Escuela de Sabidurías (17)

El contenido de la dignidad

Por Gregorio Pérez Almeida

Doy disculpas adelantadas por abordar un tema tan “elevado” en estas clases de tan poca altura. Imagínense, ¡Qué atrevimiento!, ventilar en un wasap un tema que ha provocado las más brillantes y profundas disertaciones y discusiones entre los que saben de filosofía, economía, política, ética, brujería, etc.

Dignidad es quizá la palabra que más se utiliza en filosofía, política, ética y ecología, pero también es una de las que menos sabemos con exactitud el significado o contenido. Todas y todos estamos de acuerdo en que “tenemos dignidad”, que es nuestro “valor” esencial, que hay que ser digno y digna como ser humano, que sin ella no vale la pena vivir, que hay que luchar hasta morir por defenderla, que el sistema capitalista niega la dignidad humana porque explota y aliena y el socialismo intenta restablecerla, etc., y así podríamos seguir nombrando las formas y maneras de utilizar la palabra dignidad.

Cuando preguntamos qué es la dignidad, cuál es su significado y contenido concreto, nos encontramos con distintas respuestas, pero la más común en el ambiente académico y político, es que la dignidad remite a los derechos humanos fundamentales, esto es, que un individuo digno es aquel al que se le reconocen y garantizan los derechos humanos civiles y políticos definidos por el liberalismo burgués y que están plasmados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, de 1948.

Puede ser que a estos derechos se le agreguen los derechos económicos, sociales y culturales, como intentaron hacer los soviéticos en 1948 en la ONU, pero no cambia su definición porque el contenido de la dignidad sigue siendo “derechos”, es decir “convenciones”, “acuerdos” entre partes, lo que la somete a una relatividad infinita que se expresa en la confrontación entre quienes conciben como prioritarios los derechos humanos individuales y los que conciben como prioritarios los derechos humanos colectivos o sociales.

El Estado bolivariano de Venezuela, defiende la primacía de los derechos sociales y ello lo enfrenta inevitablemente a los Estados liberales o neoliberales, como el estadounidense, que sólo creen y defienden los derechos civiles y políticos. Es una confrontación entre dos concepciones del derecho burgués: una cree que sólo el individuo posee dignidad y se la gana con su esfuerzo particular y la otra cree que el Estado debe garantizar la dignidad de sus ciudadanos con políticas y programas sociales. En fin, es un choque entre dos corrientes del mismo derecho liberal ¿Y saben una cosa? La historia demuestra que cuando dos derechos iguales se enfrentan, decide la fuerza, como lo demuestra la historia desde Jacobo Arbens hasta Gadafi.

Si el contenido de la dignidad es un conjunto de convenciones que están condicionadas por circunstancias históricas, geopolíticas, económicas, sociales, de clase, raza, etc., como ocurre con los derechos humanos, entonces tenemos que reconocer que las concepciones de Hitler, Pinochet y cuanto dictador fascista haya sobre la Tierra, tienen tanta validez como la que nosotros(as) convenimos en aceptar como válida. ¿O es que acaso el nazismo no sostuvo un concepto de dignidad asociado a la raza? Aun más, para el nazismo la dignidad humana estaba asociada al respeto a la naturaleza.

Esta atrevida y somera reflexión, que seguramente indigna a quienes han profundizado en el tema y no es digna de tomar en cuenta por la gente que sabe de dignidad, es la preparación, una calistenia, para entrar calienticos(as) en otra dimensión del problema que es intentar sustentar la categoría, o idea, de dignidad humana en las necesidades tal y como las concibe Max-Neef, pero déjenme preparar la clase y nos vemos la próxima semana.

Timbre de Salida:

¿Dónde está Carlos Lanz?

Antes de despedirme, tengo que decir algo sobre la “desaparición” de Carlos Lanz, pero se me oprime el pecho con sólo imaginar su situación y la de sus familiares y lo único que pude hacer fue recordar una estrofa de la canción de Rubén Blades dedicada a los desaparecidos:

“¿A dónde van los desaparecidos?
Busca en el agua y en los matorrales.
¿Y por qué es que se desaparecen?
Porque no todos somos iguales.
¿Y cuando vuelve el desaparecido?
Cada vez que los trae el pensamiento.
¿Cómo se la habla al desaparecido?
Con la emoción apretando por dentro”
.

En verdad quiero y espero que reaparezca Carlos, por lo que coincido con Julio Escalona: pienso que está vivo y que hay mucha gente buscándolo no sólo en el agua y los matorrales…

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