quizás más fundamentales de la dialéctica, referido a mirar al cambio como característica esencial de los sistemas sociales y de todos los sistemas en general; esto puede organizarse por medio de premisas donde el cambio, la variación, la inestabilidad son lo común a la realidad social y por tanto parte de su esencialidad, haciendo que la estabilidad de los sistemas es la apariencia o accidente de los procesos. A saber, si el cambio es parte esencial de la realidad social, los problemas de investigación deberían girar en torno a cómo, cuándo y en qué cambia y cuáles son los aspectos que la hacen por momentos parecer estática.

Los sistemas sociales están constantemente cambiando y renovándose, se descomponen y recomponen por la tensión de las relaciones que los constituyen, en una lucha de contrarios en inmensa heterogeneidad estructural, por lo cual formular como sentencia develadora  “nada volverá a ser como antes” no es más que descubrir el agua tibia.

Textos consultados:

-FERNANDEZ, Carlos (2019). Marx 1857: El problema del método y la dialéctica. Ediciones Akal. Serie Pensamiento crítico. España.

-Entrevista con Boaventura de Sousa Santos (2020). «El coronavirus es un pedagogo cruel porque la única manera que tiene de enseñarnos es matando». Portal BBC Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias

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