Imperialismo: petróleo y cultura (3)

Por Gregorio Pérez Almeida

¿Hubo o no hubo socialismo en la URSS? Una pregunta que motivó discusiones acaloradas en el siglo 20 y nos atrevemos a replantearla nuevamente en el siglo 21 porque la consideramos necesaria en la descolonización del imaginario geopolítico occidentalizado que se sustenta en el mito de un mundo polarizado por dos sistemas enemigos: el comunismo y el capitalismo. Nada simple ni ligera la respuesta, por lo que presentaremos algunos de los libros en los que basamos nuestros argumentos, con lo que podrán hacerse una idea de dónde venimos y hacia dónde vamos. 

      Imperio, de Ryszard Kapuscinski, un libro crudo sobre la “vida material” de la URSS, es decir, la vida cotidiana, escrito por un periodista polaco, nacido en 1932, liberal, enemigo del colonialismo y compañero de las luchas de liberación africanas y latinoamericanas. Experimentado conocedor del proceso soviético, afirma que: “cuando a finales de 1991 la URSS deja de existir, en el mundo [se escucharon] voces de consternación y sorpresa ¿Cómo es eso? Tan estable ¡y se ha hecho añicos! Tan indisoluble ¿y se ha desmembrado? ¿De un día para otro? Pero ese <<de un día para otro>> se refería sólo al acto final. En realidad, el proceso del desmoronamiento se había iniciado mucho antes”

      Apuntes críticos a la economía política, de Ernesto Che Guevara, no necesita presentación, sólo recordar que reveló la desviación capitalista de la economía soviética desde la Nueva Economía Política (NEP) y advirtió que el socialismo no podía construirse con las armas melladas del capitalismo

      Capitalismo histórico y movimientos antisistémicos, de Immanuel Wallerstein, un libro que en sus dos últimas partes expone un análisis histórico del Sistema-Mundo que demuestra cómo Estados Unidos y la URSS fueron los actores determinantes de la estabilidad del poder capitalista mundial.

      La Revolución de octubre y el sistema mundo, de José Romero Losaco, un análisis de la revolución bolchevique basado en la perspectiva de Sistema-Mundo, que coloca a dicha revolución en una dimensión completamente distinta a las tradicionales marxistas y liberales. Está disponible en la página web de la editorial el perro y la rana.

      Historia del Siglo XX, de Eric Hobsbawm, archiconocido historiador inglés, afirma que “una de las ironías que nos depara este extraño siglo es que el resultado más perdurable de la revolución de octubre, cuyo objetivo era acabar con el capitalismo a escala planetaria, fuera el haber salvado a su enemigo al difundir el concepto de planificación económica, suministrándole también algunos procedimientos necesarios para su reforma”.

      El socialismo en un solo país, de E. H. Carr, uno de los historiadores de la URSS más reconocidos, este libro incluye un capítulo titulado “La URSS y los Estados Unidos”, que contiene información reveladora del poder económico hegemónico del que gozaban los gringos ya en los primeros años del siglo 20, que le permitiría dominar a Europa central y, sin dudas, a la recién nacida URSS.

      La Nomenklatura, de Michael Voslensky, ruso, nacido en 1920, historiador, miembro de la Academia de las Ciencias de la URSS, diplomático, traductor durante los juicios de Núremberg. Un libro que les advierte a quienes aún se niegan a reconocer aquel garrafal error histórico que: “lo que en verdad hace el juego a los adversarios del socialismo es que la izquierda avale como realmente socialista el socialismo real, porque los hechos no se evaporan con negarlos, los Gulags no desaparecen porque corramos el velo del silencio y sólo elevemos la voz para denunciar los del otro imperialismo”.

     La banalización del mal, de Christian Delacampagne, un libro que echa abajo las tesis que identifican el comunismo soviético con el nazismo, con dos argumentos contundentes, uno: el nazismo tenía una doctrina de purificación racial en su núcleo, cosa que no estaba en la ideología comunista; dos: el comunismo histórico murió y no hay intentos de revivirlo sino todo lo contrario, ahora es lugar común decir que queremos construir el socialismo sin los errores del soviético. Pero el nazismo si renace en muchas partes del mundo sin complejo de culpa

      La verdadera historia del Club Bilderberg, de *Daniel Estulin, un personaje extraño e interesante salido de las redes de espionaje de la URSS, historiador, analista político y más… Aquí, entre otras cosas, habla del préstamo de 75 millones de dólares que John D. Rockefeller hizo a los bolcheviques, en 1927, para construir una refinería de petróleo que venderían a Europa y pudieran recuperar su desbastada economía. También está disponible en internet.

      Interesante, muchos de los libros que leímos en las décadas de los años 70 y 80 del siglo 20, que negaban o ponían en duda el carácter socialista de la URSS, adquieren hoy plena vigencia desde la perspectiva de Sistema-Mundo. Ahora comprendemos por qué no se leía a Wallerstein y se le acusaba de “antimarxista” y agente de la CIA. El mito era aplastante.

      Por otro lado, para los “marxistas-leninistas” o “marxistas-trotskistas” o “marxistas-maoístas”, etc., siempre fue difícil aceptar que no existía el socialismo en la URSS, porque implicaba asumir la construcción del socialismo a lo Mariátegui: “no como copia ni calco, sino como creación heroica”… y esa vaina era –y es- mucho trabajo, mejor era -y es- creer que tenemos un modelo a reproducir y no importa que sea un desastre porque le quitamos y le ponemos cosas que consideremos adecuadas a nuestras aspiraciones y posibilidades, pero siempre mirando al modelo.

     Abróchense los cinturones, que el vuelo es turbulento

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