“La escalada de Tucídides”

Por Consejo Editorial

Recientemente, en medio de la pandemia, se llevo a cabo la XVI Feria de Libro (Filven 2020). Entre los libros presentados este año figura el trabajo de post-Doctorado del General en Jefe Vladimir Padrino López. Este ensayo, titulado “La escalada de Tucídides”, nos coloca una mirada de la pugna mundial por el romper la hegemonía de los EE.UU., en una sociedad de post-pandemia. “El conflicto es bifronte por cuanto la escalada se lleva simultáneamente en dos planos de guerra”, nos señala el soldado de la promoción “General de Brigada Juan Gómez Mireles”.

La Guerra del Peloponeso ha sido una referencia una referencia utilizada por el General en Jefe Padrino López para analizar desde la mirada del historiador ateniense Tucídides, según la cual,  la tensión que sufre una sociedad cuando una potencia nueva reta a otra establecida, se crean las condiciones para que estalle una guerra. Bajo esta premisa la obra presentada en la Filven 2020, “La escalada de Tucídides”, busca describirnos el ascenso de nuevas potencias como China que le disputan la hegemonía a los Estados Unidos o el caso de Rusia que vuelve a tener un protagonismo relevante en la construcción de un mundo multipolar el cual los EE.UU., no están dispuestos a permitir.

Sobre esta obra del Ministro del Poder Popular para la Defensa, hemos querido dejar en esta nota algunos fragmentos sobre el papel de los Estados Unidos y sobre el análisis de la confrontación hegemónica que se plasma en el “Epilogo”. 

Sobre los EE. UU.

“Después de la II Guerra Mundial se llegó a un acuerdo donde las potencias que derrotaron al nazismo, con miras a conseguir un nuevo orden y reconstruir el mundo en paz, se lo repartieron. Este acuerdo duró muy poco, pues entre la URSS y EE. UU. comenzaron lo que se conoció como la Guerra Fría, librando conflictos para conquistar países que se convertirían a la causa ideológica que confrontaban capitalismo vs. comunismo. Corea y Vietnam, divididos en norte y sur, fueron ejemplos claros del coletazo posguerra. La noche del 9 de noviembre de 1989 fue derribado el Muro de Berlín, que dividió la capital alemana durante casi tres décadas, lo que posibilitó su reunificación siendo precursora de la desaparición de la Unión Soviética y del final de la Guerra Fría. La disolución de la URSS fue la desintegración de las estructuras políticas federales y el gobierno central de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que culminó con la independencia de las 15 repúblicas entre marzo de 1990 y diciembre 1991.

La causa del derrumbe fue multifactorial. Todavía afloran razones sociales, políticas y económicas que formaron parte del coctel que liquidó este polo de poder. No se necesita ser muy brillante para despejar la incógnita de la ecuación: si el equilibrio se sustentaba con bombas quiere decir que este se rompió. El hecho impuso a los EE. UU. a ser el hegemón absoluto del planeta convirtiendo el orden mundial en UNIPOLAR. Pero EE. UU. durmió un largo sueño descuidando la producción de bienes y servicios, supliendo sus anaqueles con productos asiáticos, en su mayoría chinos. En general, se dedicó al mundo financiero de la especulación bursátil y bancaria, que es la partida de nacimiento de la globalización financiera. Mientras Rusia se lamía sus heridas, replanteó con vocación de poder estrategias ante las nuevas realidades.

Con la aparición de Vladimir Putin inicia una acelerada carrera armamentista, a partir del 2002, la cual respaldó con su potencial energético, logrando superar el poderío atómico y nuclear de los EE. UU. La evidencia fue develada cuando el propio Putin, el 1.o de marzo de 2018, anunció la creación del Kinzhal («la daga»), un misil balístico con capacidad nuclear de lanzamiento aéreo cuyo alcance pasa los 2000 km, con una velocidad hipersónica capaz de maniobrar evasivamente en cada etapa de su vuelo. Había vulnerado la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI) de EE. UU. El reconocimiento por parte de los EE. UU. de la existencia del misil marca la transición del escepticismo a la aceptación de las considerables capacidades tecnológicas y militares rusas, que echan por tierra la superioridad atómica del Pentágono fracturando la unipolaridad.

De facto, EE. UU. tiene un retraso de cinco años para llegar a construir armas hipersónicas con velocidad Mach 20. La adopción de las políticas neoliberales y la aceptación de su teoría económica, desde la década de 1970, hace que la mayoría de los países desarrollados concluyan con muchos economistas poskeynesianos que esta fue la causa del hundimiento del sistema financiero internacional del año 2008. Situación que más tarde se manifestó en la llamada Gran Recesión y de la cual China salió ilesa por la fortaleza de su economía. La política de Estado que debía mediar entre las ideologías y las necesidades y aspiraciones de los seres humanos, renunció a esta función.

Por una parte, había impuesto como único mediador entre las necesidades y las aspiraciones al mercado. Una suerte de Leviatán cuyo rastro monstruoso acorrala al ciudadano más débil. El estallido de la crisis bancaria y financiera desató una catástrofe global debido al colapso de la burbuja inmobiliaria. Arrastró al sistema financiero internacional, así como el movimiento bursátil mundial cuyas consecuencias derivaron en una profunda crisis de liquidez y alimentaria en Occidente. Desde entonces, la debacle norteamericana no ha conseguido paz con la miseria. He aquí el inicio de la caída del coloso norteamericano. Su tendencia económica, a pesar de crecer el 3 % paradójicamente disminuye en comparación con China que promedia el 7 %. Esto significaba que China ocuparía en breve el primer lugar. La paciencia milenaria y laboriosa emprendieron las reformas de liberalización de la economía socialista que permitieron alcanzar unas impresionantes cuotas de crecimiento económico. Con ello han protagonizado, en las últimas décadas, la mayor revolución económica de la historia de la humanidad. Es la segunda economía más grande del mundo en términos del Producto Interno Bruto (PIB nominal) y la mayor economía del mundo en Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Hoy la pandemia del coronavirus hace estragos amenazando con otra crisis económica global que ha detenido la rueda, posponiendo los acontecimientos. Mientras China y EE. UU. hacen frente a su manera al reto viral, no aflojan la lucha enfrascados en una competencia por la supremacía mundial. Son países con líderes forjados en la vieja escuela de la geopolítica, que se debaten en aquel axioma que establece: “el poder ni se cede ni se comparte, se impone por la fuerza de los cañones o se negocia”. Compiten en dominios comunes y cada uno busca diseñar sus propios sistemas, sus propios estándares y sus propias cadenas de suministro”.

“EPÍLOGO”, la confrontación hegemónica.

«La confrontación hegemónica entre los EE. UU. y China se desliza sin disimulo al escenario conocido como la Trampa de Tucídides. Existe la decidida y manifiesta voluntad de ir hasta lo último, una vez haya amainado la crisis pandémica. El conflicto es bifronte por cuanto la escalada se lleva simultáneamente en dos planos de guerra. Una, la no convencional y de quinta generación que denominan comercial, donde China tratará de imponer sus dos nuevas Rutas de la Seda (la ártica y la indopacífica), sin descuidar el objetivo de la primigenia; al mismo tiempo, EE. UU. pelea para evitar a toda costa que lo logre, a riesgo de ser desplazado como primera potencia mundial. Por otra parte, hemos prospectado en esta investigación que la lucha se escenificará con toda certeza a partir del año 2021, habida cuenta de que los actores en pugna ya muestran la garra militar en el escenario que hemos dado por titular La escalada de Tucídides.

Para abordar el tema se nos hizo imprescindible, antes de llegar a la almendra del conflicto, conectar enlaces históricos cuyos determinantes atávicos precisan aquellos polvos que trajeron estos lodos, absoluta y rotundamente necesarios para comprender cómo fue posible el rise and fall de ambas potencias. Dicho enfrentamiento tendrá la mitad del planeta en ascuas, tanto en la región septentrional como meridional. Áreas que han sido el marco de referencia geopolítica de las primeras teorías que fundamentan la geoestrategia de potencias y/o imperios, desde inicios del siglo pasado. Heartland, Rimland y el Poder Naval, son las teorías cuyos autores respectivamente, Mackinder, Spykman y Mahan, se encuadernan en esa región neurálgica estableciendo correlación de fuerzas para determinar la fusión euroasiática que la pontifican como la verdadera región cardial.

Desde luego, la guerra comercial no será por controlar la zona desde una perspectiva de gobernanza, sino de mercado. Por tanto, al inicio será una guerra declarativa en los mass media, sin descartar posibles enfrentamientos de baja intensidad que multiplicarán exponencialmente mantener en vilo a la humanidad. No es para menos si tomamos en cuenta el arsenal de ojivas nucleares que almacenan los países involucrados en el teatro del conflicto. Soplando los carbones para atizar el fuego estarán las asesores mediáticos desarrollando sus estrategias comunicacionales, así como las plataformas y redes sociales para difundir desinformación y noticias basura, ejerciendo censura y control, para dar de baja a la verdad y poder imponer la posverdad. Sin duda, armas no convencionales a utilizar en nuevos campos de batalla como estamos evidenciando hoy día. Los ataques serán masivos e inmediatos contra empresas trasnacionales. Serán víctimas del contrabando ideológico que pasa liso por las aduanas de la honestidad bajo el chantaje de la libertad de información. Los más titulables son la violación de DD. HH. y el terrorismo. Banderas enarboladas como recurso emocional de ataque, en medio de la revolución tecnológica 5G que plantea la lucha por el liderazgo de la Inteligencia Artificial».

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