Entre dos economistas y un kilo de queso

Por Gregorio Pérez Almeida

Fue en los últimos minutos del recreo cuando se dio la conversación que narraré a continuación. El sábado, en pleno desayuno, arepas con queso rallado (pa’que no digan que no sé de qué hablo), salió a relucir la referencia que hicimos a la economista Pasqualina Curcio al comienzo del recreo y la respuesta que le dio, el también economista, Jesús Faría.

 
Antes de entrar en detalles, debo decir que la respuesta de Faría no logra disimular el desprecio que sienten algunos “comunistas” por los disidentes, además de confesar que sólo leyó la parte 2 del artículo, con sus descalificaciones evidencia que no ha leído ninguno de los libros de Pasqualina. Pero esto es harina de otro costal, vamos a lo nuestro.
Nunca antes me había metido con la economía (y mucho menos con las y los economistas), a decir verdad, porque no sé si cuando digo “economía” estoy hablando de la disciplina que se estudia en las academias, incluyendo la Crítica a la Economía Política, de Carlos Marx, o a las cuentas que tenemos que sacar en mi familia para rendir el ingreso mensual o ambas cosas a la vez y si hay diferencias entre la economía real y la ficticia o teórica, etc., la cuestión es que lo hice y ¡Madre mía! Ahora estoy como gallina comiendo pellejo… 

Arepas en los platos, comenzó la discusión: Que si Pasqualina tiene razón que no que la razón la tiene Faría, que la culpa de que la pensión entera sólo alcanza para un poco menos de medio kilo de queso –llanero, merideño, guayanés o de mano tienen el mismo precio- es del comerciante especulador, del distribuidor, de la vaca (a vaina, hay un libro que le echa la culpa de todo) o del gobierno por no imponer su autoridad en los llamados “precios acordados”.            

Que si aumentaban los salarios a los niveles que sugiere Pasqualina, nos estallaría la hiperinflación en la cara, que no que sin aumentarlos ya nos reventó en las narices y nos pulverizó los bolsillos; que si el presupuesto está montado sobre el ingreso petrolero, que no, que eso es mentira que está montado sobre los impuestos incluyendo -para rematar- el IVA que pesa más sobre los pobres que sobre los ricos… en este momento mi suegra, que es administradora jubilada de la Contraloría General de la República, me preguntó. ¿En ese cálculo está contemplado el costo de la ejecución presupuestaria?… y miré hacia el plato, porque ahí me di cuenta de que se me enfriaba la arepa…          

Leí a Pasqualina y a Jesús, me dio por opinar y las palabras de mi suegra me recordaron las de mi papá: “¡No te metas en ese peo, que tú no sabes nada de economía!” “Mijo, cuando los que saben hablan, usted, mire ¡Chito!, sólo oídos” Pero ¿cómo hago, si el kilo de queso se nos escapó de las manos junto con otros “kilos” que si no tuviéramos CLAP ni de vaina que pudiera tenerlos en la mesa? Así de simple: el queso que hay sobre la mesa se lo debo al CLAP que me salva de comprar los carbohidratos y las proteínas vegetales en el mercado de los “precios acordados”. 


Lo que nos llevó a otras disquisiciones, como esta: ¿Cómo hacen para sobrevivir las familias que no tienen CLAP y tienen uno o dos sueldos básicos? Ya sé que es mejor “mirar el vaso medio lleno que medio vacío” y que nuestro gobierno hace lo imposible para que el pueblo satisfaga sus necesidades alimentarias en medio de la guerra económica imperialista, pero es que si no se detiene la inflación o se equilibran los salarios aquí no habrá ni vasos para mirar y diremos de la inflación: hasta el queso que había en la mesa también se lo llevó.


¿Pasqualina Curcio o Jesús Faría?… he ahí el dilema… entre especialistas. Ella, profesora universitaria comprometida con el proceso bolivariano y él, no sé si también profesor universitario, pero militante del PSUV que ha ocupado cargos en el gobierno. Confieso que me gustaría que uno de los dos fuera escuálido, porque mi cuadre estaría facilito, pero los dos son del proceso (aunque Jesús en su dogmatismo ponga en duda la lealtad de Pasqualina). Una verdad incuestionable dice Jesús: “en planificación económica no se puede improvisar y dar saltos al vacío”, pero tengo una duda también razonable: Si nuestra planificación económica ha sido un permanente ensayo y error ¿Qué tal si ensayamos una vez más por donde sugiere Pasqualina?¿Por qué me atrevo a proponer esto si no sé nada de economía? Lo voy a decir so pena de quedar en ridículo frente a las y los economistas: Porque pienso que la única planificación económica que no “improvisa” es la neoliberal que ha aplicado sus recetas desde los años 1970, lo que recoge la idea del “pensamiento único” y la frase de Margaret Thatcher: “No hay más alternativa”.


Desde que el neoliberalismo es hegemónico mundialmente, no hay improvisaciones en economía y éstas quedaron para los gobiernos que intentan evadir las recetas del FMI y el BM. Entonces ¿Qué hay de malo en seguir “improvisando” en Venezuela? ¿Nuestro eslogan robinsoniano no es Inventamos o erramos?El dilema teórico, es legítimo entre especialistas, pero aquí abajo, abajo, en el sur de la teoría –es decir, donde vivimos los “objetos de estudio” de la economía y de las y los economistas- el dilema es vital, de vida o muerte real. Nuestro dilema vital no está en escoger entre dos teorías económicas, sino ¿Qué le pongo a la arepa, con qué me la como? En palabras prosaicas: nuestro problema está entre las dos tesis económicas y le daremos la razón a aquella que me asegure el queso sobre la mesa.

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