Bolívar contra Monroe, o lo que nos trajo hasta aquí…

Escuela de Sabidurías (44)

Por Gregorio Pérez Almeida

Luis Antonio Bigott, como dijimos, es un revolucionario consecuente y coherente con sus principios, sus compromisos políticos, sus sueños y su imaginación. En este libro que comentaremos, publicado en 2010, nos encontramos con una muestra definitiva de su personalidad en las palabras de la “Presentación”, que desde nuestra humilde opinión, es un “Manifiesto Latinoamericano de la Investigación Militante”, la investigación acción participativa, transformadora que compartió con su gran amigo el colombiano Orlando Fals Borda, de quien tendremos oportunidad de hablar. 


Hoy, que el lenguaje descolonizador se apropia de la mayor parte del discurso, los planes y proyectos de las y los ministros del gobierno bolivariano, sería un gran aporte difundir estas palabras de Luis Antonio. Sabemos que no es una moda, sino un mandato del Plan de la Patria que tiene como eje central la descolonización de las instituciones del estado venezolano y de la sociedad en general, pero la moda oportunista amenaza con secuestrar las iniciativas que se tomen en ese sentido, como ocurrió ya con el CIEDLAB.


Este manifiesto habla de aspectos del conocimiento que en el lenguaje académico mientan “epistémicos”, que incluye los conceptos y categorías que forman la teoría, y habla también de aspectos políticos, a lo que le dicen “praxis”. Es, por lo tanto, un “manifiesto de teoría y praxis de la investigación militante”, comprometida con la revolución anticapitalista y no la que explica “objetivamente” la sociedad capitalista, que es una forma de justificación


Quisiera copiar el manifiesto completo, pero sería un gesto súper bancario, así que lo desglosaremos para propiciar una mayor comprensión. Nos parece que contiene unas ideas claves: 


1ª) Siguiendo a Marx, Luis Antonio sostiene que en los procesos de investigación de la realidad social, una cosa es el “método de investigación” y otra es el “método de exposición”. Y confiesa que: “Lamentablemente muchos de nosotros entendimos que el método de investigación es una especie de martillo, de trabajo manual y el método de exposición sería el papel sellado, el trabajo intelectual”


Pero, “el niño que llora y la mamá que lo pellizca” y esta esquizofrénica división del trabajo se hizo cultura en las academias por mandato colonial y el llamado método dizque “internacional” de exposición conocido como “Normas APA” ha secuestrado todo lo que tenga que ver con la investigación educativa, es decir, social, confundiendo ese manual de exposición con “el método de investigación”


¿Quién que haya presentado una tesis de grado en los últimos 20 años no ha tenido que ceñirse al “Manual para la Elaboración de Tesis de Grado de la UPEL”, independientemente de que haya investigado sobre el petróleo, el uso de los verbos por Simón Rodríguez o sobre la longevidad de las tortugas verdes? Y trate usted de quitarse esta camisa de fuerza para que le nieguen el derecho a presentar su tesis y, por cierto, ¿No será este corsé asfixiante lo que ocasiona el síndrome Todo Menos Tesis, que supuestamente es culpa a la “dispersión” e “inmadurez” de la o el tesista?


A esta esquizofrénica concepción de investigación, Luis Antonio responde: “No es así en absoluto. Existe una doble vehiculación entre ambos y lo más importante es que los dos momentos se sustentan en la relación teoría-práctica”.


¿Y qué nos aporta reconocer esta locura y proponer una cura? “Que la relación teoría-práctica elimina toda posibilidad de alejamiento del investigador del proceso que investiga (la vieja fórmula sujeto/objeto). Alejarse del objeto para captar su esencia según aconseja la vieja academia- es la negación de la investigación”.


¿Y qué se obtiene al asumir esta relación indisoluble teoría-práctica? Responde Luis Antonio: “resultados que en la mayoría de los casos son aproximaciones hipotéticas […] en el sentido de lo señalado por Mijail Bajtín: <no existe la primera palabra, ni tampoco la última>, en consecuencia, nuestras investigaciones van a constituir un diálogo sin principio ni fin […] por cuanto no estamos situados en una superficie plana, lineal y estática, sino en un espacio y en un tiempo de sobresaltos, en esa especie de volcán que es la Revolución Bolivariana y los cambios que se suceden en Latinoamérica, el Caribe… y a nivel planetario”.


Sabía de lo que hablaba, porque comenzó su investigación sobre la educación en Venezuela en 1972 y nunca la dio por terminada.
¡Asco, “aproximaciones hipotéticas”! ¡Qué poco espíritu científico!, gritan desde las garitas del cientificismo occidental, donde creen tener conocimientos firmes, claros y distintos como les indicó su viejo gurú René Descartes, cuando en verdad lo más que hemos hecho es refreír conocimientos ajenos que asumimos como “aportes nuestros” y actuamos como el borrachito del cuento: buscamos la cartera que perdimos sólo en el único lugar que está iluminado por un poste de luz del sistema: el método científico y sus normas APA/UPEL.


Y es como un monstruo que fagocita todo lo que surge en su entorno, como ha hecho con el “paradigma emergente”, la “investigación cualitativa”, la misma “investigación-acción-participativa” y cuanta vaina se propone como alternativa, por lo que ni las artes plásticas, ni la literatura, ni la poesía se salvan de este corsé… ¡Y cuánto conocimiento popular se ha tirado al pote de la basura por no entrar en el molde del “Método de Investigación Científica” hegemónico!


Ya que hablamos de Luis Antonio Bigott, aprovecharemos para meternos en un tema primordial para él: la distinción entre método, metódica y metodología, que abordaremos en la próxima clase, porque es muy importante para la práctica investigativa descolonizadora.


Este “rodeo” para entrar en el libro que anunciamos al inicio de la clase, es clave para comprender la propuesta “bigottiana” de investigación-acción- participativa, porque su propuesta pedagógica está integrada a una posición política revolucionaria y anticapitalista, y entre ambas configuran su concepción del maestro investigador- agitador.

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