Escuela de Sabidurías (11)

Por Gregorio Pérez Almeida

Necesidades y satisfactores (2) Hoy soy Profesor bancario

Insistiré en Manfred Max-Neef, porque es activista de una “economía humanista” y porque es poco conocido inclusive entre las y los filósofos y economistas formados en nuestras academias. Y, quisiera detenerme en algunos aspectos de sus tesis que considero más importantes para los fines de esta Escuela.

Resumiendo su tesis sobre las necesidades:

“Primero: Las necesidades humanas fundamentales son finitas, pocas y clasificables. Segundo: Las necesidades humanas fundamentales (contenidas en el sistema propuesto) son las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos. Lo que cambia, a través del tiempo y de las culturas, es la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades”.

En otras palabras: _“Lo que está culturalmente determinado no son las necesidades humanas fundamentales, sino los satisfactores de esas necesidades. El cambio cultural es –entre otras coas- consecuencia de abandonar satisfactores tradicionales para reemplazarlos por otros nuevos y diferentes”_.

Comprende las necesidades en un sentido amplio y no limitadas a la mera subsistencia, sólo como carencias, sino que también las concibe como potencialidades humanas individuales y colectivas, que expresan la tensión constante entre carencia y potencia, o ánimo, propia de los seres humanos.
Entendiéndolas como “carencia y potencia”, resulta inapropiado hablar de necesidades que se “satisfacen” o que se “colman”, porque en cuanto son un movimiento incesante, es más apropiado hablar de “vivir y realizar las necesidades de manera continua y renovada”.

Al creer que los satisfactores son las necesidades, confundimos también los bienes con los satisfactores, como cuando pensamos que la “necesidad de alimentación” se satisface con los “alimentos” disponibles en el mercado. Max-Neef, plantea que la alimentación es el satisfactor y los alimentos son bienes que facilitan o entorpecen la satisfacción de la necesidad de subsistencia.

Uno de los problemas, quizá el más grave, es que el sistema capitalista ha convertido a los bienes en un fin en sí mismo y nos domina el consumismo, lo que produce distorsiones que hacen que unos bienes sean contrarios a los satisfactores que dicen potenciar, un ejemplo muy claro es la “comida chatarra” que distorsiona por completo nuestra alimentación y entorpece peligrosamente nuestra subsistencia.

Este ejemplo de la comida chatarra -un bien que distorsiona un satisfactor y actúa negativamente sobre una necesidad- nos permite exponer dos aspectos que se derivan de la existencia de satisfactores que son contrarios a la necesidad que dicen satisfacer: las pobrezas y sus patologías.

Sobre la pobreza: Max-Neef sostiene que el “concepto tradicional es limitado y restringido, estrictamente economicista, puesto que se refiere exclusivamente a la situación de aquellas personas que se clasifican por debajo de un determinado umbral de ingreso”, por lo que sugiere no hablar de “pobreza” sino de “pobrezas”, porque cualquier necesidad humana fundamental que no se satisface adecuadamente revela una pobreza humana”, y da unos ejemplos: la pobreza de protección, debido a sistema de salud ineficientes, a la violencia, la carrera armamentista, etc.; la pobreza de entendimiento, debido a la deficiente calidad e la educación; la pobreza de participación, debido a la discriminación de mujeres, niños y minorías; la pobreza de identidad, debido a la imposición de valores extraños a culturas locales y regionales, emigración forzada, exilio político, etc.

Pero, sostiene Max-Neef, las pobrezas son más que eso, porque cada pobreza genera patologías, toda vez que rebasa límites críticos de intensidad y duración, y toma como territorio de análisis el Tercer Mundo, con sus niveles alarmantes de desempleo, endeudamiento e hiperinflación, _¿Cómo influyen estos problemas estructurales en la producción de pobrezas y patologías?_

El desempleo: “un individuo que sufre una prolongada cesantía cae en una especie de “montaña rusa” emocional, que comprende por lo menos cuatro etapas: a) shock, b) optimismo, c) pesimismo y, d) fatalismo. La última etapa representa la transición de la inactividad a la frustración y de allí a un estado final a apatía donde la persona alcanza su más bajo nivel de autoestima. Es bastante evidente que esta situación perturba el sistema de de necesidades fundamentales de las personas y, dada la magnitud del problema en nuestros países hay que reconocer la existencia de patologías colectivas de frustración que no se solucionan a mediano plazo con medidas económicas de restitución del empleo”.

La hiperinflación: pareciera que Max-Neef describiera nuestra situación en los últimos años: «La experiencia latinoamericana demuestra que la hiperinflación también trasciende la esfera económica y condiciona el conjunto de la vida social […] Más allá de las consecuencias económicas de las devaluaciones diarias, la inflación sostenida erosiona la confianza de un pueblo, crea falsas expectativas que luego frustra violentamente y despierta una profunda incertidumbre respecto del futuro […] irradia sentimientos colectivos de creciente pesimismo respecto del país, del Estado y del futuro de cada persona”.

Y describe lo que vivimos día a día en Venezuela: la patológica inflación inercial, esto es que las expectativas inflacionarias determinan que nuestro comportamiento le imprima más aceleración a la espiral inflacionaria, lo que es un ejemplo claro de profecía autocumplida: mañana estará más caro, mejor lo pago hoy menos caro…

Hasta aquí Manfred Max-Neef, y espero que no haya sido tan bancario. Mañana nos vemos en el recreo…

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