EL IMPERIALISMO OLIGÁRQUICO: LA NUEVA RELIGIÓN – COMENTARIOS

Por Ángel Colmenares

Hace mucho tiempo, se verificaba el proceso de disolución de comunidades que habían surgido de un proceso natural ―sangre, idiomas, costumbres…―, un comunismo primitivo de tipo cooperativo, no resultado de la socialización de los medios de producción, entonces muy escasos y rudimentarios, sino de la debilidad de los individuos aislados frente a la naturaleza, y que adoptaron diferentes formas (de acuerdo a sus sistemas de parentesco) y desarrollaron nuevas maneras de producir, lo que determinó la existencia de excedentes, que a su vez hicieron posible el surgimiento de diferenciaciones sociales y el desgaje de individuos que se apropiaron de tales excedentes, perfilándose así como personas con poderío sobre otras e integrando una clase dominante, toda vez que «`“… en todas partes subyace al poder político una función social; y el poder político no ha subsistido a la larga más que cuando ha cumplido esa función social”«`, como expone ENGELS en el Anti-Dühring.

La dominación se estableció no en forma individual sino de individuos específicos ―que personifican funciones― sobre toda la comunidad. Y en ese proceso hubo ya elementos religiosos, como explica MARX:  «`“…esta propiedad comunitaria o tribal, producto sobre todo de una combinación de manufactura y agricultura dentro de la pequeña comunidad, que de ese modo se vuelve enteramente self-sustaining (autosuficiente) y contiene en sí misma todas las condiciones de la reproducción y de la plusproducción. Una parte de su plustrabajo pertenece a la colectividad superior, que en última instancia existe como persona, y este plustrabajo se hace efectivo tanto en tributos, etc., como en el trabajo común destinado a exaltar a la unidad, en parte al déspota real, en parte a la unidad tribal imaginada, al dios.”«` (“Grundrisse”, Siglo XXI, 1976, Tomo I, página 435)No puede ser casual que esos seres primitivos, indefensos y sin respuestas ante poderes tan obvios y destructivos como un rayo, un huracán, una inundación, una enfermedad y ―más próximas pero de origen igual de misterioso e inexplicable― las acciones de fuerza ejercidas por otras personas que se apropiaban de los excedentes e imponían su autoridad sobre ellos, creyeran en la existencia de mundos celestiales en los cuales también había monarcas, sacerdotes y otras personificaciones de una “colectividad superior”.


Y así en el cielo como en la Tierra, los dioses tienen una estricta jerarquía (santos/santas, ángeles buenos/malos, querubines…) que es copia fiel de la terrestre escisión en clases sociales y de la división social del trabajo y que acá tiene como objetivo justificar, legitimar y preservar al modo de producción capitalista, basado en la expropiación del producto de trabajo no pagado y en una “libertad” limitada a la mera posibilidad de vender y comprar.


Hoy, la sociedad engendrada por ese modo de producción es un universo de cosas (Verdinglichung o reificación) en el cual todo es mercancía y la religión sigue jugando su papel de promotor de los dogmas  de ilusoria igualdad del hombre ante Dios [el aparato jurídico superestructural lo copia: “todos somos iguales ante la ley”], enmascarando y opacando la realidad, mientras otros “aparatos ideológicos” (ALTHUSSER dixit) como la escuela, el partido y el sindicato adelantan su tarea, unos de reproducir/imponer ideas, costumbres y modos de ver al mundo, otros de fragmentar conciencias, dividir a los obreros y colaborar de mil maneras para mantener al capital como poder hegemónico.Es casi un lugar común la frase “la religión es el opio del pueblo”, que dicha así nada explica ni contextualiza, por lo cual nos permitimos copiar el texto en el que su autor la expuso para entender cabalmente su sentido filosófico y el llamado político que bajo ella subyace:«Para Alemania, en resumen, la crítica de la religión está terminada y la crítica de la religión es la premisa de toda crítica.La existencia profana del error está comprometida, cuando se impugna su celeste oratio pro aris et focis (oración por el corazón y el hogar. NdelT) El hombre que ha encontrado sólo el reflejo de sí mismo en la fantástica realidad del cielo, donde buscaba un superhombre, no se sentirá más dispuesto a encontrar sólo la apariencia de sí mismo, sólo la negación del hombre, donde indaga y debe buscar su verdadera realidad.

El fundamento de la crítica religiosa es: el hombre hace la religión, y no ya, la religión hace al hombre. Y verdaderamente la religión es la conciencia y el sentimiento que de sí posee el hombre, el cual aún no alcanzó el dominio de sí mismo o lo ha perdido ahora. Pero el hombre no es algo abstracto, un ser alejado del mundo. Quien dice: «el hombre», dice el mundo del hombre: Estado, Sociedad. Este Estado, esta Sociedad produce la religión, una conciencia subvertida del mundo, porque ella es un mundo subvertido. La religión es la interpretación general de este mundo, su resumen enciclopédico, su lógica en forma popular, su point d’honneur (punto de honor, NdelT) espiritualista, su exaltación, su sanción moral, su solemne complemento, su consuelo y justificación universal. Es la realización fantástica del ser humano, porque el ser humano no tiene una verdadera realidad. La guerra contra la religión es, entonces, directamente, la lucha contra aquel mundo, cuyo aroma moral es la religión. La miseria religiosa es, al mismo tiempo, la expresión de la miseria real y la protesta contra ella.

La religión es el sollozo de la criatura oprimida, es el significado real del mundo sin corazón, así como es el espíritu de una época privada de espíritu. Es el opio del pueblo.   La eliminación de la religión como ilusoria felicidad del pueblo, es la condición para su felicidad real.  El estímulo para disipar las ilusiones de la propia condición, es el impulso que ha de eliminar un estado que tiene necesidad de las ilusiones. La crítica de la religión, por lo tanto, significa en germen, la crítica del valle de lágrimas del cual la religión es el reflejo sagrado.»

Karl MARX. Introducción para la Crítica de  la Filosofía del Derecho de HegelK. Marx (1844): Introducción para la Critica de ‘La filosofía del derecho’ de Hegel. (marxists.org)  Saludos a tod@s.            

PDF Oligarchic Imperialism Is The New Dominant World Religion (Consulta)


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