Escuela de Sabidurías (14 y medio)

Por Gregorio Pérez Almeida

Para no recargar mi gestión bancaria en estas clases, sólo diré, respecto a las similitudes entre Dussel y Max-Neef, que éste sostiene que:

«Acceder al ser humano a través de las necesidades permite tender el puente entre una antropología filosófica y una opción política y de políticas; tal parecía ser la voluntad que animó los esfuerzos intelectuales tanto de Karl Marx como de Abraham Maslow. Comprender las necesidades como carencia y potencia, y comprender al ser humano en función de ellas así entendidas, previene contra toda reducción del ser humano a la categoría de existencia cerrada«.

De manera que bien lejos la sospecha de antimarxista de Max-Neef.
Lo que me interesa resaltar es que su concepción tiene una ventaja pedagógica importante que podemos aprovechar aplicando su «matriz de necesidades» construida con la combinación de las dos categorías que nombramos: la existencial y la axiológica o valorativa. La categoría existencial contempla las necesidades de Ser, Tener, Hacer y Estar, y la categoría valorativa contempla las necesidades de Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad. La ventaja de esta propuesta es que ha sido «aplicada» por comunidades sudamericanas con resultados alentadores.

Max-Neef advierte que «existen muchas maneras de clasificar necesidades, y todas ellas dependen de los propósitos que se persigan con la clasificación» y el propósito que lo anima a él es «construir una taxonomía de necesidades humanas que nos sirva como instrumento de política y de acción«, no sólo como una genial y brillante teoría, porque «La interrelación entre necesidades, satisfactores y bienes económicos (valores de uso) es permanente y dinámica, y entre ellos se desencadena una dialéctica histórica que constituye la definición de una cultura y es determinante en los estilos de desarrollo«.

Por lo que la matriz que presenta en su libro «Desarrollo a Escala Humana«, no es de ninguna manera normativa ni cerrada, sino sólo un ejemplo de los tipos de satisfactores posibles de cada necesidad vista como parte de un todo dinámico, vivo, en tres contextos: en relación con uno mismo, en relación con el grupo social y en relación con el medio ambiente, y la calidad e intensidad de la satisfacción en cada contexto dependerá del tiempo, el lugar y las circunstancias. Lo que llamamos «lugar de enunciación».

Por esto ofrece la posibilidad de que cada persona o cada grupo organizado en colectivo de intereses y fines, o en comunidad de habitantes, puede reconstruir la matriz » según sea su cultura, su tiempo, su lugar y sus circunstancias, o bien según sus limitaciones o sus aspiraciones.

Y es un reto en pandemia y cuarentena que les propongo a quienes voluntariamente participan de estas «clases» y estén interesados(as) en el tema y tengan tiempo y disposición para reelaborar su propia matriz de necesidades, sin más intención o finalidad que la de satisfacer nuestras necesidades de entendimiento, ocio y creación, con inventiva e imaginación y con tan solo el T2020, un bien económico tecnológico que integra otros como el libro, el cuaderno, el televisor, el radio, la cámara fotográfica y a veces sirve como teléfono…

Un buen ejemplo de dos aspectos de las tesis de Max-Neef: 1) Cómo los bienes económicos influyen sobre los satisfactores y, 2) Cómo los avances  tecnológicos en los artefactos (bienes) han influido en los satisfactores y hoy seguimos necesitando entender el mundo, pero ello no se logra sólo leyendo un libro o escuchando una explicación e, igualmente, hoy dialogar no es sólo intercambiar palabras y gestos.

Además, el reto lo hago mirando el rollo del tiempo, porque  pareciera que la pandemia con su cuarentena, llegó para quedarse…

por unos meses más.

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