Revolución. No motines.

EL FRACASO DE LA  CLASE OBRERA, DE ANTON PANNEKOEK (1946); A PROPÓSITO DEL ARTÍCULO “REVOLUCIÓN, NO MOTINES”, PUBLICADO EL 03-06-2020 EN “COUNTERPUNCH” POR EL PROFESOR ANTHONY DIMAGGIO

Por Ángel C. Colmenares E.

El trabajo de “CounterPunch” nos ofrece un panorama bastante atractivo acerca de las discusiones que han florecido durante las intensas movilizaciones por el reiterado asesinato de gente negra en Estados Unidos, no solo a manos de funcionarios policiales, sino también por el prejuicio supremacista blanco de “if you´re black you´re guilty” ⦋”si eres negro eres culpable”⦌, convertido por el catecismo capitalista en sentido común ―algo así como un automatismo ideológico― que hemos visto en excelentes películas como “El Mississippi en llamas” y “Causa Justa”.

El autor del artículo parte de una perspectiva socialista revolucionaria que incluye lectura crítica de la opinión que los trabajadores tienen, tanto de su propia adscripción clasista como de la naturaleza del socialismo, y del estado de indefensión política y organizativa del trabajo ante el capital, manifestado en la ausencia de alternativas autónomas que atan al trabajador al aparato estatal del sindicalismo.

Como parte de nuestro deber, libremente asumido, de intentar mantener vivas a las fuentes teóricas del marxismo revolucionario ―ese legado gramsciano del “pesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad”― ofrecemos extracto de un trabajo publicado en 1946 por uno de los más firmes luchadores comunistas europeos contra el fascismo y propulsores de los Consejos Obreros como arma político-organizativa del proletariado, Antón PANNEKOEK: El fracaso de la clase obrera.

«En los números anteriores de Polítics ha sido planteado el problema: ¿Por qué la clase obrera fracasó en su misión histórica? ¿Por qué no ofreció resistencia al nacionalsocialismo en Alemania? ¿Por qué no hay ningún trazo de un movimiento revolucionario entre los obreros americanos? ¿Qué ha sucedido con la vitalidad social de la clase obrera mundial? ¿Por qué las masas de todo el globo ya no parecen capaces de emprender algo nuevo orientado a su autoliberación? Algo de luz puede echarse sobre este problema a través de las siguientes consideraciones.

[La lucha contra el fascismo requería de un objetivo positivo, no otro socialismo de Estado]

Es fácil preguntarse: ¿por qué los obreros no se alzaron contra el fascismo amenazante? Para combatirlo deben tener un objetivo positivo. Opuestas al fascismo había dos alternativas: mantener y retornar al viejo capitalismo con su desempleo, sus crisis, su corrupción, su miseria ―mientras el nacionalsocialismo se presentaba como un movimiento anticapitalista que pretendía instaurar el reino del trabajo, acabar con el desempleo, un reino de la grandeza nacional y de comunidad política― o bien orientarse a una revolución socialista. Así, de hecho, la pregunta más profunda es: ¿por qué los obreros alemanes no hicieron su revolución?

Pues bien, ellos habían experimentado una revolución: la de 1918. Pero les había enseñado la lección de que ni el Partido Socialdemócrata, ni los sindicatos, eran el instrumento de su liberación; ambos resultaron ser los instrumentos de la restauración del capitalismo. De manera que, ¿qué estaban ellos en disposición de hacer? ¿Dirigirse al Partido Comunista? Este no proponía una verdadera salida y centraba su propaganda en el sistema ruso de capitalismo de estado, con su todavía mayor privación de libertad. ¿Había otra alternativa? El objetivo confesado del Partido Socialista en Alemania –y también en todos los países– era el socialismo de Estado. De acuerdo con su programa, la clase obrera tenía que conquistar la dominación política, y entonces, por medio de su poder sobre el Estado, organizar la producción en un sistema económico planificado de dirección estatal.

Su instrumento era el Partido Socialista, ya desarrollado como un gran cuerpo de 300.000 miembros, con un millón de miembros del sindicato y tres millones de votantes detrás de ellos, dirigido por un gran aparato de políticos, agitadores, periodistas, ansiosos por tomar el lugar de los anteriores gobernantes. Según su programa, la clase capitalista seria expropiada a través de medidas legales y organizarían la producción en un sistema planificado cuya gestión correría a cargo de los órganos centrales. Es evidente que, en tal sistema, los obreros, aunque parezcan tener asegurado su pan diario, sólo pueden ser parcial, imperfectamente liberados. Se habrán cambiado los escalones superiores de la sociedad, pero los cimientos que sostienen al edificio entero continúan siendo los viejos: las fábricas con obreros asalariados al mando de directores y gerentes.

El capitalismo, de hecho, no puede ser aniquilado por un cambio en las autoridades al mando; sino sólo por la abolición del mando. La libertad real de los obreros consiste en su dominio directo sobre los medios de producción. La esencia de la comunidad mundial libre del futuro no es que las masas trabajadoras consigan suficiente comida, sino que dirijan su trabajo ellas mismas, colectivamente. Puesto que el contenido real de sus vidas es el trabajo productivo; el cambio fundamental no es un cambio en la pasiva esfera del consumo, sino en la activa esfera de la producción. Antes de eso, ahora, el problema surge de cómo unir libertad y organización; cómo combinar el dominio de los obreros sobre el trabajo con la ligación de todo ese trabajo dentro de una totalidad social bien planificada. Cómo organizar la producción, en cada empresa, así como en la totalidad de la economía mundial, de tal manera que ellos mismos como partes de una comunidad cooperante regulen su trabajo.

La dominación sobre la producción significa que el personal, los cuerpos de obreros, técnicos y expertos que por su esfuerzo colectivo ponen a andar la empresa y ponen en acción el aparato técnico son al mismo tiempo los gerentes de sí mismos. La organización en una entidad social se realiza entonces mediante delegados de las plantas separadas, a través de los denominados consejos obreros, discutiendo y decidiendo sobre los asuntos comunes. El desarrollo de tal organización de consejos ofrecerá la solución del problema; pero este desarrollo es un proceso histórico, que toma su tiempo y demanda una profunda transformación de la concepción de la vida y del modo de ser.»

En el siguiente enlace ofrecemos otro aporte de PANNEKOE en este ámbito: “Para luchar contra el capital, hay que luchar también contra el sindicato”, escrito en 1938: https://www.marxists.org/espanol/pannekoek/1938/sindicato.htm.

Saludos a tod@s

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