Vo Nguyen Giap (VIII)

Por Ángel Colmenares

LA GUERRA DE LIBERACIÓN DEL PUEBLO VIETNAMITA GUERRA DEL PUEBLO. EJÉRCITO DEL PUEBLO (VIII)

2. Nuestro partido ha definido con justeza los principios fundamentales de la organización política del ejército.

El primer principio fundamental en la organización de nuestro ejército es la necesidad imperiosa de colocar al ejército bajo la dirección del partido, y de fortalecer sin cesar la dirección del partido. El partido es el fundador, el organizador y el educador del ejército. Sólo su dirección exclusiva puede permitir al ejército mantener su conciencia de clase, orientarse políticamente y cumplir sus tareas revolucionarias.

Para realizar y fortalecer esta dirección, es necesario prestar la mayor atención al trabajo de organización del partido, al trabajo político, mantener firmemente el sistema de los comités del partido y el de los comisarios políticos en el ejército.

Porque haciendo de sus sólidas organizaciones la pieza fundamental y el núcleo dirigente del ejército, el partido llega, por mediación de sus organizaciones –que van de los diferentes comités ejecutivos a la célula– a dirigir la aplicación de su línea y de su política.

Conviene destacar el importante papel de la célula de base: la compañía no es fuerte si la célula no es fuerte, porque el sistema de dirección por el comité del partido y de responsabilidad de los jefes de unidad en el aspecto ejecutivo, combinado con el sistema de comisarios políticos, garantiza la aplicación del principio de la dirección colectiva y, además, aprovecha la sabiduría de las masas, fortalece más la unidad y la cohesión, coordina los diferentes aspectos del trabajo en el ejército, realizando la unidad de pensamiento y de acción y acrecentando la potencia combativa de las tropas.

Conviene destacar la constante coordinación de la responsabilidad de los jefes en la ejecución de las directrices del comité del partido, de acuerdo con los principios de la dirección colectiva y la responsabilidad individual.

Porque el trabajo político es el trabajo del partido, y su trabajo de masas en el ejército es el alma, la vida del ejército; preside la construcción del partido, dirige su educación en la ideología marxista-leninista, en la línea y las tareas políticas y militares del partido en el ejército, garantiza las buenas relaciones entre los cuadros y los combatientes, entre el ejército y el pueblo, entre el ejército y el Estado, entre nuestro ejército y los ejércitos y los pueblos de los países hermanos, con el objetivo de que el ejército tenga una gran potencia combativa y la capacidad para vencer a todos los enemigos.

Desde la fundación de nuestro ejército, en sus primeros grupos y secciones ya estaban creados los “pequeños núcleos” y las células del partido. Existía ya el comisario político de sección; desde su aparición, nuestros primeros regimientos tuvieron los suyos. Desde el inicio de nuestro ejército se había integrado el sistema del comité del partido, que asumía la dirección, y de los jefes, responsables ejecutivos. El trabajo político estaba todavía en sus comienzos y ya los cuadros tenían en sus manos los folletos La guía del comisario político y El trabajo político en el ejército.

Después de la Revolución de Agosto, esta tradición respecto del sistema de la dirección del partido y del trabajo político se mantuvo en lo esencial; sin embargo, durante los primeros años hubo cierta tendencia a no conceder toda su importancia al papel del trabajo político; el propio trabajo político no había logrado todavía desempeñar su papel principal: la educación política y la dirección ideológica; el trabajo de agitación del partido en el ejército no siempre estaba estrechamente coordinado con el trabajo del partido. Después de su II Congreso Nacional, el partido reforzó su dirección respecto del ejército como en otras ramas de actividad.

Con las campañas de estudio político en el partido y en el ejército, con el propósito de lograr una asimilación mejor de la línea de resistencia prolongada y de la necesidad de obtener la salvación por el esfuerzo propio, y posteriormente de la política de movilización de las masas para la reducción de las tasas de arriendo y por la reforma agraria, el contenido del trabajo político en el ejército se enriqueció y concretó, su importancia y su potencia fueron acrecentadas considerablemente. Fue igualmente consolidado el sistema de dirección del partido.

El trabajo político demostró su gran eficacia en la elevación del nivel ideológico, la educación y la consolidación de la conciencia de clase en los cuadros y los combatientes; se reveló de gran eficacia, pleno de vida y combatividad, con un acentuado carácter de masas, tanto en nuestras grandes campañas militares como en el amplio movimiento guerrillero que se desarrolló en todos los teatros de operaciones.

Después del restablecimiento de la paz, en la nueva etapa revolucionaria, la dirección del partido y el trabajo de consolidación y desarrollo de la organización del partido se han efectuado con paso seguro; con la organización de asambleas del partido en los diferentes escalones, se ha logrado la democracia interna de éste, y ha sido realzado el papel de la célula.

Como hemos dicho anteriormente, las diversas campañas de estudio político dedicadas respectivamente a “la distinción entre lo verdadero y lo falso, al fortalecimiento de la unión, al fortalecimiento de la decisión de lucha”, “a la elevación de la conciencia socialista”, y principalmente la campaña de estudio político del año último para difundir amplia y profundamente las resoluciones del Comité Central sobre las tareas de la revolución, sobre la línea de la guerra popular y el Ejército Popular, han logrado importantes resultados y contribuido a fortalecer la esencia revolucionaria de nuestro ejército.

Nos ha preocupado también la enseñanza de la teoría marxista-leninista. Al entrar en la nueva etapa, frente a la necesidad imperiosa de hacer de nuestro ejército un ejército regular y moderno, se manifestó, en actividades determinadas y en grados determinados, cierta tendencia a descuidar el trabajo político. Cuando se hizo necesario reforzar la centralización y la unificación, aunque la dirección no estuviese aun plenamente centralizada y unificada, se desarrolló la tendencia a subestimar el papel de la célula y de la dirección colectiva del comité del partido.

Cuando se trató de fortalecer la base material y técnica del ejército, de asimilar la técnica, pues el nivel técnico de nuestro ejército era todavía bajo y debiera elevarse continuamente, hubo tendencias a rebajar el papel de la política, a separar la política de la técnica, cayendo en la concepción burguesa del ejército y de la técnica apolíticos.

En el curso de la última campaña de estudio político, esas diversas desviaciones han sido corregidas en lo esencial. En lo sucesivo debemos continuar reforzando más la educación política y la dirección ideológica en el ejército, inculcando y alimentando la conciencia socialista y el patriotismo, luchando firmemente contra toda manifestación de la ideología burguesa y otras ideologías no proletarias, combatiendo el individualismo, el “liberalismo”.

Solamente así mantendremos y elevaremos sin cesar la unidad y la combatividad de nuestro ejército.

Como nuestro ejército se compone de combatientes que han decidido libremente luchar por la causa revolucionaria del pueblo, nuestros cuadros y nuestros soldados están unidos en cuanto a los objetivos de lucha y a los intereses de clase. Necesitamos velar por el fortalecimiento de la unidad y la cohesión en el interior de nuestro ejército.

Las relaciones entre cuadros y combatientes, entre superiores e inferiores, entre tal o cual parte del ejército son relaciones de solidaridad entre camaradas, basadas en la igualdad política y en la fraternidad de clase. Han sido forjadas desde la fundación de nuestro ejército. Años de peligrosos combates llenos de pruebas y privaciones han unido en una misma fraternidad de armas a nuestros cuadros y nuestros combatientes, que han compartido las mismas alegrías y las mismas penas y se sienten ligados en la vida y en la muerte.

Paralelamente a la elevación de la conciencia de clase, la unidad entre cuadros y combatientes se ha reforzado de día en día. Esa conciencia de clase ha unido a todos los miembros del ejército y ha hecho de éste un bloque que nadie podrá quebrar. 

Hasta el presente, de una manera general, la unidad interna ha sido siempre una de nuestras mayores preocupaciones. Ha llegado a ser una tradición de nuestras tropas.

Sin embargo, al comienzo de la nueva etapa de organización de nuestro ejército, en cierto número de servicios y unidades se manifestaron síntomas de un insuficiente interés por este problema.

El fortalecimiento de la administración de nuestro ejército según los principios que se aplican en un ejército regular y la promulgación de diversos reglamentos han demostrado ser muy necesarios; pero en la práctica, al lado de cláusulas justas, las hubo complicadas e inútiles sobre algunos criterios y métodos, lo que creó cierto distanciamiento entre cuadros y combatientes, entre superiores e inferiores, y se resintieron las relaciones fraternales en nuestras filas. Esta tendencia errónea ha sido enmendada a tiempo.

Siendo nuestro ejército un ejército revolucionario popular que combate bajo la dirección del partido, sus intereses están en perfecta armonía con los del pueblo. Tenemos que velar por reforzar la unidad y la cohesión entre el ejército y el pueblo. El ejército y el pueblo tienen un mismo corazón, el pueblo es al ejército lo que el agua a los peces. Nuestro ejército no sirve otros intereses que los del pueblo trabajador, de las masas obreras y campesinas.

Esta armonía entre el pueblo y el ejército, desde la fundación de éste, ha sido destacada claramente en el Juramento de Honor (en diez puntos) y en las Doce recomendaciones sobre la disciplina, en el título de las relaciones con la población.

Durante los años de la resistencia, nuestro ejército no solamente combatió con abnegación por salvaguardar la independencia de la patria, por defender la vida y los bienes del pueblo, cuyos intereses jamás perjudicó, sino que por añadidura hizo los mayores esfuerzos para ayudar a la población en todas sus actividades. El ejército y el pueblo han combatido codo con codo durante la resistencia, a costa de mil sacrificios, para aplastar al enemigo de la nación y defender la independencia del país.

Durante la reforma agraria han luchado ardientemente para derribar a la clase de los terratenientes y arrancarles las tierras en favor de los campesinos. Precisamente por eso los sentimientos de solidaridad entre el ejército y el pueblo eran indestructibles, por eso el pueblo no ha escatimado su confianza, su afecto y su apoyo al ejército, al que ha cuidado siempre como los padres cuidan a sus hijos. Desde el logro de la paz, esta tradición de perfecta armonía se ha elevado al más alto grado.

Después de tantos años de combates contra enemigos feroces, para librar al pueblo, hoy nuestro ejército, siempre infatigable, vela día y noche, con las armas en la mano, por las realizaciones pacíficas del pueblo; ha fortalecido el trabajo de propaganda y educación dentro de sus filas y no ha escatimado su ayuda cuando el pueblo la ha necesitado. Ha contribuido activamente a impulsar las cooperativas en el campo, igual que ayer la reforma agraria.

Con su contribución a la lucha contra el hambre, la sequía, las inundaciones y los tifones, a la puesta en marcha de talleres y fábricas, se ha mostrado fiel servidor del pueblo, exactamente como el presidente Ho Chi Minh lo ha dicho y repetido muchas veces.

Estos últimos años, respondiendo al llamamiento del partido, decenas de millares de cuadros y combatientes se han trasladado con entusiasmo a las tierras que había que roturar y han creado granjas militares en las regiones apartadas, próximas a la frontera, a fin de impulsar vigorosamente la construcción socialista de la patria. Nuestro ejército, surgido del pueblo laborioso, en sus relaciones con él debe mantenerse firmemente en las posiciones de clase y esforzarse por acentuar la solidaridad popular, y en primer lugar con las masas obreras y campesinas.

Se considera al ejército como una parte de la clase obrera, lo que da una significación política mayor a las buenas relaciones entre él y el pueblo, entre él y las masas campesinas. Son otros tantos hechos que reflejan las magníficas características políticas de nuestros cuadros y combatientes y que demuestran que el Ejército Popular de Vietnam no es solamente un ejército de combatientes, sino también un ejército de trabajadores. Actualmente en Vietnam del Norte, no es únicamente el defensor del régimen socialista; participa asimismo en la construcción del socialismo. Es una tradición que tenemos que mantener y elevar cada vez más.

Nuestro partido vela sin cesar por las relaciones solidarias entre nuestro ejército, nuestro pueblo y los ejércitos y los pueblos de los países hermanos; entre nuestro ejército, nuestro pueblo y los pueblos amantes de la paz en el mundo. Ha inculcado a nuestro ejército no sólo el verdadero patriotismo, sino también, y profundamente, el internacionalismo proletario.

Las unidades que constituyeron los primeros embriones de nuestras fuerzas combatían ya bajo la consigna: por la liberación nacional, por la defensa de la Unión Soviética. Debe rendirse homenaje a las unidades de voluntarios vietnamitas que, manteniendo muy alto el espíritu del internacionalismo y despreciando innumerables peligros y dificultades, han combatido codo con codo con los pueblos de los países amigos contra los agresores colonialistas franceses durante los años de la resistencia. Numerosos camaradas nuestros dieron su vida por la causa de la independencia y la paz de los pueblos de Indochina y el fortalecimiento de su amistad.

Nuestro ejército vela especialmente por la consolidación y el desarrollo de sus sentimientos fraternales con los pueblos y los ejércitos de los países del campo socialista en la lucha común por la paz y el socialismo, contra el enemigo común, el imperialismo belicista. Nuestros cuadros y nuestros combatientes dan gran importancia a la asimilación de las preciosas experiencias de los ejércitos de los países hermanos, en primer lugar, del ejército soviético y el Ejército Popular de Liberación chino.

Los éxitos logrados por nuestro ejército son justamente los triunfos de la aplicación de las teorías militares del marxismo-leninismo y la aplicación creadora, en las condiciones concretas de nuestro país, de las experiencias de vanguardia de los países hermanos sobre la organización de las fuerzas armadas y los métodos de combate. Nuestro ejército tiene un alto concepto de la solidaridad entre nuestro pueblo y el pueblo de Francia, entre nuestro pueblo y los pueblos de las colonias francesas.

Y es precisamente así porque en el combate ha sabido hacer una distinción entre los colonialistas agresores franceses y los hijos del pueblo obrero de Francia y de los países coloniales, convertidos, a pesar suyo, en mercenarios, como consecuencia de la propaganda mentirosa y de las medidas coactivas.

Porque supo diferenciar a los generales colonialistas de los hombres de tropa y oficiales subalternos, la guerra injusta que hacía el enemigo y la guerra justa de nuestro pueblo, nuestro ejército aplicó el principio: desintegrar las filas enemigas.

El partido le hizo comprender la necesidad de prestar especial atención a la propaganda entre el enemigo, para orientar a los militares del campo adversario, mostrarles que combatían, no por sus propios intereses, sino por los de los colonialistas a los que servían como carne de cañón, darles una idea exacta de nuestra política de clemencia con respecto a los prisioneros de guerra, e impulsarles con ello a pasarse a nuestras filas y volver sus fusiles contra el enemigo.

Durante la guerra de resistencia, por haber realizado una eficaz propaganda entre el Cuerpo Expedicionario Francés y los vietnamitas que servían en sus filas, y por nuestra correcta política respecto de los prisioneros de guerra y los fugitivos; por haber combinado acertadamente la acción militar con la ofensiva política, nuestro ejército y nuestro pueblo lograron la adhesión de decenas de miles de militares del otro campo y provocaron el desaliento en sus filas, lo que constituyó una importante contribución al triunfo militar.

En la dirección de la organización del ejército, nuestro partido ha observado siempre el principio del centralismo democrático. También se ha preocupado por dar al ejército una democracia interna efectiva, pero asegurándole una disciplina de las más severas, aunque libremente aceptada.

Contrariamente a cualquier ejército de las clases explotadoras, el nuestro ha practicado desde su fundación el régimen de la democracia interna. Las relaciones internas entre los cuadros y los combatientes, así como las relaciones entre el ejército y el pueblo son siempre de perfecta armonía. Como consecuencia de las necesidades del trabajo revolucionario, hay en nuestro ejército grados y funciones diferentes, una distinción entre superiores e inferiores, pero esta distinción no ha perjudicado ni puede perjudicar jamás las relaciones de igualdad política entre los hombres.

Precisamente por ello es necesario y posible practicar la democracia en el interior del ejército. Y esto es al mismo tiempo aplicar la línea de masas del partido.

Durante los años de la resistencia, el sistema llamado “de las tres grandes democracias” se estableció y tuvo felices resultados.

Democracia política: en las unidades de base, celebrar regularmente conferencias democráticas, asambleas de militares, a fin de permitir a los combatientes y los cuadros dar sus opiniones sobre todos los problemas referentes al combate, al trabajo y la instrucción, a los estudios y la vida de la unidad; en nuestro ejército los cuadros tienen derecho a criticar a los combatientes, pero éstos tienen también derecho a criticar a los cuadros.

Democracia militar: en el combate y en la instrucción –en la medida en que las condiciones lo permitan–, celebrar conferencias democráticas para comunicar a todos el plan de operaciones, facilitar las iniciativas y buscar conjuntamente los medios de aliviar las dificultades a fin de realizar con éxito la tarea asignada.

Democracia económica: combatientes y cuadros tienen igualmente el derecho de intervenir en la administración, en el mejoramiento de la vida material en el marco del sistema llamado de “finanzas abiertas”. Gracias a la práctica de una amplia democracia, hemos logrado exaltar el dinamismo y las facultades creadoras de las masas de cuadros y combatientes, recoger la sabiduría de éstos y resolver así problemas extremadamente difíciles y complejos, y hemos logrado al mismo tiempo reforzar la solidaridad en nuestras filas y elevar su potencia combativa.

Sobre la base de la adopción del régimen de democracia, nuestro ejército aplica además una disciplina libremente aceptada de las más severas. Una disciplina libremente aceptada quiere decir que se basa en la conciencia política de los cuadros y los combatientes, que se mantiene esencialmente por métodos de educación permanente y de incesante persuasión, gracias a lo cual todos los hombres la respetan y se ayudan mutuamente para observarla. Una disciplina severa quiere decir que todos los miembros del ejército, sin excepción, cuadros y combatientes, superiores e inferiores, están obligados a aceptarla estrictamente y que nadie puede infringirla.

Nuestro ejército es una organización armada que tiene como misión el combate; para garantizar su unidad de voluntad y de acción, indispensable para la conservación de sus fuerzas y el aniquilamiento del enemigo, tiene que estar centralizado en el más alto grado y apoyarse en una disciplina severa.

Por eso, precisamente, la obediencia absoluta a las órdenes y el mantenimiento riguroso de la disciplina han sido, desde los primeros días, inscritas en términos claros en el Juramento de Honor en diez puntos. A ello se debe que, en más de una batalla, en condiciones extremadamente duras, todas las tareas asignadas por el partido hayan sido cumplidas, todas las órdenes de combate estrictamente ejecutadas y todas las instrucciones relativas a la relación con las masas escrupulosamente respetadas.

Hoy, cuando nuestras fuerzas pasan a la etapa de su transformación en ejército regular y moderno, las exigencias en cuanto a la disciplina y la centralización son más imperiosas que nunca.

La realización de la democracia interna y el fortalecimiento de la disciplina aceptada libremente constituyen todo un proceso de lucha contra las desviaciones que se manifiestan a través de dos tendencias diametralmente opuestas. La primera, acentuar exageradamente la disciplina en detrimento de la democracia.

Cuando el ejército estaba todavía en sus comienzos, cierto número de cuadros, imbuidos de las maneras militaristas del antiguo ejército, pretendían dirigir las tropas sobre la base exclusiva de órdenes y sanciones. En la nueva etapa de organización de nuestro ejército, cuando ha sido activamente planteado el problema de la formación de un ejército regular y se han puesto en vigor los reglamentos, en cierto número de unidades y en grados determinados ha surgido una tendencia a poner el acento en la centralización y la unificación en perjuicio de la ampliación de la democracia y de la línea de masas, resaltando demasiado las sanciones y las órdenes administrativas y prestando poca atención a la educación y al trabajo de persuasión.

La segunda tendencia, la del “dispersionismo”, no tomaba en consideración el fortalecimiento de la disciplina.

Durante la resistencia existía la tendencia a no presentar informes y a no pedir orientaciones, bajo el pretexto de las dificultades de la guerra de guerrillas, y a considerar a la ligera la coordinación de las operaciones. Había casos de indisciplina en la ejecución de las órdenes de combate, de infracción de las instrucciones que debían seguirse en los campos de operaciones, así como en la relación con las masas, etc.

En la nueva etapa de la organización del ejército, era la tendencia a desdeñar la centralización y la unificación, la inclinación a la dispersión y a la libertad de movimientos, la incorrecta aplicación de los métodos y reglamentos puestos en vigor para hacer de nuestro ejército un ejército regular.

Estas dos tendencias erróneas son expresiones de ideologías no proletarias. La primera está influida por la ideología burguesa en la dirección del ejército; la segunda, por la ideología campesina y pequeño- burguesa que tiende a la disgregación, es decir, la ideología de las capas de donde ha salido la mayoría de los cuadros y combatientes de nuestro ejército.

Por eso el problema fundamental para la práctica correcta del régimen democrático, para el fortalecimiento de la disciplina aceptada libremente y severa, consiste en perseverar sin tregua en la educación del ejército en la ideología proletaria, para eliminar toda ideología no proletaria subsistente en nuestras tropas.

Es necesario, para establecer una democracia efectiva, realzar la disciplina y fortalecer la centralización y la unificación, fortalecer la vida de las organizaciones del partido en el ejército. La democracia interna y la disciplina de hierro de nuestro partido son los fundamentos de la democracia dirigida y de la disciplina estricta de nuestro ejército.

3. Al definir los principios fundamentales de la organización política del ejército, nuestro partido ha resuelto con éxito los diversos problemas de organización, equipo, aprovisionamiento, entrenamiento, reglamentos, etc., para transformar progresivamente un ejército de origen guerrillero en un ejército regular y moderno en las condiciones concretas de Vietnam.

A diferencia de los ejércitos de numerosos países, el nuestro no estaba constituido al principio más que por pequeñas formaciones de guerrilleros nacidas en el proceso de la lucha revolucionaria de un país colonial y semifeudal, que se alzaba desarmado contra el imperialismo y sus lacayos. En el curso de una lucha larga y dura, se ha engrandecido poco a poco en el combate y ha triunfado gloriosamente, liberando a la mitad del país.

Esas pequeñas formaciones de guerrilleros de los primeros días se han convertido hoy en un gran ejército popular y llegarán a ser un ejército regular y moderno en las condiciones de un país que ha liberado la mitad de su territorio y en el que se está construyendo el socialismo. En el proceso de la organización del ejército, ante el retraso económico del país y los incesantes combates que tenían que librar nuestras tropas, nuestro partido encontró dificultades muy grandes.

Lo primero que hubo que resolver fue el problema de la organización de las tropas. Como el ejército fue creado para vencer al enemigo, su organización debía responder a las necesidades reales del combate y adaptarse a la línea estratégica y a la línea táctica de cada etapa de la guerra. Por otra parte, tuvo que adaptarse a las posibilidades de equipo y de aprovisionamiento en las condiciones de la economía nacional y en la situación concreta del teatro de operaciones del país.

Durante la resistencia, en vista de las considerables dificultades materiales del comienzo, faltando las armas y las municiones, la organización de nuestras tropas variaba de una región a otra. Paralelamente al desarrollo progresivo de la guerrilla en guerra de movimiento, el mejoramiento continuo del equipo y del aprovisionamiento, reagrupamos paso a paso las pequeñas unidades para constituir otras grandes, hasta llegar a regimientos y divisiones. En las unidades regulares, la organización se unificaba gradualmente.

Los regimientos y divisiones al principio no comprendían más que infantería, pasando progresivamente a tener otras armas: de acompañamiento, de ingenieros, de artillería ligera, etc. A fin de facilitar los desplazamientos exigidos por la guerrilla y la guerra de movimiento, preconizamos después una mayor agilidad y perfeccionamiento, reduciendo a lo estrictamente necesario los organismos del mando y reforzando los elementos combatientes en las unidades.

En la nueva etapa de organización de nuestro ejército, a fin de adaptarnos a las exigencias de la guerra moderna partiendo de una superación y fortalecimiento del equipo, hemos mejorado la organización de nuestras tropas, y nuestras fuerzas, al principio exclusivamente compuestas por infantería, han podido ser dotadas de diversas armas.

Nos ha parecido necesario prestar la mayor atención a la infantería, pero reforzando al máximo las amias técnicas y logrando un desarrollo equilibrado de las diversas armas, al mismo tiempo que fortaleciendo los organismos del mando en los diversos escalones para elevar la potencia combativa de nuestro ejército para la coordinación de las operaciones. Es necesario también estudiar el perfeccionamiento de la organización de nuestro ejército a la luz de la experiencia de la instrucción y las maniobras, a fin de hacer su organización cada vez más apta.

Como nuestro ejército es un ejército revolucionario dirigido por el partido, su organización debe inspirarse en los principios de organización y en el sistema de dirección del partido en el ejército. Y precisamente por ello, paralelamente al sistema de los mandos militares, hemos instituido el de los comisarios políticos, aplicando el principio que considera tanto al mando como al comisario político jefes de la unidad. Al crecer el ejército, paralelamente a la organización y perfeccionamiento de los servicios de estado mayor y logística, nos hemos preocupado de reorganizar y mejorar las direcciones políticas en los diferentes escalones a fin de mantener firme y fortalecer el trabajo del partido y el trabajo político.

Para organizar el ejército era necesario resolver el problema del equipo. Porque el equipo es la base material de la potencia combativa. Sin armas no se podrían organizar las tropas ni emprender la lucha armada.

Durante el primer periodo de la creación de nuestras fuerzas militares, dado el retraso económico de nuestro país, la casi inexistencia de bases industriales y la limitación de la retaguardia a la región montañosa y al campo, tropezamos con numerosas dificultades con respecto al equipo. El partido dio la orientación de aprovisionarse en el frente, quitarle las armas al enemigo y atacarle con ellas. Logramos un magnífico triunfo en la ejecución de esta directiva. Nuestras tropas regulares y nuestras formaciones guerrilleras en gran parte se equiparon con el botín de guerra.

El Cuerpo Expedicionario Francés de hecho se convirtió en una empresa de transporte especializada en el suministro de armas norteamericanas a nuestras tropas.

Por otro lado, el partido orientaba a los obreros a aplicar la consigna: “La salvación por el esfuerzo propio” y tratamos de fabricar nosotros mismos una parte de las armas y las municiones necesarias. En las condiciones extremadamente duras de absoluta escasez, nuestros obreros de los talleres de armamentos superaban las mil y una dificultades materiales y técnicas para transformar la chatarra en armas y equipar a nuestras tropas.

En estas condiciones, el partido enseñaba al ejército a utilizar plenamente la esencia de un ejército revolucionario, a superar su debilidad material, aprovechando su superioridad política, lo que le permitía vencer a un enemigo armado con un material mucho más potente. Superar a las armas modernas con el heroísmo es una tradición forjada en nuestro ejército.

Sin embargo, por la debilidad del equipo, nuestras tropas y nuestro pueblo tuvieron que combatir en condiciones extremadamente duras y soportar grandes sacrificios durante la última guerra de resistencia. Y consideramos la inferioridad en armamentos como una debilidad que había que superar a toda costa.

Hoy nuestro ejército ha entrado en una nueva etapa de su organización. Gradualmente tiene que llegar a ser un ejército revolucionario moderno capaz de derrotar cualquier intento de agresión. El mejoramiento y el fortalecimiento de su equipo son cada vez más imperiosos.

Mejorar el equipo y modernizar la base material y técnica de nuestro ejército es precisamente una parte de la gran revolución técnica, que nuestro partido está promoviendo activamente en la sociedad de Vietnam del Norte.

Esta revolución exige un esfuerzo inmenso, tanto para reforzar el equipo y elevar el nivel de organización y dirección, como para asimilar y aplicar la nueva técnica. El problema de dotar de un equipo técnico al ejército no puede ser resuelto al margen de la edificación de la base material y técnica del socialismo. Actualmente nos ayuda a ello el restablecimiento de la paz y la liberación completa del norte. Tenemos que hacer cuanto podamos por emprender la edificación económica y el desarrollo cultural, realizar paso a paso la industrialización del país y superar nuestro retraso económico.

No se trata solamente de la tarea de poner al norte en marcha hacia el socialismo, sino también de un problema extremadamente importante para consolidar la defensa nacional y crear nuevas condiciones que mejoren las bases de nuestro ejército, tanto en el equipo como en la técnica.

Para que el ejército pueda dominar el material y la técnica y elevar su nivel técnico y táctico, hay que conceder toda la importancia al entrenamiento de las tropas. Un buen entrenamiento es una de las condiciones esenciales de la preparación intensiva para el combate. Como el objetivo es vencer al enemigo, el entrenamiento debe responder a las tareas del combate. Para ello debe inspirar fundamentalmente su contenido en la línea estratégica de nuestro ejército y en su pensamiento dirigente para las operaciones, y basarse en nuestra situación real y en la del enemigo, así como en las condiciones concretas de los teatros de operaciones.

Nuestro ejército es joven y sólo tiene experiencias limitadas desde el punto de vista del combate; debe hacer los mayores esfuerzos para asimilar las experiencias de vanguardia de los países hermanos, en primer lugar, de la Unión Soviética y China. Hay que actuar con un espíritu práctico, partir de la realidad vietnamita en el estudio de las experiencias extranjeras, sometiéndolas a un análisis y a una selección creadoras. Para esto es necesario luchar a la vez contra el empirismo y el dogmatismo.

En el proceso de la construcción de nuestro ejército hemos obedecido en lo esencial a las orientaciones que acabamos de enumerar. Durante la guerra de resistencia nuestras tropas operaban continuamente; y su entrenamiento, no pudiendo extenderse a largos periodos, debía intercalarse entre dos campañas.

Aplicamos la divisa de entrenarse combatiendo. Al final de los difíciles años iniciales habíamos logrado un buen resultado; la preocupación de basarnos en la práctica en el entrenamiento de las tropas merece ser destacada especialmente. El contenido de la instrucción militar se había hecho extremadamente práctico y rico. El entrenamiento seguía de cerca la realidad del combate, las tropas aprendían hoy lo que debían hacer mañana en el campo de batalla, y la victoria o la derrota que señalaba el desenlace era el mejor medio para valorar nuestro entrenamiento.

Así como se lograba la unificación progresiva de la organización y el equipo, también se unificaba gradualmente la instrucción en las unidades regulares.

Aplicamos de una manera creadora las preciosas experiencias de los ejércitos de los países hermanos en materia de combate, particularmente las del Ejército Popular de Liberación chino, lo que nos permitió vencer en campañas cada día mayores, mientras enriquecíamos nuestra propia experiencia.

Actualmente nuestro ejército, habiendo pasado al periodo de organización en tiempo de paz, ha hecho del entrenamiento la tarea clave, permanente y a largo plazo a fin de llegar a ser regular y moderno. Para ello es imprescindible un entrenamiento regular, planificado y sistemático, a partir de nociones básicas. Para responder a las exigencias de la guerra moderna, el ejército debe entrenarse a fin de asimilar la técnica moderna, la táctica de cada arma y la táctica de coordinación, así como la moderna ciencia militar.

Para lograrlo, por una parte hay que hacer los mayores esfuerzos posibles por asimilar la experiencia de vanguardia de los ejércitos de los países hermanos, y por otra prestar gran atención a las experiencias adquiridas por nuestro ejército en el combate. Es necesario combinar la síntesis de nuestras experiencias con la asimilación de los principios modernos de combate y basarse en la línea militar del partido, en la situación concreta del enemigo y en la nuestra, y en la configuración del terreno, a fin de dar un contenido apropiado al entrenamiento de las tropas.

Como hemos dicho anteriormente, cada paso hacia adelante en la modernización de nuestro ejército es de hecho una revolución técnica. A medida que se refuerza la base material y la técnica moderna, se hace cada vez más imperioso tener hombres capaces de dominarla, pues de lo contrario los equipos y la técnica modernos no rendirían toda su eficacia y de hecho no se fortalecería la potencia combativa de nuestro ejército. De ahí la gran responsabilidad del trabajo de entrenamiento.

En el entrenamiento, la formación de los cuadros es una tarea clave. Nuestros cuadros militares se han forjado en el fragor del combate, tienen experiencia en la organización del ejército y en la marcha de las operaciones.

Pero como se han forjado en las condiciones de una guerra de guerrillas, son bastante débiles desde el punto de vista de la táctica moderna. Por ello, mientras se hacen continuos esfuerzos por elevar su nivel político e ideológico, consolidar su conciencia de clase y profundizar sus conocimientos teóricos marxistaleninistas, hay que prestar especial atención a la elevación de su cultura general, de su conocimiento de la ciencia y la técnica militares, para permitirles convertirse efectivamente en cuadros militares competentes del partido y servir de núcleo a un ejército revolucionario regular y moderno.

Se trata de un hecho de importante significación en la organización de nuestro ejército en el momento actual. Al ritmo de su desarrollo y de su crecimiento, en el proceso de su paso gradual de un estado de dispersión a la concentración, nuestro ejército ha visto cómo los diferentes métodos y reglamentaciones poco a poco han ido tomando forma en su seno.

Paralelamente a la realización progresiva de una unificación relativa, desde el doble punto de vista de la organización y la instrucción, hemos establecido sucesivamente el régimen de gratificaciones, las reglamentaciones relativas a la vida interior en los cuarteles, a las recompensas y a las sanciones disciplinarias, a la conservación del armamento, etc.

Sin embargo, como nuestras tropas eran antes un ejército de guerrillas en proceso de transformación en un ejército regular, eran todavía débiles las exigencias en cuanto al grado de centralización y unificación, y no se planteaba todavía la aplicación sistemática de métodos y reglamentos unificados para la totalidad de nuestro ejército.

Ya hemos entrado en una nueva etapa, la de la transformación de nuestras fuerzas en un ejército regular moderno.  Y con esto queremos decir que está formado por diversas armas, que combate con métodos modernos, que combate sobre la base de una coordinación estrecha entre esas diferentes armas, en gran escala y a ritmo rápido.

Es necesario pues impulsar al máximo la centralización y la unificación en el ejército, y ser más acuciosos respecto de la organización y la disciplina, la permanente atención a la planificación y la precisión.

Los métodos y reglamentos propios de un ejército regular son imprescindibles: serán para todos, una base unificada de acción, adaptada a las exigencias de la coordinación en el combate y del mando centralizado.

Siendo nuestro ejército un ejército popular dirigido por el partido, las cláusulas de los métodos y reglamentos puestos en vigor deben ser un fiel reflejo de su naturaleza revolucionaria e inspirarse efectivamente en los principios de la organización y del sistema de dirección del partido en el ejército. Deben partir de la realidad de nuestro país y de nuestro ejército, mantener las tradiciones y prácticas de éste.

Finalmente, el establecimiento del servicio militar obligatorio, de los estatutos referentes a los oficiales y suboficiales (incluso el establecimiento de los grados militares), del régimen de sueldos, recompensas y condecoraciones, ha obtenido resultados positivos. La promulgación de los reglamentos internos y de los de combate, de la disciplina y de la policía militar han ejercido una importante acción para la unificación desde todos los puntos de vista en la totalidad del ejército, impulsando vigorosamente su transformación en un ejército regular.

Acabamos de exponer someramente las grandes lecciones que se desprenden de la formación de nuestro ejército desde el punto de vista militar.

Como la realidad ha demostrado, si hubiésemos comprendido los principios de la organización del ejército desde el punto de vista político sin saber, no obstante, aportar una solución justa a los diferentes y complejos problemas de esta organización en el plano militar, nos hubiera sido imposible transformar un pequeño ejército de guerrillas, de formaciones diseminadas, dotado de un armamento rudimentario, de nivel militar muy bajo y desprovisto de todo método o estatuto, en un poderoso ejército popular integrado por diversas armas, en posesión de equipos y técnica que mejoran incesantemente, practicando de manera permanente la instrucción regular, con métodos y reglamentos unificados.

Vo Nguyen Giap. “Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo”. Colección “Socialismo y Libertad”, Libro 14, páginas 82-93.

Ángel C. Colmenares E. – setiembre  24 de 2020.

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Es (o debería ser) importante tema de estudio la génesis del Ejército vietnamita de acuerdo con lo explicado por el general GIAP.

Si caracterizamos al Estado capitalista como correlación de fuerzas sociales en la cual una de ellas (la burguesía) es hegemónica, el papel de la fuerza armada es de contención y represión para proteger a la clase dominante y mantener a la clase o clases dominadas bajo control, como sintetizaba GRAMSCI: Estado = consenso + coerción.

De acuerdo con el análisis de las condiciones histórico-sociales imperantes en la época, Vietnam vivía un proceso de transición del feudalismo al capitalismo bajo dominio colonial francés, por ello con un desarrollo incipiente de industria y escasa presencia obrera.

La lucha se planteaba entonces como de liberación nacional y el peso específico clasista correspondía al campesinado, a cuyo interior, a su vez, dominaba una minoría terrateniente, aliada por intereses económicos a los colonialistas y políticamente enemiga de cualquier fuerza que pusiera en riesgo su posición.

El método de la lucha es, por decisión del movimiento revolucionario, armada y guerrillera, en cuyo desarrollo los combatientes trascienden su rol de actividad militar y se van implicando en acciones de organización de poder popular, de apoyo en trabajo de producción y como factores de dirección política hacia objetivos declaradamente socialistas.

La dinámica de ese proceso conduce al crecimiento de las fuerzas guerrilleras y a un cambio cualitativo de sus perfiles, pues al adoptar prácticas de guerra de movimientos [y posteriormente de posiciones] va adquiriendo rasgos de una tropa regular y así se va conformando el núcleo originario del Ejército vietnamita sin que éste, luego de organizado, desplace ni haga desaparecer al contingente guerrillero.

La práctica de ese Ejército es ―paralelamente a su función militar― radicalmente política pues motoriza la lucha de clases y actúa como factor decisivo en la aplicación de tácticas como el manejo de las tasas de arriendo y los alcances de la reforma agraria, construyendo alianzas políticas con los campesinos pobres.

De acuerdo a la exposición del general GIAP, los guerrilleros convertidos en militares conservaron sus relaciones de compañerismo y solidaridad, y aunque hay jerarquías, Principios y Reglamentos, éstos se diferencian de cualquier ejército regular basado en la división clasista, como señala GIAP:

“… nuestro ejército no solamente combatió con abnegación por salvar la independencia de la patria, por defender la vida y los bienes del pueblo, cuyos intereses jamás perjudicó, sino que por añadidura hizo los mayores esfuerzos para ayudar a la población en todas sus actividades”.

En esa estructura militar hubo también contradicciones por tendencias que intentaron evitar esas prácticas flexibles y, en los proyectos de modernización, separar lo político de lo técnico, lo que ha sido superado gracias a una práctica presente desde los años de la resistencia:

“Democracia política: en las unidades de base, celebrar regularmente conferencias democráticas, asambleas de militares, a fin de permitir a los combatientes y los cuadros dar sus opiniones sobre todos los problemas referentes al combate, al trabajo y la instrucción, a los estudios y la vida de la unidad; en nuestro ejército los cuadros tienen derecho a criticar a los combatientes, pero éstos tienen también derecho a criticar a los cuadros.

Democracia militar: en el combate y en la instrucción –en la medida en que las condiciones lo permitan–, celebrar conferencias democráticas para comunicar a todos el plan de operaciones, facilitar las iniciativas y buscar conjuntamente los medios de aliviar las dificultades a fin de realizar con éxito la tarea asignada.

Democracia económica: combatientes y cuadros tienen igualmente el derecho de intervenir en la administración, en el mejoramiento de la vida material en el marco del sistema llamado de “finanzas abiertas”. Gracias a la práctica de una amplia democracia, hemos logrado exaltar el dinamismo y las facultades creadoras de las masas de cuadros y combatientes, recoger la sabiduría de éstos y resolver así problemas extremadamente difíciles y complejos, y hemos logrado al mismo tiempo reforzar la solidaridad en nuestras filas y elevar su potencia combativa.

Sobre la base de la adopción del régimen de democracia, nuestro ejército aplica además una disciplina libremente aceptada de las más severas. Una disciplina libremente aceptada quiere decir que se basa en la conciencia política de los cuadros y los combatientes, que se mantiene esencialmente por métodos de educación permanente y de incesante persuasión, gracias a lo cual todos los hombres la respetan y se ayudan mutuamente para observarla. Una disciplina severa quiere decir que todos los miembros del ejército, sin excepción, cuadros y combatientes, superiores e inferiores, están obligados a aceptarla estrictamente y que nadie puede infringirla.”

Esa ―y por ello referíamos lo importante de su estudio― práctica atípica en organismos rígidamente jerárquicos como los ejércitos, las iglesias y todos los similares, ha permitido incluso debilitar esa rigidez:

“Como nuestro ejército es un ejército revolucionario dirigido por el partido, su organización debe inspirarse en los principios de organización y en el sistema de dirección del partido en el ejército. Y precisamente por ello, paralelamente al sistema de los mandos militares, hemos instituido el de los comisarios políticos, aplicando el principio que considera tanto al mando como al comisario político jefes de la unidad. Al crecer el ejército, paralelamente a la organización y perfeccionamiento de los servicios de estado mayor y logística, nos hemos preocupado de reorganizar y mejorar las direcciones políticas en los diferentes escalones a fin de mantener firme y fortalecer el trabajo del partido y el trabajo político.

En 1875, MARX, en su “Crítica al Programa de Gotha”, plantando cara al reformismo socialdemócrata, definía así al socialismo revolucionario:

“Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado.

Nadie ha dicho cuánto tiempo tarda ese proceso, pues su culminación depende de muchos factores, entre ellos el grado de resistencia que oponga la burguesía derrocada, pero con prácticas como las narradas por el general GIAP, ese período se reducirá significativamente.

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