Vo Nguyen Giap (III)

Por Ángel Colmenares

LA GUERRA DE LIBERACIÓN DEL PUEBLO VIETNAMITA CONTRA LOS IMPERIALISTAS FRANCESES Y LOS INTERVENCIONISTAS NORTEAMERICANOS [1945-1954] (III)

El Vietnam atrasado, país colonial que acababa de rebelarse para proclamar su independencia e instaurar el poder popular, no disponía más que de fuerzas armadas recientemente organizadas, inexpertas y mal equipadas. Su enemigo, en cambio, era una potencia imperialista que conservaba un potencial económico y militar bastante considerable, pese a la reciente ocupación alemana y que contaba, además, con el apoyo activo de los Estados Unidos. La correlación de fuerzas en el aspecto material hacía resaltar nuestra debilidad y la potencia del enemigo. La guerra de liberación del pueblo vietnamita para poder crear condiciones de victoria, debía ser una guerra de prolongada resistencia especialmente difícil.

Toda concepción nacida de la impaciencia que pretendiese una victoria rápida hubiera sido un grave error. Había que aplicar resueltamente la estrategia de la resistencia prolongada, exaltar la decisión de lograr la libertad por el propio esfuerzo, preservar y aumentar poco a poco nuestras fuerzas, hostigando y destruyendo progresivamente las del enemigo. Era preciso acumular millares de pequeños éxitos para llegar a una gran victoria. A este precio podíamos modificar paso a paso la correlación de fuerzas, pasar de la inferioridad inicial a la superioridad y obtener la victoria decisiva. Muy pronto nuestro partido supo caracterizar esta guerra: guerra del pueblo y guerra prolongada. Partiendo de esta apreciación, resolvió a lo largo de la dura resistencia todos los problemas planteados por la guerra. La certera dirección del partido nos ha conducido a la victoria. Desde el punto de vista de la dirección militar, nuestra estrategia y nuestra táctica debían ser las de una guerra del pueblo y una resistencia prolongada.

Nuestra estrategia fue, como hemos destacado, desarrollar una lucha potente y larga. Generalmente una guerra así puede tener diversas fases. En principio hay la fase defensiva, la fase de equilibrio de las fuerzas y la de la contraofensiva general. En la realidad, según las condiciones particulares propias de cada parte, su desarrollo puede ser más vivo y más complejo. Sólo una guerra prolongada podía permitirnos utilizar al máximo nuestras ventajas políticas, superar nuestra inferioridad material, para salir de nuestra debilidad inicial y llegar a ser fuertes.

Preservar y aumentar nuestras fuerzas, tal fue nuestro principio, limitándonos a atacar cuando la victoria era cierta y negándonos a librar batallas que pudiesen causarnos pérdidas, prohibiéndonos toda acción aventurera; era preciso que aplicásemos imperativamente la consigna: fortalecernos sin cesar de combatir. Las formas de combate debían ser particularmente adaptadas; dicho de otro modo, debíamos elevar al máximo el espíritu combativo y vencer la superioridad material del enemigo por el heroísmo de nuestras tropas. La forma esencial, sobre todo en el comienzo de la guerra, fue la guerrilla. Esta, en el teatro de operaciones vietnamita, ha conseguido grandes victorias: podía ser aplicada en la montaña igual que en el delta, con armas buenas o malas y aun sin armas, y debía permitirnos finalmente aprovisionarnos del enemigo.

Toda la población participaba en la guerra dondequiera que se presentara el enemigo, y cada poblado tenía su dispositivo de defensa; cada distrito tenía sus tropas regionales, que combatían bajo la dirección del comité local del partido y del poder popular, en coordinación con el ejército regular, para desgastar o aniquilar a las tropas contrarias. Con el desarrollo de nuestras fuerzas, la guerrilla se transformó pronto en guerra de movimiento, una forma de guerra de movimiento aún muy impregnada de las características de la guerrilla, que llegaría a ser después, en el frente principal, el del norte, la forma esencial de combate.

En ese proceso de desarrollo de la guerra de guerrillas y acentuación de la guerra de movimiento, nuestro Ejército Popular creció sin tregua. De combates librados con efectivos del orden de una sección o una compañía pasó a campañas de bastante más envergadura en que entraban en acción varias divisiones. Poco a poco su armamento se mejoró, esencialmente con las armas arrancadas al enemigo. Desde el punto de vista militar, la guerra de liberación del pueblo vietnamita ha demostrado que un ejército popular insuficientemente equipado, pero combatiendo por una causa justa, siguiendo una estrategia y una táctica justas, es plenamente capaz de vencer a un ejército moderno. En lo que concierne a la dirección de la economía de guerra, en el marco de un país agrícola que emprende una resistencia prolongada, como en el caso de Vietnam, el problema de la retaguardia debía plantearse bajo la forma de la edificación de bases de resistencia en el campo.

El aumento y la defensa de la producción, el desarrollo de la agricultura eran problemas de extrema importancia tanto para el aprovisionamiento del frente como para el mejoramiento progresivo de las condiciones de vida de la población. El problema de la fabricación de armas evidentemente tenía que ser planteado. En la edificación de las bases rurales y la consolidación de la retaguardia para impulsar la resistencia, la política agraria del partido desempeñaba un papel determinante. Era, por otra parte, la tarea antifeudal de la revolución. El problema nacional en un país colonizado, por ser esencialmente una cuestión campesina, determinaba que el crecimiento de las fuerzas de resistencia dependiese esencialmente del problema agrario.

La Revolución de Agosto había derribado al Estado feudal. Con la reducción de las tasas de arriendo y de los tipos de interés, el poder popular aseguró a los campesinos sus primeras ventajas materiales. Las tierras acaparadas por los imperialistas y los traidores fueron confiscadas y repartidas. Las tierras y los arrozales comunales fueron más equitativamente repartidos. A partir de 1953, estimando necesario promover más activamente la realización de la tarea antifeudal, el partido resolvió realizar la reforma agraria en el curso de la guerra de resistencia: línea que probó ser justa pese a ciertas insuficiencias en su aplicación. Esta política fue coronada por el éxito. Al aportar a los campesinos ventajas materiales efectivas, inspiró al pueblo y al ejército un entusiasmo nuevo en la continuación de la guerra de resistencia.

Gracias a esta justa política agraria, la vida del pueblo, pese a las innumerables dificultades de la guerra de resistencia, fue mejorada de una manera general no solamente en las vastas zonas libres del norte, sino hasta en las bases guerrilleras del sur. La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha demostrado que la construcción de bases de resistencia en el campo es particularmente importante y que la revolución antiimperialista y la revolución antifeudal están íntimamente ligadas y no pueden ser separadas. Desde el punto de vista político, la unión de todo el pueblo, la movilización de todas las energías para la resistencia representaba un problema de primera importancia: el del Frente Nacional Unido contra los imperialistas y sus lacayos vietnamitas.

En Vietnam, nuestro partido obtuvo un gran éxito en su política del Frente. Desde los años difíciles de la segunda Guerra Mundial, creó la Liga de la Independencia de Vietnam.

En esta época, como durante los primeros años de la guerra de resistencia, retiró temporalmente la consigna de la revolución agraria y preconizó sólo la reducción de las tasas de arriendo y de tipos de interés, lo que permitió neutralizar a una parte de los propietarios agrarios uniendo a nuestra causa a elementos patriotas de esa clase. Inmediatamente después de la Revolución de Agosto, con su política de la más amplia unión en un frente unido, el partido neutralizó a los elementos vacilantes de los propietarios agrarios y limitó así el sabotaje de los partidarios del Vietnam Quoc Dan Dang. (7)

Más tarde, cuando la reforma agraria se impuso imperativamente por el desarrollo de la resistencia, nuestro partido se dedicó a dividir a los propietarios agrarios previendo para cada categoría de propietarios un trato correspondiente a su actitud política, sobre el principio de la liquidación del régimen de apropiación feudal de las tierras. El Frente Unido obtuvo igualmente grandes éxitos en la realización de la unión de todas las nacionalidades, e importantes resultados en la adhesión de las tendencias religiosas. Nuestro Frente Nacional Unido debía ser una amplia concentración; debía unir a todas las fuerzas susceptibles de ser unidas, neutralizar a todas las fuerzas susceptibles de ser neutralizadas, dirigir la lucha primordial contra el principal enemigo de la revolución, el imperialismo.

Debía establecerse también sobre la base de la alianza de los obreros y los campesinos y puesto bajo la dirección de la clase obrera. En Vietnam la alianza de los obreros y los campesinos tiene un brillante pasado y sólidas tradiciones, habiendo sido el partido de la clase obrera el único partido político resuelto a combatir en todas las circunstancias por la independencia nacional y el primero en lanzar la consigna de “la tierra para los que la trabajan” y en luchar firmemente por traducirla en actos. Sin embargo, en los primeros años de la resistencia, por no calcular toda la importancia de la cuestión campesina, no se concedió una atención suficiente al problema de la alianza de los obreros y los campesinos.

Esta falla fue superada posteriormente, especialmente a partir del momento en que el partido decidió hacer de los campesinos los verdaderos dueños del campo con la realización de la reforma agraria. Con la victoria de la resistencia y el éxito de la reforma agraria, el partido ha devuelto la independencia a la mitad del país y dado la tierra a los campesinos; la alianza de los obreros y los campesinos ha ido reforzándose día tras día.

La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha probado que, ante un enemigo poderoso, la victoria sólo se asegura con un sólido y amplio frente nacional unido, basado en la alianza de los obreros y los campesinos.

IV. LOS FACTORES DEL ÉXITO

En Vietnam, la guerra de liberación ha obtenido una gran victoria. En el norte, completamente liberado, los imperialistas han sido barridos, la clase de los propietarios agrarios ha sido liquidada y la población avanza por el camino de la edificación del socialismo, que al mismo tiempo hará del norte un firme sostén para la reunificación pacífica de la patria. La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha triunfado porque ha sido una guerra justa, librada por la independencia y la unidad de la patria, por los intereses de la nación y del pueblo, que participó activamente en la resistencia y vivió todos los sacrificios por la victoria final.

La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha triunfado porque teníamos una fuerza armada revolucionaria del pueblo, el Ejército Popular de Vietnam. Forjado en la línea política del partido, ese ejército estaba animado por una combatividad a toda prueba, llevó a cabo un perseverante trabajo político entre sus hombres y aplicó una estrategia y una táctica de guerra popular. Se había desarrollado partiendo de cero, contando en sus filas con los elementos de vanguardia de los trabajadores, los campesinos y los intelectuales revolucionarios, y había salido de las organizaciones patrióticas de las masas populares. Nacido del pueblo, ha combatido por el pueblo. Es un ejército dirigido por el partido de la clase obrera. La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha triunfado porque teníamos un amplio y sólido Frente Nacional Unido que englobaba a todas las capas revolucionarias, a todas las nacionalidades que viven en el territorio vietnamita, a todos los patriotas.

Ese frente ha sido edificado sobre la base de la alianza de los obreros y los campesinos, bajo la dirección del partido. La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha triunfado porque disponíamos de un poder popular instaurado durante la Revolución de Agosto y cada día más firme. Ese poder era un gobierno de alianza de clases, alianza de las clases revolucionarias y ante todo alianza de los obreros y los campesinos. Era la dictadura de la democracia popular –de hecho, dictadura de obreros y campesinos–, bajo la dirección del partido.

El poder popular había hecho todo lo posible para movilizar y organizar a todo el pueblo para la continuación de la resistencia; había dado al pueblo ventajas materiales efectivas no solamente en las zonas liberadas, sino también en las bases guerrilleras que se hallaban en la retaguardia enemiga.

Si la guerra de liberación del pueblo vietnamita ha obtenido una gran victoria ha sido gracias a los factores que acabamos de enumerar, pero ante todo porque fue organizada y dirigida por el partido de la clase obrera: el Partido Comunista Indochino hoy convertido en Partido de los Trabajadores de Vietnam. Fue éste el que, a la luz del marxismo-leninismo, procedió a un análisis certero de la sociedad vietnamita y de la correlación de fuerzas entre el enemigo y nosotros, para definir las tareas fundamentales de la revolución nacional democrática popular y decidir el comienzo de la lucha armada y la línea general de la guerra de liberación: la resistencia prolongada, la libertad por el propio esfuerzo, resolvió certeramente los diversos problemas planteados por la organización y la dirección de un Ejército Popular, de un poder popular, de un Frente Nacional Unido.

Inspiró al pueblo y al ejército un espíritu revolucionario consecuente e inculcó a la nación la voluntad de superar todas las dificultades, soportar todas las privaciones y llevar hasta el fin la larga y dura resistencia. Nuestro partido, encabezado por el presidente Ho Chi Minh, merece plenamente ser el dirigente de la clase obrera al mismo tiempo que del pueblo y de la nación. El presidente Ho Chi Minh, líder del partido y de la nación, es el auténtico símbolo de las tradiciones de lucha del pueblo vietnamita. Si la guerra de liberación del pueblo vietnamita ha terminado con nuestra victoria es porque no hemos combatido solos, sino con la solidaridad de los pueblos progresistas del mundo entero, en primer lugar, la de los países hermanos, con la Unión Soviética a la cabeza.

La victoria del pueblo vietnamita no puede separarse de esa solidaridad; no puede aislarse de los éxitos de los países socialistas y del movimiento de liberación nacional, ni de las victorias del Ejército Rojo soviético durante la segunda Guerra Mundial y del pueblo chino en el curso de los últimos años; tampoco puede estar al margen de la simpatía y el apoyo de los pueblos amantes del progreso, entre ellos el pueblo francés bajo la dirección del Partido Comunista Francés y los pueblos de Asia y África.

La victoria del pueblo vietnamita es la de un país colonial pequeño y débil, sin ejército regular, que se alzó en lucha armada contra la agresión de una potencia imperialista que disponía de un ejército moderno y que era respaldada por los imperialistas norteamericanos. Ese país colonial ha logrado instaurar y mantener un régimen de democracia popular y se ha abierto el camino hacia el socialismo. Es este uno de los grandes acontecimientos históricos del movimiento de liberación nacional y del movimiento revolucionario proletario en la nueva coyuntura internacional creada después de la segunda Guerra Mundial, en la época de transición del capitalismo al socialismo, la época de la desintegración del imperialismo. La guerra de liberación del pueblo vietnamita ha contribuido a poner en evidencia esta nueva verdad histórica: en la coyuntura internacional de hoy, un pueblo débil que se levanta y combate resueltamente por su liberación es plenamente capaz de vencer a sus enemigos cualesquiera sean y lograr la victoria final.

Esta verdad guía e impulsa actualmente al pueblo vietnamita por el camino de la lucha por la paz, el socialismo, la unidad y la independencia de la patria, camino que lo llevará hacia nuevas victorias.

GUERRA DEL PUEBLO – EJERCITO EL PUEBLO

Vo Nguyen Giap

El 22 de diciembre de 1959 el Ejército Popular de Vietnam festeja el decimoquinto aniversario de su fundación. Quisiera en esta ocasión hablaros someramente de la lucha y la construcción de las fuerzas armadas revolucionarias en el Vietnam. Quisiera al mismo tiempo subrayar los puntos fundamentales que caracterizan la política militar del Partido de vanguardia de la clase obrera y del pueblo vietnamita, el Partido Comunista Indochino, hoy Partido de los Trabajadores del Vietnam. Como enseña el marxismo-leninismo, “la historia de toda la sociedad hasta nuestros días no ha sido más que la historia de la lucha de clases”.

Esa lucha puede revestir la forma política o la forma armada, no siendo la lucha armada más que la continuación de la lucha política. En una sociedad que permanece dividida en clases, nosotros distinguimos dos tipos de política: la política de las clases y las naciones que explotan y oprimen a las otras y la de las clases y las naciones explotadas y oprimidas.

Por ello hay dos tipos de guerra, dos tipos de estado, de ejércitos diametralmente opuestos, unos revolucionarios, populares y justos, otros contrarrevolucionarios, antipopulares e injustos. La revolución rusa de octubre señaló una nueva era en la historia de la humanidad. Un estado de tipo nuevo hizo su aparición, el de la dictadura del proletariado, el de los obreros y los campesinos, de los trabajadores y los pueblos soviéticos al fin liberados. Nació un ejército de tipo nuevo, el Ejército Rojo, verdadero ejército del pueblo bajo la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Surgido en la insurrección de octubre y templado en los combates que la siguieron, iba a convertirse en poco tiempo en el más poderoso ejército del mundo, siempre presto a defender la patria soviética, el primer estado de obreros y campesinos. En Asia, después de la primera gran guerra, la revolución nacional democrática del pueblo chino, bajo la favorable influencia de la revolución rusa, adquirió un impulso extraordinario. Para liberarse, el pueblo chino se alzó valientemente en lucha armada, durante varias decenas de años. En esa guerra revolucionaria, todo heroísmo y sacrificios, nació y creció el Ejército de Liberación chino, ejército también de tipo nuevo, auténticamente popular, dirigido por el Partido Comunista Chino.

Con sus quince años, el Ejército Popular de Vietnam es un joven ejército revolucionario. Se ha desarrollado en el curso de la Guerra de Liberación Nacional del pueblo vietnamita de la que surgió, y asume actualmente la gloriosa tarea de defender la edificación del socialismo en el norte, contribuyendo a forjar una poderosa base para la reunificación pacífica del país. También constituye un ejército de tipo nuevo, un ejército auténticamente popular, dirigido por el Partido de la clase obrera de Vietnam.

Tanto en la URSS como en china y en Vietnam, las guerras y los ejércitos revolucionarios se parecen por sus características fundamentales comunes: su naturaleza popular y revolucionaria y la justa causa que defienden.  La guerra y el ejército revolucionarios vietnamitas tienen, sin embargo, características especiales.

En efecto, desde el comienzo, en la Unión Soviética, la guerra revolucionaria se situó en el marco de una revolución socialista; se desarrolló, por otra parte, en un país independiente dotado de una economía industrial moderna ya bastante importante que, bajo el régimen socialista, no cesa de desarrollarse. En cuanto a la de China, permaneció durante un largo período en el marco de la revolución nacional democrática de un país semicolonial, un país inmensamente grande y poblado por más de seiscientos millones de habitantes. La guerra revolucionaria en Vietnam, aun persiguiendo como en China los objetivos de la revolución nacional democrática, se diferenció por el hecho de que tuvo lugar en un país colonial, en un país mucho más pequeño que China tanto en superficie como en población.

Por ello, la historia de la lucha armada y de la creación de las fuerzas armadas en Vietnam, es la de una pequeña nación sometida a la dominación colonial, que no disponía ni de un vasto territorio ni de numerosa población, que tuvo que alzarse, pese a carecer al principio de un ejército regular, contra las fuerzas de agresión de una potencia imperialista, para triunfar finalmente, liberando la mitad del país y permitiéndole emprender el camino del socialismo. En cuanto a la política militar del Partido vanguardia de la clase obrera vietnamita, fue una aplicación del marxismo-leninismo a las condiciones concretas de la guerra de liberación en un país colonial.

I

 Vietnam, entre los países del sudeste asiático, es uno de los que tienen más vieja historia. Con sus 330.000 kilómetros cuadrados y sus 25.000.000 de habitantes, por su situación geográfica a orillas del Pacífico se ha convertido hoy en uno de los puestos avanzados del mundo socialista. En el curso de su historia varias veces milenaria, en muchas ocasiones la nación vietnamita ha resistido victoriosamente las invasiones de los feudales chinos. Puede enorgullecerse de sus tradiciones de lucha y de su carácter indomable para salvaguardar la independencia del país. Después de haber invadido a Vietnam en la segunda mitad del siglo XIX, el imperialismo francés lo convirtió en una colonia.

Desde entonces fue constante la lucha contra los colonialistas franceses, los levantamientos se sucedieron pese a las represiones y participando en ellos cada vez capas más amplias de todas las clases sociales.

En 1930 se fundó el Partido Comunista Indochino. Bajo su dirección; firme y clarividente, el movimiento de liberación nacional del pueblo vietnamita adquiere un nuevo impulso. Después de diez años de una lucha política heroica, en el umbral de la Segunda Guerra Mundial, preconiza la preparación de la lucha armada, el inicio de la guerra de guerrillas y la creación de una zona libre. El movimiento antijaponés por la salvación nacional, con su impulso irresistible, conduce a las gloriosas jornadas de la Revolución de agosto de 1945.

A favor de los grandes acontecimientos que caracterizan la situación internacional de entonces –victoria del Ejército Rojo Soviético y de las fuerzas aliadas sobre el fascismo nipón–, el pueblo vietnamita, participando como un solo hombre en la insurrección victoriosa, instaura el poder popular. Ha nacido la República Democrática de Vietnam, primera democracia popular en el sudeste asiático. La situación política del Vietnam era entonces particularmente difícil y compleja.

Las tropas de Chiang Kai-shek habían penetrado en el norte y las de la Gran Bretaña en el sur del país para desarmar a los japoneses que conservaban todavía su armamento inmediatamente después de la capitulación. En esas condiciones los imperialistas franceses, después de la creación de la república democrática, desencadenaron una guerra de reconquista contra el Vietnam con la esperanza de restablecer su dominación. El pueblo vietnamita se irguió como un solo hombre para defender la patria en respuesta al llamamiento del Partido y del gobierno encabezado por el presidente Ho Chi Minh. Comenzó una guerra santa por la liberación del país. Sin embargo, no se había perdido toda esperanza de arreglo pacífico: en marzo de 1946 se concluyó un acuerdo preliminar, para el cese de las hostilidades, entre el gobierno de la República Democrática de Vietnam y el de Francia.

Pero los colonialistas franceses no tenían en ese acuerdo más que un objetivo dilatorio. Por eso, apenas firmado, lo violaron desvergonzadamente ocupando sucesivamente diversas regiones. En diciembre de 1946 la guerra se generalizó en todo el país. Iba a hacer estragos durante nueve años, los nueve años posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial, para terminar con la brillante victoria del pueblo vietnamita. Nuestra guerra de liberación fue una guerra del pueblo, una guerra justa. Esta característica esencial iba a determinar su significación y decidir el desenlace final.

NOTAS:

(7) Partido Nacionalista de Vietnam.

Vo Nguyen Giap. “Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo”. Colección “Socialismo y Libertad”, Libro 14, páginas 32-39.

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La Dirección analiza las contradicciones propias de la situación socioeconómica y aplica la política correcta para el momento.

En el ejemplo de las medidas posteriores a la Revolución de Agosto, a las confiscaciones de tierras siguió un reparto más equitativo de ellas y la reducción de tasas de arriendo y tipos de interés, elevando la calidad de vida de la población.

Posteriormente modificó esa política descargando el peso específico en la reducción de tasas y los tipos de interés, neutralizando así a parte de los propietarios agrarios y atrayendo a los sectores de esa capa más cercanos a la consigna de la defensa de la patria, imponiendo luego la reforma agraria frenando la resistencia de los propietarios, quienes fueron tratados de acuerdo con sus actitudes políticas, táctica que logró dividirlos, acelerando la liquidación del régimen de apropiación feudal de la tierra.

Ello incidió en el refuerzo de una política de alianzas entre campesinos y obreros, cuya práctica se hallaba rezagada pues durante los primeros años de la resistencia la dirección político-militar no había dado la importancia debida a la cuestión campesina, error que comienza a ser corregido desde el momento en que la reforma agraria coloca al campesinado como verdadero dueño del campo.

La unidad obrero-campesina se asienta sobre una perspectiva socialista, lo cual reforzará a la alianza clasista revolucionaria, a cuya dirección se coloca la clase obrera.

El general GIAP, a tono con la dinámica política de la época, señala que la alianza revolucionaria de las clases campesina y obrera se hallaba bajo la dirección del partido, hecho que consideramos debatible pero que excede el alcance de este trabajo.

Al final de la parte correspondiente a “La Guerra de Liberación del Pueblo Vietnamita…”, su autor hace un breve recuento de ese proceso y señala el cuadro geopolítico de su realización, pasando a continuación al tema “Guerra del Pueblo. Ejército del Pueblo”, cuyas primeras líneas son dedicadas a la historia de las fuerzas armadas revolucionarias de Vietnam.

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