Vo Nguyen Giap (IX) – Última entrega

Por Ángel Colmenares

4. Mientras organizaba un poderoso ejército popular, nuestro partido dedicó especial atención a la organización de los grupos de guerrilleros y al desarrollo de las fuerzas de reserva, al mismo tiempo que resolvió correctamente el problema de las relaciones entre el ejército y las retaguardias.

En el proceso de su creación y de su desarrollo, las fuerzas armadas del pueblo comprenden no sólo las tropas regulares y las tropas regionales, sino también los efectivos considerables de las formaciones de guerrilleros y de autodefensa. Inmediatamente después de la decisión del partido sobre la necesidad de preparar la insurrección armada partiendo del movimiento político de las masas, múltiples formas de organizaciones semiarmadas y armadas estaban ya apareciendo para que las masas pasasen progresivamente de una lucha política en pleno auge a la lucha armada. Eran las formaciones de autodefensa, las de choque, después los grupos guerrilleros en las pequeñas bases militares clandestinas que existían entonces en la región montañosa del Viet Bac.

Después de la constitución de destacamentos precursores del Ejército Popular, en muchas regiones y en torno a esos destacamentos, considerados como tropas regulares, se formaron unidades armadas locales junto a una red muy amplia de fuerzas semiarmadas. Al decretar la creación de la sección de propaganda del Ejército de Liberación, el presidente Ho Chi Minh se preocupó especialmente por la aparición de las diferentes fuerzas armadas y semiarmadas, y prestó gran atención a la necesidad de mantener, entre esas fuerzas, buenas relaciones de unidad y coordinación.

Durante la guerra de resistencia, en la medida en que se desarrollaba la lucha armada, se iba acentuando la diferenciación entre esos tres ejércitos. El Ejército Popular, junto a las divisiones y regimientos regulares, comprendía regimientos, batallones o compañías regionales. Y además de esas tropas regulares y regionales, contaba con francotiradores y guerrilleros cuya organización cubría todo el país. Las tropas regulares tenían la misión de hacer la guerra de movimiento en un amplio teatro de operaciones para aniquilar las fuerzas vitales del enemigo.

Las tropas regionales, la de operar en su región coordinadamente con las tropas regulares, los francotiradores y los guerrilleros. Estos últimos, la de defender su aldea, participar en la producción y unirse a las tropas regulares y a las regionales tanto para preparar como para librar el combate. La existencia de esas tres formaciones armadas correspondía perfectamente a las aspiraciones del pueblo; contribuía por otra parte a elevar al máximo la potencia combativa del ejército y el pueblo y arrastrarlo en su totalidad a la guerra contra el enemigo. La existencia de las tres formaciones armadas efectivamente materializó la política de “todo el pueblo en armas”, y constituye la forma de organizar las fuerzas armadas en una guerra revolucionaria.

Nuestro partido afirma que para desencadenar una guerra popular es necesario disponer de esas tres formaciones armadas, contar no sólo con

tropas regulares, sino también con fuerzas de reserva. Siempre ha valorado la organización y gran desarrollo de las fuerzas de autodefensa y guerrilleras. Efectivamente, las formaciones de guerrilleros se extendieron por todo el país. A causa de la instauración del poder popular a través de nuestros extensos campos y de la existencia de células del partido en todo el país, en todas partes había guerrilleros, en todas partes el pueblo se alzaba contra el enemigo.

En la retaguardia enemiga, con acciones coordinadas con las tropas regulares, nuestros francotiradores y guerrilleros forzaban al enemigo a disgregar sus efectivos, lo desgastaban, y lo inmovilizaban en lugares determinados para permitir a nuestras tropas regulares y muy móviles acudir para aniquilarlo; habían hecho de la retaguardia enemiga nuestras líneas avanzadas y creado así bases guerrilleras que servían de trampolín a las ofensivas de nuestras tropas regulares en la zona ocupada; protegían nuestro potencial humano y material y atendían a la vez a la producción y a la resistencia, haciendo fracasar el plan enemigo de hacer la guerra por la guerra y de lograr que los vietnamitas combatiesen contra los vietnamitas.  

En las regiones liberadas, francotiradores y guerrilleros realizaban con eficacia la resistencia y la lucha contra los espías; servían de firme apoyo al poder y al partido en su región y al mismo tiempo de elementos de choque en la producción, el aprovisionamiento y los transportes…

A través del combate, el trabajo y la educación, las formaciones de francotiradores y guerrilleros llegaron a ser una inagotable e inestimable base para el desarrollo y la organización de tropas regulares, dando al Ejército Popular combatientes y cuadros aguerridos y políticamente muy forjados. Hoy, al cambiar la situación con el paso de la revolución a una nueva etapa, nuestro Ejército Popular está en camino de convertirse en un ejército regular moderno, y si tuviésemos que hacer frente a una guerra eventual, indudablemente tendría todas las características de una guerra moderna. Pero considerada desde nuestro punto de vista, esa guerra seguiría siendo, en su esencia, una guerra popular y la consolidación de la defensa nacional y de la patria serían siempre la obra de todo el pueblo; por esas razones, en vez de aminorar, el papel de los guerrilleros ha aumentado; los guerrilleros siguen constituyendo una fuerza estratégica, y la guerra de guerrillas continúa desempeñando un papel estratégico.

Como hasta ahora, nuestras fuerzas armadas de combate comprenderán en el futuro no solamente al ejército regular y moderno, sino también a las fuerzas armadas y semiarmadas de todo el pueblo que operarán en estrecha coordinación con él. En el momento presente, en las condiciones de la paz, el norte de nuestro país marcha rectamente hacia el socialismo, y la lucha entre las dos vías –socialismo y capitalismo– se desarrolla en la ciudad y en el campo. Tenemos que afirmar y fortalecer la dictadura del proletariado.

La intensificación del trabajo de consolidación de las organizaciones guerrilleras y de autodefensa en el campo y en las ciudades, como en los servicios y en las empresas, tiene extraordinaria importancia. Para responder a las exigencias de la formación de un ejército regular, a los imperativos de la construcción económica, paralelamente a la organización del ejército activo es conveniente constituir importantes fuerzas de reserva a fin de organizar y educar a las masas desde el punto de vista militar, para que cada uno pueda cumplir sus obligaciones para con la patria, contribuyendo a derrotar todo intento de agresión del enemigo. Las bases de nuestras fuerzas de reserva son las formaciones de guerrilleros de autodefensa que tienen la misión de:

a) suministrar hombres al ejército activo,

b) mantener la seguridad, proteger la producción.

c) ayudar al frente e integrar la guerrilla en caso de guerra.

Pese a esta importancia de las formaciones guerrilleras y de las fuerzas de reserva, después del restablecimiento de la paz y sobre todo al comienzo de la aplicación del servicio militar en las provincias piloto, se manifestó durante cierto tiempo la tendencia a subestimar el problema de los guerrilleros, a aislar a éstos de la reserva, a considerar la propia reserva únicamente como proveedora de hombres para las fuerzas regulares. Desde que este error fue corregido, la situación ha mejorado, las masas han apoyado sin reservas la aplicación del servicio militar y las formaciones de guerrilleros y de autodefensa, así como las fuerzas de reserva, han aumentado vigorosamente.

Consolidar y desarrollar cuanto podamos las formaciones de guerrilleros y de autodefensa, crear poderosas fuerzas de reserva, es una tarea extremadamente importante para nosotros, sobre todo en tiempo de paz, cuando preconizamos la reducción de los efectivos del ejército activo para poder consagrar más fuerzas a la construcción económica. Para realizar esta tarea es necesario comprender las nociones de la guerra popular y del ejército popular, no apartarse jamás de la concepción clasista en la organización y en la educación, asimilar las tradiciones y las experiencias de los guerrilleros, reforzar las estrechas relaciones existentes entre el ejército activo y las formaciones guerrilleras y las fuerzas de reserva, y reforzar al mismo tiempo la dirección de los comités del partido con respecto a los organismos militares locales en particular y a las formaciones guerrilleras y fuerzas de reserva en general.

No es posible hablar de lucha armada, de organización de las fuerzas armadas revolucionarias, sin abordar el problema de la retaguardia.

Al comienzo de la segunda Guerra Mundial, cuando nuestro partido preconizaba la preparación de la insurrección armada, no teníamos ninguna fuerza militar, ni siquiera una pulgada de tierra libre que pudiera servir de base a nuestras actividades. Después, creando minúsculos centros clandestinos, llegamos a constituir una base que comprendía las regiones rurales de seis provincias del Viet Bac. La experiencia de la Revolución de Agosto ha demostrado cabalmente la importancia de la creación de las bases revolucionarias y la lucidez de nuestro partido al organizar las bases y crear la zona libre del Viet Bac. Y esto ha sido confirmado en una escala mucho mayor durante la larga guerra de resistencia.

El problema de las bases y de la retaguardia fue planteado desde el comienzo de las hostilidades, y a todo lo largo de la resistencia nuestro partido consideró como extremadamente importante el mantenimiento

de las bases y la consolidación de la retaguardia. Precisamente con el objetivo de destruir los organismos de nuestro mando supremo y de quebrar nuestra resistencia, los franceses no retrocedieron ante nada en su propósito de aniquilar nuestras bases, pero después de reiterados fracasos sufrieron una derrota total. Con un heroísmo sin igual, nuestro ejército combatió para defender la base del Viet Bac –la principal de la resistencia–, y las zonas libres de la Cuarta y la Quinta interzonas, y del Nam Bo.

A consecuencia del carácter de las hostilidades, la guerra de guerrillas se

desarrolló en todas las regiones temporalmente controladas por el enemigo; por eso, además de en las grandes bases que hemos citado, nuestro ejército y nuestro pueblo lucharon tenazmente contra el enemigo para crear un número incalculable de bases guerrilleras en todos los teatros de operaciones del norte, del centro y del sur, ejerciendo sobre el enemigo una fuerte presión y constituyendo al mismo tiempo otras tantas bases de operaciones para nuestro ejército.

Para mantener nuestras bases y consolidar nuestra retaguardia, nuestro partido, paralelamente a la acción para rechazar al enemigo, aplicó activas medidas encaminadas a movilizar, educar y organizar a las masas a fin de aumentar la producción, practicar la economía y forjar las fuerzas armadas y semiarmadas en el marco regional. Por ello nuestras bases se consolidaron sin cesar y desempeñaron el papel que tenían asignado en el desarrollo del ejército y en la satisfacción de las necesidades del frente. Por eso pudimos realizar la larga resistencia y obtener finalmente la victoria.

Actualmente, el norte de nuestro país, completamente liberado, se ha convertido en una inmensa retaguardia para nuestro ejército. Sabemos que en una guerra moderna la retaguardia está a la cabeza de los factores

permanentes que deciden la victoria. La guerra moderna exige el desarrollo máximo de todas las posibilidades económicas, políticas y militares. El marxismo-leninismo ha mostrado que “la guerra es hoy para cada país una prueba total de sus fuerzas materiales y morales”.

Consciente de esta importancia del problema de la retaguardia, el XII Pleno del Comité Central (celebrado en 1957) precisó claramente en su resolución:

“Debemos tener un plan para la organización y consolidación de nuestra retaguardia desde todos los puntos de vista. Debemos hacer los mayores esfuerzos para que disponga de abundantes recursos humanos, financieros y materiales y garantice todas las necesidades de la organización del ejército en tiempo de paz, así como las de las operaciones en tiempo de guerra.

Es preciso que las actividades del Estado en todos los aspectos (el plan de conjunto del Estado y los planes respectivos de las diferentes ramas) estén impregnadas de la preocupación de crear y consolidar la retaguardia, que liguen los imperativos económicos y culturales a los de la defensa nacional, los de los tiempos de paz a los de los tiempos de guerra.

Por su parte, continuando su propia organización, el ejército debe velar también por la participación plena y activa en la consolidación de la retaguardia, principalmente en la aplicación de la política económica y financiera, en la producción y en la práctica de la economía.”

Dadas las tareas revolucionarias de la etapa actual, consideradas en escala nacional, nuestra retaguardia es el norte, completamente liberado y en la vía hacia el socialismo. Esta es la base revolucionaria de todo el país. Por ello debemos considerar toda la importancia que tiene esa retaguardia y, por tanto, hacer el máximo esfuerzo para activar su consolidación desde todos los puntos de vista. Paralelamente al fortalecimiento de la defensa nacional y la organización de las fuerzas armadas, hay que consolidar completamente nuestra retaguardia, tanto política como económicamente.

Es necesario realizar de manera activa la transformación socialista, asegurar el régimen social y el régimen estatal, reforzar la dictadura frente a los contrarrevolucionarios, inculcar a las masas el espíritu patriótico y el amor al socialismo, elevar en el pueblo el espíritu de vigilancia y el sentido de la defensa nacional, y con ello garantizar la solidez de nuestra retaguardia en todas las circunstancias.

Hay que forjar la economía, desarrollar la industria y la agricultura socialistas, para elevar continuamente las condiciones de vida del pueblo, satisfaciendo al mismo tiempo todas las necesidades materiales del ejército.

Hoy hemos conquistado la paz, y la perspectiva internacional es favorable a la paz. Pero nuestro país sigue dividido y los norteamericanos se empeñan en hacer del sur una colonia de nuevo tipo y una base militar norteamericana. Pretenden intervenir en los asuntos laosianos, con lo que amenazan la seguridad del norte de Vietnam. Ante esta situación, es una necesidad imperiosa el mantenimiento de relaciones correctas entre el ejército y la retaguardia, entre la defensa nacional y la economía.

Por un lado, es necesario continuar reduciendo nuestros gastos militares para poder consagrar todavía más recursos a la edificación económica; únicamente así podemos impulsar la construcción del socialismo, la consolidación de la retaguardia y el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo, y con ello crear firmes bases para el fortalecimiento de la defensa nacional. Por otro lado, es necesario hacer todo lo posible para mejorar el ejército y desarrollar las formaciones de guerrilleros y las fuerzas de reserva, velando al mismo tiempo por las necesidades de la defensa nacional en la construcción económica.

Si logramos realizar todas estas tareas, la construcción del socialismo obtendrá triunfos cada vez mayores en el norte, que llegará a ser el apoyo más firme de nuestra lucha por la reunificación pacífica del país. En el momento en que conmemoramos el treinta aniversario de la fundación del partido, sentimos profunda alegría y entusiasmo al examinar el glorioso camino que ha recorrido.

Nuestro pueblo siente plena confianza por los grandes triunfos que ha obtenido nuestro partido, encabezado por el presidente Ho Chi Minh.

La experiencia histórica ha probado que la lucha armada ha ocupado un lugar importante en el movimiento revolucionario de Vietnam y que las fuerzas armadas populares han desempeñado un papel importante en los éxitos de la lucha revolucionaria. Por haber sabido pasar oportunamente a la lucha armada, nuestro pueblo creó las condiciones del triunfo de la Revolución de Agosto. Por haberse decidido a librar una potente y prolongada lucha armada, aseguró el triunfo de la resistencia.

La experiencia histórica ha probado que, desde su fundación, el partido ha sabido mantener su dirección en el movimiento revolucionario popular, en la lucha armada y en la organización de las fuerzas armadas revolucionarias, en la lucha del pueblo contra el imperialismo y los feudales. Su dirección ha constituido la garantía esencial del triunfo de la lucha armada de nuestro pueblo. Únicamente nuestro partido, símbolo de la voluntad revolucionaria consecuente de la clase obrera, ha sido bastante audaz para dirigir al pueblo e impulsarle a alzarse desarmado contra los colonialistas franceses y los fascistas japoneses, y emprender, al principio sólo con cañas de bambú, una larga y heroica guerra de resistencia.

Porque sólo nuestro partido, armado de una teoría con tal vitalidad como el marxismo-leninismo, ha sido capaz de decidir una línea política y una línea militar justas, adaptadas a las condiciones concretas de nuestro país, para llevar la lucha armada de nuestro pueblo a la victoria. Esta línea política es la de la revolución nacional democrática popular en marcha hacia el socialismo. Esta línea militar es la de la guerra popular y la del Ejército Popular.

La gran victoria de Diên Biên Fu puso fin al largo periodo de lucha armada emprendida por nuestro pueblo bajo la dirección del partido. Actualmente hemos pasado a la fase de la lucha política por acabar la revolución nacional democrática en todo el país y encaminar el norte hacia el socialismo. Nuestra política es darlo todo por defender la paz, de la que somos fervientes partidarios. Sin embargo, nuestro paso a la lucha política y nuestra política de paz no significan que nuestro partido no tenga que mantenerse dispuesto a derrotar todo intento de agresión del enemigo, y por ello debe mantener su preocupación por la organización y consolidación de las fuerzas armadas.

Precisamente por eso, en el momento actual, en el norte, al tiempo que situamos en el centro de nuestra atención la construcción económica y cultural, el partido sigue considerando el trabajo de consolidación de la defensa nacional, de engrandecimiento de las fuerzas armadas revolucionarias, de transformación del Ejército Popular en ejército regular moderno como «una de las tareas esenciales de todo nuestro partido y de todo nuestro pueblo» (Resolución del XII Pleno del Comité Central).

La obra revolucionaria que tienen ante sí nuestro partido y nuestro pueblo es todavía extraordinariamente dura.

La etapa en la que vamos a entrar a fin de completar la revolución nacional democrática en todo el país y para ayudar al triunfo del socialismo y del comunismo en él y en todo el mundo, es un largo proceso erizado de dificultades. Asimilar las ricas experiencias de la lucha armada y de la creación de las fuerzas armadas revolucionarias, para aplicarlas de manera creadora en las nuevas condiciones históricas, a fin de impulsar la consolidación de la defensa nacional y la organización del ejército, es un trabajo práctico de extraordinaria significación con motivo del trigésimo aniversario de la fundación de nuestro partido.

Vo Nguyen Giap. “Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo”. Colección “Socialismo y Libertad”, Libro 14, páginas 93-99.Ángel C. Colmenares E. – octubre 01 de 2020.

********

En anterior resumen comentábamos la estrategia vietnamita de mantener y desarrollar la coexistencia de un ejército regular con fuerzas guerrilleras ―de cuya organización fue surgiendo ese ejército― promovidas a escala nacional en una dinámica de lucha armada contra el invasor y sus aliados internos, articulación de poder popular, creación de recursos propios y mentalidad de resistencia prolongada.

La guerrilla hostigaba al enemigo, lo obligaba a desplazarse y le dificultaba organizar ataques coordinados, atrayéndolo hacia teatros de operaciones donde actuaba el ejército popular vietnamita para diezmarlo y dejarlo fuera de combate, a cuyo fin actuaban de consuno los habitantes de las aldeas, los guerrilleros y los componentes del ejército, entrelazados políticamente, estratégicamente vinculados a un proyecto que trascendía a un enfrentamiento, a un acto de guerra.

Douglas PIKE, ex profesor/investigador del Instituto de Tecnología de Massachusetts (Massachusetts Institute of Technology o IMT), quien escribió varios libros acerca de la guerra de Vietnam, luego de entrevistar a varias personas y analizar archivos fundamentó lo siguiente:

«Un documento secreto, fechado en 1963, después de plantear la cuestión de si la participación estadounidense significaba que el NLF (siglas en inglés del Frente de Liberación Nacional) debía aumentar su actividad militar, afirmaba:

El enemigo está llevando a cabo una verdadera guerra contra nuestro pueblo, pero no debemos cambiar el curso de nuestra lucha y convertirla en una guerra total para lograr nuestra tarea revolucionaria. Hacerlo no sería ventajoso para nosotros, porque entonces no haríamos pleno uso de la fuerza y la capacidad de lucha de nuestro pueblo. Debemos, simplemente, intensificar la lucha armada, así como la lucha política. En combinación, estas dos formas de lucha se utilizarán para rechazar al enemigo paso a paso y para desarrollar las condiciones, así como para permitirnos derrotar al enemigo por completo.»

Douglas PIKE. Viet Cong, The Organization and Techniques of the National Liberation Front of South Vietnam. The M.I.T. Press, 1966, pp. 105-106.

Y en cuanto a los métodos de organización, educación, militancia y disciplina libremente aceptadas que el general GIAP reclamaba como elemento cotidiano en las filas guerrilleras y militares, el autor del libro citado expone:

«El propósito de este vasto esfuerzo organizativo no era simplemente el control de la población, sino reestructurar el orden social de la aldea y capacitar a los aldeanos para que se controlaran a sí mismos. Este fue el permanente impulso del FLN desde el principio. No el asesinato de soldados del ARVN (ejército de Vietnam del Sur), no la ocupación de bienes raíces, no la preparación para una gran batalla en un Armagedón o un Dien Bien Phu, sino la organización en profundidad de la población rural a través del instrumento de autocontrol ―victoria por medio del arma de la organización.

Los comunistas en Vietnam desarrollaron una técnica sociopolítica y la llevaron a alturas más allá de cualquier cosa que el oeste haya demostrado trabajando con naciones en desarrollo. El Frente de Liberación Nacional era un Sputnik en la esfera política de la Guerra Fría.»  (Obra citada, página 111)

El general GIAP finaliza su libro señalando el comienzo de una nueva etapa, a la cual califica de “extraordinariamente dura”, “un largo proceso erizado de dificultades”, y llama a “asimilar las ricas experiencias de la lucha armada y de la creación de las fuerzas armadas revolucionarias, para aplicarlas de manera creadora en las nuevas condiciones históricas”, es decir, no se hace ni comparte ilusiones acerca de ninguna “paz” mientras el capital no sea totalmente derrocado y derrotado sobre la faz de la tierra.

Y a ese respecto cerramos este ciclo de copia de (y comentarios al) libro del general GIAP con una recomendación que él hace acerca del proyecto revolucionario y con una referencia crítica que hizo Mao TSÉ-TUNG, por los años sesenta, al “Manual de Economía Política de la URSS”.

La recomendación: “… no apartarse jamás de la concepción clasista en la organización y en la educación…”

La referencia crítica: “… Los principios económicos marxistas no pueden volverse bruscamente caducos. ¿Es concebible que la guerra pueda ser eliminada definitivamente cuando el sistema capitalista existe aún en el mundo?

¿Se puede decir que aparece actualmente la posibilidad de eliminar para siempre la guerra y de utilizar todos los recursos materiales y financieros del mundo para servir a la humanidad entera? En esta interpretación no hay ni marxismo, ni análisis de clase, ni diferenciación entre la dominación burguesa y la dominación proletaria. ¿Cómo se puede eliminar la guerra sin eliminar las clases? El advenimiento de una guerra mundial no depende de nosotros. Aún si se firmase un tratado que prohibiese las guerras, existiría todavía la posibilidad de la guerra. Cuando el imperialismo quiere hacer una guerra ningún tratado es válido. (…) Es solamente por medio de la guerra como se pueden eliminar las clases y sólo eliminando las clases se puede eliminar para siempre la guerra. Sin guerra revolucionaria no se pueden eliminar las clases. No creemos que sea posible hacer desaparecer la guerra y las armas sin eliminar las clases. En la historia humana de las sociedades de clases, todas las clases y todos los países han tratado de ocupar una posición de fuerza. Se trata de una tendencia inevitable de la historia. Ahora bien, el ejército es la manifestación concreta del poderío de una clase. El ejército existirá mientras haya un antagonismo de clase”.

También te puede interesar