Un mito vivito y coleando (3)

Por Gregorio Pérez Almeida

Si somos coherentes con el contenido preestablecido y autorreferente de los llamados “diálogos de Platón”, tenemos que llamarlos por su verdadero nombre: “monólogos de Platón”, el problema es que ese doble mito está tan consolidado en los imaginarios académicos occidentales que cuestionarlo es como estrellarse contra el Macizo Guayanés. Pero aquí vamos, palmo a palmo horadando sus bases.

En el otro monólogo que analiza Kohan, es Eutifrón, cuyo tema es lo “sagrado y lo profano”. Ocurre en la puerta de los tribunales donde Eutifrón, un aristócrata, acusará a su padre por asesinar a un vecino y Sócrates, como es costumbre, somete al tipo a una batería de preguntas que lo obligan a dudar de lo que creía saber con seguridad, pero en esta oportunidad se muestra implacable, agresivo, porque quiere escuchar respuestas sobre “¿Qué es lo sagrado y lo profano?”, pero Eutifrón le responde con: “¿Quién hace lo sagrado y lo instituye como tal”?. O sea que responde con otra pregunta pero no por el “qué”, sino por “quiénes hacen lo sagrado, si los dioses o los jueces». Como explica Kohan:

“Sócrates quiere el <qué> y Eutifrón da el <quién>. Sócrates pregunta por lo sagrado y Eutifrón responde mostrando quien hace lo sagrado y lo instituye como tal”. Y pregunta Kohan, “¿Por qué Sócrates no se conforma? ¿Por qué una característica abstracta y universalizada es mejor respuesta para entender lo sagrado sin el sujeto de su producción? ¿Acaso cada <qué> no esconde un <quién>?.

A Sócrates no le interesan estas preguntas o parece haberlas respondido antes y “desde su punto de vista impugna las respuestas que no coinciden con él”. Y aquí desarrolla Kohan, las ideas que nos animaron a desmontar el símil entre Sócrates y Simón Rodríguez y que terminaremos en otra contra clase. Son citas extensas para este formato, pero vale la pena leerlas:

“Importa notar la violencia de este modo de proceder socrático que es también el modo de proceder con el que la filosofía (occidental) obtiene su certificado de nacimiento: la despersonalización del pensamiento, una abstracción que lo arranca de sus condiciones de producción, una universalización que lo desconecta de su mundo concreto de sentido y lo aísla de otras formas de pensamiento. De esta manera, la negación del <quién> en el pensamiento no es sino una máscara para la imposición de quienes están, escondidos, presentes en esa ausencia”.

Así, ambos monólogos, “muestran a la filosofía como una actividad del pensamiento que se instala en un lugar y no sale de ese lugar con la pretensión de que sean los otros los que salgan de su lugar y vayan a su encuentro; una actividad del pensamiento que descalifica las respuestas de los otros que no coinciden con sus propias respuestas; una experiencia que es insensible a los diversos intentos de pensar las mismas preguntas de otro modo, desde otros presupuestos, con otra lógica; más aún, que nace no aceptando no sólo otras respuestas para sus preguntas, sino tampoco otras preguntas –y un modo específico de entenderlas- que las que ella consagra para el pensamiento”.

Lo que describe Kohan, es la “colonialidad del poder y el saber” en la reproducción de la filosofía eurocéntrica: Una actividad despersonalizada, abstracta, un “que” aparentemente sin “quien”, o un “quien” engañosamente ausente en lo “que” dice.  De esta manera, se narran las relaciones de poder aristocrático y esclavista que Platón representa y defiende como algo neutral sin ideología, descontextualizadas que obligan al estudiante a textualizarse, esto es meterse de cabeza en el texto negando igualmente las condiciones históricas y sociales en las que vive.

Al realizar estas dos negaciones, tenemos que hacer como Menon y Eutifrón, entregarnos al “especialista” para que nos guíe en la comprensión del pensamiento filosófico que lograremos sólo si hacemos el esfuerzo de abstracción necesario. Mientras, la vida transcurre en nuestro país y en el Sistema Mundo sin que nos deba interesar…porque estamos “estudiando filosofía”.

Esta experiencia se ha repetido y se sigue repitiendo una y otra vez, años tras años, país por país, universidad por universidad en todo el “mundo occidentalizado” y es tal su homogeneidad que podemos hablar de “reproducción infinita” del mismo conocimiento consagrado como “la filosofía”. Esta reproducción de la reproducción, es lo que Kohan llama “Imperialismo de lo mismo”, el paradigma hegemónico en la enseñanza-aprendizaje de filosofía y que se inicia con la ficción de Sócrates.

Sócrates son dos mitos en uno que constituyen una doble pauta en la enseñanza de la filosofía eurocéntrica: en el contenido que se transmite y en la forma de transmitirlo. El contenido es una mitología mostrada como realidad histórica irrefutable y la forma es la pedagogía bancaria sostenida en el principio de autoridad del especialista. Un contenido que se cierra sobre sí mismo. El perro que se muerde la cola para ir a mear. Esta realidad de la filosofía, que es común al resto de las disciplinas humanistas o ciencias sociales, es lo que Lewis Gordon llama “decadencia disciplinaria” y que algún día hablaremos de ella.

Por ahora, para hacer como si terminamos, diré que esa trampa colonialista que se reproduce en nuestras academias llamada filosofía, impone un mandato a quienes la estudian y que muy bien describe una canción de José José:

“Déjalo todo,

tu vida entera,

tus asuntos,

tus problemas,

quédate siempre

alrededor de mí.

Déjalo todo,

déjalo todo y sígueme por donde vaya,

déjalo todo,

despréndete de aquellas cosas que te amarran”.

En la próxima contra clase abordaré la identificación de Sócrates con Simón Rodríguez, hecha en Venezuela por el filósofo Juan David García Bacca, excelente cultivador y expositor de la filosofía eurocéntrica, a quien le deben mucho la *Universidad Central de Venezuela* y, de manera especial, el Pedagógico de Caracas.

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