Recreo en cuarentena (2): El racismo los crea y el anticomunismo los junta.

Por Gregorio Pérez Almeida

Cuando Marx y Engels, en 1848, anunciaban que “un fantasma recorría Europa”, el racismo vivo y activo, ya tenía varios siglos recorriendo el mundo y, como hemos visto, tuvo una tribuna muy importante en Estados Unidos. Uno de los motivos por los que se asociaron las y los supremasistas blancos gringos con los nazis fue la Revolución Bolchevique en Rusia, en 1917.

Como demuestran varias investigaciones, el racismo antisemita en Europa se fortaleció con el antibolchevismo a partir de 1917, creándose el “fantasma” del “judeobolchevismo”, que tuvo su apoyo “fáctico” en el hecho de que los líderes comunistas más importantes eran judíos, comenzando por el alemán Karl Marx, seguido en la lista por los rusos Trotsky, Zinoviev y Radek, la polaca Rosa Luxemburgo, el húngaro Bela Kun y la también rusa Emma Goldman que vivió en Estados Unidos desde chama hasta su muerte a los 70 años. Al que nunca le pudieron probar que era judío fue a Vladimir Lenin. De esta manera se mataban dos pájaros de un tiro o, como decimos aquí, “o te agarra el chingo o te agarra el sin nariz”.

Matar cochinos y gente organizadamente

Ente las amistades íntimas de Hitler, están Henry Ford, fundador y presidente de la Ford Motor Company  y Thomas J. Watson, presidente de IBM (International Business Machines), empresa pionera en el manejo de “información organizada masivamente”, que con sus “tarjetas perforadas” fue pieza clave en la “automatización de la destrucción humana” realizada por los nazis. Pero hoy nos toca Henry Ford.

“La industrialización de la muerte en aquella primera visita de Ford al matadero de Chicago sirvió para modernizar la fábrica de coches. Años después también inspiraría los campos de concentración nazis”

La cita es de Marta Navarro García, quien muestra los “vínculos sanguíneos” entre el matadero de Chicago, la línea de producción de Henry Ford y los campos de exterminio nazis. Según ella, todo comenzó en 1905, “cuando Henry Ford visitó dicho matadero y quedó fascinado por su cadena de montaje: un animal entraba vivo y en un tiempo récord era troceado en piezas pequeñas o grandes, según la demanda. Ford tomó como ejemplo el cementerio cárnico de Chicago para instalar una cinta de ensamblaje con el objetivo de aumentar la productividad de su fábrica de automóviles. Los coches se componían pieza a pieza en un tiempo récord, al igual que los cuerpos de los animales se desmembraban pieza a pieza también en un tiempo récord. El proceso, aunque a la inversa, era similar. Eficacia y rapidez en ambos casos”.

“Aquella sociedad entre nazis, grandes empresarios y supremacistas blancos decidió la muerte de millones de personas en Alemania, así como el resurgimiento aún con más fuerza de grupos del Ku Klux Klan en Estados Unidos. Los nazis convirtieron el genocidio de judíos, gitanos, homosexuales y militantes de izquierdas en una industria de la muerte, y lo hicieron siguiendo las pautas y métodos de la industria automovilística de Ford, que a su vez se había inspirado en los mataderos industriales de Chicago”.

Henry, seguramente llamado así cariñosamente por Hitler, fue un “racista integral”, arremetía con furia contra negros, indios, homosexuales y judíos, pero compiló sus artículos antisemitas escritos entre 1920 y 1922, en un libro titulado “El Judío Internacional”, que se tradujo al alemán en 1921, calientico. Y contó un periodista del New York Times que visitó Alemania, que “la pared trasera del escritorio de Hitler, en su despacho privado, estaba decorada con un enorme retrato de Henry Ford y en la antesala había una mesa cubierta con ejemplares de Der internationale Jude.

Pero porsia quedan dudas de lo que vio el periodista, en una entrevista del Chicago Tribune, el 8 de marzo de 1923, Hitler declaró que “Consideramos a Henry Ford como el líder del movimiento fascista creciente en Estados Unidos. Admiramos particularmente su política antijudía, que es la plataforma de los fascistas bávaros” y sostienen algunos analistas que las ideas del libro de Henry Ford están omnipresentes en el libro Mi Lucha y que algunos pasajes son copias casi textuales sobre todo en lo que respecta al papel de los conspiradores judeobolcheviques en las revoluciones socialistas en Alemania y Rusia.

En el artículo de Le Monde Diplomatic, que citamos, se afirma que en 1933, con el partido nazi en el poder, Edmund Heine, gerente de la filial alemana de Ford Company, le escribió, emocionado, a su jefe en Estados Unidos, que “El judío internacional, era utilizado por el nuevo gobierno para educar a la nación alemana en la comprensión de la Cuestión Judía”.

Por supuesto y como era de esperarse, la admiración de Hitler no quedó ahí y en 1938, a través del cónsul alemán en Estados Unidos, condecoró a Henry Ford con la Gran Cruz de la Orden Suprema del Águila Alemana, una distinción creada en 1937 para honrar a las grandes personalidades extranjeras.

Los investigadores se preguntan “¿Por qué Hitler decoró su oficina con el retrato de Henry Ford, en vez del de alguno de tantos alustres ideólogos antisemitas alemanes?” Y responden que hay tres razones por las que lo hizo: 1ª) La modernidad del argumento, su vocabulario “biológico”, “médico” e “higienista”; 2ª) su carácter de síntesis sistemática, que articula en un discurso grandioso, coherente y global el conjunto de diatribas antisemitas de la postguerra y, 3ª) Su perspectiva internacional, planetaria, mundial”. Curioso que las ideas fascistas más completas, según Hitler, estaban en Estados Unidos y no en Alemania.

Pero no sólo Hitler se declaró fanático de Henry Ford, también el líder de las juventudes nazis, Baldur von Schirach, declaró durante su juicio en Nuremberg, en 1946, que: “El libro antisemita decisivo que leí en esa época y que influyó en mis compañeros, es el de Henry Ford, El judío internacional. Lo leí y me volví antisemita”

También en Nuremberg, Joseph Goebbels, famoso ministro de ilustración Pública y Propaganda de Hitler, y Alfred Rosenberg, operador del “Espacio Vital” (Lebensraum), que implicó la ocupación nazi de los países de Europa Oriental, mencionaron el libro de Ford como su principal referencia ideológica.

Henry Ford no fue el único hombre con poder económico y político estadounidense que respaldó a Hitler, también estuvieron Charles Lindbergh y Thomas J. Watson, presidente de IBM. Del aviador no nos ocuparemos, pero seleccionar, perseguir, capturar y exterminar a tanta gente en tan poco tiempo, como si fueran cochinos, requería una organización y sistematización de datos que sólo una empresa como IBM era capaz de proporcionar. Y lo hizo.

También te puede interesar