SI NO CONOCES TU REALIDAD, JAMÁS PODRÁS TRANSFORMARLA

Por Ángel C. Colmenares E

«El método de trabajo científico ha de ser colectivo, de equipos activamente coordinados y estratificados. Radicalmente opuesto al sistema tradicional, artesanal. Comprendemos que no se puede improvisar el salto de la artesanía a la ciencia de un día para otro, pero no debemos olvidar esta finalidad y perseguirla sin descanso, con hechos. Al estudiar los efectos de la cultura del petróleo en nuestro país tenemos en cuenta ese objetivo porque estamos convencidos de que no hay acción consciente sin conocimiento de la estructura, de las leyes que regulan el proceso de desarrollo de un organismo social.»

Rodolfo QUINTERO. Banco Central de Venezuela. Biblioteca del Pensamiento Económico. Suplemento de la Revista BCV • Vol. XXVI. Número 2. Caracas, julio-diciembre 2011, Preliminar, página 15.

En Italia, por los años 1920, un militante comunista revolucionario llamado Antonio GRAMSCI desarrollaba una febril actividad organizativa, formativa y propagandística proponiendo/fundando Consejos Obreros y participando en tomas de fábricas, en la frustrada huelga de abril de 1921 y en una constante lucha contra los socialdemócratas y reformistas, lo que hizo de él enemigo del sindicalismo y de la burocracia partidista y objetivo de la coerción estatal, tanto que el mismo Fiscal del Ministerio Público, Michele ISGRÓ, cuando emitió la Requisitoria en su contra, declaró que debían impedir que el cerebro de GRAMSCI funcionara por veinte años.

El 04 de junio de 1928, un Tribunal Especial Fascista, encabezado por el general Alessandro SAPORITI, lo condenó a veinte años, cuatro meses y cinco días de prisión, pero no pudieron evitar que, desde la cárcel de Turi, en la ciudad de Bari, escribiera las “Lettere dal Carcere”, compendio de filosofía, política, historia, teoría revolucionaria, cultura y otros temas, escrito en cuatrocientas veintiocho cartas en las cuales hallamos diversas formas de eludir la censura.

GRAMSCI, por ejemplo, refiere a Niccolò MACHIAVELLI (“El Príncipe”) y a José MAZZINI  (“La Reforma Intelectual y Moral”) para denominar “el moderno Príncipe” al partido de los trabajadores y plantear (“La Reforma…”) la requerida superación de la cotidiana seudoconcreción que no nos permite ver más allá de lo que la ideología nos presenta como realidad.

Decía GRAMSCI:

«… El moderno Príncipe debe ser, y no puede dejar de ser, el abanderado y el organizador de una reforma intelectual y moral, lo cual significa crear el terreno para un desarrollo ulterior de la voluntad colectiva nacional popular hacia el cumplimiento de una forma superior y total de civilización moderna.

Estos dos puntos fundamentales: la formación de una voluntad colectiva nacional-popular de la cual el moderno Príncipe es al mismo tiempo el organizador y la expresión activa y operante; y la reforma intelectual y moral, deberían constituir la estructura del trabajo. Los puntos concretos de programa deben ser incorporados en la primera parte, es decir, deben resultar “dramáticamente» del discurso y no ser una fría y pedante exposición de razonamientos.

¿Puede haber una reforma cultural, es decir, una elevación civil de los estratos deprimidos de la sociedad, sin una precedente reforma económica y un cambio en la posición social y en el mundo económico? Una reforma intelectual y moral no puede dejar de estar ligada a un programa de reforma económica, o mejor, el programa de reforma económica es precisamente la manera concreta de presentarse de toda reforma intelectual y moral. El moderno Príncipe, desarrollándose, perturba todo el sistema de relaciones intelectuales y morales en cuanto su desarrollo significa que cada acto es concebido como útil o dañoso, como virtuoso o perverso, sólo en cuanto tiene como punto de referencia al moderno Príncipe mismo y sirve para incrementar su poder u oponerse a él. El Príncipe ocupa, en las conciencias, el lugar de la divinidad o del imperativo categórico, deviene la base de un laicismo moderno y de una completa laicización de toda la vida y de todas las relaciones de costumbres

Antonio GRAMSCI. OBRAS. “Notas sobre Maquiavelo, Sobre Política y sobre el Estado Moderno”, Juan Pablos Editor, México, 1975, Tomo I, páginas 30-31.

El moderno Príncipe, reminiscencia de la Primera Internacional de Trabajadores en 1864, cuyo primer considerando reza : que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos; que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios y monopolios de clase, sino por el establecimiento  de derechos y deberes iguales y por la abolición de todo privilegio de clase, es decir, un partido de los trabajadores y no que controle, divida, confunda  a los trabajadores y contribuya a fragmentar su conciencia.

Advertencia que por cierto hizo MARX en 1875 respecto a los socialdemócratas, cuando elaboró su “Crítica al Programa de Gotha”, texto que varios de sus seguidores y colaboradores ocultaron por más de diez años.

Y “el cumplimiento de una forma superior y total de civilización moderna” es la construcción del socialismo revolucionario, el derrocamiento del capital, de su hegemonía política, cultural, social, económica y militar sobre toda la sociedad, tarea en la cual “el moderno Príncipe es al mismo tiempo el organizador y la expresión activa y operante”, vale decir la unidad dialéctica de teoría y praxis.

Cuando GRAMSCI interroga: ¿Puede haber una reforma cultural, es decir, una elevación civil de los estratos deprimidos de la sociedad, sin una precedente reforma económica y un cambio en la posición social y en el mundo económico?, está planteando el problema de quién (qué clase social) dirige y controla el proceso de producción/circulación que es la clave del poder, y de allí su consigna “la hegemonía nace en la fábrica”, para el caso de la revolución de los trabajadores, articulada con la expresión autonómica y subversiva, anticapitalista, de los Consejos Obreros de Fábrica.

Y en el epígrafe rememoramos las explicaciones aportadas por el camarada Rodolfo QUINTERO a finales de 1959, cuando hablaba de la obligación en cuanto a desbrozar la realidad que las empresas petroleras habían impuesto con su cultura organizacional, sus pautas valorativas (gustos, comidas y modos de comerlas, vestimenta y costumbres) que nos afectaban profundamente sin que pudiéramos notarlo a simple razonamiento o vista, por lo que debíamos estudiar, analizar y discutir colectivamente (lo hacíamos, quizá no lo suficiente, en los Círculos de Estudios) porque no hay acción consciente sin conocimiento de la estructura, de las leyes que regulan el proceso de desarrollo de un organismo social”.

Pero ese conocimiento no viene dado por la mera observación. Vemos al fenómeno, no accedemos automáticamente a la esencia, y por ello en párrafo anterior hemos referido a la seudoconcreción que la cotidianidad nos presenta como “la realidad”, cuyas determinaciones debemos “desmontar” para entender cabalmente al mundo que nos rodea y así poder transformarlo:

«… La práctica utilitaria inmediata y el sentido común correspondiente ponen a los hombres en condiciones de orientarse en el mundo, de familiarizarse con las cosas y manejarlas, pero no les proporciona una comprensión de las cosas y de la realidad.

Por esta razón, Marx pudo escribir que, en el mundo de las formas fenoménicas, sustraídas a su concatenación interna y completamente incomprensibles en este aislamiento, quienes determinan efectivamente las condiciones sociales se encuentran a sus anchas, como el pez en el agua. Para ellos no hay nada de misterioso en lo que es internamente contradictorio, y su juicio no se escandaliza lo más mínimo ante la inversión de lo racional y lo irracional. La actividad práctica a que se hace referencia en este contexto es una praxis históricamente determinada y unilateral, es la praxis fragmentaria de los individuos, basada en la división social del trabajo, en la división de la sociedad en clases y, en la creciente jerarquización de las posiciones sociales que de ella deriva.»

Karel KOSÍK. “Dialéctica de lo Concreto”, Editorial Grijalbo, México, 1976, página 26.

Volvamos por un momento a la consigna gramsciana “la hegemonía nace en la fábrica”. ¿Qué universo se esconde detrás de tan cortas palabras?

Que la propiedad privada sobre los medios e instrumentos de producción es el sancta sanctorum del capital. Y allí, en el lugar donde esa propiedad es ejercida sin límite alguno, solo tiene entrada el propietario. Allí se decide. Allí se ejerce el poder. En la fábrica comienza el dominio porque en ella el trabajador no solamente es explotado sino también educado en la obediencia al capital, alejado de los lugares de tomas de decisión y constreñido a un reconocimiento ―que por consuetudinario se hace “normal”― del dominio y dirección ejercidos por la burguesía.

El obrero es mantenido así en una perspectiva desde la cual no accede a la totalidad social, es decir, no relaciona su situación con la de los demás trabajadores, desde su óptica individual-individualista no acierta a comprender los estrechos nexos de los problemas económicos que lo agobian (jornadas de trabajo intensivo, salario siempre insuficiente, precios inalcanzables, expectativas de consumo que lo convierten virtualmente en esclavo pues no es dueño ni siquiera de lo que sus manos producen) y una política que, practicada desde el Estado (partidos, sindicatos, iglesia…) lo controla, inmoviliza, reprime y domina.

Su conciencia es distorsionada y atomizada para que vea solo parcialidades de una totalidad que se le escapa, dominado por un sentido común que le lleva a actuar como la burguesía necesita que actúe: cercado por el inmediatismo de las luchas parciales, fácilmente solucionables por ella y su Estado, entre otras razones porque esas luchas no ponen en discusión la hegemonía del capital sobre el trabajo.  

Por enero-febrero de 2007 publicamos una proposición de intercambio/discusión [https://es.scribd.com/document/9795460/Angel-C-Colmenares-E-El-Socialismo-como-Tema,] que tocaba muchos puntos de los que ahora volvemos a tratar, y trece años después, con nuevas experiencias colectivas propias, podemos decir que ratificamos nuestras convicciones socialistas revolucionarias y de seguidas copiamos textualmente parte de lo expuesto en el artículo referido:

Nuestra intención es mantener viva la propuesta de discutir colectivamente las experiencias de generaciones que intentaron “el asalto al cielo” y preservar los aportes teóricos que sirvieron de base y motivación para la educación y la lucha. Si el socialismo se limita a una transferencia de propiedad jurídica dejando incólumes al trabajo asalariado, a la división social del trabajo, a la jerarquía de poder en la fábrica y al mercado como juez supremo de la producción-circulación, no pasaría de ser una reproducción del capitalismo en la cual unos explotadores sustituirían a otros. Y entonces no sería socialismo.

Detrás de muchas de las propuestas reformistas o conservadoras se ocultan errores que nada de nuevo tienen, como el de creer que podemos avanzar hacia el socialismo revolucionario coexistiendo con el capital y excluyendo a los capitalistas, pues como explicaba Carlos MARX [“ELEMENTOS FUNDAMENTALES PARA LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA” (Grundrisse) 1857-1858, Siglo XXI Editores, 1976, Tomo I, páginas 475-476]:

La producción de capitalistas y trabajadores asalariados es entonces un producto fundamental del proceso de valorización del capital. La economía usual, que sólo tiene en vista las cosas producidas, se olvida de esto por completo. En cuanto en este proceso el trabajo objetivado es puesto al mismo tiempo como no-objetividad del trabajador, como objetividad de una subjetividad contrapuesta al trabajador, como propiedad de una voluntad ajena a él, el capital es al mismo tiempo necesariamente el capitalista y la idea de algunos socialistas de que necesitamos el capital, pero no los capitalistas, es enteramente falsa.”

Una de las obligaciones que tenemos, antes de tratar de “construir lo nuevo”, es conocer la realidad que debemos transformar, comenzando (ya lo señalaba Wilhelm REICH y lo reclamaba “el Ché”) por nosotros mismos. Y si hablamos de socialismo revolucionario tenemos que preguntarnos por la clase o conjunto de clases que deben asumir esa tarea política.

Particularmente creemos que los trabajadores en Venezuela no hemos tomado las riendas (como fuerza social protagónica) de los cambios por realizar, que además de víctimas de la desmovilización, fragmentación de la conciencia y la desmoralización, seguimos atados a los aparatos de control y hemos sido duramente golpeados por los acontecimientos (abril y diciembre de 2002), y que estamos a la cola de los eventos, obedeciendo a las directrices del presidente CHÁVEZ y moviéndonos en la dirección por él indicada sin que de nuestro colectivo salga un proyecto definido, una intención política propia y clara, una práctica autonómica de clase que señale caminos y se afiance en posiciones que la conviertan en referencia válida.

Hasta allí la cita, y ahora preguntamos: ¿cómo develar la realidad?; ¿acaso existe algún sortilegio, o un aparato electromecánico que nos permita rasgar el tejido que la oculta y mostrar una “verdad” eterna y construida de una vez y para siempre, que esperaba ser “descubierta”?

Pues no.

Para esos menesteres les invitamos a leer, analizar, discutir y aplicar:

«EL METODO DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

Cuando consideramos un país dado desde el punto de vista económico-político, comenzamos por su población, la divisi6n de esta en clases, la ciudad, el campo, el mar, las diferentes ramas de la producci6n, la exportación y la importación, la producción y el consumo anuales, los precios de las mercancías, etcétera.

Parece justo comenzar por lo real y lo concreto, por el supuesto efectivo; así, por ejemplo, en la economía, por la población que es la base y el sujeto del acto social de la producción en su conjunto. Sin embargo, si se examina con mayor atención, esto se revela [[como]] falso. La población es una abstracción si dejo de lado, por ejemplo, las clases de que se compone. Estas clases son, a su vez, una palabra huera si desconozco los elementos sobre los cuales reposan, por ejemplo, el trabajo asalariado, el capital, etcétera. Estos últimos suponen el cambio, la división del trabajo, los precios, etcétera. El capital, por ejemplo, no es nada sin trabajo asalariado, sin valor, dinero, precios, etcétera.

Si comenzara, pues, por la población, tendría una representación caótica del conjunto y, precisando cada vez más, llegar1a analíticamente a conceptos cada vez más simples: de lo concreto representado llegaría a abstracciones cada vez más sutiles hasta alcanzar las determinaciones más simples. Llegado a este punto, habría que reemprender el viaje de retorno, hasta dar de nuevo con la población, pero esta vez no tendría una representación caótica de un conjunto, sino una rica totalidad con múltiples determinaciones y relaciones. El primer camino es el que siguió históricamente la economía política naciente. Los economistas del siglo XVII, por ejemplo, comienzan siempre por el todo viviente, la población, la nación, el estado, varios estados, etcétera; pero terminan siempre por descubrir, mediante el análisis, un cierto número de relaciones generales abstractas determinantes, tales como la división del trabajo, el dinero, el valor, etcétera. Una vez que esos momentos fueron más o menos fijados y abstraídos, comenzaron [[a surgir]] los sistemas económicos que se elevaron desde lo simple ―trabajo, división del trabajo, necesidad, valor de cambio― hasta el estado, el cambio entre las naciones y el mercado mundial.

Este último es, manifiestamente, el método científico correcto. Lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto, unidad de lo diverso. Aparece en el pensamiento como proceso de síntesis, como resultado, no como punto de partida, aunque sea el verdadero punto de partida, y, en consecuencia, el punto de partida también de la intuición y de la representación. En el primer camino, la representaci6n plena es volatilizada en una determinación abstracta; en el segundo, las determinaciones abstractas conducen a la reproducción de lo concreto por el camino del pensamiento.»

Carlos MARX. Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política (Grundrisse) 1857-1858, Siglo XXI Editores, México, 1976, Tomo I, páginas 20-21.

Los trabajadores ―y obreros en particular― tenemos el deber de estudiar la historia de los combates de clases que se han suscitado dentro y fuera de nuestras fronteras, analizar esos hechos y aprender de sus lecciones para luchar con mayor eficacia y no cometer los errores que entonces fueron causa de las derrotas del movimiento de trabajadores.

Ello nos permitirá trascender lo “permitido”, definir nuestro propio programa político y construir la identidad clasista necesaria para plantearnos, desde nuestros puestos de trabajo, transformar a éste, de una carga impuesta para sobrevivir, en actividad conscientemente aceptada para satisfacer necesidades sociales y no, como es hoy, que solo hace más poderoso a un pequeño grupo que no trabaja, pero se apropia de los esfuerzos del trabajo colectivo.

De lo que seguros estamos, es que sin trabajadores —particularmente obreros— conscientes y decididos en la dirección del proceso, no habrá socialismo revolucionario.

Con la consigna del vocero comunista “Ordine Nuovo”, fundado por GRAMSCI, saludamos a tod@s fraternalmente.

INSTRÚYANSE, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia.

AGÍTENSE, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo.

ORGANÍCENSE, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza.

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