Movimientos de mujeres y feministas, ir a la raíz de la opresión.

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

En todas las sociedades las mujeres se encuentran en una posición de opresión mayor que los hombres; esta clara injusticia es el motor de una praxis feminista que busca modificar la situación de desigualdad presente entre mujeres y hombres, interpelando y modificando por medio de variadas prácticas el sistema de valores socialmente impuesto donde se subordina a las mujeres al dominio de los varones. La lucha por la igualdad de género presenta un largo recorrido histórico en los países latinoamericanos, diferentes movimientos de mujeres y feministas han nutrido la lucha por la igualdad en nuestro continente.

A pesar de la existencia de una amplitud de movimientos de mujeres y feministas en nuestramerica, creemos encontrar en ellos un eje articulador que propugna la consecución de sociedades justas e igualitarias para los seres humanos; en otras palabras, a pesar de las manifiestas diferencias que se pueden presentar entre los diversos feminismos y movimientos de mujeres, su condición radical (en sentido marxista de ir a la raíz de los problemas) les impregna de una esencia igualitarista que supera a la tradición de las meras organizaciones reivindicativas.

Los diferentes procesos revolucionarios desatados contra el capital que registra la humanidad han contado siempre con la radicalización del feminismo como posición cuestionadora del poder establecido, develando los subsuelos de la opresión manifiesta por formas patriarcales. Las mujeres latinoamericanas han reivindicado la transformación social por medio de un cuestionamiento de esas formas instaladas en nuestros cuerpos sociales y que actúan sobre ellas para ejercer dominación. El patriarcado, que antecede al capitalismo, se soporta sobre instituciones de naturaleza ideológica, cultural, económica e incluso afectivas, las cuales reproducen prácticas individuales (privadas) y colectivas (públicas) que sustentan la discriminación y ejercicio de la violencia contra las mujeres, la feminización de la pobreza, la mercantilización del cuerpo femenino, el tráfico de mujeres, los femicidios, la maternidad obligatoria, la discriminación laboral, el acoso sexual y la descalificación política, son manifestaciones claras de la persistencia de un sistema de dominación patriarcal (Carosio, 2009).

Las últimas décadas en nuestra región han dado cuenta de la presencia combativa de movimientos de mujeres que revitalizaron la utopía proponiendo alternativas para alcanzar sociedades más equitativas, democráticas e igualitarias. Hablamos de un feminismo popular, el cual partiendo del combate a las formas patriarcales de relación se expresa en las dinámicas de los movimientos territoriales de base, participando y organizándose desde la militancia de los movimientos populares, para luchar con sentido clasista por los derechos vulnerados, impulsando la organización participativa y horizontal que enfrente las lógicas de la dominación a fondo.

Ahora bien esta presencia efectiva de los movimientos de mujeres y feministas en nuestros países ha tenido un largo recorrido de luchas, el camino nos trae a la existencia hoy de condiciones políticas con un aumento visible de la representación de mujeres en cargos y lugares de función pública, sin embargo se siguen enfrentando a fuertes obstáculos para acceder a la arena política, además aún están presentes las desigualdades de poder y control de recursos que se dan en los hogares y en el trabajo, debido a la persistente desigualdad reforzada por el aparato ideológico del capital que resalta los valores y rasgos masculinos presentándolos como superiores; tras la formalidad de los discursos “políticamente correctos” las mujeres siguen siendo disminuidas en su contribución como constructoras de comunidad organizada (Horton, 2017).

La mayoría de las intérpretes describen, apelando a la imagen oceánica, una serie de momentos históricos donde las luchas desarrolladas por las mujeres latinoamericanas repuntan en la conflictividad pública y política. Estas son las olas feministas, las cuales suelen ser cuatro:

La primera está ubicada temporalmente en la primera mitad del siglo XX, y enfoca la lucha hacia los derechos civiles, políticos y laborales. Las reformas exigidas refieren a la igualdad salarial, la protección a la infancia, mayor acceso a la educación en todos sus niveles y la fundamental exigencia del derecho al voto, el cual era negado a las mujeres en todos los países del continente y del mundo. Algunas de las demandas fueron atendidas más rápidamente que otras, los derechos de propiedad y tutelares llegaron primero, no así el caso de la igualdad salarial y el derecho al voto que consiguió fuerte resistencia. Las primeras mujeres en votar en nuestramerica fueron las uruguayas, quienes lo alcanzaron en 1927, instalándose progresivamente el derecho en Ecuador y puerto Rico en 1929, en Brasil en 1932, Cuba en 1934, El Salvador en 1939, República Dominicana en 1942, Panamá y Guatemala en 1945, Argentina y Venezuela en 1947, Chile y Costa Rica en 1949, Bolivia en 1952, México en 1953, Perú, Honduras y Nicaragua en 1955, Colombia en 1957, y Paraguay en 1961.

La segunda ola feminista es ubicada entre las décadas de los sesenta y setenta, en ella se manifiesta una politización mayor de las desigualdades de género. En este segundo momento se hacen visibles las contradicciones del sistema político-social hegemónico, su visión sexista, racista e imperialista al conceptualizar lo humano desde la unilateralidad de lo masculino, adquiriendo las luchas feministas un carácter contracultural, en mucha cercanía con los relatos socialistas y de izquierda (Carosio, 2009). En esta etapa se ubican dos simbólicos movimientos de mujeres, se trata de las Madres de Plaza de Mayo en la Argentina y el Comité de amas de casa en Bolivia, ambas organizaciones se desarrollaron en contextos de alto nivel represivo y terrorismo de Estado, el cual enfrentaron para direccionar su reclamo por la vida, la libertad política y el respeto a los derechos humanos.

En este período y disolviéndose con el siguiente encontramos el sacrificio de las combatientes que se sumaron de manera masiva a las filas de los movimientos revolucionarios y nacionalistas que enfrentaron las dictaduras que poblaban el continente, los casos del Frente Sandinista de Liberación nacional (FSLN) en Nicaragua y el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) en El Salvador son ejemplo de ello; estas organizaciones adoptaron discursos de igualdad de género al calor de la lucha guerrillera, dada la fuerte presencia de mujeres que llegaron a constituir un tercio de la militancia activa de esas organizaciones, en roles de mando, combatientes y colaboradoras, subvirtiendo los patrones tradicionales de género dentro de las fuerzas guerrilleras (Horton, 2017).

La tercera ola se hace presente en la década de los ochenta y noventa y está signada por miradas críticas y un reconocimiento por la diversidad. Afloran las diferencias a lo interno de las visiones feministas y se hacen palpables las disímiles posturas estratégicas en función de la diversidad de clases, etnia y orientación sexual, entre otros aspectos; sobre estas diferencias se reconocen objetivos de lucha que direccionan las agendas políticas y aparecen dimensiones claves como la feminización de la pobreza para marcar las posiciones frente a los gobiernos y los Estados.

La cuarta ola aún nos recorre, se presenta con un fuerte contenido de oposición al neoliberalismo y sus valores en tanto representación del modelo excluyente donde a las mujeres les toca un mayor nivel de afectación, con ascendentes índices de precariedad e informalidad laboral, así como de pobreza. La lucha contra la violencia machista y los femicidios se levantan como estandartes para develar la opresión del patriarcado, al tiempo que los sentidos de la igualdad en la diferencia penetran al fondo de los movimientos sociales y organizaciones políticas como claves en la construcción de estructuras participativas, democráticas y horizontales.

Trabajos consultados:

-Carosio, Alba. 2009. El feminismo Latinoamericano y su proyecto ético-político en el siglo XXI. Revista Venezolana de Estudios de la Mujer v.14 n.33 Caracas.

– Horton, Lynn. 2017. “Movimientos de mujeres en América Latina” Pp. 145-160 en

Paul Almeida y Allen Cordero Ulate, Eds., Movimientos Sociales en América Latina:

Perspectivas, Tendencias y Casos. Buenos Aires: CLACSO.

– Movimientos de mujeres y lucha feminista en América Latina y el Caribe /Magdalena Valdivieso … [et al.]. – 1a ed . – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO, 2016.

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