¿La vuelta del panóptico?

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

La frecuente costumbre mediática, heredada posiblemente del historicismo clásico, de resumir grandes procesos y complejidades sociales en una palabra, probablemente acuñe para el recientemente finalizado año 2020 como el año de la pandemia, a pesar que las pestes y epidemias han sido una constante en la historia de la humanidad. Esta terrible constante casi se había extinguido de nuestra memoria y parecía superada en la vida moderna por los controles sanitarios y la medicalización presente en la mayor parte de las sociedades del orbe. El covid-19 nos arrancó de esa ficción del “asunto controlado”, arrojándonos de un día a otro a una suerte de distopía que parece extenderse al menos para gran parte del 2021. En este contexto se han hecho múltiples y variadas interpretaciones sobre los presentes, y sobre todo, los futuros que nos esperan en el mundo postpandémico. Difícil poseer elementos de análisis que permitan leer el futuro, desearía tenerlos, sólo la formulación de preguntas como herramientas de prospectiva hacen, en muchos casos, surgir el desarrollo de interpretaciones, que aún carentes de oportunidad y sentido, nos activan los intereses analíticos.

            Entre las variadas formulaciones que recorren las interpretaciones del mundo del covid, Michel Foucault ha vuelto a estar muy presente, esto debido a la utilización que este autor hace de los distintos procedimientos, reglamentos y fórmulas surgidas como dispositivos disciplinarios en tiempos de pestes en la Europa de los siglos XVII y XVIII fundamentalmente. En su obra Vigilar y Castigar, Foucault despliega la caracterización de la estrategia  seguida por los gobernantes para enfrentar las epidemias, por medio de dispositivos reglamentarios que conduzcan a controlar a la población contagiada dentro de sus casas, inmovilizándola en un lugar. El control de los movimientos de las personas, el relevamiento meticuloso de todos los acontecimientos, el castigo de las rupturas al reglamento; en fin, un encajamiento de los individuos a un lugar fijo bajo un estricto control por parte del Estado. La condición para hacer posible este estricto control desde el poder, viene dada por la vigilancia constante, una mirada que se cierne sobre el espacio reticular de los barrios y ciudades; se trata de una quietud o suspensión de la circulación para reducir a los apestados a un área, espacio o territorio donde son controlados en todos sus actos y detalles.

             El panóptico complementa el análisis foucaultiano. Trata la propuesta arquitectónica del reclusorio penitenciario de Jeremy Bentham, donde los prisioneros son constantemente observados, sin poder identificar a quien los vigila. La prisión panóptica consiste en un edificio circular que posee las celdas donde estarán los condenados y una torre central desde la cual los guardias los vigilan las 24 horas del día. La disposición de la estructura es tal que los recluidos no pueden ver a quienes los observan, saben que están allí pero no pueden verlos, al tiempo que los vigilantes si podrán ver todas las celdas desde la torre y someterlas al examen exhaustivo de los actos realizados por los reclusos dentro de ellas. El prisionero tiene la sensación de la vigilancia constante, no posee forma de descubrir en qué momento la autoridad está observando su celda y cuándo está observando otra, por lo que siente la mirada siempre sobre él, un control inmutable que le dispone a estructurar dentro de sí su propio sometimiento. La cárcel panóptica persigue generar el efecto de completa sumisión del prisionero a la autoridad que lo vigila.

Es un extraordinario recurso el utilizado por Foucault con el análisis de la propuesta de la prisión de Bentham y los reglamentos de cuarentena por pestes y epidemias, pues concentran la lógica del poder en el control de movimientos y disposición del poder, el modelo de organización del espacio y la producción de subjetividad como mecanismo de control, aspectos que forman algunos de los componentes principales de los sistemas de dominación surgidos en la modernidad capitalista.

La investigación de los dispositivos disciplinarios de la época clásica francesa por parte de Foucault devela diversas tecnologías y componentes constitutivos de las bases para el desarrollo del análisis del poder sobre la vida de las personas; a saber, la genealogía del biopoder moderno. Ahora bien, Foucault, por medio del examen minucioso de esas manifestaciones disciplinarias busca entender cómo son los recorridos del poder en la etapa de consolidación del nuevo modelo, allí donde había que estructurar en Europa otro tipo de comportamiento acorde con las exigencias de la producción capitalista que se imponía como hegemónica; es por esto que se nos hace comprensible cómo esos dispositivos disciplinarios venidos del control de las enfermedades epidémicas y el castigo, fueron trasladándose a las fábricas, a las escuelas y otros dispositivos sociales, en la medida que el capitalismo avanzaba.

La utilidad de esta investigación foucaultina, sumado al desarrollo de los dispositivos de seguridad propios de la sociedad estadística y la biopolítica, permanecen en el mayor sentido de utilidad para analizar los mecanismos que se disponen desde la hegemonía capitalista; mas que como especificidad de apoyo en el análisis actual de las políticas implementadas por los gobiernos para controlar el avance del covid-19, sobre todo cuando la subjetividad de los gobernantes actuales es probablemente inversa a la señalada por Foucault para los asuntos tratados en Vigilar y Castigar, ya que los modelos disciplinarios narrados allí para la utilización del control de epidemias, podían significar el sueño del disciplinamiento absoluto para los gobernantes de los siglos XVII y XVIII, pero difícilmente lo sean en la actualidad, dado el costo planificatorio, financiero y político de tan rigurosos procedimientos, además que significaría un retroceso de lo avanzado por el biopoder en la modernidad y postmodernidad (postpanópticos o sinópticos), pues los disciplinamientos del capital ya están incorporados en las subjetividades.

Sin embargo el panoptismo presenta estelas, señas, marcas y profundidades sobre los cuerpos de las gentes y las sociedades aun actualmente, basta hacernos conscientes de la vigilancia por cámaras en las calles, tiendas de todo tipo, entidades financieras, shopping, parques, edificios gubernamentales, ascensores, metro, trenes, etc. Es tan común la vigilancia que la hemos naturalizado, la aceptamos como parte de nuestras vidas y solemos pensar que nos beneficia. Antes de marzo pasado, fuimos toda la familia a comer a una pizzería al barrio de La Boca, los dueños habían colocado unos simpáticos cartelitos que decían “sonría, NO lo estamos filmando”  para satirizar los frecuentes carteles que se suelen colocar en los negocios que hacen una mueca irónica de una de las entregas más nefastas a la que nos hemos visto obligados en la vida neoliberal: la vigilancia constante de “la libertad”.

Otro espacio material donde aún mantiene un pie el panoptismo es en los sistemas informáticos enlazados por la internet; se puso en evidencia con el denominado “teletrabajo” en tiempos de cuarentena, donde los archivos compartidos en la nube permiten verificar los tiempos y momentos de visita de cada usuario, aparte de los expresamente existentes para tal fin en los diferentes campus virtuales; ahora bien, probablemente si el poder de visibilidad estuviera presente sólo en el ámbito de la producción resultaría un lugar común, pero no es sólo allí, recordemos el acreditado caso de “Cambridge Analytica”, por el cual se conoció la utilización de los datos personales de los usuarios de facebook para el diseño de estrategias de campañas electorales en Europa, Estados Unidos, África y América Latina, sería ingenuo suponer que con la gigantesca entrega de información, recorridos de hábitos, opiniones y costumbres, hechas durante este último año por medio de diversas plataformas y app esto no será material útil para los detentores del poder. Ya lo vemos en la gestión de las conductas de consumo, donde la mercancía informática es fundamental en la marcha del capitalismo globalizado, evidenciando que la utilización de las redes virtuales hace visibles para mirones inidentificables a los sujetos consumidores. El enorme espacio de la interconexión global podría ser una suerte de panóptico al cual nos confinamos, en apariencia, voluntariamente.

Aun cuando el desarrollo de la biopolítica, estudiada por Foucault, avanza sobre los tejidos sociales unidos por mecanismos de persuasión y coacción explicita, que se muestran desterritorializados en el liberalismo, no obstante, la complejidad de las formas estratégicas del disciplinamiento capitalista parece mantener su fuego sobre las brasas del panoptismo.  

Texto consultado:

FOUCAULT, Michel (2003). Vigilar y Castigar. Siglo XXI editores. Argentina.

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