Recreo en cuarentena (3): IBM y el Holocausto

Por Gregorio Pérez Almeida

Corrección previa: Un pana que sabe más que yo del tema, me corrigió: Goebbels murió con Hitler; fue Hernan Göring, quien se tomó una pepita de cianuro después de echarle paja a Ford y antes de que lo ahorcaran en Nüremberg.

De Friedrich en Friedrich

“La política de la población, basada sobre los principios de higiene racial, debe promover la evaluación genética valiosa. Debe impedir la fertilidad de la vida inferior y la degeneración genética. En otras palabras, esto implica como objetivo la selección y promoción de la vida superior y la erradicación de las porciones de la población que resulten indeseables”

El párrafo, aunque parece, no es de Nietzsche sino de un artículo publicado en 1937 por un tocayo suyo de apellido Zahn, el genio nazi de las estadísticas raciales. ¿Es difícil suponer que el racismo antisemita en Alemania constituyera una corriente ideológica política que se consolidó durante los siglos 19 y 20 y que los doctrinarios del nazismo leyeron a Nietzsche en su juventud? ¿Cómo es posible que Nietzsche influya en nosotros y no lo hiciera en los nazis?

IBM y el Holocausto

Este es el título del libro de Edwin Black que utilizamos como fuente bibliográfica. Es un trabajo que reunió a decenas de investigadores(as) en más de 7 países donde el nazismo tuvo presencia y Black es su sistematizador. En verdad, leer este libro es acercarse a la locura nazi sin tapabocas, nos muestra que el anzismo es mucho más que matar judíos y nos deja la preocupación por saber si la capitulación del Tercer Reich fue la derrota definitiva del racismo étnico y biológico (nazismo) que ya estaba posicionado en Estados Unidos antes de la victoria de Hitler, en 1933. ¿Tendrá razón Walter Graziano al afirmar que “Hitler ganó la guerra”? Si les interesa saber la respuesta lean el libro de Graziano en internet.

Todo comenzó a finales del siglo 19, cuando Hernan Hollerith, de ascendencia alemana, residenciado en New York, creó la máquina lectora de datos colocados en una tarjeta perforada pensada originalmente para perfeccionar el censo nacional, pero al poco tiempo descubrió que su sistema además de contar personas podía analizar distintos datos. Nació así el embrión de IBM. Ya posicionado en Estados Unidos como empresa monopólica del censo nacional, fue a Europa a promocionar su sistema y creó una sucursal en Alemania, llamada Sociedad Alemana de Máquinas Hollerith, cuyas siglas en alemán eran Dehomag, en sociedad con Willy Heidinger, un antijudío furibundo.

Luego de diversas peripecias en Estados Unidos, Hollerith vendió su empresa a un pillo de los negocios y creador de “trust” comerciales en las industrias del caucho y de la química, que creó otro trust de empresas de contabilidad comercial donde estaba Hollerith y en uno de los episodios de la novela aparece Thomas J. Watson, el malo de la historia. Ya creada IBM con nombre y apellido, Watson va a Alemania y en medio de la crisis económica en los años 1920-1923, en la República de Weimar, cuando la hiperinflación inducida hacía que la moneda alemana se devaluara día a día hasta convertirla en combustible para chimeneas, como ha explicado Pascualina Curcio, le compró a precio de gallina flaca la empresa a Willy Heidinger. Y comienza así el vínculo de IBM con los nazis, porque Willy era panita de los jerarcas del Partido Nacional Socialista Alemán, creado por Hitler.

Sin escrúpulos o por qué el capitalismo es fascista por naturaleza

Watson, como buen capitalista, es decir, salvaje buscador de ganancias, era fascista de mente y corazón y también muy amigo y asesor personal en asuntos comerciales del presidente Franklin Delano Roosevelt, quien estaba enterado de todo lo que hacía su pana en la Alemania nazi. El cordón umbilical entre ambos era, seguramente, el antibolchevismo y el afán por los negocios exitosos para su nación

¿Qué hizo Watson-IBM en la Alemania nazi?

De todo. Cuando Hitler ascendió al poder, uno de sus objetivos centrales era identificar y destruir a los 600.000 miembros de la comunidad judía de Alemania, para hacerlos blanco de confiscación de bienes, distribuirlos en guetos, deportarlos, y en última instancia exterminarlos. Recuerden que el fantasma a destruir era el “judeobolchevismo”, por lo que entraban en los mismos planes las y los activistas de izquierda, negros, gitanos y homosexuales, en fin, todo aquel que pudiese estar relacionado con el peligro judeocomunista por su “inferioridad genética”.

Cuando el Tercer Reich, en cabeza y manos de Hitler, quiso identificar a los judíos por nombre, IBM le indicó cómo. Cuando quiso usar esa información para lanzar programas de expulsión social y expropiación, IBM proporcionó los medios tecnológicos. Cuando era necesario que los trenes corrieran a horario precisos de ciudad en ciudad o entre campos de concentración, IBM ofreció la solución. En definitiva, no había solución que IBM no fuera capaz de idear para un Reich deseoso de acabar con los judíos y pagar por los servicios prestados.

En la cartera de clientes alemanes de IBM, estaban desde las grandes empresas como el Deustche Bank, la eléctrica Siemens, las de automóviles Opel y Daimler-Benz, hasta fábricas de pantalones, café, licores, lápices y chocolates, pasando por minas de carbón, plantas químicas, los Ferrocarriles y el Correo del Reich, los Fondos de Pensiones, la Lufwaffe, la Armada, las nóminas de pagos, etc., en fin que no existía ninguna empresa o ramo en Alemania que no se beneficiara con la tecnología de las tarjetas perforadas Hollerith, fabricadas por miles de millones, durante los primeros años del Tercer Reich, exclusivamente en Estados Unidos y cuyo formato era el del billete de un dólar. ¿Y nunca lo supieron en la Casa Blanca?

Donde más incidió IBM, fue en la creación de programas estadísticos para la nueva industria creada por los nazis: la “Ciencia Racial”, en la que tuvo un papel destacado el tocayo de Nietzsche. Identificar quien era o no judío, ya fuera mediante la certificación del “linaje” ario o el descubrimiento de “ascendentes” judíos se convirtió en un negocio rentable y sólo Hollerith con sus tarjetas perforadas podía proporcionar con eficiencia las respuestas que los nazis requerían. La “limpieza de sangre” que inventaron los españoles durante la colonización para proteger su raza blanca, fue convertida en “ciencia fáctica” por Hitler con apoyo vital de IBM.

También te puede interesar