Lo universal es un falso positivo (y 2)

Por Gregorio Pérez Almeida

Para quitarnos de encima la presión de la búsqueda obsesiva de “la universalidad”, lo primero que tenemos que hacer es percatarnos de su origen eurocéntrico y su intención colonialista. Luego de liberarnos de ese peso ideológico que obstaculiza nuestra producción cultural, sea teórica o práctica, tenemos la posibilidad de reencontrarnos en nuestra propia “trinchera de ideas” con los hermanos y hermanas de lucha. Asumir conscientemente el lugar de enunciación, nos da la posibilidad de saber dónde estamos, con quiénes contamos, cuáles son nuestras armas y, sobre todo, de recuperar la “dimensión humana” de la actividad creativa en la que vale tanto un suspiro enamorado como un concepto bien forjado.

Eduardo Galeano, en “El libro de los abrazos”, recupera para su público lector latinoamericano e hispano, la experiencia que Orlando Fals Borda sistematizara en sus “investigaciones participativas y transformadoras” en Colombia, en el relato titulado “Celebración de las bodas de la razón y el corazón”, nos dice:

“¿Para qué escribe uno, si no es para juntar sus pedazos? Desde que entramos en la escuela o la iglesia, la educación nos descuartiza: nos enseña a divorciar el alma del cuerpo y la razón del corazón.
Sabios doctores de Ética y Moral han de ser los pescadores de la costa colombiana, que inventaron la palabra sentipensante para definir al lenguaje que dice la verdad”.

“Juntar nuestros pedazos” y sacudirnos de lo “universal asesino”: doble y exigente tarea. Aún más difícil en un *Sistema Mundo* controlado desde los centros de poder de distintas formas y niveles repotenciados por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, pero si no lo intentamos seguiremos igual que el “aldeano vanidoso que cree tener al mundo en su aldea [mientras] da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos”, como sostiene José Martí en Nuestra América.

Entre versos te veas

¿Qué significa “universal”? Los diccionarios de filosofía y el DRAE lo definen como “perteneciente al universo”, con lo que quedamos, literalmente, como el perro mordiéndose la cola, nada nuevo en los diccionarios _“etimológicos”_. Pero sus dos componentes nos dan la clave para llegar al núcleo del concepto: “uni: uno; versal: alrededor de” que, en buen español se entiende como “una sola versión de…”, escriban lo que quieran: filosofía, poesía, estética, sociología, ciencia, etc., con lo que queda al descubierto la raíz conceptual de la trampa eurocéntrica. Podríamos jugar con los términos “eurocéntrico” y “universal” para crear uno nuevo, más diáfano y sincero: “Euroversal” o “Euroversidad”.

¿Qué hacer? Quedémonos con el “verso” y dejemos lo “uni” o “pluri” para los pensadores que, desde mi punto de vista, huyendo de la universalidad están entrampados en ella. Advertimos de nuevo, con la movida decolonial puede pasar como con la postmodernidad, que tanto cuestionó los “metarrelatos” modernos que terminó construyendo otro metarrelato del mismo calibre pero más destructivo porque se presentó hipócritamente como la cara opuesta de la modernidad.

Conozcamos nuestros “versos” y cuidémonos de las y los pensadores del _norte global_ que a cuenta de ser “decoloniales” de gran prestigio y promotores de los “pluriversos” nos ponen, ¿Sin quererlo?, gríngolas en la discusión y en la acción. Oigamos a Martí: “El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!”, lo que hoy, con la industria del Ron y el Cocuy, toma nuevas dimensiones, sabores y olores que enriquecen lo local y sustituyen, sin temor, a los “licores universales”.

Eduardo Galeano también advirtió, en «El libro de los abrazos”, que:

“No son pocos los intelectuales del norte que se casan con las revoluciones del sur por el puro placer de enviudar. Prestigiosamente lloran, lloran a cántaros, lloran a mares, la muerte de la cada ilusión; y nunca demoran demasiado en descubrir que el socialismo es el camino más largo para llegar del capitalismo al capitalismo”.

Algunos de estos intelectuales no viven en el norte geográfico, sino en los “nortes de los sures”, esos enclaves privilegiados en medio de las pobrezas capitalistas que ni un rasguño reciben por el bloqueo imperialista, son universitarios de prestigio, directores de programas internacionales de investigación, como por ejemplo, el grupo que gira desde y alrededor de la Universidad Andina Simón Bolívar, una institución privada, cinco estrellas, enclavada en Sucre, Ecuador, que no existiera si la Venezuela “saudita” de la 4ta República no hubiese financiado su fundación y funcionamiento por décadas.

Son intelectuales dizque decoloniales, pero aplican a Venezuela el mismo criterio positivista de “objetividad científica”, por lo que cuestionan nuestra experiencia “contaminada de «ismos» antidemocráticos” y niegan la legitimidad de nuestro camino al socialismo. A estos les dice Galeano: “Los que hacen de la objetividad una religión mienten. Ellos no quieren ser objetivos, mentira: quieren ser objetos, para salvarse del dolor humano”.

Otros, consecuentes con sus parámetros en el análisis decolonial, nos ignoraron desde el comienzo, pero en los últimos años han tenido la “generosidad” de prestarnos atención, quizá sea porque miran con pasmo que el imperialismo, que tanto han estudiado, existe, es real y viene arrecho contra nosotros y preparan sus pañuelos para llorarnos a mares. No quieren quedar fuera del velorio que será transmitido mundialmente y dará oportunidad a sus discursos dignos de antologías fúnebres.

Y este soldado granadero lanza una granada a la Contra Escuela de Filosofía para dar paso a la Escuela de Sabidurías, una experiencia que nunca antes había probado. Serán escritos de nuestros hermanos y hermanas indígenas, afrodescendientes, «criollos» urbanos y campesinos, en los que nos harán girar alrededor de los versos que salen de sus bocas.

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