Cuando el futuro nos alcanza

Por Gregorio Pérez Almeida

Al ocurrir la primera muerte por causa de la Covid19, el 26 de marzo de 2020, dijimos: “Si lo miramos con atención, las muertes causadas por epidemias y por guerras son muy similares: las primeras víctimas mortales nos queman el pecho, pero con el caer de los cuerpos en batalla ese dolor mayor va bajando en intensidad hasta convertirse en un simple malestar y en silencio… ¡Y así nos jodemos!, porque el peor peligro que corremos, más allá de enfermarnos y morimos, es que ninguna muerte nos haga llorar porque su recurrencia sea tal que nos ampute la empatía”.

 
El gobierno bolivariano se ha distinguido por el trato solidario a las víctimas mortales, cuando el Presidente u otro vocero informaba nos daban detalles de cada una, no nos decían el nombre pero si su sexo, edad, oficio o profesión, lugar de residencia y cómo pudo haberse contagiado. Eran personas de carne y hueso que no perdían su condición de gente y su muerte nos sensibilizaba por la manera de darnos la información. 
Esto ya no es así, ¿Por qué? No se trata de una formalidad comunicacional, sino que los detalles de quién era y cómo se contagió tienen una función pedagógica preventiva, porque nos alertan de las condiciones específicas en las que ocurren los contagios y al reseñar las características personales de las víctimas mortales nos obligan a pensar que la muerte por Covid 19 no es un hecho abstracto ni lejano sino concreto y cercano y que si me descuido puedo ser yo quien muera.


Imperialismo: petróleo y cultura (7)


La experiencia socialista rusa/soviética es un tema inagotable, por lo que sólo abordaremos algunos aspectos que consideramos importantes desde una posición descolonizadora. Con Wallerstein, abordamos el proceso soviético como parte de la discusión sobre el imperialismo y el colonialismo en el siglo 20, porque estamos convencidos de que la historia del siglo 20 tiene dos grandes vertientes: Estados Unidos y al URSS, las dos caras de la misma moneda: el Sistema-Mundo Capitalista.


Y más allá de aclarar si hubo o no socialismo en la URSS, lo que nos interesa mostrar es que su “muerte natural” entre 1989 y 1991 y “prematura”, con apenas 74 años, no es un acontecimiento insólito o sorprendente sino una muerte anunciada ya en 1921 con la rebelión de Kronstad y la Nueva Economía Política impulsada por Lenin y continuada por Stalin con los ajustes obligados por las circunstancias internacionales y la imposición del “Socialismo en un solo país”.


Hay dos conceptos en el enfoque de Sistema-Mundo que consideramos claves para comprender las relaciones de la URSS con lo que Wallerstein llama “economía-mundo-capitalista”, ellos son “incorporación” a la economía-mundo y “bifurcación”, del que hemos hablado. El primero explica por qué y cómo Rusia se incorporó al mundo capitalista y pudo ocurrir ahí la Revolución de octubre 1917, y el segundo nos permite comprender por qué murió como referencia política mundial


Pero, antes de meternos en la candela, citaremos a Hugo Fazio Vengoa, quien no es cultor del enfoque de sistema-mundo sino discípulo del historiador inglés Eric Hobsbawn, de ahí el título de su libro “Rusia en el largo siglo XX”, pero realizó un análisis de la realidad rusa/soviética bien pormenorizado y con conocimiento del idioma porque vivió varios años en los países “socialistas”.


Fazio Vengoa termina la tercera parte de su libro afirmando que:  “Tratando de sintetizar las orientaciones de los cambios iniciados en la década de los años treinta, podemos decir que el estalinismo, más que la aplicación concreta de la  doctrina  de  la  cual  Stalin  se   hacía  portador,  fue  una  convergencia  de  un radicalismo popular e intelectual con la cual se desarrolló la necesidad de dar curso a un rápido proceso de modernización, pero sobre la base de los elementos propios de la cultura popular rusa: igualitarismo, espíritu colectivista, simbología política en el vector líder carismático-masas, denuncia de la desigualdad y de las tradiciones y culturas ajenas a los valores populares”.


Según su análisis, el estalinismo fue una mezcla de la idiosincrasia rusa, cuyos valores comunes eran propios de la vida campesina mayoritaria en los países de la unión, más la adaptación de técnicas productivas capitalistas para modernizar el imperio heredado de los zares siguiendo la consigna de Lenin: “Socialismo es electricidad más soviets”, lo que Albis Mayora comparó acertadamente con las políticas de modernización en Estados Unidos implementadas por el presidente Woodrow Wilson.
Kapuscinski, en su libro El Imperio, señala dos aspectos culturales determinantes en la ideología que consolidó la Nomenklatura soviética. Uno: al pueblo ruso lo mantiene unido una idea vivificante desde hace siglos: “la ambición imperial”, consecuencia, entre otras causas, de “la influencia sobre el alma rusa de las vastas extensiones del Imperio”, y, otro: “el colmo de las ambiciones y los sueños de Stalin no eran sino el colmo de las ambiciones y los sueños de todos los jefes de Estado soviéticos, a saber: ¡alcanzar y aventajar a Estados Unidos!.


Dos aspectos culturales que enmarcaron las políticas soviéticas que llevaron, por un lado a su expansión colonialista hacia el este de Europa, reconocida y pactada definitivamente con los Aliados en Yalta, y, por el otro, a morir en el intento de alcanzar al país líder del capitalismo moderno. ¿Y qué pasó con el marxismo-leninismo? Se preguntarán y Fazio Vengoa responde que:  “En este proceso el papel del marxismo no fue más  que  el  de  un  marco  justificador  y  legitimador  de  las  acciones  implementadas. Por  esta  razón,  en  lugar  de  socialismo  es  preferible  hablar  de  <sistema  soviético>, porque  el  modelo fue  ante  todo  el  irrumpir  de  las  tradiciones  populares  en  la determinación del proceso de desarrollo que iba a seguirse”. (p 130) 


De esta afirmación podemos deducir que si Stalin hubiese dicho que en la URSS se desarrollaba el “socialismo a la rusa” no estuviéramos discutiendo estas cosas, sino más bien reconociendo que el viejo se nos adelantó implementando un socialismo “situado”, idiosincrático a la rusa, como hacemos ahora con el “socialismo a la venezolana”, pero se empeñó en identificarlo dogmáticamente con Marx y Lenin y hétenos aquí, en pleno siglo 21, sin poder ponernos de acuerdo sobre la naturaleza de aquella experiencia, porque de Marx… ni la sombra y de Lenin ni se diga, porque una de sus últimas gestiones políticas fue advertir del peligro que representaba Stalin… 


Hasta la próxima clase.

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