Un mito vivito y coleando (1)

Por Gregorio Pérez Almeida

En las Contra Escuelas números 3 y 4, citamos al filósofo inglés Mathew Stewart, quien sostiene que: “Los relatos que conforman la historia tradicional de la filosofía son en realidad mitos, y su suma constituye una mitología. Como toda mitología, se trata de un abigarrado revoltijo de cuentos, narrados de múltiples formas, acerca de grandes héroes y villanos en un pasado imaginario que confiere sentido al presente estado de cosas”.

Y adelantamos que uno de esos mitos es el de Sócrates como un personaje histórico, un hombre de carne y huesos con lugar de residencia, partida de nacimiento y de defunción, pero ¿Cuál es el problema si vivimos entre mitos? El problema no es que Sócrates sea un mito, porque hasta simpático cae el tipo, sino lo que encubre y la trampa que han montado igualándolo con Simón Rodríguez. ¿No han escuchado que Bolívar dijo que su maestro era el Sócrates de América? Ya hablaremos de eso, pero primero tenemos que despejar la duda ¿Qué esconde el mito Sócrates?

En primer lugar, Sócrates es un personaje conceptual o, en palabras más simples, de ficción, creado por otro personaje, un poco más corpóreo, que dice ser su “discípulo”: Aristocles de Atenas, alias Platón. Los especialistas dicen que Sócrates no dejó nada escrito… ¡Claro, si fue Platón quien lo inventó y lo representó en sus “diálogos”! Un testimonio que vale la pena leer es el de José Solana Dueso, quien en su libro “Más allá de la ciudad. El pensamiento político de Sócrates”, afirma:

“De este breve repaso sobre la literatura socrática y acerca de Sócrates, quedan pues: las Nubes de Aristófanes, los diálogos de Platón y las obras socráticas de Jenofonte. Los tres autores ofrecen problemáticas de interpretación muy diferente, siendo especialmente complejo el caso de Platón, debido a que resulta muy difícil discernir entre el pensamiento del maestro y el del discípulo”.

¿O sea que entre Platón y Sócrates hay un enigma como el del huevo y la gallina…? Es tan dudosa la existencia histórica de este personaje que han tenido que escribir varios libros para intentar convencer a la gente de que realmente existió.

Lo segundo es que ya es lugar común entre estudiosos críticos de la “filosofía griega”, que la “Mayéutica” no la inventó Sócrates, sino una mujer filósofa y política de nombre Aspasia, pero el machismo de los helenistas les impide aceptar este hecho por considerarlo una infamia y como no pueden refutarlo o negarlo, entonces revelan que Sócrates aprendió el arte de la mayéutica de su mamá que era partera…???

Hasta aquí, hemos repetido dos chismes que recorren los pasillos de las academias y escuelas de filosofía y aunque sean cuchicheos, recordemos que cuando el río suena… Ahora vamos por lo que esconde el mito Sócrates. Nuestras guías en estas Contra Clases son Sheldon Wolin y Walter Kohan.

El primero demuestra, al contrario de la interpretación común entre nuestros profesores(as) de filosofía, que el famoso mito de la Caverna que narra Platón en el libro 7 La República, no es un relato “liberador”, sino todo lo contrario, que es la justificación del gobierno de la élite aristocrática, porque ahí Platón “Opone la irrealidad de las imágenes que rigen las vidas de los Muchos y la verdadera realidad a la que sólo pueden acercarse los Pocos”. Los aristócratas, pues.

Sigue Wolin afirmando que para Platón “La gran mayoría de la humanidad permanece prisionera en la caverna y es incapaz de comprender la verdadera naturaleza de las cosas” y “lo mejor que puede pasarle es aceptar el poder de los versados en la verdadera filosofía. La sombría conclusión de Platón es que las masas prefieren por naturaleza una realidad ilusoria y por eso pueden volverse en contra del filósofo, convirtiéndolo en mártir de la verdad. Las masas, tienen miedo de la verdad y su instinto es aferrarse a lo irreal”.

Por lo que es mejor mentirles que decirles la verdad, porque pueden linchar a quien se las diga, de manera que no hay ningún proceso de liberación en la Caverna, sino todo lo contrario: el sometimiento de las masas al poder de las élites que les otorga el conocimiento de la “verdad” que no es la “realidad material impura de la vida cotidiana” de los Muchos, sino las “ideas perfectas y eternas” que sólo los Pocos elegidos pueden contemplar, ¿Les suena que conocimiento es poder?

Para Wolin, el elitismo platónico ha sido reproducido en la formación de las élites estadounidenses por el gurú alemán, pronazi, Leo Estrauss, quien, sostiene que la mentira tiene un papel fundamental en el mantenimiento del poder de las élites. “Quizá convenga que nuestros gobernantes usen muchas veces de la mentira y del engaño a favor de sus gobernados, como una medicina”, sostiene Platón un poco antes de contar el mito de la Caverna y es exactamente lo que propone Strauss: mentirles por el bien de todos, para impedir que su propia incapacidad mental de comprender la verdad les lleve a cometer atropellos contra la estabilidad política y social. La mentira de que Sadan Hussein poseía armas de destrucción masiva es una muestra más de que las élites gringas entendieron muy bien a Platón.

Se pregunta Wolin, si en el siglo 20 ¿No sería posible que las élites descendieran a la caverna y trataran de controlar las imágenes que se proyectan en la pantalla, especialmente si podían aliarse con quienes estaban en el negocio de fabricar imágenes y decidir su contenido? Según un vocero del gobierno de Bush-hijo, la respuesta es un rotundo sí, tal y como se desprende de su respuesta a unos periodistas del New York Times:

“Ahora somos un imperio, creamos nuestra propia realidad. Y mientras ustedes están estudiando esa realidad –tan ponderadamente como quieran- nosotros volvemos a actuar, creando nuevas realidades, que también se pueden estudiar, y así se van a ir dando las cosas. Somos protagonistas de la historia y ustedes, todos ustedes, van a quedar sólo para estudiar lo que hacemos”.

Como vemos, el mito de la Caverna es tan poderoso en política como en filosofía, pero ¿Qué oculta el mito de Sócrates y qué importancia tiene en la mitología filosófica eurocéntrica? No se pierdan la próxima contra clase…

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